
| ¡Viva la France!
Author: Silice-Black Veamos, si les gustan los Tres Mosqueteros, los Merodeadores,entonces es probable que les guste esta historia, que se trata sobre 4 amigos, que por el destino se conocen en una escuela para así convertirse en caballeros... tiene de todo, romance, acción
Rated: Fiction K - Spanish - Adventure/Humor - Words: 2,176 - Published: 11-09-02 - id: 1057776
|
|
A+ A- |
Bueno pues estoy feliz de por fin decir que los personajes me pertenecen!! Y pues estoy dispuetsa a compartir, claor menos a mi hermos An'gel... ojalá les guste, si han leído los Tres Mosqueteros y les gusto, esto espero tambien les parezca bien, y por fvaor dejen reviews!! Y diganme si les gusto, si creenq ue es un asco, si quieren que me mate de una vez, lo que quieran!!!!
¡Viva la France!
La historia se lleva a cabo por lo años de 1644 en Francia donde en estos momentos reinaba la paz y la armonía, pero esto instantes felices, me pregunto, cuanto será lo que lograran durar?
Capítulo I
DESPEDIDA DE MELÚN
| E |
n las afueras de la ciudad de Paris, en un pequeño pueblo, tan pequeño que su nombre nadie nunca lograba recordar, pero no por esto dejaba de ser el de Melún; es donde empieza la historia que nos narra las aventuras de un joven caballero, que aunque de corta edad, se bastaba de gran ingenio y hablidad, pero lo que también lo hacía destacar era su noble corazón lleno de bondad.
Se escucha una voz aspera y grave, preguntar con cierta ansiedad.
-¿No me diráis que ya es tiempo que vos os propongas a partir?
-Pues me temo daros la noticia que vuestras sospechas son acertadas en un cien por ciento. -La voz de un joven, suave pero segura, acababa de contestar, agregando sin sentir el más mínimo pudor -.Así que como todo un buen caballero os prometo regresar por vuestro señor, para así cumplir con mi palabra de honor.
Toda esta se acción se estaba llevando dentro de una pequeña casa en los jardínes traseros de una gran mansión, tan extensa como bella; donde un hombre de avanzada edad; de tez morena y cabello blanco como la nieve, por el paso del tiempo; le daban un semblante de los más particular. A su lado, de porte galante pero sin pasar de un jóven bien vestido, se encotraba un chico, por no decir niño, de unos 15 ó 16 años de edad; siendo la primera opción la más acertada, juzgando las facciones que decoraban su apuesto rostro de tez blanca, algo rojiza de las mejillas por ser expuestas al Sol. Siendo contraste con su blanca tez, tenía el cabello negro como el carbón del más puro que se pueda encontrar; y lo más singular que probablemente a este chico hacía resaltar, eran un par de ojos de un tono bastante particular. Se trataba de un color morado de lo más claro, como se ve el cielo en solo unos momentos antes de ser cubierto por oscuridad. Y adornando su pecho se encontraba una cadena de oro, sosteniendo una pequeña sortija, con pequeños diamantes adornando esta joya. Se podía apreciar a simple vista que era una pieza de gran valor, lo que hacía prestar mayor atención a nuestro jóven compañero, ya que, aunque tenía porte de caballero, sus ropas, algo razgadas por el tiempo, te persuadía de pensar en el momento que ese chico pertenecía a la alta sociedad, si no todo lo contrario, que tan solo se trataba de un simple joven que en esos manos llevaba lo que puede ser su única fortuna familiar, adquirida con grandes esfuerzos através de los años.
El hombre anciano anunció con cierto desacuerdo:
-Mucho me temo, que aunque de noble corazón, tu anelo de convertios en caballero, es una simple ilusión; pero si eso es lo que manda tus deseos, os prometo no interferir con la descición- dicho esto el hombre se volteo de espalda a nuestro humilde caballero, y este, con una sonrisa a flor de boca, contesto no pretendiendo llamar mucho la atención.
-Si esa es vuestra respuesta, me debo suponer que con ello obtengo vuestra aprobación; y tan solo quedando despedirme y estando eternamente agradecido con vuestro señor, me retiro, ya que la luz que alumbra mi camino, mi deseo no es la de perder- hace una cortés reverencia y se propone a salir de aquélla humilde morada, pero antes de abandonar aquél lugar que le habia servido de hogar desde temprana edad; mira al anciano de reojo y termina de decir en un tono de cierta ternuna, por no dejar la expresión marcada con algo de sarcasmo.
-Mi señor, aunque vosotros intentéis ocultar la terrible penumbra que os acoje, yo os puedo asegurar que de mi nada pasara, y como dije antes, yo os prometo regresar -. Tan solo recibe como respuesta, la voz del anciano, contestanto con algo de dureza.
–Puedes ir sin preocupación, pues que os quede claro que de mi no esperes recibir ningúna compasión- el rostro del caballero cambia su expresión al escuchar al nuestro noble compañero, decir antes de abandonar por completo la morada.
–No os preocupéis señor, puesto que todo lo que acaba de declarar, lo sabía de antemano antes de que la primera palabra usted se dispusiese a pronunciar; Adiós mi buen amigo. –El anciano queda solo en la pequeña casa, con sus ojos inundandos en lágrimas, pero sin el valor de correr tras aquél joven, que de él, hace unos momentos se despidio.
Nuestro joven caballero, mientras tanto, camina triunfante por las calles de su pueblo, a escasos pasos de poder respirar el aire de Paris. Llevando tan solo una pequeña mochila a su espalda, y la funda de una espada a su costado; emprendía su aventura como todo un joven caballero. Apenas salía del pueblo y seguía el camino hacia el sitio de Corbeil; varias sombras misteriosas, escondidas entre el bosque rodeando el camino, asechaban a nuestro inocente amigo, el cual nunca imaginó que esto solo era el principio de su recorrido.
-Buenos días, pequeño, si no es rudo de mi parte, os puedo preguntar, ¿A dónde se dirige vos?
Nuestro amigo detiene su paso, pero al parecer sin tener el deseo de voltear a mirar a quien lo acababa de llamar y sin demostrar gran acojo, por seguir aquélla conversación, que el otro hombre había insistitdo en iniciar. Al no recibir respuesta el hombre vuelve a preguntar, mostrando cierta impaciencia en su forma de hablar.
-¿Qué acaso no has escuchado que te he hablado?
-Escuché, mi buen señor –nuestro joven compañero comenzó a decir con ciera hostilidad, pero sin olvidar hablar con el debido respeto, del que un caballero no debía faltar-, pero me temo que me ha ofendido tomándome como un simple chiquillo.
El hombre, molesto por esa clase de respuesta, contesta con cierta irreverencia.
-Pues entonces dicúlpeme querido compañero, ya que mi intención al llamarlo de aquélla manera no era la que interpretó, pero un joven como usted, suele llamar la atención; sobre todo portando esa espléndida joya, que parece ser de gran valor-.
Una vez más recibe una respuesta fría por parte de la persona a la que intentaba interrogar. –Su disculpa queda aceptada, ahora si me disculpa mi camino debo continuar, pues le debo confesar que ya no me puedo retrasar-.
Finalmente nuestro joven compañero se digna a voltear, cuando escucha a aquél hombre exclamar, al mismo tiempo que pasos detrás de él, escucha aproximar.
-No quieras pasarte de listo pequeño rufián, ¿Qué acaso no te enseñaron que a tus mayores debes respetar? ¡Ahora mismo quiero que entregues aquélla joya que cuelga de tu cuello, si es que deseas que este permanezca en ese lugar!- Dice esto al mismo tiempo que de saca una espada, la cual se podría juzgar como vieja, por no decir oxidad; y mientras que pretende su primer golpe acertar, es sorprendido al encontrarse con el rostro molesto de nuestro joven compañero.
-Pues por mi parte le digo que se retire si este mundo no desea abandonar-.
El pobre rufián una sola palabra no logra contestar, ya que con gran rapidez, por no mencionar agilidad; la espada de nuestro amigo termina a escasos centímetros del cuello del hombre que lo había intentado asaltar.
Nuestro amigo, por fin el rostro del hombre logra ver; no se trataba más que de un simple pobretón, con cabello negro y barba sucia que le daban una apariencia un tanto maligna. Por su parte el ladrón asombrado por los peculiares ojos de su contrincante, no lograba respirar.
-Ha cometido un gran error al creer que con gran facilidad mi anillo vos podría tomar; y como un consejo de compañeros le digo que si su cabeza no desea perder, inmediatamente regrese por el lugar por el cual llegó usted.
Después de dicho esto nuestro amigo enfunda su espada con gran exactitud y mientras su camino retoma, se marcha sin pronunciar otra palabra. Al mismo tiempo que el ladrón murmura con rabia, pero aún sin poder mover un solo pie del lugar donde se encontraba.
-¡Ese mocoso ya me las pagará! -Sonríe con maldad mientras termina de murmurar- .Espero que disfrute lo que le queda por caminar, por que después de que la voz empieze a pasar, de él ni un solo rastro quedará.
La escena con el derrotado rufián, termina en ese lugar, llevándonos con nuestro joven viajero a un diferente panorama, aunque no muy alejado del punto donde se había llevado la batalla.
-¡Eso fue brillante! –Nuestro amigo exclama con euforia al mismo tiempo que su puño en el aire levanta-. Mi actuación con ese pobre ladrón fue espectacular, tan solo me hubiera gustado que hubiera pasado alguien más para que esa escena pudiera presenciar-. Se sonroja mientras termina de murmurar en un tono algo sufrido, pero pudiéndose notar clara arrogancia en su forma de hablar-. ¿Acaso habrá alguien más que sea capaz de mis grandes habilidades igualar, o tendré que seguir sufriendo la desgracia de enfrentarme a oponentes a los cuales en menos de un minuto, con mi espada logre derribar?
En estos instantes, nuestro joven caballero se veía como un simple niño, a quien una espada de jugete se le acababa de entregar. Pero no por esto dejaba de imponer un porte galante, por lo que probablemente, en delante lo podremos ver fanfarronear.
-Disculpa niño, ¿Por casualidad no tendrás una monedas que le puedas dar a este pobre ciego?
El joven amigo voltea hacia atrás, de donde la voz el puede apreciar; se encuentra con un hombre algo alto, por no mencionar corpulento, envuelto en trapos viejos y rasgados, los cuales el rostro del viajero no dejaban a simple vista poder apreciar. Mientras que por su parte nuestro amigo al hombre empieza a examinar, sonríe arrogantemente mientras se dispone a contestar.
-Mi buen señor, si no es rudo de mi parte preguntar, ¿Cómo es que un hombre ciego, como dice ser usted, pudo apreciar que mi persona se trataba de un niño, y no de alguien mayor?
El hombre, en un silencio completo se queda, para unos segundos después responder con toda tranquilidad.
-Puedo ver que trato con un jovencito de lo más listo, pero por favor amigo, no desconfies de un viejo como lo soy yo, pues te debo confesar que llegué a ese deducción por el sonido de tu voz. –Levanta su rostro hasta mirar a nuestro amigo a los ojos, es al fin cuando este puede apreciar que, tal como el hombre lo había dicho, se trataba de un sujeto viejo y con los ojos completamente blancos, por lo que se podía deducir era ciego-. ¿Estáis conforme con mi respuesta, o neceisto más pruebas?
Rápidamente, haciendo una pequeña reverencia, nuestro amigo contesta con una sonrisa sincera.
-Por supuesto que no, mi buen señor; y disculpe a este joven desconfiado, pero como vos debe saber, el camino esta lleno de ladrones y estafadores, lo cual me obliga a estar en constante vigilia-. Se voltea a buscar en su mochila, saca una moneda plateada y la pone en la mano de aquél hombre-. Lamento no poder ofreceros más, pero como debe suponer, solo soy un viajero con destino a la ciudad, aunque espero que esta moneda de alguna forma le vaya a ayudar.
El anciano se guarda la moneda en los adentros de su ropa mientras contesta sonriente, pero con una voz segura.
-Te aseguro, amigo, que algun día, el cielo sabrá recompensar a un joven de buen corazón, como lo eres tú.
Y así dándose la vuelta, se dispone a seguir su camino, pero antes de poder continuar, pregunta en voz alta, para que nuestro joven compañero pudiera escuchar.
-¿Y dime, joven, cuál es el nombre de un caballero como lo erés tú?
Con una sonrisa nuestro amigo contesta con una pequeña reverencia.
-Mi nombre es An'gel (se pronuncia Anllél, no como se hace en la lengua del inglés ni el español; pero marcando la doble "L" en el lugar de la g; dándole así cierto toque elegante); An'gel de Rowen, a sus órdenes señor.
Tan solo escucha al hombre contestar mientras se aleja.
-Tendré ese nombre presente, te prometo que no lo he de olvidar.
Ang'el mira con cierta confusión, pero sin pasarle a prestar mayor atención, su camino continua teniendo en su corazón, la ilusión de poder pronto respirar el aire de Paris.
|
||||||