|
|
| Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search | Login Register Extras |
Esta historieta la escribí el 18/03/02 para un concurso de literatura
libre en mi isla (Menorca) En el concurso se podía escribir del tema
que se quisiera y había de ocupar un máximo de cuatro hojas
en lineas de doble espacio.
La mía no salió elegida para participar en el concurso,
pero de todos modos yo creo que esta suficientemente bien como para enseñártela.
La escribí en Catalán y la he reescrito en Castellano para
tí. Espero que sea de tu agrado.
El recuerdo de nuestro pasado
Esta mañana me he levantado temprano con la esperanza de que estuvieses ahí, sentado sobre tu tronco
favorito, con la ocarina posada en tus labios; aquella ocarina con forma de pájaro de color azul cristalino de
sonido dulce y tranquilo; pero tú no estabas ahí. Me he sentado sobre tu tronco caído y he visto tus cabellos
rubios resplandeciendo a la luz del sol, tu mágico instrumento posado en tus finos labios y tus ojos se han
abierto para mirarme, aquellos ojos azules zafiro y esmaltados que miran sinceramente.
Este es el recuerdo que la gente tiene de tí, pero yo tengo otros, momentos que tú y yo compartimos. Aquellos
momentos en que tú me enseñaste la belleza de la vida. Si no te hubiera conocido no sé que hubiera sido de mí
entonces. Seguramente no sabría que hermosa es la vida...
...junto a tí.
La vida ya no es nada si ya no estás a mi lado. Entonces, ¿por qué me diste aquella felicidad? ¿Por qué me
dejaste?
Aun me acuerdo de la primera vez que te vi. Aquel dieciséis de Marzo era mi cumpleaños, otro cumpleaños
olvidado por mis padres. Vine aquí, al Pinaret, y me senté al suelo entre las florecitas blancas que se mojaban
con mis lágrimas. Entonces oí tu voz que me sobresaltó y seguidamente pasé el reverso de mi mano por mis
ojos castaños parecidos al color de la tierra húmeda para secarme las lágrimas.
- ¿Te encuentras bien?- eso fue lo primero que me dijiste.
-¿Por qué me preguntas, tú, eso?- dije poniéndome en pie y cruzando los brazos por debajo de mi pecho.
- Es que me ha parecido que estabas llorando- dijiste disculpándote, pero con una sonrisa en la cara.
- ¿"Llorando"? ¿Yo? ¡Qué va! ¿Quién coño eres tú?
- Me llamo Juan - dijiste ofreciéndome tu mano - ¿I tú eres...?
- Ana, me llamo Ana - estreché tu mano.
Cuando te conocí, en aquel momento no me pareciste nadie del otro mundo. Un chico más. Pero con el tiempo
vi lo especial que eras para mí.
Desde aquel día en el Pinaret no dejábamos de vernos. Quedábamos aquí mismo y salíamos por la Caleta, la
Contra Morada o cualquier otro sitio, ya que fuésemos donde fuésemos siempre nos divertíamos.
Hacía poco que nos conocíamos y, un día, cuando vine aquí a verte, oí el son de un música. Parecía una flauta,
pero sonaba más dulce. Sí, eras tú tocando una alegre y bonita canción; más bonita que el canto del os pájaros.
Me sonreíste al verme llegar y tocaste una canción por mí compuesta por tí mismo. Si hubiera podido, me
habría apuntado las notas porque en ellas se reflejaba tu interior, tu corazón; y me las guardaría para no
poderlas olvidar.
También me acuerdo de aquella vez que me mostraste a montar a caballo. ¡Pero te costó!, a mi los caballos me
daban pavor y por más que me lo dijeras yo no me acercaba a Flecha, tu yegua. A mí me gustaba verte como
cabalgabas, con tu corta melena rubia removiéndose en el viento, pero insististe en que me montara sobre
Flecha contigo.
- ¡Vamos mujer, que no pasa nada!
- ¡Cuando te caigas ya me lo dirás si pasa nada!
- Está bien, no te dejaré caer.
- Pero si vas rápido...
- Iré despacio por tí, vamos.
Me ayudaste a subir y me sentaste delante.
- ¡Qué alto está esto! - exclamé en haber subido.
- Agárrate bien.
- ¡¿Qué me agarre?! - dije mirando hacia los dos lados - ¡¿Agarrarme a dónde?!"
- A mi cintura - me respondiste sonriente.
Me agarré a tí y sentí el calor en mis mejillas. ¡Me había sonrojado! Primero conducías a Flecha suavemente,
para que le cogiera confianza, pero cuando empezamos a galopar más rápido me agarré fuerte a tu cintura,
apoyando la cabeza en tu pecho y aspirando tu aroma.
Nunca olvidaré aquella vez que cabalgábamos sobre la arena de Son Xoriguer, pisando las olas que nos
mojaban la cara con las gotas. Sólo oíamos el silbido de la brisa mediterránea en los oídos, el suave clamor de
la olas y el trote de Flecha.
Después de esto ya no tuve más miedo a los caballos. Y más si iba contigo. Siempre pensaba que haría
cualquier cosa por estar a tu lado. Por estar contigo.
Nuestro verano fue genial. No dejábamos de ir a la playa para tomar el sol y, por supuesto, para nadar. Bueno,
yo no hubiera tocado el agua en todo el verano si no fuera por tí. Me daba tanta pereza tocar el agua fría... por
eso habías de llevarme ahí arrastrando hasta lanzarme al agua. ¡Parecíamos niños pequeños!
- ¡No, por favor! ¡No lo hagas! ¡Bájame! - gritaba entre carcajadas mientras tu me alzabas en brazos como los
novios, me llevabas hacia las rocas y me lanzabas al agua. Después saltabas tú y empezábamos a salpicarnos,
como hacen los niños. ¡Qué feliz era yo a tu lado! Contigo, todos mis problemas desparecían de mi mente. Sí,
la playa era nuestro lugar. A los dos nos gustaba el refrescante aroma de la mar salada y el calor de la arena
bajo nuestro pies nuos.
Después, al llegar la noche, nos sentábamos los dos bajo la tenue luz de la luna y nos contábamos historias. A
mí me gustaba contarte historias de miedo, sobre mansiones embrujadas y todas aquellas tonterías, pero tú me
contabas historias mágicas sobre paisajes lejanos, alegres pueblos donde se oía el repico de las campanas, hadas
brillantes en la noche, elfos y aventuras misteriosas y peligrosas de unos personajes fantásticos de orejas
puntiagudas.
Miro hacia los dos lados. No hay nadie. Pero siento el aleteo de un pájaro y miro al cielo. Es nubloso, gris...y
triste, como mi interior. Siento agua corriendo por mis mejillas, pero no son gotas de lluvia, aun no ha
empezado a llover, sino que son mis lágrimas, que caen rápidamente y silenciosamente como las hojas que
cubren la Contra Morada en Octubre, al recordar aquel día nubloso, también, y tempestuoso.
Salí rápidamente de mi casa. Tan sólo quería huir de ahí y marcharme bien lejos. No tenía claro a donde iba a
ir, pero mis pies que corrían dentro de los charcos de lluvia me llevaron hasta tu hogar. Toqué la puerta y tú
me abriste. Como siempre, estabas sonriendo, pero la expresión de tu rostro cambió borrando la sonrisa por
una de preocupación, al verme ahí toda empapada y despeinada, la cara manchada de lágrimas y pálida como
un muerto.
- ¡Dios mío, Ana! ¿Qué te ha pasado?
Y yo te abracé lo más fuerte que pude y me dejaste entrar y me acomodaste en el sofá. Entonces viste el golpe
que tenía en la frente y en el cuello, que te sobresaltó.
- ¡¿Pero cómo te has hecho eso?! - dijiste poniendo una mano en mi frente y acariciando mi herida. Yo estaba
demasiado asustada para responderte y lo único que hice fue cubrirme los ojos y empezar a sollozar. Tomaste
mis manos, que me temblaban, y te acercaste a mí. Pasaste tus brazos sobre mis hombros y yo me agarré a tu
pecho. Tenías la cabeza apoyada sobre la mía y con una mano me acariciabas el pelo.
- Ha sido tu padre otra vez, ¿verdad? ¡Ese hijo de...!
- ¿Están...aquí...tus padres...? - pude decir finalmente con voz temblorosa.
- No. Se han ido ya a trabajar.
Después, no sé cuanto tiempo nos quedamos en silencio, escuchando el sonido de la lluvia al caer y, de vez en
cuando, una luz blanca iluminaba la casa acompañada por el rugido de los truenos. Me sentía muy bien, ahí,
contigo acariciándome el pelo. No importaba cuanto fuerte rugieran los truenos o cuanto alto yo sollozara:
abrazada a tí podía sentir los rítmicos latidos de tu corazón sonando a compás con el mío. La angustia
desapareció de mi mente. Por un instante, ¡me sentí realmente feliz! Una felicidad que sólo tú podías darme.
Ahora una pareja pasa ante mí agarrados de la mano, andando rápido hacia la salida del Pinaret, porque parece
que pronto se echará a llover. En nuestros últimos días nosotros también íbamos cogidos de la mano, desde
el dieciséis de Marzo, justo un año después de habernos conocido, cuando me confesaste tu amor. Nos
habíamos encontrado aquí, como de costumbre, y fuimos a tu casa. ¡Qué grande fue mi sorpresa cuando te vi
con un regalo para mí en la mano! ¡Hacia tiempo que no me habían regalado nada!
- ¡Ostras, Juan! ¡No debiste!
- ¡Vamos! Abrelo y vámonos a celebrar tu aniversario. ¡Feliz aniversario Ana!
Lo abrí con cuidado y encontré un brazalete de plata adornado con dos corazones de piedra preciosa azul.
Detrás de un corazón había mis iniciales gravadas y detrás del otro había las tuyas. Te abracé fuertemente y te
dí un beso en cada mejilla dándote las gracias. Entonces vi como te sonrojabas mientras tomabas mis manos
entre las tuyas y me dijiste estás palabras:
- Ana...yo te quiero mucho... Te amo... ¿Me amarías tú también?
No me lo podía creer, pero era verdad, no estaba soñando. Y yo te dije que sí...
¡Ostras! Ahora se hecha a llover. Ya es hora de que me vaya. Además, ¿de qué me sirve estar aquí?
Me levanto y empiezo a andar, pero antes doy una última ojeada al tu tronco. Me doy la vuelta y me voy con tu
recuerdo. Y puedo oír está canción, una de las muchas que tú tocabas con tu instrumento:
"Tantas palabras, tantas imágenes que se van,
La noche se acaba, la mano a la puerta y te vas.
Sin tan sólo pudiera volver a tu lado.
Se oyen dos vasos en la penumbra de un bar.
Vuelven noches frías, noches solitarias sin tí.
Sin tan sólo pudiera, si tan sólo pudiera volver a tu lado.
A tu lado..."
Pinaret: Un pequeño pinar de mi ciudad.
Caleta: Un playa de mi ciudad.
Contra Morada: La calle principal de mi ciudad.
Son Xoriguer: Otra playa de mi ciudad.
Espero que os haya gustado Dicen que soy una chica muy romántica,
¿qué os parece? Dedicaré este fanfic a una amiga que
conozco desde primero de educación primaria, hace diez años
ya. No diré su nombre pero diré que es más buena
hablando inglés que yo . Se lo dedico por ser tan buen amiga.
La canción no la he inventado yo. Pertenece a la canción
"Al teu costat" (A tu lado) del grupo "Sau"