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UN DESTINO INCIERTO
CAPÍTULO PRIMERO
UN DESTINO INCIERTO I
Nunca supo como fue que sucedió. Hallar a alguien en semejantes circunstancias y acogerlo así nada más...
Debía ser por alguna razón desconocida, debía ser el destino.
¿Pero cómo? ¿Si él no tenía corazón? ¿Cómo apiadarse entonces de aquella criatura?
En efecto, André era un ser despiadado, sin necesidad de un pasado tortuoso ni mucho menos.
Su padre, el Sr. Lars se casó con la madre de André a temprana edad, ambos se amaban profundamente y eran verdaderamente felices, pero su felicidad no sería duradera puesto que ella murió meses después de dar a luz al pequeño. El Sr. Lars no volvió a casarse, pues nunca pudo amar a otra mujer, entonces se dedicó mucho más a su trabajo; era comerciante y contaba con una considerable fortuna heredada de su padre la cual, luego de su viudez aumentó notablemente. Pero no sólo a amasar fortuna se dedicaba, puesto que era un padre amoroso y ejemplar. Compartía con su hijo todo el tiempo que le era posible y le amaba y protegía como a su mayor tesoro. Era el Sr. Lars una persona muy seria y estricta pero a la vez muy dulce, que gustaba de hacer amistad con aquellos que le servían más que con sus pares sociales, era un tanto desconfiado para con estos últimos, pero aquellos no lo notaban o aparentaban no hacerlo.
Durante muchos años contó con la, para él invaluable, amistad de quien fuera su mayordomo, un hombre algunos años mayor que él en quien supo depositar toda su confianza muy acertadamente por cierto. Gess, así se llamaba su confidente, era un hombre callado y observador, nada se le podía ocultar; de cabello cano, delgado y de andar lento y pausado, los años no habían pasado en vano por su anatomía con el agregado de que éste padecía casi desde su adolescencia las penurias de una enfermedad más que agotadora, Gess era epiléptico y durante los últimos años sus ataques se habían hecho más frecuentes, razón por la cual ya no prestaba ciertamente sus servicios en la casa como mayordomo sino que permanecía allí por la amistad que les unía a él y al Sr. Lars.
Sería por su enfermedad que nunca se casó a pesar de haber sido un hombre muy apuesto, eso se notaba en sus finas facciones, sus ojos grises y brillantes, sus grandes manos que parecían haber sido muy fuertes y sus modales y vocabulario tan cuidados.
Gess tenía un único hermano, varios años menor que él, quien se casó con una hermosa niña a quien conoció durante un viaje a Italia, más precisamente a la Valle D'Aosta, un lugar que a su entender lo tenía absolutamente todo, mar, montaña, verde, todo lo que un hombre necesitaba para ser feliz, y realmente fue así, puesto que allí la encontró a ella, al amor de su vida.
Andreina era su nombre, hija de campesinos, un alma blanca como la nieve que cubría los valles la tarde en que la vio por vez primera. Fue amor a primera vista, como en una novela. Al cabo de unos meses se casaron y mudáronse a una casa de campo no demasiado grande pero muy confortable, con la llegada de los hijos la irían ampliando convenientemente, contaban con árboles, animales de granja, una huerta y un arrollo corría dentro de los límites de la propiedad. El hermano de Gess era artista, pintor y escultor, y aunque no contaba con gran fama su trabajo les servía de sustento a él y a su incipiente familia.
Al cabo de año y medio de feliz matrimonio nació su primera hija, Bianca quien hubo de transformarse en el centro de atención de sus padres cuyas vidas iluminó con risas. Era una niña sana y perfecta, (a los de sus padres, todos los hijos lo son) de cabello castaño y lleno de bucles, tenía los ojos más negros y brillantes que se puedan imaginar, su piel era clara y de aspecto saludable, su carácter afable pero determinado, se notaba que era un tanto obstinada, a pesar de lo cual se la tenía como un ser amable y considerado con los demás.
Contaba Bianca con escasos siete años de vida cuando sus padres emprendieron un viaje a Rumania, era un viaje como tantos otros que la pareja realizaba cada año pues ambos gustaban de conocer lugares distintos cada vez, aún cuando el pintor decía que el principal propósito de éstos era el de mostrarle que no existía en el mundo lugar mejor que los valles de la provincia de Aosta. Cada vez llegaban repletos de regalos para la pequeña Bianca, y cargados de historias maravillosas los labios de su madre quien gustaba de narrarle sus peripecias para que esta se durmiera en las noches. Pero aquél viaje era un tanto especial, el último que harían en mucho tiempo, puesto que Andreina estaba embarazada por segunda vez y la llegada del nuevo niño les impediría viajar al menos por los siguientes dos o tres años.
- Riiiing, riiiing .... - sonó el teléfono en casa de los padres de Andreina, era ella desde Rumania solicitando hablar con Bianca quien acostumbrada a estas rutinas se comportaba como niña buena en casa de sus abuelos.
- Hola mami!
- Hola cielo, ¿cómo estás? ¿Cómo te portas con los abuelos?
- Bien, mami. La abuela cocinó pasta esta noche y el abuelo me llevó a ver pacer las ovejas, me caí en el río y mojé todas mis ropas pero abuelo no me regañó.
En el interior de Andreina se desató una risita que no dejó escapar sino hasta después de haber finalizado la comunicación telefónica.
Cada noche la misma cantinela, las risas, las recomendaciones... - Papá y yo volveremos en dos días, pórtate bien y cuida de los abuelos, ¿sí? - se despidió Andreina - Te queremos mucho nena. ¿A ver, un beso para papá? - dijo su padre, - Mmmmuuuaaaaá, te quiero mucho, papi - dijo la niña, y acto seguido colgó el tubo del teléfono, como cada noche.
Pero el destino quiso que aquella fuera la última. Cuando el teléfono volvió a llamar una vos seria y dubitativa les comunicó a los abuelos de la niña que el avión en que la pareja viajaba había sufrido un accidente, el cual había sido fatal para la totalidad de los pasajeros y la tripulación de la aeronave.
El mundo de cuento de hadas de Bianca se había derrumbado.
Siendo Gess el padrino de la pequeña, a él tocaba hacerse cargo de ella pero, dado su estado de salud pensó en pedir a sus abuelos que Bianca permaneciera con ellos. Fue entonces cuando el Lars intervino exigiéndole a Gess que se ocupara de aquella de inmediato, y se comprometió a colaborar en la formación de la niña del mismo modo en que Gess lo hiciere tiempo atrás para con André. Tan estrecha era la relación entre aquellos hombres.
Y fue así como una mañana fría de Noviembre, Bianca llegó a la casa de la mano del mismísimo Sr. Lars.
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