|
|
| Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search | Login Register Extras |
La misma bruma…
El mismo corazón…
El mismo amor…
¿Cambiará el destino?
La bruma sobre el Lago del Destino sólo permite ver la silueta, tenue y oscura de la barca que lo atraviesa. Sobre ella se vislumbran las sombras de tres personas: Un hombre, una muchacha y el anciano Guardián del Lago. El Guardián, una leyenda que aun vive, una sombra sin edad, un espíritu sin voz, un hombre sin pasado.
La muchacha se levanta de su lugar y el hombre la observa extrañado. Ella se acerca al anciano que conduce la embarcación.
Desde que una noche su madre le contó la leyenda antes de dormir, siempre se lo ha preguntado, ahora que decidió dejar la vida, ahora que lo tiene tan cerca…
Su dulce y suave voz resuena nerviosa en la inmensidad:
- ¿Por qué? ¿…Porqué se hizo el Guardián? ¿Por qué querer cargar este peso, cuidar esto eternamente? ¿Qué pudo hacer que alguien aceptara no vivir más y no descansar nunca? ¿Qué pas…? Ah… - No espera una respuesta. Baja la cabeza y se dispone a volver a sentarse, el anciano no se ha movido y el hombre la observa asombrado.
- Ah… es una triste historia - los ojos del viejo brillaron y su voz, desgastada y serena, se escucha por vez primera contra la bruma. La muchacha voltea a verlo, con una sonrisa en los labios. El hombre no puede creerlo.
- ¿Estás segura de querer tal relato?
- ¡Es lo que más deseo en la vida! …Por favor, yo… Es importante para mí.
- Por favor – murmura el hombre, levantándose para observar mejor a aquel ser que intriga al mundo. Ser la persona que escuchará su historia ¡de sus propios labios! - Esto es simplemente increíble - No logró decir más.
La joven está emocionada y sonríe. Sólo el pensar que le vería algún día la había hecho temblar…
Hablarle, que él le hablara, saber de su pasado; No, eso era sólo un sueño. Quizás fue él la razón de que ella dejara la vida, no tanto el cansancio, el sufrimiento. Quizás… No logró pensar más.
- Eh… y han pasado siglos desde ese día, pero aún lo recuerdo, como si no hubiese pasado un instante…
Yo era joven, como tú. Era un muchacho casi feliz, pues nunca conocí el amor verdadero, hasta entonces. Creo que en ese tiempo me llamaban Damián y adoraba el esgrima. Era muy talentoso y, claro, me encantaba participar en torneos y concursos para demostrarlo. A ella la conocí en uno de esos torneos, el más importante, y debí disputar la final con ella. Nunca había conocido a alguien que lograse enfrentarme con tanta facilidad y destreza. Pero la vencí, ella quedó algo frustrada por ello, aunque mi victoria fue casi por suerte; a pesar de todo, nos conocimos y terminamos como los mejores amigos.
Ella era una muchacha alegre y divertida, siempre sonreía, su voz era suave y melodiosa, era tan bella e inteligente como una chica podía ser (por lo menos así lo veo yo), sus facciones eran finas y tenía el cabello lacio, largo y negro, como sus ojos. Sus ojos… la primera vez que la miré a los ojos creí que me desmayaría – el anciano cerró los ojos, recordando a aquella muchacha que lo condenó a un amor eterno, y rió suavemente - sus ojos eran como el cielo limpio a medianoche: Brillantes y profundamente negros.
Y así, casi sin darme cuenta, me enamoré perdidamente de ella.
- "Te amo"
Y fui el hombre más feliz del mundo cuando supe que ella me correspondía.
- "Te amo, Damián"
Los años más felices de mi existencia los pasé con ella, pocos, pero me han dado la fuerza para estar aquí todos estos años de espera…
- Es por eso… La espera – el hombre debió volver a sentarse y escucha absorto en el silencio del ensueño.
- ¿Espera? – la muchacha habla, cortando el suave silencio que se había formado, con un murmullo casi inaudible.
- Para ustedes quizás sea normal el decidir cuándo dejarán de vivir, pero en ese tiempo muy pocas personas podían hacerlo como ahora. Ella se dio cuenta de que yo podía y, claro, yo también sentí que ella era diferente, como yo. En el momento en que más sentía que la amaba, ella me propuso cruzar el Gran Lago juntos, ser felices y amarnos por toda la eternidad.
- "Piénsalo. Te juro que es lo que yo más deseo en la vida"
- "No hay nada que pensar, estoy seguro hace mucho tiempo de que mi amor por ti será eterno"
Dicen que mil años pueden ser una eternidad; Han pasado más de mil años y yo aun la amo como aquel día. Soy el Guardián, porque todavía la espero…
- "No te vayas sin mí, amor. Yo volveré, te buscaré y seremos felices, porque sé que tú no me olvidarás. Espérame"
- "Esperaré"
- ¿Cómo? ¿Ella no ha regresado?
- Ella ya no me recuerda siquiera, es feliz con otra persona a su lado, tiene una familia. Ella ya ha vuelto, pero no me buscó. El tiempo en aquel mundo es tan distinto, que de seguro pensó que los años la habían borrado de mi mente y mi corazón. No me reconoció, pero yo pude ver sus ojos nocturnos y siempre supe que era ella. Entonces, soy el Guardián, porque ya no puedo vivir ni descansar; porque ella agotó todo mi amor, toda mi alma, mi corazón y mi voz; porque ella era lo que avivaba el fuego de mi existencia. Y ya no puedo sentir nada, sólo recordar sus ojos, el tacto de su piel joven y el tono de su anciana voz. Ni siquiera sé si lo que creo que siento es lo que siento, o sólo el recuerdo de un amor jurado eterno – el anciano voltea y trata de sonreír: una hermosa sonrisa. Aparta la amplia capa obscura que cubre sus hombros y su espalda y llena de sombras su rostro. – Ya no vale la pena mentir, pequeña, tu voz y lo que callas me ha hecho comprenderlo – su voz ya no está seca y desgastada, sino que rebosa de juventud – En este lugar el cuerpo no envejece, yo sólo escapo de mí mismo y de mi realidad haciéndome parecer un anciano. Aunque lo soy: mi alma está vieja y mi corazón está cansado, quizás de tanto amar. Tal vez estoy amando demasiado, tanto que ya no lo siento y no puedo amar más ni sentir nada – murmuró y sus cabellos negros relucieron con la luz que parece emanar del mismo Lago - Soy el Guardián, porque ya no sé qué hacer con mi existencia.
La muchacha lo observa, con una mezcla de sorpresa y tristeza reflejada en su rostro. Las Aguas del Destino son la verdadera Fuente de la Juventud. ¡Y qué! Él le está sonriendo, él le dijo que gracias a ella puede mostrarse tal cual es. '¡Él dijo que ya no ama a su amada!'. Que ya no sabe qué siente, ni qué debe hacer. Ella se sonroja un poco y, reuniendo fuerzas, sus palabras rompen el silencio nuevamente.
- ¡Eh! Acompáñenos, señor…, descanse, deje este barco gris y venga …conmigo al paraíso – palabras tímidas, apresuradas y casi inaudibles. Baja la cabeza, 'Parezco una niña asustada'.
- Es cierto, Guardián. Abandone este Lago de Recuerdos y libérese de este peso guardado por tanto tiempo de soledad. Dicen que del otro lado sólo hay amor, sólo hay felicidad, paz y tranquilidad. Ya puedo ver la luz del sol, sentir el aroma de las flores, oír los cantos de bienvenida. ¿Cómo no desear la felicidad? – El hombre mira hacia el cálido horizonte, como soñando, mientras habla. La chica sonríe, esforzándose por no parecer nerviosa, mas sólo ve al Guardián sonriente que sueña con la felicidad, y no logra evitarlo.
- ¿Ustedes creen que sería feliz así nada más? – la sonrisa se esfuma de repente, cuando nota la realidad – Yo no lo creo, no puedo creerlo.
- Nadie puede estar seguro, pero si no lo intenta siquiera, jamás lo sabrá. No tiene nada que perder: aquí no tiene a nadie que lo acompañe, allá me tendrá a mí por lo menos, no lo dejaré solo hasta que sea feliz.
- Nunca. No puedo permitir que sacrifiques tu felicidad por mí.
- Es mi felicidad, es mi decisión y no lo abandonaré – dijo con voz firme la joven, encontrando la mirada del Guardián y más nerviosa que nunca. ¿Acaso siempre lo había sabido? ¿Es qué eligió la muerte para encontrarlo a él?
- Yo lo sabía, mas no quería aceptarlo. Lo amo.
- Hemos llegado.
- No bajaré. Sólo ustedes lo merecen. Yo he sido un tonto, no merezco amor ni felicidad. No puedo amar, porque ni siquiera puedo amarme a mí mismo, no recuerdo qué es el amor, qué es la vida, ni qué es el sentimiento. No bajaré hasta que entienda todo – luego murmuró, contestando la mirada y las dudas de la muchacha con una sonrisa -, hasta que vuelva a sentir amor verdadero por alguien que valga la pena. Adiós.
- No "Adiós", hasta luego. Esperaré.
FIN