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Fiction » General » La alocada vida de Piero a Secas font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: ArialAsimov
Fiction Rated: K+ - Spanish - General/Romance - Reviews: 18 - Published: 06-13-03 - Updated: 05-18-05 - id:1329218

Cuando tuve oportunidad de ver lo que pasaba era demasiado tarde. Capte apenas quesus ojos se cerraban despacito como si no quisieran, pero rendidos al ía que salir de ahí. Cogí mi casaca, me la puse como pude y no se porque recuerdo claramente que me tropecé con la silla, en la que estuvo Emilia. En fin, escape. Me caí por las escaleras, y salí por una ventana que daba a la calle. Eso es todo, tome un taxi llegue a mi casa y nada. No recuerdo nada más.

Y es que uno no se va de esas reuniones, se escapa. Claro, estoy exagerando, pero de hecho es así. No tiene razón de ser irte cuando quieres quedarte. La jugada es escaparte de algo que ya no puedes soportar. Y yo estaba realmente jodido, aturdido. Mi centro era el mueble y a eso de las tres de la mañana no sabía quien era, mientras todos discutían sobre no se qué. Yo apenas sonreía, contentazo de la vida. No sé algo había hecho, o algo me habían hecho. Yo estaba re contra contento, cuando todo el mundo odiaba la vida. Luego otra vez en negro.

Todo empezó hace unos siete días. Había empezado a ir a unas clases de yoga, no muy lejos de mi casa. Algo para limpiarme, para tener otra actividad. Y ese tipo de excusas. En la clase conocí a Emilia y hubo súper honda, porque ella no me conocía y a mi me encanta mentir. Emilia tenía poca plata pero tenía grandes amigos, o eso decía. Esta clase era algo que quería aprender. Entre huevadas quería mejorar sus poses sexuales. Claro todo lo que digo es un resumen, a nadie le gusta que le cuente con pelos y señales lo que me contó mientras nos cagábamos en toda la clase. Y yo, como bueno, le caía súper bien. Porque era gordito (la inofensividad del guatón tierno), era igual de misio pero sin grandes amigos y le hablaba sobre huevadas casi textuales de libros como trópico de capricornio o de cáncer. En fin trataba de jugar a ser un personaje de Henry Miller pero solo en teoría, por que uno no puede mentir sobre lo que no sabe bien. Terminamos la clase y nos fuimos a tomar un café, algo rarazo para variar. No muchas veces voy a tomar a café con alguien, por lo general me gusta leer en los cafés no sé porque, me gusta el murmullo pero no el ruido. Mientras más bullita mejor.

Fuimos a una cafeta misia, donde ella había trabajado antes. Le conté la parte editada de mi vida, sin muchas luces sobre la verdad. Y ella, me imagino, que me contó lo que mejor vino al caso. Yo no soy muy crítico de las mentiras, pero si me las cuentan que por lo menos tengan trama. Ella sabía contar las cosas, movía los ojos, de vez en cuando le brillaban los labios por la luz del local, además era de esas chicas que no podían ser feas pero tampoco eran bonitas, tenían una belleza por default eran tal cual uno las veía. Tenía 20 años igual que yo. Sólo que yo no había visto el mundo y ella más o menos. Había una ventaja eso sí. Sobre todo porque yo aún me pierdo seguido, y ella parece demasiado encontrada. Por eso le creí casi todo. Me gusta creer así como espero que me crean cuando miento. Es casi una convención social como saludar a alguien aunque tú no sepas quién es.

En la noche cuando me dejó en mi casa, porque el taxi continuaba recorriendo cuadras con ella adentro, le deje mi correo. Ella no tenía Internet en casa pero vivía cerca así que en teoría me iría a visitar para usar el Internet. A mi no me importaba mucho, por que supuse que todo sería mentira. A la mañana siguiente busque mis zapatillas debajo de mi cama, encontré mi libro de magia para principiantes, y me lo lleve conmigo mientras caminaba para tomar el camino que uno toma para irse a la universidad. No es muy largo por eso pocas veces me encuentro con alguien mientras camino. Esa vez me encontré con Emilia que vivía frente al paradero, no a muchas cuadras de mi casa. En realidad fue un encuentro sólo de mi parte porque no sé, me dio lata ir a saludarla, así que apenas pude ver que se metió en su casa yo me fui al paradero, a esperar el micro que me lleva a otro paradero, y luego otro carro que me lleve a otro paradero y luego a otro paradero y luego a otro paradero, hasta llegar a la universidad. Un viaje, mientras leía mi libro de magia para principiante que insistí en que me lo compraran cuando quería ser un escapista. De alguna manera siempre supe que tenía vocación para eso.

Todo andaba bien, o relativamente bien. Emilia me dijo que lo mejor era tirarnos la clase de yoga y con la plata de la clase irnos corriendo, pero ya, a ver Hitch, especialista en seducción. A mi me dio igual. Así que fuimos. Caminaba rápido, hasta ese día no la he visto con otra ropa que no sea la del buzo deportivo gris, así que debía estar cómoda para jalarme por todo el parque y callecitas. Pero no hay mucho que resaltar si esperas una modelo espera sentado. Era bastante delgada, algo alta, no tanto como yo, pero con tacos supongo que me podría mandar un tacle bien plantado. O mirarme fijamente face to face. Cosa que no resisto demasiado tiempo. A veces me gusta decir que soy débil, que cualquiera me gana. Es bonito que otros traten de protegerte de vez en cuando. O que veas como te quieren saltar y sacarte la mierda. Aunque parezca estúpido nadie quiere golpear al más débil y cuando hay una excepción es genial sentir la adrenalina que aparece justo cuando te quieres escapar. Arrancar como quién dice.

Llegamos al cine, pagamos las entradas y nos cagamos de risa de la película. Yo más que ella, por qué de alguna manera mande a la mierda a la película y la abrace y casi me acerco a besarla y bueno a pasarle el primer scanner mano a pierna. Todas esas cosas que parecen seguir con el estado natural de las cosas. Ella me mordió la lengua y se cago en mí. Yo le tiré mi maíz confitado, ella puso sus manos en la cintura y me comenzó a mirar. Ahí me dije, que lo mejor era irme. Afuera ella me atrapó y me devolvió el beso finalmente. Me dijo: que sea la última vez. Y nos escapamos del cine. Mientras subíamos las calles hablamos de ella. Me contó que mañana tenía que trabajar pero que terminaba rápido y quería que la recogiese. Yo le dije que no, y que se fuera a la mierda. Ella estuvo a punto de escupirme cuando finalmente se dio cuenta que sé mentir muy bien, y supo que iba a estar cuando ella me lo pidiera. En serio, iba a dejar la clase de la universidad y me iba a ir en taxi a esperarla en el hall del hotel, media hora antes de lo que ella me dijera.

Llegue relativamente temprano. José Miguel, el recepcionista, era fanático de alianza, yo en aquel tiempo lo era de cualquier equipo. Así que anduvimos hablando del Focker, del nene cubillas, del clausura o de lo que sea. Lo bueno de José Miguel es que era amigo. No decía nada significativo a nadie. Y cuando nos encontramos en una reunión algún tiempo después sólo nos miramos. Sentí la presencia de Emilia en esto. Pero no me importaba. No demasiado. Emilia salió a las dos de la mañana con ganas de bailar, y a mi me daba igual. Nos fuimos a una discoteca hasta las siete de la mañana. Ella sacó un billete de cien dólares y me pidió que la llevara al peor antro de todos. Nos fuimos a un salsódromo. Fue genial. Sude demasiado y ella olía riquísimo. Lo mejor de todo es que no sabía bailar con los tacos puesto, y a mi no me gusta pisar a nadie mientras bailo, así que fue un tono descalzo encima de una mesa. Bebimos harto pero lo sudamos. Al final me quede a dormir en su cuarto y cuando me levanté, ella se estaba bañando y me pidió que me largara. Cogí mis chivas y me fui. Era viernes, pero todavía quedaba el sábado.

Pensé en retirarme del curso del viernes para seguirla esperando. Todo normal, nos veríamos las tardes en la clase de yoga y cuando las posiciones me llegarán al cerebro nos iríamos al cine, y yo siempre intentaría besarla, pero luego me desalentaría, nada vale un beso. Miraría la película, la haría reír y nada más. Seríamos amigos, creo. En esa semana, fuimos lo mejor de nuestras vidas, porque a mi no me importaba que fuera puta, y ella sabía que yo no era nada de lo que decía. Mi mentira era lo mejor que nos había pasado. A mí nunca me importo decir mentiras, mientras que la verdad no fuese necesaria. En aquel momento ninguno de los dos queríamos la verdad. Todo daba igual. Sin juicios ni nada. Sólo queríamos vivir rápidamente los días lentos y no recordar nada al día siguiente, por lo menos eso era lo que yo quería. Como cuando escuchaste una canción y no recuerdas por que se te viene a la mente al día siguiente esa tonada que sólo escuchaste una vez. Emilia, si es que se llamaba así, sería siempre el recuerdo del primer hit en mi triste vida. Algo definitivamente muy bueno, pero que me sería imposible recordar porque no fue totalmente verdad. Eso era muy bueno.

La única verdad medianamente cierta que le conté, fue que me gustaba escapar. No porque fuera cobarde. Escapar es hasta cierto punto un acto heroico. Yo sé que no siempre puedes ganar, y si mi vida nunca la gane a nadie, escapar es relativamente lo menos idiota que puedes hacer. Enfrentar la situación es para los que no quieren más riesgos de los que tienen. Escapar en cambio es cagarte en el riesgo. No sé parece que sólo a mi me gusta escapar. Cada uno con su rollo.

A todas luces Emilia era una puta joven. Cuando conté por primera vez a un amigo esta historia le parecía increíble que andará con una puta, me dijo cosas tan verdaderas como que le parecía hasta las huevas, que eso no era amor, y que no puede ser, viejo, no puede ser. Ahora lo de VIP, se puede poner en duda, pero vamos puede ser puta, pero todavía tener honda. Y a mi no me importaba que ella dijera que se iba a esos hoteles, porque su trabajo era ese, ir a hoteles hasta la una de la mañana, no me preguntes más. Sólo nos peleamos una vez, pero decidimos ahogar las discusiones. Ella tenía una reunión y quería que fuese con ella. El mail decía esto: Chino, a las eigh en mi jaula. Tengo una bomba que no te puedes perder, escápate de tu casa y vente volando a la mía que te espero con unos previos. Kisses, Emilia.

Yo pensé que como toda puta era más solitaria, que la última chupada de mango. Pero resultaba, que tenía una bomba imperdible. Agarre me fui al baño a botar hasta el desperdicio más mínimo, y me dispuse a salir en silencio, casi mutismo. Sólo pensé que me iba a cagar de frío y saqué mi casaca campeona. No pensaba en nada más. Llegue puntual a su casa/cuarto, la salude, y ella me beso como si nos encontráramos después de mucho tiempo. El sábado empezaba bien. Me pidió que la abrazara. Obviamente la abracé, y me puse a jugar con su cabello. Ella se soltó y con los ojos rojazos, me dijo tu también le entras. Yo le explique muy bien, que no le entraba a nada si antes no tomaba algo. Ella me sirvió un tequila en su taza de leche y me urgió que lo despachará ya. Lo hice, y luego le entre. Voladazos. Abrazaditos, calientitos encima de su cama una escena porno hasta las huevas. Decidimos dormir un ratito.

Me levanto su buitre, estaba hasta las huevas y yo todavía algo dormido. Le pregunté si todavía quería salir era la una, recién. Me dijo que saliera a chapar un taxi y que ella ahorita bajaba. Saque la pierna a ver si alguien paraba, y un tico apareció de la nada. Nos subimos y el pata nos chequeaba por el retrovisor. La cojuda de Emilia no llevaba calzón. A mi, casi de inmediato, me entro la sabrosa idea de tirármela, pero ella no se dejaba tocar. Estábamos cerca de una plaza no me acuerdo bien pero frente a la plaza había una casa de dos pisos blanca con tejas, en una ciudad que no llueve nunca. Nos bajamos pague el taxi, y luego entramos a una reunión demasiado cool. Había un Dj improvisado en una esquina de la casa que insistía en un trans con las luces apagadas, cuando aparecimos, nadie nos saludo pero nos trataron de la puta madre. Había bastante gente pero no me acuerdo. No sé que paso que me puse a bailar con alguien en medio de la nada, y cuando regresé a tientas al mueble no pude encontrar a Emilia, de nuevo me puse a saltar como loco encima del mueble, luego comienzo a tocarle el poto a alguien que recién cuando se me acerca veo que es una chica idéntica a Emilia, pero que no era Emilia, no tenía ese lunarcito al costado del labio. De todas formas estaba tan volada que me comenzó a besar y todo recontra bien. Realmente era una bomba imperdible.

Estoy sentado en el mueble, y hay sangre en todas partes. No veo nada, me arden los ojos, hay un olor fuertazo a alcohol que solo con respirar me mareo. Emilia estaba en el suelo cagándose de frío yo la tape con un mantel, me vio y sonrió como si estuviera dormida, luego le vi el brazo y tenía una heridaza, pero viviría. A su costado un huevon se había volado la cabeza. Supe que tenía que escaparme.

Más tarde Emilia me llama de la carceleta, dice que se va a salvar pero que necesita billete para salir. Me dice que rompa la ventana de su cuarto y me meta como sea. Debajo de su armario hay dos fajos de mil dólares, que se los llevé. En la tarde salió libre, con una cara de mierda. Luego me beso, y a la semana siguiente ella no fue a ninguna clase de yoga. Yo tampoco fui. Emilia se perdió del radar y yo no quería estar en el radar de nadie.



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