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La primera sentencia que aprendí sobre las palabras fue: el único motor que mueve al mundo, son las palabras. Pero los únicos que la pueden gritar con tanta fuerza para que las escuche el mundo son los poetas, músicos y , claro, los escritores. Yo no soy un escritor, a veces lo intento, pero no. Un poeta, siente con las palabras, un músico las expresa, y el escritor las construye. Pero sólo una gran historia es capaz, de llevarlas por todo el mundo. Historias de solitarios, que encontraron su amor atravensando selvas. Historias de gente que se encuentran con otras gentes, y de repente entre ellos el amor. Historias épicas, de miles de personas, que luchan por algo que creen. Lo siento, me puse pretencioso. Saben lo dificil que es escribir una historia, lo suficientemente buena, para ser leída o escuchada por todo el mundo. Se requiere de muchas cosas, una persona que no es audaz, no puede escribir sobre héroes. Una persona que no ha sentido algo, no puede expresarlo y hacerlo real. Hay personas que lo logran, hay otras que aparentan lograrlo, y , me incluyo, hay gente que lo sueña y lo intenta. Una chica loca me dijo alguna vez "que haces ahí, ven vente, que la vida es más interesante, y si la tomas por sorpresa de repente te da una". Yo obviamente estaba escribiendo algo, algo que pensé que era genial, pero que, en rigor, era algo más de lo mismo. Escribir sobre uno mismo es fácil, uno se conoce y por ende conoce el final de la historia. Una escritora djo alguna vez " cuando uno escribe, sufre con la historia. No sabe el final, lo siente". Eso es lo que ocurre aquí. Yo creo que sé el final de mi historia, y por ende sé, que no será buena. Pero ¿cómo sentirlo?. Una historia debe ser capaz, de sorprenderme a mí mismo. Una historia debe ser capaz de tener un final, que sea realmente un final, donde las dudas no deseen ser esclarecidas, donde el final cree el deseo anarquico de no saber nada más de ella, pero que a la vez te deje el sentimiento, la idea de saber, de pensar, de reflexionar, en lo que pudo haber sido. Palabras. Todo esto es sobre eso. Es el único medio capaz de crear un universo entero, si se tiene la suficiente entereza para hacerlo. Hay canciones de tres minutos, que pueden hacerlo. Un solo verso puede ser capaz de cambiar una realidad. Una sola novela puede ser capaz de crear un mudno entero, y hacer del escritor un verdadero Dios, que rige en la novela. Poder del creador, que le llaman. Y a que viene al caso todo esto, a ¿qué?. Me lo pregunto y veo el cursor, que aparece y desaparece. No lo sé, parece que la gran hoja blanca, de la que hablan tanto algunos escritores es sus biografías, existe. Una hoja en blanco, que espera convertirse en una realidad, dispuesta a someterse por el poder imaginativo de un escritor. Ahora la pregunta de rigor a todos, los que escriben acá, ¿lo podremos hacer?, seremos Dioses de nuestras historias, o estaremos dispuestos a que estas nos sorprendan. Todo depende de las palabras. Todo depende de la historia. Todo depende si estas dispuesto a darle una sorpresa a tu vida y ver si recibes algo a cambio. Bueno señores, señoritas, o lo que sea. Están dispuestos a darle una patada al cerebro, y comenzar a vivir escribiendo o estamos esperando que la vida nos de a nosotros una patada. Pucha la verdad no lo sé.