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Author: Mavy
Fiction Rated: T - Spanish - Romance/Fantasy - Reviews: 4 - Published: 08-01-03 - Updated: 09-08-03 - id:1371550

La voz no le salía, las lágrimas se agolpaban en sus ojos. Trató de detenerle, pero al final tan sólo bajó la cabeza y guardó silencio mientras de ella se alejaba la única persona a la que podría haber llegado a amar...

La joven se cubría los ojos de la luz del sol que la cegaba, sin duda hacía calor aquel día. Avanzó por el dirigiéndose al lugar donde había pasado muchos años de su vida. Al entrar al edificio un escalofrío recorrió su espina dorsal, el olor familiar que había llegado a aborrecer: era aroma de lavanda mezclado con la naftalina de aquel viejo caserón perdido de la civilización.

Lo recordaba como un lugar grande y tenebroso, ahora ella había crecido y las proporciones eran distintas, sin embargo seguía pareciéndole igual de oscuro. “Recuerda, sólo vienes a hablar con él y después podrás marcharte... no te pongas nerviosa”. Por fin llegó a la habitación donde tantos recuerdos se almacenaban, una mujer de unos cincuenta años le dijo que se esperase.

No podía evitarlo: aquella habitación le fascinaba. Siempre le había estado prohibido entrar allí, Johann era muy severo y si la hubiese encontrado trasteando sus cosas, el castigo hubiese sido terrible... no obstante tenía que reconocer que ahora se sentía especial por estar ahí dentro; era una prueba de que él ya no la veía como la huérfana que pasó cinco años en el orfanato hasta que descubrieron que tenía un pariente vivo que se podía quedar a cargo de ella, sino como a un igual.

Una tos de advertencia la sacó de sus pensamientos, al girarse vio al hombre que había cambiado su vida... para bien o para mal. A pesar de que las canas cubrían la mayor parte de su pelo negro y que las arrugas comenzaban a cubrir su rostro, conservaba el porte y la clase que le caracterizaba: los seductores nunca cambian. La joven no pudo evitar ruborizarse un poco al notar como el hombre clavaba su mirada en ella, aquellos ojos siempre le habían hecho sentirse pequeña, pero ahora sentía que la miraban de forma distinta, había pasado mucho tiempo desde la última vez...

Antes de que pudiera decir nada él comenzó a hablarle “seguramente te preguntarás por qué te he hecho venir, ¿no?” La joven guardó silencio, dudando, luego le miró directamente a los ojos y negó con la cabeza. Johann puso una mueca y continuó. “Veo que no has cambiado mucho, sigues igual de silenciosa que cuando eras una cría...”. Ella continuó sin decir nada, pero pensó que él tampoco había cambiado: seguía siendo igual de irritante... “Bueno, en ese caso seré yo quién tenga que hablar”. No pudo evitarlo, la presión, la situación, todo... dejó escapar una carcajada sarcástica que sin duda le tomó por sorpresa y ella aprovechó para pasar de ser presa a cazador...

“Bien, Johann, dejémonos de juegos. Hace mucho que ambos crecimos, ¿no crees? Dime de una vez para qué me has hecho venir desde tan lejos”



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