|
|
| Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search | Login Register Extras |
Con ustedes: la versión escrita y extendida de la Declaración de Look a Dein. Si no sabes de qué estoy hablando, no importa, ya lo harás...
Esto es slash o yaoi (shonen ai, en realidad), digo, que hablo de homosexuales, así que si el tema no te parece, ¡por favor no leas esto! Ahora bien, si quieres, se bieninvitado a leer con todo gusto!
Llovía, era esa casi molesta lluvia constante, delgada, de apariencia suave, pero que empapa a poco tiempo de estar bajo ella. Llovía, las nubes grices, pesadas, bajas, lentas, desahogándose sobre la gran ciudad. Llovía, la gente, bajo paraguas, caminado rápido sobre la acera brillante de agua; los autos con sus faroles encendidos, luces en las ventanas, la noche comieza más temprano, más oscura. Llovía, sí, y, al fin bajo la lluvia y sobre una motocicleta negra, un muchacho se dirigía de vuelta a su casa.
La práctica de tenis se había suspendido por la lluvia, asi que él y Livean, su mejor amiga, habían pasado por ahí a comer algo antes de volver a casa. Era sábado, casi las nueve de la noche, era mediados de Otoño y el ambiente estaba agradable, aun con el agua cayendo incesantemente y la brisa algo fría que corría entre los edificios. Entró al estacionamiento subterráneo de uno de apartamentos, altísimo, moderno y oscuro bajo las nubes. Look Deelan se detuvo junto al auto de su madre y casi corrió para alcanzar el ascensor, al que había entrado una mujer de impermeable negro que salió un par de pisos arriba.
Entonces, él se soltó el cabello largo, rubio y liso y se sacó la chaqueta empapada.
Al recordar su conversación con Livean, le sonrió a su reflejo en el espejo de la pared de enfrente y se recargó en el otro. Ella lo sabía, ella siempre lo sabía todo, ¿o es que era tan evidente? No, no podía ser eso, pues él es muy perspicaz y también lo habría notado. Porque no lo ha notado, ¿o sí? No, era ella. Livean Amosses siempre los había leído como libros abiertos, ella fue la que los invitó a conversar, la que los llevó a conocerse, entenderse, a convertirse en los mejores amigos. Y si lo vemos así, ella sería la culpable de sus sentimientos, de la opresión en el pecho cada vez que lo veía, del nerviosismo cuando lo sentía cerca, del bloqueo mental cada vez que le sonreía. Ni hablar de cuando le pasaba el brazo por los hombros, cuando lo miraba a los ojos, o cuando le apartaba de la cara ese mechón de cabello que siempre le cae sobre el ojo izquierdo. Bien, no, ella no era la culpable. Al final igual son compañeros de misión y hubiesen terminado hablando, y al final él igual hubiera terminado perdido en los brillantes ojos grices de Dein Shells.
Suspiró, no había remedio.
Por eso le había escrito esa carta contádole de todo lo que sentía, con tinta y de su puño y letra, y se la entregaría él mismo, aunque despúes saliera corriendo.
El sensor de la puerta reconoció su iris y entró al departamento.
- ¡Hola!
La señora Deelan levantó la mirada de su pequeña hija, a su hijo - Look... -. Palmeó la espalda de Freezee, indicándole que se levantara - Cariño, ¿porqué no vas al al cuarto de juegos?
- Si, mami - la niña recogió sus muñecas y salió corriendo. Segundos después, su cabecita de rizos de oro se asomó - ¡Hola, hermanito! - y desapareció luego tras una puerta al final del pasillo.
- ¿Pasa algo? - preguntó el chico al ver la extraña, para él, expresión de su madre. Que estaba seria y le miraba fijo, sentada en uno de los mullidos sillones color damasco de la sala. Dejó su bolso, chaqueta y zapatos en la entrada para no mojar la alfombra y se acercó a ella sonriendo, algo turbado - ¿Mamá?
- Siéntate, es mejor que hablemos - murmuró ella con voz algo ronca, ya no lo miraba a los ojos, no podía, había estado aguantando el sentimiento horas y ella era de expresar lo que sentía cuando lo sentía. Y el tener que esperar no la ayudó a calmarse, la hizo pensar también en que su marido había retrasado ya su llegada del extranjero, también en que tenía un caso complicadísimo y que la niñera estaba de vacaciones. Quiero decir, que lejos de enfriarse, su cabeza y sus ánimos se habían caldeado más que antes. Él se sentó sobre la alfombra y notó que rehuia su mirada.
- ¿Pasa algo? - repitió.
- Sí.
Look habría jurado que oyó la voz firme de su madre quebrarse al responderle.
Dein, el hijo menor de los Shells -porque nació cinco minutos después que su hermano mellizo, Ein-, se encontraba sentado cómodamente en uno de los mullidos sofás blancos del gran salón de su casa. Veía la televisión distraidamente, mientras comía caramelos de una fuente. Sonreía, era el único ser humano en la casa, pues al parecer todos tenían planes esa noche: sus padres fueron a una reunión de amigos y no volverían hasta la mañana siguiente; su hermana mayor estaría con su novio, un hombre mayor y su jefe; su hermano Ein salió con su novia y maestra, Linka, seguro no asomaría hasta el amanecer; hasta Marthee, la cocinera, tenía planes con sus amigas. Pero él no tenía intenciones de querer salir a ningún lugar, sería porque afuera del calor del hogar llovía a baldes, y el muchacho podía escuchar las gotas golpeando la ventana y el aullido del viento entre los árboles.
De pronto, por sobre el viento, escuchó el sonido de una motocicleta pasar por su calle. Se preguntó, algo divertido, quién podría estar tan loco como para salir a buscar una pulmonía a media noche. Pero el asunto quedó allí. Hasta que la aguda melodía del timbre le provocó un sobresalto.
- ¿Quién puede venir a estas horas y con este tiempo? Abane habrá olvidado su clave otra vez... - Dejó con desgano la fuente sobre la mesa de centro y tuvo que levantarse a abrir. No se molestó en ver la pantalla de la cámara de seguridad. Abrió la puerta y, despues de un estremecimiento por el cambio de temperatura, se paralizó.
Bajo la amplia cornisa que cubría la entrada, estaba una figura empapada, cuyos brillantes ojos miel miraban intensamente a los sorprendidos ojos gris azulado de Dein Shells, que parecía haberse sobrepuesto ya a la impresión.
- ¡Look! ¿Qué haces...? ¡Pasa, pasa, por favor! - balbuceó tomando a su amigo por el antebrazo y arrastrándolo hacia dentro, cerró la puerta tras ellos. - ¿Qué te pasó? Afuera hay un diluvio y tu sales así... - le increpó, llevándolo cerca del calefactor, mientras el otro lo miraba casi divertido. Dein siempre exagerando.
- Dein...
- ...espérame aquí, te traeré algo para que te seques...,
- Oye...
- y sácate esa chaqueta, que está goteando...
- Ehhh...
- Te traeré un té, y ahí hay unos dulces...
- ¡Dein...!
- ...puedes dejarla en la entrada. Veré si hay algo que te quede para que te cambies... - y mientras aún seguía hablando, desapareció por las escaleras.
- Oy... - exclamó Look Deelan, al ver que ya no le harían caso. Hizo lo que el otro muchacho le dijo, cogió unos dulces y volvió cerca de la calefaccion, mirando atentamente las escaleras, con una sonrisa divertida en los labios. Dein venía bajando con unos bultos azul opaco en los brazos. Cuando llegó hasta él, aún tenía esa divertida expresión grave en la cara.
- Ten - le alcanzó una toalla celeste -, sécate ese cabello, que te vas a enfermar... Mira - agregó pasándole el 'bulto' -: es un buzo de Ein, supongo que te queda, porque para él es algo grande - pareció recordar algo y, al fin, una sonrisa se dibujó en su rostro -, pero debes cambiarte antes de que él llegue o se enojará conmigo...
- Claro. Oye...
- Voy por el té - Sonrió, antes de entrar por una puerta del fondo- ¡Puedes cambiare en el baño, es la segunda puerta blanca del pasillo a tu izquierda! Agregó desde dentro. El recién llegado se limitó a emitir un bufido, antes de caminar hasta el mencionado pasillo, de puertas blancas y negras y paredes grises.
Look había salido de su casa furioso y muy triste por todo lo sucedido: Ella había descubierto la carta, tomando todo de mala manera, antes de que él pudiera explicarle nada. Le increpó y reprochó, y discutieron muy duramente hasta la noche, cada uno más impulsivo que el otro, carácter heredado. Claro, hasta que él explotó y salió de la casa, apenas alcanzando su chaqueta, y seguido de los gritos de su madre... Afuera, la lluvia suave había llegado a tormenta.
Por suerte la copiosa y gélida lluvia que azotaba la ciudad ahora lo había calmado y le había enfriado la cabeza lo suficiente como para darse cuenta de que había atravesado la ciudad, dirigiéndose inconcientemente a la casa de su mejor amigo, y el causante de todos sus problemas. Aunque también de sus más grandes alegrías. Sobre su moto y aún a alta velocidad comenzó a repasar mentalmente su carta, las palabras, las líneas; necesitaba encontrar el valor para decírselo y afrontar reacciones y concecuencias...
Necesitaba decírselo, esta misma noche, de lo contrario sentía que estallaría en cualquier momento y de la manera menos conveniente.
Quince minutos después, mirándo su reflejo en el espejo y vistiendo el buzo azul de Ein; volvía a repasar las palalabras, los gestos, las miradas..., y su cara de resignación. Porque era obvio que el sentimiento no era mutuo. Él parecía más interesado en Lollen Fick, después de todo la chica también escribía y tenían mucho en común, aunque ella ya tenía pareja.
En la lunminosa cocina y mientras preparaba dos tazas de té, Dein se preguntaba los motivos que tendría su mejor amigo para haber hecho esa de salir con semejante tormenta.
Cuando volvió a la sala, Look estaba sentado en el sillón en que había estado él antes de que llegara, con el azul de la ropa resaltándo el color trigo de su largo cabello. Tenía la toalla sobre los hombros y veía la televisión muy interesado. O por lo menos eso vio Dein, pues Look llevó su mirada a la TV, a penas el dueño de casa salió a través de la puerta negra.
- Ten. Bébelo mientras esté caliente... Dein le alcanzó un tazón de té de limón a Look, y se sentó a su lado.
- Ahora, dime qué te pasó.
- ¿Eh...?
- Que qué te hizo salir de tu casa a estas horas y con esta lluvia.
Look tragó pesadamente el líquido caliente, miró por un instante a Dein antes de contestar, con un bufido quedo:
- Me peleé con mi madre.
Dein abrió los ojos, sorprendido, esperando que se explicara. El otro chico sólo lo miró y con un gesto le pidió que se sentara enfrente de él. Dein volvió a sonreir, apartó su taza y se sentó sobre la mesa de centro, frente a su amigo, y le apartó el cabello rebelde de la cara.
Cómo lo mataba que hiciera eso.
- ¿Por qué?
- Ella... descubrió - comenzó el rubio lentamente, con un leve temblor al comenzar la frase - algo de mí que no le gustó y, bueno, discutimos y ella no me entendió y se enfadó aún más de lo qe ya estaba y...,
- ...y tú también te enfadaste...
Look sonrió con tristeza - Sí... y salí de casa, y llegué aquí. Y tú me recibes con más reproches y una taza de té... - confirmó el rubio, luego tratando de bromear. Dein, con su eterna e hipnotizante sonrisa, habló luego, en serio.
- Sólo me preocupo por tí.
- Lo sé.
- Ajá...
Hubo un momento de silencio, mientras Look sacaba valor de los ojos gris-azul que lo miraban.
- ...Ella encontró una carta..., donde yo le declaraba mis sentimientos a la persona que amo - Dein se sobresaltó y su sonrisa desapareció un instante imperceptible -, y a ella no le pareció bien...
- ¿Que ames a alguien? ¿Pero quién? Si tu madre es muy simpática... -murmuró el chico de los ojos grises, turbado-, ¿qué clase de chica podrí...?
- Tú
- ..., porque, en realid... ¿Qué?
- Eso. Te amo -. Look se levantó, cabeza gacha, ante la mirada atónita de Dein, que se había paralizado y tenía un leve rubor en las mejillas.
Look lo miró por ultima vez, sonrojado hasta las rubias raices, volteó en diección a la puerta. No sabía cómo, pero se lo había dicho, muy mal, pero lo había hecho al fin. Ahora lo único que quería era irse de ahí, no podía soportar otra mirada de esos ojos grices que lo desesperaban de sobremanera, no quería presenciar la reacción de él.
Se dirigió hacia el recibidor. Pero algo lo detuvo a los dos pasos. Look, aterrado, vió a Dein, aún sentado sobre a mesa, que lo detenía de la muñeca firmemente. Lo miraba a los ojos y ya no sonreía.
- ¿Que es esto? - Se levantó para quedar frente a frente, sin apartar su mirada de la asustada y sorprendida del otro chico, y, soltándolo, le acarició el rostro suavemente. Look cerró los ojos, eso no era más que otro sueño, no podía ser otra cosa. Pero realmente sintió un estrecimiento cuando Dein tomó su mentón y levantó hacia él su rostro, y ni en sus sueños había podido igualar el sentimiento le provocaba al apartar los mechones rebeldes de su rostro.
- ¿Acaso estás hablando en serio? - susurró el escritor, con una exalación reprimida, mientras acariciaba el suave cabello de oro. Sin quererlo, volvió a sonreir al sentir que el deportista se estremecía.
Le tomó la manó suavemente, antes de continuar.
- ...Vienes, me dices que me amas y luego te vas, ¿qué pretendes? - se acercó más a Look, que temblaba, paralizado. Y su voz le salió de la boca como un suspiro cálido, a milímetros de los labios del muchacho de los ojos de miel.
- Si yo también te amo...
Entonces, y con un portazo estruendoso, Abane entró a la casa.
Dein casi dió un salto, solto la mano de Look y giro sobre un pie para quedar a su lado.
- Hermana...,
Ella volteó con un ligero tambaleo para encontrar la vista de dos sonrojados chicos.
- Hola, Deeny. ¡¡Look, cariño!! ¿por qué no habías venido antes? Te extrañábamos por casa... Y vienes ahora con esta lluvia horrorosa a acompañar a Deen - el hermano de la recién llegada miró de reojo a su compañero y tuvo que suprimir una sonrisa al verlo sonrojarse más que antes, esto es, aun más de lo humanamente posible. Volvió sus ojos brillantes hacia Abane, casi preocupado, aunque más divertido - ¿Ves hermanito? Ésta es la clase de hombre que necesitas - sobresalto, sonrojo, risita bien disimulada - de amigo. Además, es tan lindo que... ¿Vas a quedarte a dormir, guapo?
- Ejej - Dein no necesitó mirar para percibir la cara de extrañeza y confusión de Look, tampoco necesitaba preguntar para saber la causa del ánimo de su hermana mayor -, Abane, ¿bebiste?"
- ¡No! No, sólo fue un poquito, un par de copas no más..., sólo un par, hermanito. ¡Y Charles vino a dejarme! Para que veas que tu hermana mayor es responsable y sigas su ejempl...owwww - bostezo -. Ash, qué me ha bajado mucho sueño, ajá - después de sacarse los zapatos grises de tacón, volteó, caminó hasta las escaleras -. A propósito..., ¿qué hacían ahí parados? - no se dió la molestia de esperar respuesta, subió.
En tanto, Look perdía el equilibrio ante la mirada sonriente del escritor y, por inercia, retrocedió dos pasos hasta afirmar la espalda en la pared gris.
- ¡Duerman bien!
¿Qué les pareció?
Cloud, no me mates!
En la próxima entrega se acaba, ne?
Por ahora ¡¡REVIEW!!
¡Si, review!