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Author: Ahuitl
Fiction Rated: K - Spanish - General/Sci-Fi - Reviews: 5 - Published: 11-17-03 - Updated: 11-17-03 - id:1449608

Humanidad

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Calles, extrañamente desiertas. Eso fue lo que vio cuando abrió los ojos, mientras se descubría tirado en la acera.

Se levantó doliéndose de todo el cuerpo, tratando de recordar porqué se encontraba en esa situación.

El dolor del cuerpo disminuyó de repente, al sentir ahora una angustia y confusión extrema cuando quiso recordar lo que le había pasado, y no pudo. La confusión fue en aumento, ya que ni siquiera recordaba lo más importante: quien era o como se llamaba. Se sintió terriblemente perdido, mientras se detenía de un poste y los dolores de todas partes de su cuerpo volvieron a atacarle, haciendo más difícil tratar de recordar.

En un intento por despabilarse, se pasó la mano por la cara.

Grande fue su sorpresa, cuando descubrió sangre en la palma de su mano. Nerviosamente y con tiento, volvió a pasar la mano por su cara y pudo sentir jirones que se desprendían de ella, así como coágulos formados por la sangre, que en algunas partes aún manaba en pequeños hilillos, según pudo sentir de la inspección que hizo de su rostro, mientras sentía como le ardía la cara a causa de las extrañas heridas.

Al recordar los dolores por todo su cuerpo, instintivamente se miró el reverso de las manos. Tenía extrañas manchas, algunas oscuras y otras pálidas. En algunas partes la piel estaba tal vez en el mismo estado que su cara. Tuvo la impresión que todo su cuerpo estaba en la misma forma, entonces, comenzó a sentir nauseas, y arqueándose, vomitó.

Transcurría la mañana, y él vagaba por las calles vacías, llenas de basura.

Entrando en una casa y hallando nada, había improvisado vendajes para sus múltiples heridas, que no se limitaban a su cara o manos, sino a todo su cuerpo. No se quiso ver en algún espejo. La sola idea de verse todo desecho, no le atraía en lo absoluto.

Había intentado comunicarse. Ningún teléfono público, o dentro de las casas parecía funcionar.

Se dirigió al centro -extrañamente, si recordaba hacia donde estaba- con paso un poco lento, fijándose del más mínimo movimiento o ruido en su camino.

De pronto, oyó voces. Con temor, se escondió entre los arbustos de un jardín; y sintiendo palpitar su corazón furiosamente, esperó.

Dando la vuelta a la calle, pudo distinguir a tres individuos, parecían pandilleros; andaban con palos en las manos y con una extraña mezcla de miedo y enojo en los ojos. Estuvo a punto de salir de su escondite para pedir ayuda, pero un presentimiento lo detuvo; a parte de que sus piernas no le respondían a causa del miedo y el cansancio.

Pronto pasaron de largo sin verle, mientras los miró alejarse rápidamente en dirección contraria.

Siguió tumbado entre los arbustos por un buen rato, pensando en continuar por el mismo camino. Por fin se decidió y levantándose trabajosamente, continuó.

El cielo parecía indicar medio día y el calor lo hizo buscar algo de beber, mientras su estómago le recordaba que no había comido algo, quien sabe desde cuando.

Entró en lo que era un pequeño restaurante y se dirigió a la cocina. Buscando, pronto halló algo de comer y beber.

Cuando hubo terminado y descansado un rato, escuchó ruidos en la entrada. Su corazón comenzó a palpitar rápidamente y un miedo irracional hizo presa de él.

Se escondió dentro de una alacena, manteniendo entreabierta la puerta.

Alguien, al parecer con la misma intención de buscar comida, entró a la cocina.

Buscaba y al mismo tiempo nerviosamente vigilaba a su alrededor. Mientras comía algo, pudo distinguirlo mejor.

Parecía un muchacho, aunque no estaba seguro, ya que tenía la cara casi completamente vendada y en una de sus manos pudo identificar las mismas heridas y manchas que en las suyas. Lo que hubiera sido que le pasó a él, al muchacho también.

Decidió hablarle. Salió de la alacena pero el ruido alertó al muchacho, que aún sin verlo corrió hacia la entrada, y en su huida tropezó y cayó al suelo. Trataba de levantarse, pero su estado de ansiedad le impedía asirse con seguridad, por lo que no lo conseguía.

Cuando salió de la alacena, lo alcanzó mientras le decía: "¡Calma, no voy a hacerte daño!". Tirado en el piso le dio alcance y lo sujetó firme pero con suavidad de un brazo, mientras le repetía que no le haría daño.

Con la mirada trataba de inspirarle confianza. El chico pareció tranquilizarse. Sus ojos eran oscuros, con la expresión de una animal herido, asustando y pidiendo ayuda.

Después de unos momentos; el muchacho, más tranquilo, se acurrucó en una esquina, escrutando con la mirada al desconocido que le había dado aquel susto.

Un buen rato estuvieron en silencio, sentados en el piso, observándose mutuamente. El muchacho se daba cuenta que estaban tal vez en la misma situación, con sus heridas y miedos. Por fin, comenzó a hablar.

Le contó que andaba así de nervioso, ya que últimamente se andaba ocultando de unos pandilleros, que lo habían golpeado, y a otros dos con los que andaba, y que él, por pura suerte había escapado, pero sabía que lo seguían buscando.

En este punto se quedó callado, aguzando el oído, como queriendo escuchar más allá de las paredes, lo que pasaba en la calle.

Le preguntó que le había causado aquellas heridas; y para su desconcierto, el chico le dijo que no lo sabía. Narró que había despertado así, herido, sangrando y sin recordar que había pasado.

Al escucharlo y sumamente confundido, el hombre le contó lo que había vivido desde esa mañana en que despertó en la calle, y los pandilleros que había visto. El muchacho lo escuchaba atentamente, pero no tan asombrado como había esperado.

Terminado su pequeño relato, el chico le contó que los otros dos -los que habían sido abatidos por aquellos hombres a palos- también exponían narraciones similares. Juntos habían tratado de encontrar algunas respuestas, pero no pudieron llegar a ningún lado, y él, al final se había quedado solo.

Mientras platicaban, el cielo se nublaba y obscurecía anunciando lluvia. Un trueno les causó un gran sobresalto del que se repusieron rápidamente, mientras esbozaban pequeñas sonrisas, a causa de aquel susto gratuito.

Más relajados escucharon caer las primeras gotas de lluvia, al mismo tiempo que el viento se colaba por las ventanas haciéndoles titiritar, más de nerviosismo que de frío.

Cuando la lluvia amainó, acordaron seguir juntos para desentrañar el misterio de sus heridas, de su amnesia y del extraño estado de la ciudad vacía.

¿Qué había pasado con la demás gente?, ¿Porqué se encontraban tan heridos y sin recordar porqué?, esas preguntas les hacían conjeturar, una tras otra, respuestas inverosímiles y absurdas. ¿Porqué habían abatido al chico y sus acompañantes, a palos? ¿No podían ver que ya se encontraban heridos como para lastimarlos más?. Aquel pensamiento le provocó una horrible suposición. ¿Y si fueran algo así como ... leprosos?, enfermos de una de esas enfermedades extrañas o armas biológicas de las que todo el mundo temía.

Era algo que parecía tener sentido; pero no por eso tenían que tratarlos de esa manera. ¿Por qué no juntarlos y aislarlos, en lugar de matarlos como a perros rabiosos?. ¡Por Dios!, ¡Eran Humanos!. Y el gobierno, ¿Qué hacía al respecto?, los defensores de los derechos humanos, las organizaciones civiles, las iglesias.¿Dónde estaban todos?, ¿Porqué había pasado todo eso?.

Siguieron caminando, cuidando de no encontrarse con aquellas personas, mentes irracionales y obtusas que querían hacerles daño solo por sufrir de algo que no pidieron.

Deambularon hasta la tarde por calles vacías y sucias, escondiéndose al menor ruido e intercambiando miradas nerviosas.

En el centro de la ciudad, no encontraron nada: solo soledad y descuido.

Cuando comenzó a oscurecer buscaron un lugar en donde quedarse y se dirigieron a un hotel del centro. Podría ser un buen lugar para quedarse y no parecía haber ningún problema. O eso pensaban.

El vestíbulo vacío, nadie a la vista. Siguieron hacia el comedor pensando en comer algo antes de dormir. Ruidos extraños los sobresaltaron, que provenían de un salón de los que usan para eventos. El miedo los volvió a invadir. Paralizados quedaron por unos momentos, mientras trataban de identificar aquellos sonidos, que sonaban como algo que se rasgaba o abría.

No percibieron que alguien se acercaba por detrás; entonces una voz los hizo pegar un salto.

"¿Que hacen aquí?" preguntó autoritariamente.

Se voltearon y vieron a un hombre robusto que los miraba como si esperara una disculpa por parte de ellos. Para su alivio, mostraba las mismas heridas y marcas por todo su rostro y manos, y se adivinaba que por todo su cuerpo también. Pero él no estaba vendado, ni parecía haber hecho el menor esfuerzo por curarse las heridas. "Su aspecto es ... horrible", pensó, "Debo verme igual de mal que él".

Una nueva pregunta lo hizo salir de sus cavilaciones.

"Y bien, ... ¿que hacen aquí?", pero no pudieron contestarle porque en ese preciso momento llegaron hasta ellos ruidos de gente que llegaba dirigiéndose hacia ese lugar.

La visión de esa gente no pudo haber sido más desagradable. Todos ellos lucían igual que él y el chico, pero con la diferencia de que no parecían molestarse por sus heridas. En cuanto se acercaron más, pudo distinguir que traían a una mujer, al parecer sana sin ninguna de esas horribles lesiones; una muchacha que los miraba con ojos desorbitados y que parecía estar en estado de shock.

"!Vaya!" habló el hombre robusto "que bien que la traigan, nos será de ayuda .Para seguir con lo planeado, nos hacía falta materia, para los nuevos. "

Acto seguido, los que sujetaban a la joven desaparecieron por la puerta aquella del salón, en donde momentos antes no se habían aventurado a entrar.

Algunos de los que llegaron se quedaron ahí, mirándolo a él y al chico. Entonces el hombre volvió a hablar: "Parece que aquí hay dos que salieron mal" y los miró con cierta lástima; "llévenlos con los nuevos, tal vez se pueda hacer algo".

Él y el muchacho se dejaron llevar hacia donde se oían aquellos ruidos extraños. Pasaron por la puerta y lo que vieron no lo esperaban. Fue un espectáculo que nunca en su vida habían visto. Era asqueroso. Aquel lugar era un gran salón, de aquellos que se utilizan para hacer grandes fiestas para doscientos o trescientos invitados, pero lo que ahí había no era ninguna celebración.

No había ni sillas, ni mesas, ni adornos. En su lugar, algo horrible se extendía por todas partes, como una telaraña, pero no formada por hilillos transparentes. No, aquello era como líquenes marrones, que se extendían por todas partes, y enredadas en ellos algo que parecían piedras enormes, que junto con aquella maraña, llenaban aquel salón. El olor que despedía todo aquello, era nauseabundo. Como a sangre seca. Fluidos que apestaban e indescifrables olores mucho peores.

Estupefactos estaban, cuando supieron lo que provocaba aquel ruido de algo rasgándose.

Una de las que parecían piedras comenzó a abrirse. Se rasgaba por uno de sus lados cubierto por aquellos extraños y hediondos líquenes marrones. Poco a poco se fue abriendo y de él surgió una mano.

No entendía nada, no podía entender nada de lo que pasaba. De aquella extraña cápsula como si fuera crisálida, salió alguien como todos los que ahí estaban: como él, como el chico, como el hombre robusto.

¿Qué significaba todo aquello?.

El hombre que salió, con sus extrañas heridas y como si lo acabara de atacar una horrible enfermedad, desnudo, lentamente terminó por salir de aquella 'cápsula'.

Los demás, solícitos, se apresuraron a darle algo de ropa . Éste la acepto sin chistar y comenzó a vestirse.

"¿Y bien?" el hombre robusto se dirigió hacia ellos, "¿ya?".

No entendió el significado de esas palabras y se quedó ahí, parado, mirando interrogante al hombre robusto, como si esperaba que de un momento a otro le aclarará la duda que con la mirada expresaba.

Para su sorpresa el chico respondió: "si, ya".

Volteó a mirarlo. En su rostro ya no había ningún asomo de duda, nerviosismo o miedo, como cuando lo había encontrado. Su mirada había cambiado y parecía ahora muy seguro de si mismo, hasta parecía como si hubiera crecido; tal vez por que antes andaba encorvado con el peso de sus miedos, pero ahora... se veía tan diferente.

El hombre robusto junto con todos, lo miraron; y supieron que él no había entendido nada de lo que fuera que querían que entendiera; e intercambiaron miradas decepcionadas entre sí, incluyendo también al chico.

Sus nervios estaban crispados, "¡¿Que diablos pasaba ahí?!, ¿porque esperaban que viendo aquello, él entendería o "recordara" algo que no sabía?! ¿se lo explicarían acaso?"

De nuevo la voz del hombre frente a él lo sobresaltó: "¡Anda!, después de esto no podemos hacer nada por ti, así que ... terminemos".

Tuvo la certeza de que las consecuencias de aquel comentario, no le agradarían en lo absoluto.

"No, esperen... ¿que me van a hacer?, necesito que me expliquen que está pasando" Habló con tanta vehemencia, que pareció convencer al hombre robusto, que al parecer era quien estaba al frente, o era el jefe, de aquella gente.

Éste, suspiro y optó el tono de alguien que le explica a un niño: "Mira, es pérdida de tiempo, deja que hagamos lo que tenemos que hacer, y acepta tu destino".

"¿Mi destino?, no se nada de 'Mi Destino', lo que quiero saber es que está pasando".

Aquel hombre, el jefe, lo miró con impaciencia y le hizo señas a los demás de que se lo llevaran. Ellos lo tomaron por los brazos, y comenzaron a forcejear con él.

Tuvo miedo, no sabía lo que le harían, aunque casi estaba seguro de que todo aquello significaba que se desharían de él, pero ¿porqué?, no es de gente civilizada tratar a alguien como él, lastimado, desorientado y deseando saber la causa de su situación. Era una situación tan irreal.

"¡Esperen !, ¿Qué he hecho? ¡exijo una explicación!. No soy un animal del que necesitan desecharse, ¡soy un ser humano! ne...."

"¡No! Estás equivocado!"; le interrumpió el líder con un grito: ¡TU NO ERES UN SER HUMANO!

Fue como si le hubieran dado un golpe en la cabeza y hubiera quedado noqueado. ¿Qué significaban aquellas palabras? ¿Qué quería decir con eso?.

"¡Déjenlo!", ordenó, "Está bien, hubiera sido mejor para ti que no lo supieras, pero ahora ... atente a las consecuencias".

Se acercó y le hizo una seña para que viera de nuevo dentro del gran salón.

Por unos segundos, contemplaron juntos el interior: aquello que cubría todo y que producía un olor nauseabundo, y la ruptura de otra de aquellas crisálidas.

"Obsérvalas. ¿Recuerdas algo?" preguntó.

Se esforzó, pero nada. "No... ¿que tendría que recordar?".

El líder lo miró decepcionado "No, definitivamente no podemos hacer nada por ti, ...escucha creo que empezaré resumiéndote lo que haz vivido".

Le contó como si hubiera estado ahí: cuando se levantó sin saber quien era, lo mal que se sentía, lo perdido y solo que se sintió y el que no pudiera recordar nada de lo que había sucedido. Lo miró perplejo ¿Cómo es que sabía todo eso?; era como si lo que pasó fuera una historia muy contada y vieja.

" ... y aquí estás, queriendo saber que pasó", finalizó, "y ahora lo que no sabes".

Miró hacia las cápsulas parecidas a grandes rocas y continuó: "Tú no eres humano, ninguno de nosotros lo somos. Fuimos diseñados especialmente para parecer humanos, sin ser idénticos; diferenciándonos "por la apariencia no tan perfecta" y por las heridas que causarían compasión entre los verdaderos humanos, que se aprestarían a ayudarnos con nuestras heridas y dolores. Así fue previsto. Programados para comportarnos como ellos, con toda la información recabada durante mucho tiempo, para parecernos a ellos y tener los recuerdos comunes que todo humano en el mundo posee".

"Pero hubo errores, tú, por ejemplo. Tu programación falló y no recuerdas tu directiva principal. La información y recuerdos insertados en ti, te hicieron creer que eras un humano y como tal estás actuando. Tienes recuerdos generales, pero ninguno específico. Creo que tanta información debía fallar en algunos para bloquear la programación principal. Aunque lo hubieran hecho casi perfectamente, nunca se escapa "alguna falla". Así que como te darás cuenta, lo defectuoso se tiene que desechar. Aún cuando tratamos de que tu programación se restituyeran, haciéndote ver como salían los nuevos, aún así, en ti no funcionó."

Escuchaba con atención y a medida que avanzaba en su explicación, el asombro y la ira se apoderaban de él. ¿Era posible que no fuera un ser único, individual?, era una creación, un diseño, no era un humano. Entonces ¿que significaba ser humano? si él no lo era, entonces ¿Qué, lo era?.

"¿Ves como el chico si recordó? ahora ya sabe su propósito y se olvidó de cualquier otra cosa que no fuera eso. Pero tú, no tienes remedio, así que tenemos que desecharte."

Terminando hizo señas de que se lo llevaran. Él no podía irse sin saber más, ¿Cuál debería ser su propósito?, ¿Cuál?.

" ¿Tu programación principal?:... acabar con la humanidad, con los humanos. Para eso fuimos diseñados, para esparcir plagas sobre ellos, mortales de necesidad; y preparar el camino para aquellos que nos mandaron aquí?"

"¿Quiénes?, ¿Quiénes habrán de venir?" preguntó ansioso.

"Gente de otros lugares muy lejanos, a quienes este hermoso mundo les ha parecido el lugar indicado para vivir, y que esperan poder restaurarlo para habitar en él cómodamente. Ellos saben que hay mucho por lo que trabajar. ¿Sabes? estos humanos no lo trataron muy bien. Me parece que estuvo bien que viniéramos aquí. En cuanto terminemos con ellos, todo esto se verá mucho mejor. Puedes verlo de esta manera: vinimos a acabar con una plaga y preparar el terreno para algo mejor. No deberías sentirte mal por saber que no eres un humano. Además pronto te desecharemos y asunto arreglado. Nosotros también seremos desechados en cuanto lleguen nuestros creadores, pero eso no importa, para eso fuimos diseñados"

No pudo hablar, quedó estupefacto después de esas declaraciones. "Creo que tenía razón, hubiera sido mejor no saberlo" pensó. Se sintió aún más perdido; si eso fuera posible. Era inevitable, SU DESTINO estaba trazado.

Después; aturdido y ya sin forcejeos, pudo sentir como se lo llevaban. No sentía las manos que lo arrastraban.

Todavía distinguió a uno de los que lo transportaban, acercándose a él. Después, en un instante, todo comenzó a ponerse oscuro, muy oscuro ...


Es algo que escribí por un sueño que tuve. Situaciones más, palabras menos. La idea es la misma.

Cualquier crítica es muy bien recibida ... y correcciones también ^^.



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