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- ¿Realmente sabes a que le tengo miedo? – le pregunto a través del chat, esperando por respuesta “a los fantasmas”.
- a los fantasmas???? – me responde mientras dibujo una sonrisa en mi rostro.
- ¿Por qué habría de tenerle miedo a los fantasmas? Me parece tonto. Digo, no es que no crea en ellos, es sólo que... tú sabes... ya están muertos.
- pero te pueden jalar los pies en la noche – me dice 3 minutos después, defendiendo su posición.
- Sí, bueno... Eso. Hay algunos fantasmas que pueden mover objetos y desordenar cosas, Poltergeist, les llaman. Aún así dudo mucho que una manifestación así pueda levantar un cuchillo y matarme, ¿Qué le habría hecho yo? Esa es otra, el que nada debe, nada teme. – El mensaje no pudo ser enviado, pues mi compañero se había desconectado antes, tal vez presintió que estaba escribiendo mucho y no lo quiso leer. Bastantes veces me lo ha hecho.
“El que nada debe, nada teme”. Esa frase de alguna manera me acompañó antes de dormir, ya recostado en la cama me puse a meditar... ¿Realmente tengo alguna razón por la cual deba temer a algo? ¿Los fantasmas? Nah. ¿Los ladrones? No tengo muchas cosas de valor en mi casa, lo más valioso que tengo no llega a los 30,000. No, ladrones no. Tengo vértigo, pero no es como si un edificio viniera a atacarme y subirme a su parte más alta. Sonreí para mi mismo y cambié de posición.
Los secuestradores exprés son una realidad, te pueden mantener encerrado varios días por la miserable cantidad de 10,000 pesos. Podría ser... pero tal vez solo me torturen, no creo que me lleguen a matar.... La muerte... mmm... no tengo miedo de morir. Claro, sería terrible, pero no le tengo miedo a dejar de existir o a sufrir muriendo. Podría morir quemado, no es miedo lo que le tengo, es más como curiosidad, ¿realmente será tan horrible? Un incendio puede ocurrir en cualquier parte, sería un caos, lo odiaría, sentiría enojo... pero no miedo. Es increíble como algunas personas pueden sentir miedo por las cosas más insignificantes... Ratas, no lo puedo creer, a mí no me gustaría contraer rabia, pero no por eso voy a gritar de terror si veo a un pequeño roedor blanco.
A mitad de la noche desperté, sudando y agitado, los músculos los sentía débiles, tenía los nervios alterados, sentía el corazón latiendo, casi al ras de mi pecho que se elevaba con cada respiro que tomaba. ¿Qué me estaba pasando? ¿Una pesadilla? ¿Qué había soñado? Trataba de moverme, pero me era imposible. Después de que mi corazón dejó de latir tan fuerte, me quedé sentado en el centro de mi cama, hundido en la oscuridad, llevé mis adormecidas manos a mi sien y me di un masaje con pequeños círculos en sentido de las manecillas del reloj. No podía recordar.
Traté de dormir de nuevo. No podía, la duda me inundaba, ¿qué me había causado tanto miedo? ¿Qué había en ese sueño? Tenía la mente en blanco, no recordaba nada, ni siquiera el haber soñado. El reloj parecía avanzar a pasos agigantados, los minutos me parecían segundos. Resultaba obvio que no podría dormir por mucho más tiempo esa noche, así que hice lo mismo que los días en que tenía insomnio. Encendí la computadora y entré a Internet.
Nadie estaba en línea. Era de esperarse. Entré a un sitio porno, realmente era lo único que podría hacer a una hora como esa.
Mi colección de imágenes en la carpeta “H” subió considerablemente, me sentía cansado y pensaba en regresar a la cama, ya amanecería en cualquier instante. Entonces, antes de desconectarme una ventana emergente de la esquina inferior derecha me alegró el día, sea quien fuere necesitaba hablar con alguien.
- Hola, ¿Qué haciendo tan temprano? – pregunté a un viejo compañero de la preparatoria.
- se me olvidaron unas kosas de una tarea hace mucho que no me hablabas a veces te veo en linea y ni hablas
- Sí, es que nunca inicio conversaciones, normalmente espero que alguien me hable, o de lo contrario pensaré que me hablan obligadamente.
- ah orale y que me cuentas
- Pues acabo de tener una pesadilla, por eso entré a Internet, nunca en mi vida había sentido tanto miedo con un sueño.
- jajaja y que soñaste
- Ese es el problema cabrón, no me acuerdo para nada, haz de cuenta que despierto y como si no hubiera pasado nada, no tengo imágenes de lo que pasó, solo ese sentimiento de que pasó algo que me dio mucho miedo.
- te abra tocado el diablo mientras dormias
- Ja, Ja. Claro, aún si el diablo existiera...
- bueno yo ya tengo lo que necesitaba ahi nos vemos me saludas a todos
- OK, suerte.
- gracias
Se desconectó. A pesar de que después de preparatoria nunca lo volví a ver ni a hablar, necesitaba desahogarme con alguien.
Tenía que ir a la escuela, así que necesitaba una gran cantidad de café, bastante café. Me encontré a Perla en la escuela, al terminar la única clase que tengo con ella la detuve para contarle lo que me había ocurrido.
- Anoche tuve una pesadilla – le dije, abordándola.
- ¿Qué soñaste? – Me pregunta con una mirada inquieta.
- No lo sé, me desperté con un sentimiento de miedo, sin saber siquiera porqué.
- Eso es muy extraño – me dice ella tocándome una mejilla - ¿Y por qué crees que pasó?
- Irónicamente me fui a dormir pensando en las cosas a las que le tenía miedo, pero no encontraba nada.
- Tal vez te sugestionaste – me comenta mientras comienza a caminar conmigo.
- Pudo ser, aún así no tengo idea a que le temo.
- Sabes, podrías ir con un psicólogo, mi padre no podía recordar algunas cosas de su niñez y cuando fue a ver a un psicólogo pudo recordar casi todo.
- No creo que sea lo mismo – le dije con una mirada de incredulidad - ¿Qué va a hacer? ¿Hipnotizarme?
- Precisamente, de esa manera le permitirás a él abrir las puertas que tu dejas cerradas.
- No lo sé – le dije mientras nos deteníamos en el salón donde ella tenía su siguiente clase.
- Inténtalo – me dijo mientras se despedía de mí dándome un beso en la mejilla.
No lo creo, pensaba para mí mismo. Un psicólogo es el peor mentiroso y charlatán que existe, fingen ser tus amigos cuando en realidad andan tras tu billetera.
El resto del día lo pasé casi en un estado inerte, aún seguía sin poder creer lo que estaba viviendo en estos momentos, aunque traté de quitarme la idea de la cabeza pensando que había otras personas con problemas más graves que los míos, había personas que día a día trataban de buscar que comer y yo amargaba mi día tratando de averiguar un maldito sueño.
Tal vez me haya contradicho mucho, tal vez vaya en contra de lo que creo, pero aún así, creo que debo ver un maldito psicólogo. Busqué en el directorio telefónico de Internet y llamé por mi celular para hacer una cita, el día siguiente sería, a las 5 de la tarde. Colgué y di un largo suspiro pensando: ¿Qué he hecho?
Cerré la ventana de las páginas amarillas y abrí el MSN, no había nadie de interés, ya no quería seguir pregonando que había tenido un sueño el cual no recordaba. Navegué por algunas páginas de sicología, quería conocer las técnicas que usaban. Ese Freud era un maniaco.
Después seguí navegando un poco más, sobre páginas que hablaban del miedo, de fobias, pero no ograba encontrar ningún caso como el mío o algo que me recordara algo. Me fastidié de Internet demasiado rápido, fui a la cama temprano, estaba ensimismado en mis propios pensamientos que ya no me soportaba.
Antes de ir a dormir me pregunté... ¿Y si me vuelve a pasar? Acerqué una libreta y una hoja de papel a la mesa al lado de la cama, si soñaba alo inquietante lo anotaría de inmediato, para que no se me olvidara esta vez.
Me desperté la mañana siguiente pensando... soñé... ¿qué soñé? No recuerdo haber soñado nada, tal vez fue porque en realidad no soñé nada, o de nuevo me pasó, soñé algo, pero lo olvidé. Me pegué en la cabeza y me dirigí a la regadera.
La mañana y las clases pasaron demasiado rápido, ese día no creo haber aprendido nada en la escuela, lo último de lo que fui consciente es de estar ya sentado en la sala de espera del psicólogo.
Vi a una familia entera salir antes que yo entrara, el padre, la madre y los dos hijos estaba llorando, la madre le agradeció al psicólogo por la terapia y le dijo que después le mandaría el cheque.
- Tú debes ser la cita de las 5 de la tarde, ¿no? – me dijo empalmando las manos y con la sonrisa más falsa que haya visto en mi vida.
- Soy el único sentado aquí, ¿Eso le dice algo?
- Adelante por favor – me dice sin quitar la sonrisa y mostrándome el camino hacia la puerta.
- ¿Cuál es su problema? – Me pregunta mientras con un esfuerzo se sienta sobre aquel cómodo sillón, mientras yo me siento en un diván forrado de plástico que de seguro apesta a sudor de otras personas.
- Tuve un sueño – le dije – Una pesadilla. Y no recuerdo nada sobre ella.
- ¿Crees que haya sido un espasmo? – me pregunta mientras se acomoda los lentes.
- No – le digo con enojo en mi voz – no fue nada de eso, si hubiera sido un simple espasmo no estaría aquí ahora.
- Bueno – me dice con voz tranquila - ¿Hay algo que actualmente pase en tu vida que te inquiete, algo que te inquiete o te cause un malestar?
- Créame, ya repasé todo eso en mi mente y no hay absolutamente nada fuera de lo común en mi vida, sigo haciendo lo mismo que hago todos los días, es más, hasta este punto creo que ya hice del asunto la gran cosa, estoy dejando que esta ridícula pesadilla esté tomando control sobre mi vida.
- Calma, calma – me dijo mientras notó que comenzaba a agitarme – podríamos practicar un método que tal vez consideres poco ortodoxo, ¿Estás familiarizado con la hipnosis?
- No creo en esas cosas, además no creo que sea capaz de hipnotizarme.
- Toda persona es hipnotizable mientras esté dispuesta a hacerlo – fue su respuesta mientras sacaba el clásico reloj de la bolsa en el interior de su saco. Me llevé la mano a la frente y me recosté sin creer lo que iba a hacer.
- La mente es como un libro – comenzó a explicarme – todo lo que ocurre dentro de ella, pero algunas veces ocurren cosas que nos desagradan o que nos negamos a creer y esa página queda doblada o escondida, se hace difícil acceder a ella y es cuando necesitamos ayuda externa, por medio de la hipnosis trataremos de saber que fue lo que pasó.
Y fue así como ocurrió, me relajé y pensé... está bien, lo voy a intentar, voy a cooperar. Me acomodé, obedecí todo lo que decía, cerré mis ojos y me imaginaba exactamente todo lo que decía, hasta llegar a un punto en el que perdí control sobre mis acciones, pero permanecí consciente de lo que hacía, me comenzó a preguntar lo que había hecho la noche anterior. Recuerdo haberle dicho como cateaba por alguien en Internet sobre los miedos y de ahí me llegó la duda, le conté exactamente lo que había pensado sobre cosas a las que estaba seguro yo no tenía miedo. Entonces me preguntó sobre el sueño. Sentía como mis labios se movían y como las palabras salían de mi boca, pero no lograba comprender nada de lo que decía, no tenía control ni conocimiento de lo que le estaba hablando, pero seguía con la certeza, bajo la hipnosis que yo me encontraba diciendo algo.
Desperté de la hipnosis, no por las órdenes del psicólogo, sino por los gritos de desesperación que me sacaron del trance a la fuerza. Le grité, le dije que no me gustaban las bromas estúpidas, pero seguía gritando con mucho miedo. No. No era miedo, era terror, eran gritos de pánico, fue entonces cuando miré sus ojos, reflejaban el miedo que sentía, su piel estaba completamente pálida y con cada grito expulsaba saliva en grandes cantidades, como si fuera una especie de pánico, un escalofrío pasó por mi columna vertebral extendiéndose hacia mis extremidades cuando me di cuenta de que la razón de su estado se había provocado por haber conocido mi sueño. Me incliné hacia donde él estaba, lo tomé del cuello y le pregunté que había sido lo que había escuchado, pero entre más me acercaba más gritaba, era completamente absurdo que alguien estuviera tan asustado por haber escuchado el sueño de alguien. Su asistente no tardó en abrir la puerta, me preguntó que era lo que había pasado, le dije que estábamos en una terapia normal y que de pronto él comenzó a gritar. Me pidió que me fuera.
Semanas después, pasando por un puesto de revistas sentí la inquietud de comprar el periódico. Leí. Al parecer el psicólogo había muerto, duró varios días con los gritos y algunos más con ataques de terror, después de que se recuperó se suicidó. Sin saber que había en mi sueño, ahora sé por fin que es a lo que tanto le tengo miedo.