|
|
| Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search | Login Register Extras |
Capítulo 9. Reencuentro.
Aurë y Leo llegaron bien al lugar donde se encontraban sus amigos, éstos esperaban impacientes su llegada, alegría fue su expresión al ver que estaba sano y salvo pero su expresión no era precisamente de alegría, casi se le saltaban las lágrimas. Los abrazos de sus amigos lo ayudaron mucho pero el corazón aún le dolía, se preguntaba por qué se lo había ocultado tanto tiempo, por qué le mintió aquel día, muchos porques habían en su mente y solamente dos con respuesta.
Aurë se acomodó al igual que los demás, estaba dispuesta decir lo que en verdad ocurrió y a dejar las cosas bien claras. Cuando era más joven y la inexperiencia rondaba su mente Melkor ya algo crecidito la tentó, ella al no saber de qué y quién podía llegar a ser él se dejó tentar por aquel demonio encantador que le dejaba mella al sonreírle. Fue duro para una chica, al principio iba bien pero luego él se destapó, pasaron muchos años cuando ocurrió y para entonces ya sabía que estaba embarazada de un ser que no deseaba.
¿Qué iba a hacer? No podía dejar a su bebé en manos de un demonio por que aquel bebé de piel blanquecina y cabello negro rizado era parcialmente luz blanca con algo demoníaco y se le podía corregir, incluso eliminar. Aurë cuando tuvo el suficiente poder de decisión se fue, se alejó de él con el bebé en brazos, ella en lo más profundo sentía dolor pero en parte se lo agradecía, era un niño precioso del cual tenía que deshacerse, pues su destino ya estaba fijado, debía de ser la Señora de los Luces Blancas y para ello debía de ser virgen y unirse a un luz blanca.
Lo que tuvo que hacer fue horrible y doloroso para cualquier madre que quiere a su hijo, lo dejó en manos de una amiga suya, luz blanca y la cual lo cuidó como si fuera su hijo, la chica estaba casada con un humano, algo no permitido por los superiores, así que cuando el niño creció se le fueron retirados los padres ¿de qué manera? Desterrándolos al mundo de los humanos y quedándose el niño en presencia de Aurë nuevamente. Ella no podía decirle en ningún momento que era su madre por que el pequeño no tenía más de los tres años acabaría solo y ella quizás también desterrada o condenada a morir, así eran las leyes y aún lo eran.
Ella lo cuidó como si de su tía se tratara, el niño recibía lo que una madre podía darle, ella sufría por que no se lo podía decir, Leo, recordaba siempre a “sus padres” pero llegó un momento en que entendió de que no los volvería a ver y la llamó mamá al fin, Aurë lo aceptaba pero no podía decirle ni hablarle como a un hijo puesto que los superiores siempre estaban al acecho, y en cualquier ocasión se lo quitaban.
La luz blanca conoció a Aratan poco antes de la Guerra de las Cuatro Estrellas, se enamoró locamente de él y él de ella pero no se atrevía a decirle que aquel niño que cuidaba era su propio hijo, se lo tuvo que ocultar hasta que él, cuando volvió de la guerra lo supo, lo bonito fue que no le importó, pues aquel niño lo miraba con alegría y vigor. Aquello fue un error por que los superiores supieron de él y se lo quitaron, Aratan no quiso pero debía de obedecer, pues solamente si hubieran estado unidos en matrimonio hubieran tenido el derecho de “adoptarlo” como hijo, pero solamente estaban comprometidos y aquello no valía en su situación.
Tal derroche de lágrimas fue para Aurë que jamás supo de él, se lo llevaron cuando tenía cinco años a un mundo aparte, nadie supo de su existencia hasta que él mismo vino de nuevo hacia donde su corazón le decía que fuera, sentía que él era diferente y era por algo, ese algo lo trajo sin saber muy bien como al mundo de los luces blancas y de ahí hasta la presencia de Aurë.
Todos los que desean entrar a aquel mundo deben pasar unas pruebas de juramento ante ella y su esposo para que puedan tener los mismos derechos. Pues bien, ella lo miraba detenidamente mientras lo tenía enfrente suyo, un chico joven, fuerte, de carácter, astuto. La mirada del chico lo delató, era igual que la suya y tenía algunos rasgos parecidos.
-¿Cómo te llamas joven? –preguntó Aratan-
-Leo señor…
-¿De donde vienes?
-No se lo sabría decir, pues soy desafortunado en casi todo, solamente vengo en busca de amigos y huir de la soledad que desde que nací me atormenta.
-Sé bienvenido entonces.
-Gracias.
Aurë no se aguantaba las lágrimas que le caían rostro abajo, miraba a Aratan con angustia y culpabilidad, sentía ganas de abrazar a aquel joven que desaparecía por la puerta hacia dicho mundo. A partir de ahí para ella sería mucho más duro, pues de nuevo estaba cerca de él pero no podía tocarle, acariciarle, abrazarle, pues él no la conocía. Por su cabeza pasó una idea que quizás podría funcionar, ella tenía un amigo desde hacía mucho años, Heren se llamaba, era fiel y estaba prometido casi a punto de casarse con Naira, una joven muy inteligente que había desarrollado más la mente que los demás, gracias en parte a su linaje de mago y luz blanca.
Le pidió expresamente a él que lo cuidara como si de su hijo se tratara, que era muy importante para ella aquel chico de mirada perdida e inmersa en la soledad. Él así lo intentaba pero aquel joven era frío, apenas hablaba y no se daba a conocer, tanto que hasta hubo un tiempo en que dejó de intentarlo por miedo a un rechazo, sin embargo, la cosa cambió cuando el joven se dio cuenta de lo que intentaba aquel hombre de aspecto jovenzuelo y agradable, a partir de ahí entablaron una situación de amistad hasta que tuvo la suficiente confianza como para presentarle a Aurë, no como madre si no como consejera de los luces blancas y amiga.
De esa manera ella pudo estar cerca de él en un modo indirecto. Así fue como se lo explicó, detallado y conciso, en su rostro mostraba una lágrima que le caía, Aurë sintió como Leo la abrazaba y ella se dejó llevar abrazándolo también, había deseado aquello tanto tiempo que las lágrimas le caían ahora sin cesar.
Los otros jamás la habían visto en aquel estado y se alegraron, pues pensaban que era una mujer dura y algo fría, pero en verdad era tierna y agradable el hablar con ella, amable, simpática, divertida incluso, Leo se dejó llevar por las sensaciones y se le escapó un susurro “al fin te encuentro madre”, aquello fue la gota que colmó el vaso para Aurë que lo abrazaba fuertemente, lloraba de alegría ahora y de tristeza por no haber podido estar antes con él.
Naira tampoco se podía contener las lágrimas y se dejó caer sobre Heren que la abrazaba y la mimaba, se alegraba de que al fin se hubiera resuelto todo y que Leo volviera a ser feliz, sin embargo le faltaba algo y bien lo notaba su corazón ese sentimiento de distancia, echaba de menos a Elian.
Celumë se secaba las lágrimas con un pañuelo, sintió un beso de Harma en la frente, poco a poco se dejó caer en sus brazos hasta envolverla con cariño y afecto, se alegraban tanto de ellos que hubieran deseado que todo esto pasara mucho antes, lo que no pensaban es que no hubiera ocurrido si aquella bola caprichosa no hubiera llegado a ellos, no era bien bien agradecimientos a Elian pero sí ella tenía parte de culpa por aquella escena tan bonita, le dieron las gracias en señal de agradecimiento.
Hasta aquí ha llegado ésta bonita historia llena de sentimientos, he elegido éste tema por que a todos nos atrae o nos ha atraído alguna vez en nuestras vidas todo lo relacionado con el bien y el mal, con el ángel caído y todo lo referente a él. Sé que a algunos no le es un tema conveniente a hablar por que le tienen respeto, yo personalmente le tengo mucho respeto, pero me he atrevido a escribir ésta historia para que veáis que no todo es lo que se ve, si no que pueden haber pequeñas historias dentro de ese mundo. Ésta puede ser una de ellas, quizás no lo sea pero para mí sí, algunos quizá penséis ¡vaya una chorrada de fic! Pensadlo, yo no creo que sea una chorrada, simplemente un ideal que puede o no existir.
Solamente deciros que espero que os haya gustado y que hayáis disfrutado leyéndolo.