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Evento.
Entre el fuego y la llama yacía una mujer con sus ropas blanquecinas ya quemadas por la brasa de aquella hoguera en la que fue castigada, cometió un delito que en aquellos tiempos no era bien visto y su condena fue morir quemada en la hoguera de la plaza central del pueblo a la vista de todos, en una noche de luna llena y sin ninguna nube que la pudiese tapar. Gritaba al sentir el fuego dentro de su cuerpo, se estremecía de dolor que le producía la llama viva y como última opción en su vida rezaba una y otra vez hasta al último anhelo.
Se había puesto fin a una serie de infortunios creados por aquel ser, donde estuvieran las premoniciones allí estaba ella, una mujer maldita por el deseo de seguir viviendo y se enorgullecerse de su raza, una raza ya extinguida y que en mucho tiempo atrás no se supo nada. Tantos como similares a ella hubo fueron aniquilados con el mismo destino, la llama, con la que se acababa todo ser viviente hasta consumirse dentro de sí y acabar siendo parte de sus cenizas.
Los espectadores miraban atónitos como los nubarrones negros, repletos de agua y relámpago emergían de la nada sobre ellos, la luna quedó tapada sin que su luz fuera efectiva al igual que las estrellas. Las gotas de lluvia empezaron a caer con fuerza apagando la hoguera con el cuerpo de la chica ya muerto y desfigurado, un gran aparato eléctrico resonaba por doquier iluminando todo la oscuridad de aquella noche maldita.
La gente huía de aquella tormenta inesperada, pues el cielo antes era raso y estrellado, ahora quedaba lo que parecía las lágrimas de aquel ser sobre ellos, los relámpagos y los truenos eran su dolor y las gotas sus lágrimas. Tanto era el efecto que el dolor se propagaba por doquier, nadie podía huir, nadie podía gritar más de lo que ya lo hacían, todos sufrían lo que ella había sufrido mientras moría.
La tormenta se fue disipando dando lugar a las estrellas que intentaban recuperar su esplendor y a la Luna que aparecía de nuevo solitaria en el este, se alzaba rojiza y entristecida mientras que las nubes quedaban en un recuerdo pasajero. Hombre, mujeres y niños observaban atónitos como el cuerpo inerte de la chica había desaparecido, no había rastro y era como si alguien se lo hubiera llevado de sus manos.
Desde aquel día nadie supo más acerca de aquellas criaturas maléfica o benignas, ignoraban su procedencia, se celebraba cada día del año aquel día, en que la última descendiente de aquella raza murió.
Capítulo 1. Shiva.
Dormía en la cama que se acostaba cada noche arropada hasta arriba y con cara de niña dulce y tranquila, la luz del día aún no era presente en aquella hora y el silencio del final de la noche aún daba los últimos coletazos. Lentamente habría los ojos, el sueño se iba pero quedaba su descanso, sin moverse de la posición en que estaba alargó el la mano hasta tocar la clave que encendía la lamparilla de la mesita de noche. La luz de aquella lamparilla la deslumbraba y le impedía ver con claridad su habitación, tenía que cerrar los ojos para poder ver algo medio bien.
Se alzó un poco para ver la hora del despertador, a éste le quedaban diez minutos para sonar a la hora prevista. Con pereza fue girándose hasta quedar boca arriba, observaba las sombras que se producían por la luz amarillenta ahora ya menos deslumbrante.
-…otra vez el sueño… -se decía a sí misma- ¿Qué era aquello?
Sin pensarlo más apagó el despertador para que no sonara y se levantó de un tirón, con insistencia buscaba las zapatillas que por algún lado andarían, ésta vez casi debajo de la cama, se estiraba con ganas ya de pie y con una perrería que no se podía aguantar, se rascaba la cabeza mientras iba salía de la habitación y se metía en el lavabo.
Ni siquiera se miró en el espejo, pasó de él hasta que se tuvo que lavar la cara y despejarse de una vez, dicho objeto mostraba el reflejo de una mujer sin duda bella y hermosa, morena, de cabellos largos hasta la cintura y liso en un color negro brillante; unos ojos marrones casi en tono miel que le favorecía a aquel tono de piel descremado, junto a aquellos labios rojizos y algo rosados, suaves y mojados por el agua del grifo. El tirante de la camiseta de dormir le caía por el hombro dejando ver parte del pecho mientras intentaba poner caras raras en el espejo.
Volvió a la habitación peinada y arreglada, se puso el traje de escolar que el instituto le obligaba a ponerse, tenía varios y diferentes pero el que había bien doblado en la silla no estaba sucio. Se miró en el espejo interior del armario para ver si estaba preparada para salir, una minifalda negra muy favorecida para ella, una camisa blanca que le caía por fuera abrochada hasta el ombligo, lo demás le quedaba mejor suelto, un pañuelo rojo por debajo del cuello de la camisa y que hacía conjunto con las botas rojas, muy cómodas y preparadas tanto para el invierno como para el verano.
Si se giraba podía vérsele las medias transparentes que llevaba, aunque no se pudiera ver, debajo de la falda llevaba unos pantalones negros tanto interiores como exteriores, los usaba para la educación física pero también para que no se le viera nada, y no era la única que lo hacía. Se puso varias pinzas en el cabello para que no le molestara, miró que no le faltara nada, ni el reloj, ni el colgante de su madre ni la mochila.
Bajaba con la mochila en la mano y que la dejó al lado de la puerta central, aun no se había levantado nadie y el silencio era visible en la casa. Se preparó el almuerzo que debía de llevarse y picó algo para desayunar, unos cuantos cereales secos y un yogurt, a la hora que era no tenía hambre y con aquello aguantaría hasta la hora de almorzar. Sin hacer más ruido cogió las llaves, la mochila y se fue.
El sol empezaba a salir por el este, el frío no era intenso pero sí apetecía una chaquetilla, por lo que tuvo que volver a entrar y cogerla del perchero que había detrás de la puerta, la rasca pelaba los huesos y hacía caer el típico moquillo acuoso. Andaba sola por su calle, fría y silenciosa como ella, su mente intentaba recordar el sueño que a menudo le repetía en sus sueños, claro que no le daba mucha importancia, un sueño y nada más.
-¡Elian espera! –gritó una voz de chica desde muy atrás-
Se giró sin decir nada, una chica de casi igual estatura corría hacia ella alegremente, mantenía su cuerpo erguido y derecho mientras la veía venir. Sin embargo, algo curioso pasó, la chica que corría se vio atrapada entre una calle cerrada y un camión a toda prisa que pasaba extrañamente a aquella hora. Como un reflejo que salió de ella aceleró hasta volver atrás y hacer retroceder a la chica que bloqueada se quedó ante el camión que se le venía encima.
El camión giró la calle para seguir a la misma velocidad calle abajo sin darse cuenta del atropello que hubiera provocado. La chica se veía ahora entre Elian y la pared, ella la había cogido y la había llevado hasta la pared para que no fuese atropella.
-¿Cómo lo has hecho? –preguntaba la chica asustada-
-…te he salvado y ya está… -respondió ella con voz oscura y sin quitársele de encima-
La chica se mantenía distante al verla en un estado tan ido, no parecía ella.
Ambas seguían el camino hacia el instituto, una de negro y la otra de azul. Por la calle ya se empezaba a ver más movimiento, muchos estudiantes salían de sus casas intentando no llegar tarde, algunos continuaban la ruta con ellas dos, generalmente chicas y varios chicos, parecían una pandilla bien avenida.
-Hoy Elian me ha salvado de un camión. –dijo la chica agradecida-
-No ha sido nada…
-¿En serio? ¿Cómo lo has hecho Elian? ¿Al estilo superman? –se bufó uno de los chicos-
-¡No Mike! ¡No ha sido así! Ha sido… -la chica se quedó sin palabras porque no la llegó a ver.
Elian seguía para adelante ignorando a los demás, para ella era un día en el que deseaba estar sola, que no la acompañara nadie, se preguntaba a ella misma cómo había podido salvarla si estaba a trescientos metros de distancia y separados por una calle, a la velocidad que iba el conductor del camión le había sido imposible correr, nadie corría a tanta velocidad.
-Hola Elian –saludó un chico-
-Hola Tenshi ¿cómo es que hoy no llegas tarde?
-Nunca llego tarde ¿te mosqueaste por lo de ayer?
-No.
-De todas maneras lo siento.
-…Leo… no hace falta que te disculpes por nada… más faltaría.
-¿Quién es ese? –se preguntaba Siria, una de las chicas que iba con la pandilla-
-Es Leo, uno de tercer curso, le apodan Tenshi por el tatuaje de ángel que lleva en el pecho –informó Mike que iba a su curso-
-No sabía que existiera.
-Se lleva bien con Elian.
-Pero si no se conocen de nada.
Los amigos entraron curiosos por ambos al verlos tan bien avenidos, ninguno sabía que tuvieran una relación amistosa, ella era muy reservada y apenas decía nada que pudiera delatarla, él otro cuarto de lo mismo. La chica que ella salvó esa mañana se llamaba Nerei, unos meses menor que Elian, iban a la misma clase e iban a menudo juntas a pasear y a hablar, dos amigas aparentemente normales.
-¿Qué te pasa Nerei? –preguntó Key-
-No sé como me ha podido salvar…
-¿Sabéis qué? En las historias antiguas se cuenta que hace mucho tiempo existían los demonios y los ángeles, los hombres creían que eran malvados por ser diferentes o algo así, por eso mataron uno a uno hasta eliminar la raza.
-¡No le metas el miedo en el cuerpo! –exclamó Siria- ¿No ves que la asustas?
-Era una broma, pero creo que esa historia es real.
-¿Qué insinúas?
-Nada, vayamos a clase antes de que el profesor nos eche bronca como ayer.
Elian seguía andando sola hasta la clase que le tocaba, en las escaleras se había separado de él puesto que iba un curso más avanzado que ella, por su mente no dejaba de vagar el hecho de que no podía haber sido el viento quien la hubiera salvado, había sido ella por fuerza y no sabía como ocurrió, no tenía manera de poder explicarlo claramente.
-¿Te preguntas cómo ocurrió?
¿De donde provenía aquella voz? ¿La escuchaba ella solamente, el profesor no se escuchaba, leía como los demás y como ella hacía hasta que escuchó aquella voz de mujer que resonaba por su cabeza. Paró a escuchar para ver si su mente le jugó una mala pasada, pero no era eso, no escuchó nada más.
-¿Te ocurre algo Elian? –preguntó el profesor- no has prestado mucha atención en clase hoy.
-…he estado algo distraída…
-¿Tienes problemas o algo con tus padres?
-No…
-No es un no muy seguro, quizá te puedo ayudar.
-Me parece que no Profesor Warai, es más bien algo personal.
-No insisto más, si necesitas mi ayuda aquí estoy.
-Gracias profesor.
-¿Vamos Elian? –preguntó Nerei que la esperaba-
-Sí.
-Adiós profesor –se despidieron las dos-
Volvían solas al atardecer, la gente ya se había ido a casa para cenar y volver a la cama después de un día de estudio, apenas quedaban los que querían volver antes de cenar, también rondaban las madres llegando con los ingredientes para la cena y con la comida del siguiente día.
-¿No hueles a humo? –preguntó Elian-
-¡¿Aquella no es tu casa?!
Las dos corrieron al ver el humo que sobresalía por los tejados y que se veía desde varias calles atrás, sin duda era donde Elian vivía y que ardía a fuego vivo. Se sentían los bomberos, algunos llegar y otros apagar el fuego que no acababa de arder, los vecinos se amontonaban alrededor de la vallas de contención puestas por los agentes locales para la protección.
-¡Déjenme pasar! –gritaba Elian abriéndose paso entre la multitud-
-¿Vivías aquí? –preguntó un agente-
-¡Si! ¡¿Dónde está mi familia?! ¡¿Dónde está?!
-Intentamos entrar pero el fuego es imposible de parar.
-¡Déjeme entrar agente!
-Eso lo tengo terminantemente prohibido.
Vieron atónitos como la casa se desplomaba sobre los cimientos, éstos se fundieron de el calor producida por el fuego abrasador.
-¡¡Maldita sea, déjeme pasar!!
Nerei veía medio llorando como Elian se retorcía contenida por los brazos del agente que la sujetaba con fuerza, tuvo que venir otro para contenerla, incluso entre ellos dos les era imposible.
-…lo siento… -decía Nerei mientras Elian intentaba buscar algo de sus pertenencias sobre los destrozos de lo que era su casa- …si quieres te puedes venir a casa…
-…déjame sola por favor…
-…ya sabes donde estoy…
Su amiga se fue calle abajo hasta entrar en la puerta de su casa, veía como Elian se desplomaba en un mar de lágrimas, anclada de rodillas en el suelo y apretando los puños sin poder parar de llorar. Lo había perdido todo, su familia, sus pertenencias, la casa… todo, solo tenía lo puesto, los cuerpos de sus familiares habían sido llevados al tanatorio para hacerle la autopsia, aunque no era importante, pues ya sabían que habían muerto asfixiados e incinerados totalmente por el hecho de no haber podido salir a tiempo.
-No conseguirás nada llorando.
-¿Otra vez tú? …déjame en paz…
-Te puedo ayudar.
-¿Ayudar? Devuélveme a mi familia y me ayudarás.
-No puedo hacer eso, pero sí puedo ayudarte a superarlo.
En la oscuridad de la noche que caía se fue formando ante ella una figura blanca que apenas alzaba veinte centímetros del suelo, parecía una muñeca a simple vista pero luego tomó forma hasta ser una especie de mujer con cuerpo de niña. Sus cabellos eran rubios como el oro, de ojos dorados y bella, vestía con un vestidito azulado muy favorecedor y llevaba unas pequeñas sandalias azuladas.
Elian se cayó para atrás al verla, se asustó, así lo mostraban sus ojos aún lagrimosos, la miraba con temor por si le hacía algo, pues alrededor de aquel ser se veía una luz dorada, como si de un ángel se tratara.
-¿Quién eres tú?
-Me llamo Shiva y vengo a ayudarte.
-¿Shiva no fue la última en caer de la raza de los DyA?
-Sí, ardí viva en el fuego sin que nadie me pudiera salvar, aquel fue mi destino y por eso te necesito.
-¿A mí?
-Aunque no lo creas tienes poderes, eres procedente de esa raza.
-Me tomas el pelo.
-No, la sangre de los D y de los A corre por tus venas y no tardará mucho en mostrarse, quizás ya lo haya hecho.
-¿De los D y de los A?
-De los Demonios y de los Ángeles, no eres ni ángel ni demonio, eres un DyA.
-¿Y de qué te sirvo yo?
-Tal como existen los ángeles existen los demonios, éstos aunque no se te des cuenta están alrededor de ti. –Elian andaba sin ganas y Shiva levitaba a su derecha-
-¿Han sido ellos lo que me han quitado mi familia?
-Sí.
-…
-No lograrás nada maldiciéndolos, quiero que me ayudes a encontrar a Arien, La Señora de los Demonios, es una bruja muy poderosa que vino hace mucho a éste mundo después de que yo fuese quemada en aquella hoguera. Ha permanecido callada durante mucho tiempo hasta que naciste tú, tiene mucho aliados y quiere tenerte entre sus rejas para que le des tus poderes y así pueda llegar a la unión completa como DyA.
Los DyA son superiores a los demonios normales, en poderes, en sabiduría y en todo, tú tienes el don de ser uno de ellos.
-¿Y cómo puedo aprender, no se qué hace un DyA?
-Un DyA se protege a sí mismo y protege a los que ama, es un ángel con algo de demonio pero apenas una milésima parte, eso le hace que el poder le aumente.
-¿Por qué yo?
-Tú eres mi reencarnación, mi futuro, yo soy tú aunque ahora te esté hablando.
-…esto es de locos…
-Deja que tu poder fluya, ésta mañana pudiste hacerlo, salvaste a tu amiga de una muerte segura y lo hiciste porque tus reflejos de ángel y de demonio te lo dijeron.
-…ahora lo entiendo todo…
-¿Ahora verdad? He intentado llegar hasta ti, pero la única forma de llegar ha sido ésta.
-… ¿Qué debo hacer?
-Busca un lugar donde puedas ser bienvenida y nunca, nunca muestres tu identidad.
-¿Qué identidad?
-Acepta esto.
Shiva le cedió un pequeño colgante en forma de corazón con alas de plumas originales a ambos lados.
-Ésta será tu arma, jamás pierdas esto.
-¿Cómo se usa?
-Tranquila, yo te enseñaré como debes usarlo llegado el momento. Debo irme, solamente tienes que llamarme y vendré.
-Pero… ¿Cómo se que me ayudarás?
-¿Confías en ti? Pues confía en mí.