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La gran revelación de Sxf
Sxf siempre había deseado que, cuando muriera, se convirtiera en un
fantasma, y solo varios años más tarde lo descubriera: la gran revelación,
como en las películas. Pero no. Apenas murió, una pequeña niña se lo indicó
inocentemente. Sí, ya sé, respondió Sxf. ¡Ajh! Sxf recordaba eso cada vez
que veía a un fantasma exclamando "¡por dios, estoy muerto!" Le
daban ganas de patearlo, pero el hecho de traspasar las cosas se lo impedía.
Tenía que hacer algo. Retroceder en el tiempo, encontrar la manera de evitar
toparse con la niña, con la causa de su infelicidad. Así que fue con un mago.
Al entrar en la casa en donde vivía el hechicero, una nube de vapor verdoso le
nubló la vista.
- Cuidado- le dijo una voz ronca, que provenía de lejos - no dejes que tu ser
se mezcle.
Sxf se apresuró al otro lado del cuarto, sin poder evitar adquirir cierto
tono verde.
- ¿Cómo puedo regresar al pasado? - preguntó sin rodeos, a donde pensó que
podría estar el mago.
- Te puedo prestar mi máquina del tiempo... pero depende a cuando quieras
llegar.
- Tres minutos después de mi muerte.
- Adelante.
Sxf sintió que algo comparable a una aspiradora lo llevaba a otro cuarto.
Y ahí estaba, relucientemente cubierta de polvo. Era... aturdidora. Pocos
sobreviven al asombro de un tal espectáculo, que es el de una máquina del
tiempo. Afortunadamente, Sxf ya estaba muerto, así que no le era
necesario sobrevivir. Se subió, eufórico. A su lado derecho había algo
parecido a un espejo. Pero en cuanto la máquina empezó a funcionar, las
imágenes del cristal se fueron moviendo, en reversa, mostrando todos los
recuerdos del fantasma. El mago, el vapor, el intento de patada fallido, otro
espíritu exclamando algo (la máquina todavía no tenía efectos de sonido,
pero es bastante fácil adivinar de qué se trataba la exclamación), la
niña...
Sxf supo que ya era hora de bajarse. Pero estaba tan cerca de su vida... sería
bonito vivir otra vez, poderse despedir de aquella sensación...
Un grito desgarrador recorrió la casa del mago, quien suspiró exasperado.
- Dos mil quinientos setenta y dos... cuándo aprenderán...