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Por: Lanz Ángel
Mientras la luna se ocultó en el horizonte, dejando a la estrella más brillante como la veladora de la noche, una muchacha dio vuelta a la página de un libro que devoraba como el mar en el ocaso, cuando el sol queda convertido en solo un recuerdo. Era una novela que por supuesto le parecía bastante interesante, una de las pocas cosas que disfrutaba, mucho más que salir al mundo real; incluso se sentía parte de aquel mundo del libro, vivía enamorada del personaje principal, el héroe de todas las demás novelas.
Sus días consistían en levantarse en medio de la confusión de sus sueños y la realidad. Su verdad no era muy alejada a esto, pues hacía poco tiempo que ella sufrió un accidente, quedando inconsciente varios días. Después de unas operaciones y mucha terapia pudo salir a hacer su vida de nuevo, con el pequeño inconveniente que no recordaba quién era. Quizás no quería hacerlo, como si supiera que era mejor no recordar nada y vivir en sus fantasías. La poca familia que tenía señalaba que siempre había estado soñando y jugando a que éste mundo era diferente.
Por las tardes se recostaba en su cama y leía hasta quedarse dormida. Cuando sus ojos se cansaban, miraba nostálgicamente por la ventana, como si así se dejara ir. De su forma muy particular salía de ahí, su pequeña burbuja, pero no hacia el mundo real, sino a otro lugar desconocido incluso para ella.
En sus primeros días en el hospital recibió muchas visitas. La noticia de su accidente, a pesar de que fue muy lejos del lugar donde vivía, se escuchó por todas partes. Una persona en especial estuvo a su lado siempre, la cual ella recuerda como un ángel. Cuando estuvo recuperada casi por completo, al menos físicamente, a su alrededor hubo solo personas desconocidas; esa presencia que le daba fuerzas y le transmitía paz, se había ido.
Desde entonces se encerró en su casa y en sí misma, recorría las habitaciones buscando cosas interesantes que pudieran estar en sus fantasías. Así es como encontró todos esos libros, precisamente en la habitación que decían suya. Lo único que le interesaba era ese mundo de las novelas. Su familia estaba feliz de tenerla con vida y sólo eso les bastaba; pensaban que sus recuerdos volverían poco a poco.
Constantemente tenía visitas, las cuales se negaba a ver, encerrándose en su cuarto, con el pretexto de que esa vida a la que llaman normal no era la suya. Vivía sólo en sus ilusiones, perdidamente enamorada del personaje del libro, que incluso creía real. Esto no se lo dijo a nadie, de las pocas palabras que cruzó con personas nunca mencionó nada de eso, pero su familia se daba cuenta, y estaba preocupada.
Un día, recibió una visita. Esta persona fue bastante insistente, al final consiguió lo que quería. Tocó la puerta y entró a la habitación de la joven, que se encontraba viendo entretenida por la ventana, al parecer no se percató de su entrada. El muchacho no dijo nada, solo se quedo observándola un largo rato. Luego caminó para verla de frente, en sus ojos pudo distinguir melancolía. La joven encontró su mirada. Al ver la reacción de ella, él solo dijo una palabra: "adiós". Se dio la vuelta y salió del cuarto para nunca volver, dejándola bastante confundida, mientras lágrimas surcaban sus mejillas, sin saber aún porque. Los recuerdos recorrían su mente fugaces cual estrellas, su cabeza comenzó a dolerle. Cayó inconsciente sobre la cama, volviendo en sí unos minutos después.
Aun cuando había olvidado todo, de cierta forma lo seguía recordando. No pudo soportar esa despedida, de la persona que más quería en este mundo, y en el suyo propio. Este joven no era otro que el que daba nacimiento al personaje de todas sus novelas. Ella era la autora.
No podía aceptar que él había decidido olvidarla, por eso le dijo adiós. La idea de que estaría con alguien mas, que sería feliz sin ella, la atormentaba, consiguiendo que día tras día, perdiera el juicio. Su familia se vio obligada a mandarla a otro lugar, donde pudiera curarse. Esto nunca sucedió, aquella escritora que había sido tan feliz tiempo atrás, era ahora un paciente más en una clínica. Quedando tan solo las memorias plasmadas en todos esos libros escritos, en los momentos más felices de su vida, cuando el joven de sus sueños había cruzado el portal de su mundo de ilusión y habitado en este.
Nota: Bueno, este cuento no me gusta mucho. pienso que le faltan muchas cosas. Será que es uno de los pocos en que no hablo de música, ni en analogías, y se me hace raro. Lo escribí para mi taller de redacción.