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Author: Lanz Angel
Fiction Rated: K - Spanish - General - Reviews: 1 - Published: 02-13-04 - Updated: 02-13-04 - id:1524675
Leyenda sin tiempo

Por: Lanz Angel

Las gotas de lluvia caían, parecía que toda el agua del planeta estaba en esas nubes de tan vistosos tonos grisáceos. Un rayo de luz salía de entre dos de ellas, las cuales gracias a este, se dejaban ver de un color plateado tan agradable a la vista. Era algo con lo que la pequeña Christine estaba entretenida observando mientras llamaba a su madre, quería preguntarle sobre aquellas maravillas que veía en el cielo. Al ver la impaciencia de la niña, ella se acercó con una sonrisa hacia la ventana desde donde su hija miraba atenta.

Christine preguntó el porque de la lluvia, a lo que su madre intentó darle una respuesta científica; pero al ver la cara que ponía, decidió hacerlo más interesante respondiendo: "Pero ¿sabes? Perdida en el tiempo y en las civilizaciones, hay una leyenda." Con estas palabras la pequeña se entusiasma y le ruega que se la cuente, a lo cual procede pacientemente.

"Esta leyenda habla sobre los días nublados y el porqué los humanos hacen cosas malas" le explica. La historia, decía que en el principio de los tiempos Dios creó la tierra, y se complació al darnos vida a nosotros los humanos. Llegó a amarnos tanto que nos llenaba de regalos y bendiciones. Él venía a Su mundo y era feliz.

Dice la leyenda, que llego a enamorarse de uno de nosotros, y centraba sus atenciones en él, dándole presentes muy bellos, como las nubes. Dios adoraba los días nublados, los hacía con tanto cuidado, cada gota de lluvia dentro de las nubes, y cada forma que éstas tenían. Hasta los colores eran seleccionados cuidadosamente.

Pero el mortal, de quien Todopoderoso estaba enamorado, no era un mortal cualquiera, sino Su sacerdote. En realidad el sacerdote no tenia el tiempo suficiente, o al menos el que hubiera querido, para estar con su Dios. El Creador decidió darle el más preciado obsequio: el tiempo, con la libertad de hacer con el lo que quisiera. Pero el sacerdote era demasiado responsable, y el tiempo corría tal como debe ser.

Las bendiciones continuaban, días con fuertes vientos y lluvias. Los seres humanos comenzaron a cansarse del clima, y ya sabían la causa. Los más cercanos al Todopoderoso, su profeta y su apóstol, fueron los que se percataron, e incluso llegaron a planear algo. Querían alejar al sacerdote de Dios, quizás entonces tendrían días mejores. Pero eso no fue necesario, pues el sacerdote tenía mucho trabajo e irónicamente no podía pasar tiempo con el Creador.

Conocieron los días soleados, cuando el astro brillante quema la piel, y la sed es casi insoportable. No había ninguna nube en el firmamento, el Supremo no se molestaba en crear ni una niebla. Pasaba Sus días entre los hombres, esperando a que el día siguiente pudiera estar con el sacerdote.

El tiempo de agonía para Dios no fue mucho, pronto las tormentas cayeron sobre la tierra nuevamente. A la primera señal de que estas continuarían, los humanos decidieron tomar medidas extremas, hacer cosas que molestaran al Creador, para así poder pasar sus días más felices y no llenos de todas esas bendiciones provenientes de Su dicha.

Conocieron la maldad, lo que era matar, robar y lastimar a las otras personas solo por hacerlo. Pero no todos lo hacían, porque no podían correr el riesgo de que Él se hartara de los humanos. La bondad persistió, pero a su vez, la perversidad, que fue causada por la desesperación de vivir mejor. Todo por acomodarse a sus caprichos, pero no solo los de los hombres sino los de Dios mismo.

Aun hoy en día las cosas permanecen, lo que se llama bien, mal, y ese amor incondicional del Todopoderoso, que nos llena de bendiciones, días nublados y enfermedades. El Señor hace que cada día sea diferente, pues hay días en los que los seres humanos se salen de control y otros en los que la dicha es demasiada cuando el sacerdote tiene tiempo para dedicarlo a su Dios.

Se escucha algo curioso, pero para Christine pronto ésta leyenda se convirtió en su verdad, algo que creía, pues sonaba bastante convincente para ella, y era justo lo que quería su madre. Después de un rato la niña consiguió quitar la cara de fascinación e irse a dormir, mientras el sonido de las gotas de lluvia se escuchaban contra su ventana.

Nota: Fue una idea que se me ocurrió hace mucho, no le cambié casi nada hasta la fecha. Otra de las pocas historias que no contienen analogías musicales o que se refieren a la música. Desde que empecé a jugar RO tengo una fijación por los "priest", :P cuando escribí esta historia me refería a un "priest" en especial, ^^ mi amigo Crono.



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