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Existe un prostíbulo en las tierras salvajes. Un lugar alejado de la
justicia del imperio donde trabajan las más hermosas cortesanas. Se dice
que el lugar es visitado por campesinos y nobles por igual, y que una vez
adentro no existen diferencias de clases.
Ocurrió que un campesino estaba descansando luego de una dura
jornada, y comenzó una conversación con un desconocido. Impulsado por el
alcohol el campesino lo insultó, y el desconocido resultó ser un alto
funcionario de la Dinastía. Ardiendo de cólera, el funcionario lo desafió a
un duelo al atardecer del día siguiente, y de no asistir enviaría una
legión a que matara a su familia.
Al día siguiente, bien temprano, el campesino comenzó a recorrer los
pueblos cercanos en busca de un maestro espadachín que lo entrene. Al no
encontrar ninguno se tiró en la hierba y comenzó a llorar.
Quiso el destino que en ese momento pasara Sian Fei, un legendario
espadachín. Sian Fei escuchó los lamentos del campesino y le preguntó qué
sucedía.
"Debo enfrentarme a un hombre esta tarde, y si no le hago frente
enviará soldados para matar a mi familia", dijo el campesino. "¿Y por qué
no lo enfrentas" preguntó Sian Fei. "Porque apenas puedo levantar una
espada sin cortarme, soy un incompetente".
Sian Fei sonrió y le dijo: "No te preocupes, si prometes darme cobijo
y comida por tres días yo puedo entrenarte".
El campesino agradecido aceptó el trato y de inmediato se pusieron a
entrenar. Sian Fei se sentó en una piedra y sacó una manzana, mientras la
comía le ordenó al campesino "Comencemos por el principio, quiero ver cómo
desenvainas tu espada".
El campesino tomó su espada y la desenvainó.
"Está mal" dijo Sian Fei "hazlo de nuevo".
Con tranquilidad el campesino guardó su espada y la desenvainó de
nuevo.
"Otra vez" replicó Sian Fei.
El campesino repitió su acción, y cada vez que sacaba la espada de la
vaina Sian Fei repetía "otra vez". Estuvieron casi todo el día haciendo lo
mismo, una y otra vez, hasta que el campesino no pudo más del cansancio.
Se hizo la hora del duelo. Sian Fei acompañó al campesino hasta el
puente donde el funcionario lo esperaba, listo para pelear. El campesino
miró a Sian Fei y le dijo "señor, usted es mejor espadachín que yo. Si se
enfrenta a mi enemigo y lo derrota le pagaré con estadía y comida por tres
años".
Pero Sian Fei negó con la cabeza. "No voy a desenvainar mi espada por
ti, él es un enemigo al que debes enfrentarte tú solo" y luego se alejó.
El campesino quedó frente a su enemigo, aterrado y triste. "Me
matará" pensó "y en vez de huir con mi familia me quedé a presenciar mi
muerte". Inmediatamente después entendió que todo estaba perdido excepto la
esperanza, y pensó "no pierdo nada con intentarlo, tal vez los dioses me
ayuden".
Y luego desenvainó su espada, con tanta gracia y precisión que el
funcionario se sorprendió. La pose del campesino era perfecta, sus músculos
estaban firmes, sus ojos fijos en la punta de su espada, sus piernas
flexionadas y su espalda derecha. Parecía un verdadero maestro espadachín,
aunque sólo supiera desenvainar su espada.
El funcionario vio la destreza del campesino y tuvo miedo. Haciendo
uso de todo el orgullo que le quedaba declaró "No quiero que se derrame
sangre por una disputa infantil. Sigamos nuestros caminos y olvidemos las
injurias. Nada ha sucedido".
Y luego se marchó con paso rápido y nervioso.
Sian Fei se acercó al campesino con una gran sonrisa. "Tengo hambre"
le dijo "espero que tu mujer cocine bien".