| Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search | Login Register Extras |
Describir es escribir con la mente. Tenía ojos verdes uno más verde que el otro, los dientes regulares y blancos, las orejas grandes, pero singulares. Las cejas alargadas y finas. Le llegaba a los hombros su cabello castaño, brillante y sumamente rizado. Tenía unas cuantas pecas, pero le quedaban geniales. El gesto que hacía cuando sonreía era impactante, tierno, sí, terriblemente tierno. Lo malo era su voz, era muy grave y profunda, no correspondía con sus facciones. Quizás, era uno de esos raros casos, en que el cuerpo no concuerda con lo que la habita: la personalidad, la risa, la voz. Pienso que la voz es la principal incidencia de la personalidad. Creo que por eso los cantantes son tan famosos, su voz es como un hechizo. Puedes pasarte horas escuchando a tu cantante favorito porque su voz te dice algo más que palabras. Por eso deseas conocerlo totalmente, deseas saber con quién se casó, donde estudio, que le gusta hacer a parte de cantar. Te sientes identificado con él. Pero en realidad no sabes nada de él, de primera mano, es decir sentimentalmente hablando no lo sabes, por que no haz vivido con él. Lo único que te queda es su voz y las letras que él canta.
Pero contigo es distinto, pues hoy quería describirte escribiéndote en mi mente. Pero no puedo. Si no hubieras hablado con la chica, que supongo que es tu amiga, justo en el momento en que yo pasaba por tu costado, intentando averiguar hacia donde te ibas para seguirte, te lo juro que para mi serías una chica linda, tierna, que tiene el peinado más genial que he visto por estos lares y que además eres sumamente segura para mostrarte tal como eres. Diría, que eres valiente, sumamente valiente. Pero no puedo, ahora que escuche tu voz, aunque solo fue : "Patty, huevona, te dije que apuntaras el número" simplemente pienso que esa no puedes ser tú. Y lo peor de todo es que no puedo hacer como el resto de los mortales, y averiguar sobre la vida de su cantante favorito en las revistas o Internet, no es suficiente. Yo no puedo, deseo y necesito conocerte. Saber como te llamas, en que mes naciste, porque siempre sonríes de nada por la calle. Quiero saberlo todo pero no puedo. Y no tengo tu voz grabada, ni las letras de tus historias. Quizás me ayudarías en esto, pero no lo sé.
Ahora pasamos al punto muerto de esta carta, que no debería ser carta, sino dictado mental, pues como sabes te estoy describiendo, pero que diablos, transgrediré mi meta. Te debes estar preguntando, ¿qué clase de enfermo hace esto? E irremediablemente tendré que decirte, que uno muy curioso. Claro, uno formalmente te diría en estas circunstacias, no pretendo hacerte ningún daño, sólo quiero ser tu amigo. Pero te estaría engañando, pues el daño, la amistad y el peligro, son parte de una relación. Y yo más que amigo quiero ser tu compañero, tu patner en las malas y en las peores. Por que no se que tengo adentro, que me impulsa a escribirte esto.
Inconscientemente creo que te estuve buscando. Estaba buscando a alguien que se acomodara perfectamente en mi hombro. Claro, mala metáfora. Pero el día en que te vi por esa avenida, mis pies sólo pudieron obedecer al corazón, y en esto te soy sincero: nunca pensé que una chica como tu pudiera caminar tanto y tan rápido. Y eso que yo soy alto y puedo caminar rápido si me lo propongo. Pero alcanzarte, ya es una tarea diferente. Felizmente te detuviste en una casona por la avenida Salaverry, yo te estaba mirando claro, pero tú ni cuenta, eso me hace feliz a veces (por el rechazo que me puedas dar). Te estuve esperando hasta tarde pero no aparecías. Menos mal que era verano, y no hacía frío, sino mi empresa hubiera sido en vano. Sin embargo ya casi de noche saliste de la casa, con una ropa más cómoda y te dirigiste al quiosco de la esquina, compraste algo, seguramente un chocolate, y volviste a tu casa. Si, ahora estaba seguro.
Luego anote la dirección en mi diario, que lo llevo a todos lados desde que te vi aquella tarde. Pues este es un diario tanto mío como tuyo, pero ya de eso unos dos meses. Luego trate de establecer unos parámetros pero tú no respetaste ninguno. Así que, como en la película del genial John Cusack: Serendepity, decidí dejarlo al destino, fue una decisión muy triste. Si era nuestro destino encontrarnos de nuevo pues lo era y si no a la mierda. Mientras tanto me dedique a dibujarte, me temo que no te puedo dar ninguno por que son muy malos. Soy un pésimo dibujante, pero a falta de fotografías, bueno son los garabatos.
Pero la sorpresa más triste que recibí, fue volverte a encontrar, pues a lo contrario de que puedas pensar, me quedé muy triste pensando en todo lo que me había perdido por no haberte tratado de conocer antes. A partir de ese día comencé el operativo "tengo que conocerla pero ya". El cual fue total fiasco porque agregando a mi exclusiva timidez, se asomaba ya el sudor imparable, cada vez que te veía a unos cincuenta pasos. Tuve que cambiarme dos veces luego del día en que escuche por primera vez tu voz, tu profunda y grave voz.
Pero luego descubrí que te podía describir, escribiéndote en mi mente y luego como dictado de mi mente, colocarte todas las cosas que te he colocado hasta ahora. Sólo me queda pensar en tu sonrisa, que espero ver de cerca y sin sudar, o en tu furia desatada por esta carta, porque me encantaría verte haciendo pucheritos por esta carta.
En todo caso me puedes responder con insultos, preguntas, formularios, lo que quieras, a este correo: . Ahora me voy a esperar tu correo.