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1 Primer día de clase
Lara entró en su nueva clase con pasos muy cortos. Su tutor, Don José
Luis, la llevaba cogida por el hombro. Cuando entraron, toda la gente que
había en la clase paró de decir cosas y se giró para mirarla con
curiosidad.
Lara estaba segura de que estaba más colorada que un tomate, pues le
ardían las mejillas.
-Bien, esta es Lara Navalón, y es la nueva estudiante de la que os
hable. Espero que al menos por un día os portéis bien y no como los bestias
que sois para al menos causarles una buena primera impresión- les dijo el
profesor a los alumnos. Después, hablando en voz más baja, se dirigió a la
chica- corre a sentarte, mira allí hay una mesa libre.
La chica fue a sentarse donde el profesor le había indicado, que era
una mesa libre en la segunda fila. Lara se dio cuenta de que la mayoría de
la gente estaba apelotonada en la parte trasera de la clase, mientras que
solo unos pocos se sentaban en las primeras filas.
-Hola, soy Cristina- dijo la chica que estaba al lado de su mesa.
Lara la miró un momento, y en unos segundos la reconoció.
-Cristina Nicolás. ¿Cómo estás?- Cristina se quedó un poco parada.
¿Cómo sabía ella su apellido? ¿Y por qué la trataba como si la conociera?
-Bien, queridos alumnos- dijo don José Luis, con su tono de voz que
siempre parecía sarcástico- hoy hay tutoría, ¿de que queréis hablar?
-¡Del viaje!- gritó uno desde la última fila, y el profesor lo miró
cansinamente.
-Pablo, ya se que estás muy entusiasmado con el viaje de fin de curso
que haremos el año que viene, pero llevamos desde principio de curso
hablando de lo mismo en las horas de tutoría, y no me apetece más hablar
sobre él. Así que otra cosa.
-¡De la nueva!- dijo Cristina, y Lara la miró con cara de horror.
Cristina ignoró la mirada de su nueva compañera, pues ante todo quería
saber como es que esa chica la conocía.
-¿Lara quieres hablar sobre ti?- la chica miró al profesor, y
haciendo un esfuerzo se encogió de hombros- Pues entonces, adelante- la
invitó el profesor.
La chica se puso en pie, acostumbrada a que en su antiguo colegio
cuando alguien quería hablar para toda la clase, debía ponerse en pie. Tomo
aire.
-Bueno, me llamo Lara Navalón Ruiz. Tengo quince años y vivo justo en
frente del instituto- la chica se calló al no saber que más decir, pero no
pasaron muchos segundos hasta que Cristina preguntó algo.
-¿Y habías estado antes en Cieza?
-Sí. Yo soy conquense, nací en Cuenca, pero mi padre, por motivos de
trabajo se trasladó a Murcia y nos vinimos a vivir aquí. Yo tenía tres
años. Me fui a los once años.
-¿Y en qué colegio estudiaste? ¿En qué clase?- inquirió Cristina.
-Pues... estudié en el Juan Ramón Jiménez, en el grupo a.
-¿Lara?¿Lara la mari macho?- tres voces preguntaron al unísono eso,
incluida Cristina.
-Pero... pero...- un chico con pelo punk la miró atónito- pero si tú
estabas como una vaca; los dientes los llevabas más desordenados
imposibles; el pelo lo llevabas como si acabaras de meter los dedos en un
enchufe; llevabas ropa horrible y unas gafas enormes... ¡No puedes ser Lara
la mari macho! ¡Tú eres guapa!
-¿Adrian?- preguntó la chica al reconocer al chico que había puesto a
parir su aspecto de cuatro años atrás.- Tú no has cambiado nada.
-¡Pues tú si!- dijo Eloy mirándola- Mírate, santo cielo, estás...
-Cambiadísima- terminó Cristina.
-Si...- dijo otro chico, que Catherine reconoció como su viejo
compañero Eloy- mira tú pelo, lo llevas rojizo y rizado, no bufado; tus
dientes... te has puesto aparato ¿no? Seguro, mira lo restos que los llevas-
el chico no esperó a que Lara contestara, sino que siguió hablando- Te has
quitado las gafas y te has puesto lentillas; te has depilado las cejas y el
mostacho; te ha desaparecido el acné; has adelgazado, ¿cuánto? ¿veinte
kilos? Te has puesto un piercing en la nariz y otros tres en la oreja; te
has comprado ropa moderna, y no los chandals que llevabas antes...
Lara pasó toda la clase roja como un tomate, pues sus viejos
compañeros de colegio no hacían más que mirarlas admirados por su cambio.
Don José Luis, al ver como Lara lo estaba pasando de mal al ser el centro
de atención, cambió de tema, y el único que se le ocurrió fue, muy a su
pesar, el viaje.
Cuando sonó la campana que anunciaba el recreo, Lara salió de clase
rápidamente para intentar despistar a sus compañeros, pero no lo consiguió,
y el interrogatorio que tanto temía, se llevó a cabo.
-¿Cuanto tiempo vas a estar aquí?- preguntó Adrián.
-Pues mis padre me han prometido que ya no nos vamos a mudar más, así
que hasta que acabe la universidad o unos años más, supongo.
- ¿Y qué has hecho todo este tiempo?
-Bueno, mi padre tuvo que viajar, y yo y madre con él.
-¿Y donde sufriste tal cambio?- inquirió Eloy.
-Pues fue un poco en todos los sitios- Lara parecía muy cortada, y se
asustó al ver aparecer a una chica con cara de pocos amigos.
-¡Adri!- gritó- ¿Otra vez me dejas sola en el recreo? ¡Hemos cortado!
¡Adiós!- la chica volvió a irse tan rápida como había llegado, y Adrian,
tras hacer un gesto de despedida con la cabeza, fue tras ella.
Cristina puso los ojos en blanco.
-Anda que no es tonta ni nada la Sara esa- dijo- Lo lleva al pobre
por la calle de la amargura con lo celosa que es- miró un momento más al
chico y después volvió a mirar a Lara sonriente, ansiosa por saber todo lo
que había pasado en la vida de la muchacha.
-¿Y dónde has estado?
-He estado en muchos sitios, la verdad. En Londres, en París, en
Venecia, en Rusia, en Alemania, en Grecia y en Nueva Zelanda.
-Valla...- los chicos se quedaron boquiabiertos- y yo que creía que
con ir a Port Aventura fue muy afortunado...- dijo Eloy. Miró su reloj y
dio un bote- Mierda, y media ya, tenemos que ir a hacer el examen de
francés, Cristy. Oye, Lara, ¿tú que has elegido de primer idioma?
-Francés.
-Pues entonces te toca ahora un examen con nosotros.
-Supongo que la bruja no te hará hacer el examen, pero cualquiera
sabe, por algo la llaman bruja.
Corrieron por el patio hasta llegar a una de las clases más viejas
del colegio que tenía la puerta verde y sobre esta, un letrero grande en el
que ponía: on parle français (hablamos francés) Abrieron la puerta y vieron
que la clase ya estaba llena de alumnos que se disponían a hacer el examen.
Eloy, Cristina y Lara se sentaron en la mesa y la profesora comenzó a
repartir los exámenes.
-Ya son y media- dijo- ya no entra nadie al examen.
Lara esperaba que cuando la profesora pasara a su lado la reconociera
como nueva y le dijera que no tenía que hacer el examen, por la pequeña
profesora pasó a su lado sin decirle nada. Tras mirar el examen, Lara se
encogió de hombros. Para ella, que había vivido más de medio año en Francia
y había ido a un colegio francés, el examen estaba tirado, así que comenzó
a hacerlo con rapidez. Entró un chico de primero de bachillerato al que
habían echado de la clase, pero Lara ni se fijo en él, pues estaba muy
concentrada en el exámen, y antes de que los pasotas de la clase creyeran
que no resultaría embarazoso dar el examen el blanco, Lara ya había
terminado y estaba frente a la profesora con sus hojas en la mano.
-¿Por qué no te estrujas el cerebro e intentas escribir al menos algo
en francés?- preguntó la profesora sin levantar la vista de sus papeles.
-Es que ya lo he corregido tres veces, señorita- contestó Lara, y la
profesora cogió con desgana el papel, creyendo que lo encontraría en
blanco.
-¿Dónde tienes el libro?- preguntó después de unos minutos a la
chica, que ya se había sentado.
-Aun no tengo libro, señorita, me dijeron que usted me daría una
copia.
Las gafas de la baja profesora se deslizaron hasta la punta de la
nariz. Parecía muy sorprendida.
-¿Eres la nueva?- preguntó impresionada.
-Si, señora.
La profesora miró alternativamente a Lara y a su examen. Se subió las
gafas y se acercó hasta las mesas de alrededor a la de la chica, mirando
los exámenes de los compañeros, pero casi todos ellos iban por la mitad del
examen.
-¿De quién te has copiado?- inquirió la profesora.
-De nadie, señorita.
-¿De nadie? Te has tenido que copiar de alguien que a su vez se haya
copiado del libro. ¡Lo tienes todo bien!
-Estuve un tiempo en Francia, señorita.
-No te creo- dijo agachándose un poco para mirar amenazadoramente a
Lara que se echó un poco para atrás.
-Señorita, yo llevo aquí casi desde el principio de la clase, y la
chica no ha movido los ojos de su examen- la bruja se enderezó y miró al
que había salido en defensa de Lara, era el que había sido expulsado de su
clase- Yo no he visto que se haya copiado, señorita- insistió el chico.
Lara seguía mirando hacia delante, pues en sus antiguos colegios, mirar
hacia otro lado cuando un profesor estaba hablando sobre ti estaba mal
visto y si pillabas al profesor con un mal día, podía incluso echarte de la
clase-
-Nadie te ha dicho que puedas hablar, Francisco Javier- le recriminó
la profesora, y sus ojos se volvieron a fijar en Lara. La miró
penetrantemente y después comenzó a hablar un rápido francés, en el que la
interrogaba sobre cuanto tiempo había pasado en Francia, dónde, por qué, y
por qué ella debía creerla. Por supuesto, la baja profesora esperaba a que
Lara no contestara, pero la chica lo hizo, y en un excelente francés.
Tras mirarla un momento más, la profesora volvió a su asiento y
cogiendo el examen de Lara, le puso un diez. La chica le había contestado
de la forma más completa y difícil que había conseguido, introduciendo en
sus frases todos los tiempos verbales que podía y todo el vocabulario que
correspondía. Esa muestra de que Lara controlaba muy bien el francés,
pareció convencer a la profesora.
Cuando la baja señora volvió a mirar sus documentos, Lara se giró
para mirar al chico que la había defendido: Francisco Javier. El chico le
dedico una amplia sonrisa y levantó el pulgar para decirle que muy bien.
Lara lo miró un momento más, le sonaba muchísimo, pero no sabía de qué.
Estaba segura de que la cara le era conocida, pero su pelo rizado y moreno
la desconcertaba bastante. Volvió a mirar al frente.
Cuando la campana sonó, la profesora recogió todos los exámenes
hubieran o no hubieran terminado sus propietarios. Cristina y Eloy se
acercaron a ella.
-¿Qué le has dicho a la bruja cuando te ha preguntado en francés?-
inquirió Eloy que parecía muy emocionado.
-¿No habéis entendido nada?- preguntó extrañada Lara. Sus dos
compañeros negaron con la cabeza- Pues le he contestado todo lo que me ha
preguntado, que más o menos ha sido lo mismo que vosotros me habéis
preguntado en el recreo.
-¿Y qué era?- insistió Eloy, y Cristina le pegó un pisotón sin
intentar disimularlo.
-¿No te das cuenta de que está cansada de que le hagamos tantas
preguntas?
El resto de la mañana transcurrió con relativa normalidad, aunque a
sus dos compañeros, que no la dejaron sola en casi ningún momento, se les
escapaban de vez en cuando algunas preguntas.
Lara estaba esperando a que Cristina saliera del cuarto de baño
cuando Francisco Javier pasó frente a ella.
-Oye Francisco Javier- le dijo y corrió tras él. El muchacho se
detuvo y la miró.
-¿Si?- preguntó.
-Que muchas gracias por salir en mi defensa en la clase de francés.
-Ba, no ha sido nada- le contestó el chico sonriente- además, creo
que su tutoría somos los únicos en todo el colegio que no la tememos.
Tendremos que ayudar entonces a los demás ¿no?
-De todas formas, gracias.
-Eh, FJ- un chico apareció corriendo por un pasillo y casi derriba a
Lara a su paso- lo siento- se disculpó dirigiéndose a Lara, y después se
volvió para mirar a su amigo- FJ, que llegamos tarde a la clase de Química,
que se ha adelantado.
-Oh, vale. Adiós...
-Lara- dijo la chica.
-Ok, pues adiós, Lara, espero volverte a ver, pronto.
-Igualmente- dijo la chica antes de que él echara a correr. FJ, FJ,
FJ. Si, asociaba el rostro del chico al nombre de FJ, pero no recordaba
donde lo había visto. Había pasado tanto tiempo que era un milagro que aun
lo recordara.
Cuando Cristina ya salían del instituto, vieron en el tablón de
anuncios un anuncio que les llamó la atención:
"La concejalía de juventud a organizado una actividad para el próximo
sábado en las que se practicarán tiro con arco, rappel y tirolina.
La salida es a las 9:00 en la puerta del colegio de las monjas, todo
el material es facilitado por la concejalía. Se deben rellenar unos
formularios antes del sábado adjuntando la firma de uno de los tutores en
el caso de que los apuntados sean menores de edad. Los papeles deben ser
entregados en la concejalía de juventud"
Tras pensarlo un momento, Lara y Cristina cogieron un formulario cada
una.
-Si cambiamos de opinión, podemos no entregar los papeles ¿no?-
sugirió Cristina y se guardó el formulario en la cartera- pero parece que
estará divertido.