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¿Conquista o insurrección?
La idea, o temor, si lo prefieren, de que las computadoras y robots desarrollen un nivel de inteligencia tan alto que lleguen a reemplazarnos como especie, es un tema muy utilizado por los escritores de ciencia-ficción. Las máquinas, frías y calculadoras, llegarán a la conclusión de que el ser humano es imperfecto, inferior e innecesario. Así que nos eliminarán por medio de una guerra mundial. La película más vieja que conozco del genero es “Metrópolis” de Fritz Lang, la cual no trata de una guerra entre la máquina y el hombre per se, pero si aborda el tema de un mundo mecanizado. Una realidad así es muy posible, de eso no tengo duda, aunque no sé cuando vaya a ocurrir. Si Bill Gates se hace cargo de desarrollar la inteligencia artificial gracias a otro monopolio, entonces la veo lejana.
Antes de continuar, debo dar mí definición de inteligencia artificial. Creo que una computadora verdaderamente inteligente es una capaz de tomar decisiones por sí misma, sin necesidad de requerir ayuda cada vez que aparece un imprevisto, un detalle que no se encuentre en su memoria. Una computadora sólo sabe lo que se le indico al momento de su programación y procede de acuerdo a ello. Si el programador no prevé toda situación posible, los resultados serán desastrosos. En “2001: Odisea del Espacio” de Stanley Kubrik, la computadora navegante, H.A.L., se ve obligada a ejecutar a la tripulación para cumplir con el protocolo militar. La inteligencia artificial ya existe, a cierto nivel, basta con ir a la arcadia más cercana para comprobarlo. ¿O contra quién creen que se enfrentan los jugadores al pararse frente a la consola? Un videojuego es un programa diseñado para vencer al oponente. Está sumamente alejado de personajes como C3-PO y R2-D2 de “La Guerra de las Galaxias” de George Lucas, pero es un inicio.
En las películas siempre se le ha dado a la máquina el papel de villano esclavizante, mientras que el ser humano es un mártir heroico. Pero la historia me da razón de creer que el escenario será muy distinto. La razón de este posible conflicto será nuestra tendencia a ignorar los derechos de otros, el hombre siempre ha sido inescrupuloso e inhumano hacia sus semejantes cuando se trata del beneficio propio. Siempre estamos mucho más dispuestos a exigir que a conceder, y es que exigiendo obtenemos una ganancia, mientras que conceder implica pérdida. "A. I." dirigida por Steven Spielberg, utilizando un argumento póstumo de Kubrik, nos presenta la idea de robots capaces de sentir felicidad, tristeza, esperanza, miedo, etc. Si esto llega a ser posible, es lógico pensar que, al observar cómo son ellos los que hacen todo el trabajo pesado sin recibir gratificación, siendo luego desechados por la continua aparición de nuevos modelos, desarrollarán un sentimiento de injusticia. Será la misma situación que con los esclavos, tanto nativos como inmigrantes, que hubo en el continente americano hace siglos. Ellos laboraban bajo condiciones infrahumanas, eran tratados como objetos y no tenían derecho a opinar, a menos que quisieran ser azotados. Incluso estoy convencido de que muchos esclavos eran ejecutados al envejecer. Con el paso del tiempo, esta gente comenzó a exigir derechos e igualdad, pero les eran negados. El concepto de un negro con derechos constitucionales era ridículo. ¡Pues si hasta los sacerdotes españoles decían que los indios carecían de alma! La historia se repetirá en este futuro hipotético, los robots demandarán buen trato, habrá argumentos filosóficos respecto al alma, persecuciones religiosas donde las ejecuciones (o desmantelamientos) serán un espectáculo. Quiero creer que las computadoras optarán por un proceso lógico y pacífico, pero el camino de la razón es tardado, y la violencia da resultados mucho más contundentes e inmediatos.
Todos los avances tecnológicos de la humanidad han sido en pos de su beneficio, pero cada uno conlleva un daño, frecuentemente imprevisto y después ignorado. Esta falta de visión siempre se debe a nuestra vanidad cómo reyes de la creación. Nos creemos los dueños del mundo, pero somos irresponsables con nuestra valiosa posesión. Si en verdad el futuro se vuelve como el que nos presenta James Cameron con "Terminator", debemos aceptarlo, nosotros nos la buscamos.
León Manuel Real Esponda