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Fiction » Essay » Pretextos font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Leon Manuel
Fiction Rated: K - Spanish - General - Reviews: 1 - Published: 04-15-04 - Updated: 04-15-04 - id:1582516

Quizá hayan visto, al caminar por la calle, a grupos de niños o jóvenes donde el centro de atención es una baraja con dibujos de diversos personajes. Estas conforman un juego llamado Yu-Gi-Oh, el cual consiste en combinar cartas de forma estratégica para vencer la mano del oponente. No hay nada original en este juego, hace años que existen diversas versiones, la popularidad es gracias a una serie animada del mismo nombre. Pues bien, aún no he oído nada, pero estoy seguro que ya hay grupos protestando y haciendo propaganda negativa, diciendo que las cartas son magia negra, cosa de brujas y/o satánicas. Bueno, ¿es que no se les ocurre otra cosa? Ahora resulta que todo es cosa del diablo: Harry Potter, El Señor de Los Anillos, X-Men, Pokémon, etc. ¡Hasta Hello Kitty y los pitufos! ¡Pinten ya la raya, caramba! El asunto me resulta molesto por dos razones: primero, no hay fundamento válido; segundo, no ven lo positivo de estos juegos, libros y películas. ¡J. K. Rowling logró que los niños lean! Luego se quejan de que en México no hay cultura.

La verdadera razón por la cual los padres detestan estas novedades, y el tema que voy a tratar, es que llegan a costar un ojo de la cara. Cuando una obra adquiere niveles de popularidad y comercialización lo bastante altos, se vende no sólo ésta sino una infinidad de cachivaches: juguetes, revistas, libros para colorear, dulces, posters, camisas, hamburguesas, videojuegos, lo que se les ocurra. Y el ávido consumidor no descansará hasta tener la colección completa. Digo esto por experiencia, cuando un servidor era niño, veía toda clase de caricaturas, cada una tenía su línea de figuras de acción y yo las quería todas. Mis papás, en buena onda, me compraron bastantes; lástima que no guardé todos esos juguetes, hoy valdrían una buena suma. El caso es que la moda es caprichosa y pasajera, y no tiene caso invertir tanto en algo que será olvidado o reemplazado en un par de meses.

Los consumidores son criaturas indefensas e ingenuas, y los publicitarios unos depredadores implacables. Es mejor inculcarles a los hijos desde una temprana edad la moderación, en lugar de asustarlos con cuentos de que les robarán el alma. Explicarles que si les interesa un juego o un libro, entonces se concentren en ellos en lugar de toda la mercadería inútil. Una o dos cosas están bien, pero que no se vayan con la finta. Los padres deben apoyar aquellos intereses que fomenten la agilidad mental y la apreciación cultural en sus hijos. Para ello deben estar informados, pero informados de veras, no sólo ver la carátula y prender una hoguera.

A manera de conclusión, daré una sugerencia. Si sabe de algún niño a quien ya no le interesa un juguete casi nuevo, ¡guárdelo bien! En unos veinte años le podrá ver la cara a alguien más.



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