| Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search | Login Register Extras |
A pesar de que pocos conocen el término "utopía", muchos están muy familiarizados con el concepto. Después de todo, es lo que nos prometen todos los políticos: empleos seguros, mejor educación, salarios justos, más seguridad…total, castillos en el aire.
Utopía es el estado ideal; cada ciudadano produce lo que debe y recibe lo que le corresponde; todo está repartido, así que no existe la pobreza ni razón para el crimen; como es necesario que todos contribuyan, el empleo y la educación, están asegurados. Se oye bien, ¿verdad? Pero la mayoría de los filósofos concuerdan en que las utopías no pasan de la idea, son imposibles de llevar a cabo en la realidad. ¿Por qué?
Comencemos por ver cómo se forma una sociedad utópica, para ello me basaré en los juegos de simulación. Éstos juegos, generalmente para computadoras personales, consisten en tomar el mando de cierto lugar y sacarlo adelante; desde un intrincado hormiguero, hasta un vasto planeta. No estoy hablando de videojuegos donde picas un botón y vas derribando enemigos, en éstos se requiere pensar. Si, por ejemplo, te haces cargo de un campamento militar, debes tomar en cuenta factores como municiones, provisiones, armamento, soldados, posiciones, etc. Para este ensayo, me limitaré a uno donde se funda y rige un pueblo medieval. Jamás pasé del segundo nivel, pero servirá.
Primero, los recursos, parece mentira que en pleno siglo XX sigamos esperando maná del cielo. Al iniciar el juego cuentas con una cantidad determinada de madera para levantar viviendas. Es importante construir sólo lo necesario, que el ritmo de consumo no sobrepase el de recuperación, de otro modo se agotará la materia prima. Ya ven lo que está sucediendo en Jalisco con el lago de Chapala. Esta es la primer regla para tener una utopía, ser moderados en nuestro gasto y conscientes de que nada dura para siempre.
Lo más importante para que una utopía se sostenga es la contribución, todos tienen que cooperar para salir adelante. En el juego, los pobladores necesitan comida, así que alguien debe producirla. Para tener pan se necesita: un granjero para que siembre y coseche trigo, un molinero para que lo convierta en harina, y un panadero para hornear el pan. Cada personaje cumple con su tarea asignada, y todo el pueblo tendrá pan para comer. En la vida real, no somos tan cumplidos, no podemos rendir el 100% y tal parece que ni lo intentamos. Para evitar el molesto papeleo, muchos policías y funcionarios cobran mordida; y hay maestros que en lugar de enseñar, se limitan a recostarse en su escritorio mientras el alumno lee el libro. (Agradezco que no me tocaran maestros así, por mucho que me queje de las tareas). No pasaré por alto el hecho de que el gobierno tiene mucho que ver con problemas de esta índole, éste debe ver que las condiciones sean adecuadas para cada trabajador. En el juego, no tiene sentido asignar un molinero si aún no hay trigo, mucho menos un panadero. Si los dirigentes no se fijan en la mano de obra, material o salarios, que no nos extrañen tantas huelgas, plantones y paros viales. Otra contribución que hacen los ciudadanos son los impuestos, tan necesarios como detestables. Aquí la mayor parte de la responsabilidad recae en los gobernantes, los demás sólo debemos pagar y ya. En el juego el asunto es sencillo, sólo hay que fijarse en cuánto se cobra. Los impuestos bajos mantienen a la gente contenta, y si se es módico en los gastos, las arcas se mantendrán llenas. Para los impuestos de verdad hay que tomar en cuenta muchos otros factores: qué, cómo, y a quién cobrarle. ¡N'hombre!, si Fox armó todo un lío con su propuesta de agravar alimentos y medicinas, habiendo tanta gente exenta de impuestos (de que los escritores se encuentren en este grupo, luego hablamos). También está la cuestión de en que utilizan los políticos nuestro dinero. ¡Todo escasea, y se gastan millones en publicidad mediocre!
Hasta aquí, todo parece ser asunto de administración, pero el verdadero obstáculo para alcanzar una sociedad utópica, es la naturaleza humana. No somos programas o algoritmos a merced de un usuario, somos gente con ideas propias, sentimientos y, sobre todo, libre albedrío. Nada apreciamos más que nuestra libertad. Queremos escoger por nosotros mismos, no nos gusta que no digan que hacer, aunque sea en nuestro propio beneficio. Para que estemos dispuestos a obedecer, es necesario que alguien nos obligue, del mismo modo que los padres son severos con sus hijos. "Cómete las espinacas o no te levantas de la mesa", o "No te compro dulces porque te hacen daño". Puede que los niños lloren, pero es por su bien. A veces será necesario aplicar la fuerza, pero con medida. Mussolini regía con guante de hierro y púas, había patrullas para infundir el miedo y ejecuciones continuas. Es cierto que mucha gente vivía bien, pero no podías opinar respecto al gobierno, y se restringían las formas de expresión como pintura, teatro o música. Tal manera de gobernar no es práctica, pues la represión es demasiado obvia y las rebeliones no se harán esperar. Es posible que Mussolini haya tenido las mejores intenciones en el principio, pero el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Cómo dije antes, un poco de fuerza y severidad es algo sano. Necesitamos a alguien que nos obligue a comer las verduras, hasta las que peor saben.
El segundo aspecto de la humanidad, y obstáculo para la sociedad perfecta, es nuestra inhabilidad de sentirnos satisfechos. Por muy acomodada que sea nuestra posición, siempre querremos algo mejor. De hecho, la ambición es una virtud provechosa, mientras no se vuelva codicia, pues es lo que ha impulsado a la humanidad a incontables descubrimientos. Para evitar que aspiremos a más, hace falta hacernos creer que no hay nada más. Una forma de lograr esto es poner una pantalla adornada frente a nuestros ojos. Durante su juventud, el hombre que llegaría a ser Buda estuvo rodeado por riquezas y felicidad, su padre hizo todo lo posible por que no viera tristeza, enfermedad o vejez. Cuando el joven príncipe se dio cuenta de lo que existía más allá de las paredes del palacio, comenzó su búsqueda espiritual. Y si quieren un ejemplo más conocido, piensen en el Edén. En ese jardín había todo lo necesario, la única condición era no comer del árbol de la ciencia del bien y el mal. Esa es la clave, ciencia, conocimiento, mientras se ignoren los defectos que existen dentro o fuera de la sociedad, la utopía prevalecerá. En "Mundo Feliz" de Aldous Huxley, la población se mantiene bajo control con el suministro de drogas alucinógenas, las cuales dan un sentimiento de satisfacción, falso y perpetuo; a esto se suman la infinidad de mensajes subliminales que se transmiten continuamente, diciendo lo bien que esta todo y que felices debemos estar por ser lo que somos. No se nos droga en la vida real, pero los anuncios publicitarios de los partidos están diseñados para lavarnos el cerebro, bueno, se supone, porque las bobadas que sacan apenas son un chisguete de agua.
Sinceramente, creo que las utopías sí son posibles. Hay que empezar por darse cuenta de que una sola persona no puede manejarlo todo, deben ser varios trabajando en conjunto; y como todos tenemos un concepto distinto de la perfección, hará falta ceder un poco para llegar a los acuerdos más benéficos y productivos. Si encontramos líderes que verdaderamente sepan cómo manejar las cosas, y no sean seducidos por la tiranía, no estaría tan mal ceder algunas libertades menores con tal de vivir mejor. Lo importante es mantener nuestros derechos básicos. También, los ciudadanos debemos estar dispuestos a contribuir con lo que podamos, no subsistir cómo parásitos, esperando a que nos den y ya. Y si bien es cierto que cada persona tiene una opinión y ésta debe ser escuchada, no podemos esperar que todas las sugerencias sean puestas en práctica. Y es que una de las características de la utopía es la armonía, que cada nota se oiga en el momento más adecuado. Si todo suena al mismo tiempo el resultado es cacofonía, y en lo social sería anarquía.
Mientras no maduremos y sigamos comportándonos caprichosamente, los mundos de paz y abundancia seguirán siendo una fantasía. Pero por el momento, debo confesar que encuentro este caos reinante mucho más agradable y, sobre todo, inspirador.