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Author: EnsignAbby
Fiction Rated: K - Spanish - Romance/Supernatural - Reviews: 2 - Published: 06-10-04 - Updated: 06-10-04 - id:1633612
El Actor Por Abby Dedicado a la persona que me inspira soñar.

Actuar es vivir, ella pensó mientras estaba girando lentamente para mejorar
su visión del teatro. Las sillas donde el auditorio se sentaría apenas
estaban visibles en la oscuridad. Sí, cambiar tu personalidad, dar el
regalo de entretenimiento, estar amado por todo... ESTO es la vida.

Desde la edad de seis años y por la niñez, Matilde Valdivia quería ser actriz. Nació en una familia de siete hijos, y con hermanos mayores, hermanos menores, y más que vendrían, siempre se sentía forzada en el centro. Nadie tenía la libertad romper el sentido de seriedad; había demasiado trabajo. --No hagas esas caras, niña. Dios mío, no puedes lograr nada en la vida si estás imaginado que eres otra persona. ¡Lava la ropa!-- La voz penetrante de su madre siempre estaba en el fondo de los pensamientos de Matilde. Pero Matilde se escapó de esa prisión y ahora, años más adelante, acababa de graduarse de la universidad de drama. Matilde estaba siguiendo el sueño profundo de su corazón.

--Es usted la nueva prima donna, ¿verdad?

La voz resonada causó la señorita a voltear en alarma, los dobleces de su falda remolinando con susurro suave. La voz originó de un hombre viejo, que era doblada por años de trabajo en los sótanos bajo de la etapa. --Sí, Señor...disculpe, pero, ¿Quién es usted?

--Soy señor Víctor,-- Inclinó la cabeza, que era maldecida de calvicie. -- -He trabajado en este teatro por tiempo largo, niña. Es un placer conocerte. Todos dicen que usted será nuestra estrella, que atraerá los muchedumbres.-- Le dio una sonrisa arrugada. Matilde se sonrojó, pero no dijo nada. ¡Qué elogios, y ella todavía no había actuado o cantado! Después de unos minutos de silencio, brilló la cara del señor. --Se me olvidó,-- dijo, y sacó una pila de papel. --Me pidió la directora darle a usted ese manuscrito. Es para la nueva ópera, De Sueños. Usted representa el personaje de Sofía. ¡El papel es perfecto para ti!

Matilde frunció el ceño. --¿De Sueños? Acabo de hablar con la directora, y ella me dijo que vamos a hacer la ópera Faust. No he oído nada de lo que usted me habla.

Víctor le interrumpió. --Lo siento, ella hizo un cambio al minuto último. Ella siente que este manuscrito va a ser mejor para ti,-- él le dio el manuscrito, --La práctica empieza a las siete cada noche, y la ópera abrirá en tres semanas. Buena suerte.-- Y con eso, se inclinó y salió, dejando a la muchacha confundida y sola.

El día siguiente, Matilde apareció para el primer ensayo y estaba tan nerviosa que se sorprendió la bienvenida que recibió. El coro se introdujo, veinte o más chicas jóvenes que casi tropezaban en su ansia para conocer a la prima donna. El director del coro tuvo tantos elogios como las chicas tímidas. Poco a poco Matilde se puso más cómoda.

Estaba conversando con el coro, contestando muchas preguntas que vinían de todas partes, cuando un hombre, más o menos de igual edad que ella, con pelo castaño y ojos del mismo tono, entró al grupo. Él la vio y le extendió la mano. --Hola,-- él sonrió, --Usted debe ser mi novia, ¿Sí?

Hubo unas risitas proviniendo del coro.

Matilde sintió que sus mejillas se sonrojaban.

--¿Perdón?-- Ella le preguntó, quedando asombrada por tal pregunta.

--Bueno, creo que necesito aclararme.-- dijo el hombre. --Soy Bruno. Represento a Roberto en la Ópera...--La cara de Matilde se mantuvo neutra de expresión. --Pues...somos amantes en la Ópera, ¿o no?

Los ojos de Matilde dilataron repentinamente su comprensión. --¡Oh! Por supuesto.-- Tomó la mano de Bruno. --Sí, sí, encantada, Bruno. Me llamo Matilde. Tienes razón. Represento a Sofía, tu novia.

El moreno inclinó la cabeza en satisfacción. --He oído que cantas muy bien.--

--No sé si canto tan bien, Señor.-- Sus palabras se perdieron cuando la boca de Bruno se abrió y reveló una sonrisa brillante.

--¡No digas eso! Sabes que no es verdad.,-- Bruno contestó. --En serio, creo que vamos a trabajar bien nosotros. Anticipo con placer oírte cuando cantes.

Algo era diferente sobre él, nada de lo físico, pero hubo una sensación que Matide obtuvo de él que hizo que ella sintiera que su corazón se aceleraba. La situación entera era como un sueño, confuso pero excitante. Primero, Matilde se ganó la posición de prima donna, y luego recibe muchos cumplimientos, y finalmente, el elemento más sorprendente, un hombre quien parecía estar muy interesado en ella. Era demasiado para creerlo. Entonces, decidió aprovecharse de cada momento. Luego, se despertó de aquel trance en el cual se encontraba. Tocó la mano de Bruno.

--Sí, Bruno. Creo lo mismo también.

Las tres semanas pasaron rápidamente y antes de que los actores se dieran cuenta, el último ensayo había llegado. Los tramoyistas estaban en un estado de ansia, corriendo atrás del escenario, preparando los fondos y puliendo las luces. Todo el coro estaba practicando las armonías, estaban casi tan nerviosos como la prima donna, quien lo pasó, seguido por el primer tenor, una risa flotando en el aire. Inmediatamente la música se convirtió en un chisme.

Las dos estrellas se ocultaron detrás de una cortina, esperando por el grito que ellos supieron que vendría cuando el director se daría cuenta de que ellos no estaban practicando. No podían ocultarse muy bien, porque los dos siempre se estaban riendo. Bruno se reclinó en la pared, e hizo a un lado el cabello que estaba encima de su rostro. --¿Estás emocionada?-- Él le preguntó.

Sin aliento, Matilde se ajustó el traje que estaba adornado con joyas de cristal, y levantó la vista para verlo. En tres semanas ella había aprendido más de ese muchacho, y cada día ella estaba aprendiendo algo nuevo. Él no era como los otros muchachos que ella había conocido en su vida. Él era inteligente, simpático, siempre caballero, y por accidente, un día, ella descubrió que él nació en el mismo pueblo que ella, Cantalejo. Ella sentía una conexión con él, y, ella podía confesar, que ya estaba enamorada con él. Pero Matilde no sabía si Bruno estaba enamorado también. Entonces ella sonrió y le dio la mano. --Estoy temblando, estoy tan nerviosa.

--No te pongas nerviosa,-- él respondió, aunque estaba temblando también. Acarició la mano de Matilde. --Estoy seguro que estarás fantástica, sobresaliente, encantadora, y más.-- Ella se sonrojó. Parecía que Matilde sentía que sus mejillas se ponían coloradas con más frecuencia esos días. Era clara su razón de comportarse así. Si solamente... --No te preocupes.-- - dijo Bruno, y Matilde salió de su ensueño.

Matilde le dio uno de sus mejores sonrisas. --Gracias, Bruno, siempre eres buenísimo con mí.

--De nada.

Un silencio largo había pasado entre los dos cuando un grito sonó en la distancia. --¿Dónde están las estrellas? Les pedí que actuaran la última escena, y ¿qué hacen? ¡Se fugan!-- Ambos Bruno y Matilde asomaron las cabezas y vieron la directora Muñoz, quien estaba pasando un arrebato.

Matilde suspiró. --Vamos, Roberto.-- Ella hizo una reverencia extravagante y salió de la cortina, con Bruno detrás de ella.

La directora estaba furiosa cuando los vio. --¡Ay!, abrimos mañana, y ustedes...-- Bufó, pero dio a Bruno el anillo de bronce para la escena y se volvió para dirigir el coro y la orquesta. --Júntense para actuar la canción, La Declaración.

Bruno y Matilde encontraron sus posiciones, y esperaban que la escena comenzara. Bruno se arrodilló, e hizo una sonrisa abierta, obviamente en un humor jovial. --Sofía, dime, ¿estás lista para entretener a los espectadores?-- Si había una intención oculto en sus palabras, Matilde no la notó.

La música empezó y ella parpadeó. --Como siempre.

En la noche siguiente, el muchedumbre había hecho cola para mirar De Sueños. Corría la voz que la nueva estrella, Matilde Valdivia, tenía el talento suficiente para hacerse diva del mundo de la Ópera. No había nadie que pudiera negar el rumor; la linda joven cantaba con una voz de un ángel. Su tono era comparable con uno ruiseñor, alto y dulce. Con cada explosión de aplausos, era claro que De Sueños, y la prima donna, serían éxitos de taquilla.

En el tercero acto se estaba acercándose la conclusión, y la gente estaba nerviosa en las sillas. En la última escena, Roberto había vuelto del mundo de fantasía y ahora estaba buscando recepción en los brazos de su novia, Sofía. La mujer que lo esperaba miró mientras Roberto se arrodilló en una sola rodilla. El coro resonó:

Las puertas del cielo están abiertas Y el soldado se está acercando El amor que él abandonó desierto Ahora la promesa lo está esperando

Las luces estaban iluminando fuertemente al par, el calor intenso, aumentaba inmensamente. Bruno, como Roberto, contempló la belleza de la figura cubierta en ropa extravagante, seda de carmesí, y adornada con joyas de cristal. Él cantó:

Sofía Señorita que es mi vida Tan largo que he estado perdido Sofía Ahora yo vuelvo a ti Porque prometí ser tu marido

El auditorio boqueó al unísono cuando el señor levantó un anillo de oro, el diamante solitario sobrepasaba la brillantez de todas las luces y gemas falsas en la escena. Un silencio siguió. Matilde, en un estado de sopresa, olvidó su personaje de Sofía y, de repente consciente del gente en las sillas, se inclinó hacia Bruno. --Éste no es el anillo que siempre hemos usado.-- Ella susurró.

Ella solamente recibió una sonrisa y una frase susurrada en cambio. --Yo espero tu respuesta despues de la cortina final.

Y con esto él puso el anillo sobre el dedo anular de Matilde.

El coro, con su verso final, se apagó en el fondo y a Matilde, el aplauso de la gente solamente fue un respiro en los oídos, vago y diferente. La única persona que le importó fue el hombre en frente de ella: Bruno.

La cortina cerró, y todo se oscureció. El auditorio estaba gritando por un Encore, y el coro se congratulaban, pero las dos estrellas estaban sordas al mundo.

Matilde rió.

La noche estuvo llena de celebración por la Ópera y por el noviazgo de las dos estrellas. Vasos de vino rojo y manzanilla fueron pasados en honor a la ocasión, y por el amanecer, los cantos del coro (quienes estaban un poco pasados del vino) fueron oídos en las calles cerca del teatro. Matilde y Bruno no estaban tan felices, y apenas prestaron atención a los comentarios del director y los otros. Los amantes solamente estaban concentrados en ellos mismos.

Finalmente, cansados y en un buen humor, Matilde y Bruno llegaron a la puerta de la casa de Matilde. La luz se reflejaba en sus rostros. En esta escena los dos se separaron para que Matilde descansara antes de la segunda presentación de De Sueños. Bruno salió del escenario con un beso y dulces promesas, y aunque Matilde sabía que había otra presentación esa noche, tuvo el presentimiento que no vería a Bruno por mucho tiempo, como si estuviera en el clímax de un final trágico. Pero ella forzó esos pensamientos afuera de su mente y se preparó para acostarse y soñar de su nuevo futuro con Bruno.

En la tarde, después de un buen descanso, ella entró el teatro, refrescada y anticipando con placer la noche en la cual podría hablar con Bruno otra vez. Olvidando las advertencias de su corazón recientemente, Matilde emergió en el escenario y fue sorprendida al ver que las escenas para la ópera había sido sacadas y que estaba vacío.

Ella estaba meditando la significación de esto cuando la Señora Muñoz entró por la puerta a la derecha. Matilde estaba agradecida al ver una persona familiar que tendría las respuestas a sus preguntas. --¡Directora!-- ella exclamó.

--¡Aja! Señorita Valdivia, aquí está.-- La mujer dijo con una sonrisa. Aceleró su paso y la cola de su vestido antiguo fue rezagada. --Estaba esperando hablar contigo esta tarde. Necesitamos discutir tu horario para que podamos organizar las prácticas de Faust.

--¿Faust, tan temprano? Acabamos de empezar las presentaciones.-- Matilde no terminó la frase. Estaba completamente confundida.

Muñoz pareció confundida también. --¿De qué está hablando.Cuál ópera?

--De Sueños.-- Matilde contestó, frustrada de que la directora no pudo recordar nada.

--¿De Sueños? No la he oído. ¿Y dice usted que presentamos esta. De Sueños... anoche?

--Sí, fue un gran éxito.-- Matilde estaba al punto de llorar, más allá de confundida, ahora asustada.

Hubo un gran silencio. Finalmente, después de pensar, Señora Muñoz habló. -- -¿Estás loca?

La muchacha rió a carcajadas, como si fuera demente en realidad. --Es una broma horrible.Sé que la presentamos. Tengo el manuscrito, y Señor Victor dijo que.

La expresión de la directora fue grave. --¿Señor Victor?-- Murmuró.

--Sí, un hombre viejo que trabaja aquí. Él me trajo el manuscrito.-- Matilde replicó intranquilamente.

El color desvaneció de la cara de la directora. Fue obvio que estaba alarmada. --Niña,-- ella dijo silenciosamente. --Señor Victor murió hace veinte años.

Matilde no pudo hablar. La revelación de este hecho ridículo causó a ella a reconsiderar todo lo que pasó las tres semanas pasadas. La única cosa que ella pudo hacer fue palidecer.

En ese minuto alguien apareció en el escenario. Matilde oyó las pisadas detrás de ella, pero no se volteó para ver quién era.

La directora, feliz de que alguien interrumpiera la conversación extraña, saludó al recién llegado. --Señor Guzman, está temprano.-- Ella hizo una seña a Matilde. --Señorita Valdivia, quiero que conozcas a nuestro nuevo actor, Bruno Guzman.

Al nombre del este personaje tan conocido, Matilde lloriqueó, se volteó, y lo abrazó tan rápido que el hombre no pudo hacer nada pero estar sorprendido. --Ay, Bruno. Estoy feliz que estés aquí. Todo ha cambiado. Yo pienso que esto es una broma o que estoy en un pesadilla. no sé cuál.Todo es confuso. Pero ahora sé que lo que ella dijo no es verdad porque estás aquí.-- La pobre muchacha siguió hablando para convencerlo, pero sus intentos fueron inútiles. En su mente, ella temió que si dejaba de hablar, su novio desaparecería. --No estoy loca, no estoy loca.--habló entre dientes.

Pasó un momento en que nadie dijo nada. La directora simplemente miraba la situación, preocupada de la cordura de su prima donna. Bruno buscaba una persona la cual pudiese explicarle lo que estaba pasando mientras Matilde lo apretaba, murmurando rezos apenas audibles. Finalmente Bruno interrumpió el silencio con una risa nerviosa. --Perdóneme señorita, pero creo que no soy el 'Bruno' que usted conoce.

Ella retrocedió, ahora totalmente convencida que aquello era la realidad. Parecía que las tres semanas pasadas, llenas de tanta emoción, no existieron, aunque Matilde sintió dentro de ella que algo pasó, porque todavía no podía admitir que estaba loca. El dolor en su corazón era testimonio. En tiempo, quizás comprendería lo que ocurrió, pero primero necesitaba afrontar el presente.

Matilde sonrió débil y se separó de Bruno, riendo para mostrarlo que no estaba descompuesta. --Estoy convincente, ¿no?

Señora Muñoz y Bruno la miraban con miradas de incomprensión.

--Fue un acto.-- Ella mintió.

La directora y Bruno pausaron por un segundo, y al alivio de Matilde, Señora Muñoz rió con ella. --Ay, niña, eres muy talentosa. Por un momento yo creí que estabas borracha o algo así.-- La mujer y el hombre parecieron divertidos. --Bueno. Bruno, esta muchacha es nuestra prima donna, Matilde Valdivia. Será una buena adición al reparto, ¿verdad?

En una manera bromista, él hizo una reverencia dramática. --Es un placer a conocerte, señorita.-- Se arrodilló y tomó la mano de Matilde. --Y sí, creo que usted será una adición perfecta aquí.-- Dijo, riendo.

Matilde no pudo decir nada porque cuando Bruno tomó su mano, se dio cuenta del anillo de oro con un diamante solitario en el dedo de ella. El anillo que, en otro tiempo, Bruno le dio. Agradable que tenía este símbolo para memoria, Matilde observó el hombre en frente de ella, en la misma posición en la misma etapa donde él hizo la propuesta de matrimonio, y una lágrima goteó hacia su mejilla. Con un sentido de deja vu, ella empezó a cantar silenciosamente:

Las puertas del cielo están abiertas Y el soldado se está acercando El amor que él abandonó desierto Ahora la promesa lo está esperando

Bruno sonrió a ella. --Que bonito.-- dijo en un tono quieto. -- ¿De dónde es?

Matilde sintió una emoción que no pudo distinguir, pero sabía, por alguna razón, que todo estaría bien. Tenía la oportunidad, algún día, de enamorarse otra vez. Con esta esperanza, le dio a Bruno una sonrisa suave. --Es de una ópera. De Sueños.



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