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Fiction » General » La puerta font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Ahuitl
Fiction Rated: K - Spanish - General/Angst - Reviews: 2 - Published: 06-28-04 - Updated: 06-28-04 - id:1650592

La puerta

Completamente abierta. Lo invitaba a pasar por ella. Parado miraba aquella puerta. Abierta por su voluntad, y por su voluntad podía cerrarla, si quisiera. Pero no quiere.

Mira lo que hay más allá. Es atrayente; da la impresión de ser un espejismo que en cualquier momento desaparecerá. Debe cruzar antes de que se desvanezca. Duda en hacerlo. No sabe que pasará si se atreve a cruzarlo. Fue su voluntad lo que hizo que eso pasara. Lo sabe; pero aún así, no encuentra el valor suficiente para mandar a sus pies que den los pasos necesarios para atravesar el quicio de la puerta.

Oye algo del otro lado. Todo se ve brillante tras el umbral y atrayente.

La razón le dice que tenga cuidado. Su sentido de aventura le dice que se apresure o perderá la oportunidad. Su corazón bombea sangre cada vez más aprisa, y siente los pies pesados como losas de piedra. El temor no lo deja continuar. Temor a lo desconocido, a lo que pueda haber del otro lado; a lo que pueda pasar de este otro en cuanto se atreva a pasar por el umbral. Siente los dedos pesados, como si se hincharán en un esfuerzo por querer mantener apretados los puños. Parece como si ya no le pertenecieran. Han dejado de ser sus manos. Como si nunca lo hubieran sido. Se han vuelto partes extrañas ajenas a su cuerpo.

Los pies, siguen sin responder débiles señales que manda de su cerebro para que se muevan, para que avancen. ¿Eso es lo que quiere?; tal vez no está del todo convencido, de ahí la debilidad de la orden.

Una gota tibia atraviesa su cara. Otra. Otra más. Su cuerpo gobierna en estos momentos. No sabe que son las gotas, ¿será sudor?, o acaso ¿serán lágrimas?. Lágrimas no pueden ser, ¿Por qué habría de llorar en un momento como éste?.

Por un instante piensa en pasarse una mano por la cara. Pero sus manos, entes ajenos ahora, no cumplirían tal ocurrencia.

La puerta sigue abierta.

Su misterio es atrayente, seductor; pero aún así, intimidante.

Trata de inhalar, de tomar aire; sus pulmones han caído en un letargo, y solo lo dejan respirar en pausas, como si inhalar con profundidad fuera demasiado trabajo.

 Una profunda pesadez se adueña de todo su cuerpo ahora. No puede avanzar. Quiere hacerlo, pero no puede.

Mira los destellos del otro lado, y una añoranza dolorosa le atraviesa el pecho. Un sentimiento de pérdida, de desilusión le aguijonea todo su ser.

No avanza. Debe hacerlo, o se quedará aquí. No puede quedarse.

El dolor en el pecho se acrecienta. Una horrible y desgarrante nostalgia, combinada con frustración, amenaza con destrozarle su interior.

Debe avanzar. Quedarse aquí con esas terribles sensaciones, no es lo que pensaba cuando abrió la puerta. Debía cruzar. Pero no podía.

La opresión crecía en su pecho, mientras la sangre bombeada hacia su cabeza, poco a poco se convertía en una estampida, que se acumulaba más y más. Crecía un dolor, un incesante dolor que quisiera taladrarle el cerebro.

No podría cruzar. No podría.

El colapso llegó. El agotamiento de su cuerpo fue extremo. El límite de su mente fue rebasado; la irracionalidad se había apoderado de ella. 

Largo pareció el periodo mientras su cuerpo caía. Sin haber cruzado la puerta, ahora caía y caía. El suelo estaba aún lejos cuando vio la puerta cerrarse lentamente, al mismo tiempo que él seguía cayendo. Una última mirada le hizo saber que la puerta ahora estaba cerrada; mientras su cuerpo chocaba con el frío suelo. Y ahí permaneció, con sus ojos fijos en la puerta, con su mirada ansiosa y vacía, esperando verla abierta de nuevo.

Gente atareada, médicos intentando resucitar a un hombre. Golpeaban su corazón, clavaban agujas en sus brazos. El hombre no respondió. Nunca salió de aquel coma tan profundo, en el que había entrado.



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