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Fiction » General » Sonata de Claro de Luna en un callejón oscuro font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Niza Niabock
Fiction Rated: T - Spanish - Drama/General - Reviews: 16 - Published: 07-29-04 - Updated: 05-20-08 - id:1679740
El profesor hablaba y hablaba. Yo, normalmente el primero de la clase, el de mejores notas, el siempre atento, no lo escuchaba. No estaba anotando materia en mi cuaderno; me dedicaba a dibujar. Mi cuaderno estaba lleno de dibujos, había comenzado a dibujar unos meses atrás. Desde... pues... desde que descubrí que le quería. Su figura llenaba cada página... y era inevitable. Se sentaba un poco más adelante que yo, y yo le observaba embelesado, cuidando cada detalle, estudiándolo...

Su erizado pelo castaño semioscuro me hechizaba, al igual que sus oscuros ojos, negrísimos, profundos. Su mirada me ponía nervioso a veces. El sólo hecho de que me mirara, de que se fijase en mí me ponía nervioso. Me causaba una felicidad extrema saber que contaba con la sincera amistad de Hillel Sven.

“Señor Vallyes, ¿podría repetir la pregunta que formuló el señor McCornall?”

Di un respingo al oír mi nombre y miré al impaciente profesor frente a la pizarra. De seguro notó que no estaba atento a su clase...

“Eh... lo siento señor... no escuche--“

Casi interrumpiéndome habló enojado.

“Mi trabajo aquí es enseñarles, señor Vallyes, y si usted no está interesado en la materia, le agradecería que fuera a hacer lo que está haciendo a la oficina del director.”

Escuché una leve risa, pero no identifiqué de quién. Murmuré un 'lo siento' y abrí una página nueva. Noté sobre mí la mirada de Hillel y simulé no verlo. No aparté la vista del cuaderno hasta que sentí que ya no me miraba.

Apenas la campana tocó dejé mis libros y corrí al baño. Sabía que Hillel no tardaría en seguirme, por lo que lo esperé encerrado en un cubículo. No fueron muchos segundos los que pasaron antes de oír su voz.

“¿Zack? ¿Estás ahí?”

Salí inmediatamente. Él hablaba, yo respondía. Él pedía, yo entregaba, lo que él deseara era hecho.

Me notó sonrojado e interrogó.

“¿Pasó algo? Estás extraño...”

“No, nada, me sentía un poco mal, nada más...”

Seguro que no me creyó palabra, mas yo sonreí, como siempre, y eso lo tranquilizó. Si bien la mitad de mis inocentes sonrisas estaban para esconder un llanto, él se sentía mejor al verlas. Yo lo quería feliz, hubiera hecho lo que fuera por él, incluso engañarme a mí mismo tan deliberadamente.

“Oye...” habló. “Las entradas para el concierto casi se acababan, así que fui a comprar en la mañana.”

Mi corazón dio un vuelco. ¡El estúpido concierto! Mi única oportunidad para estar a solas con Hillel, sin que ÉL interrumpiera. Sí, ÉL va con mayúsculas. Y es que es una mayúscula molestia a veces. Lo sé y lo reconozco... nos llevamos de maravilla, es mi segundo mejor amigo, pero... acapara toda la atención de mi Hillel. Sí, MI Hillel. Van juntos a todas partes, duermen en la misma habitación, se abrazan, se sonríen... y yo, pues, me pongo celoso. Y es que creo que no puedo competir con Matthew Sven. Sí... su hermano. Su gemelo para ser más precisos. Volvió a la vida de Hillel hace cinco años, cuando teníamos doce. Y desde entonces no se separan. Su mejor amigo y no soy yo, somos NOSOTROS. No he vuelto a pasar un minuto a solas con Hillel desde su aparición. Y no es que yo lo culpe, pero no me atrevo a decirle nada si está Matthew. Por es quería decírselo en el concierto... ¡pero ahora Hillel me decía que se agotaban las entradas! Maldije mi suerte.

“Creo que iré a comprar la mía después de clases,” refunfuñé. “Si no quedan... lo siento, no podré ir...”

Para mi sorpresa Hillel rió.

“¡Qué dices, tonto! Te compré una entrada.”

La felicidad resplandeció en mi rostro. ¿Estaba Hillel diciéndome que iríamos juntos, solos? Erré de la peor manera.

“Compré las entradas para los tres,” añadió.

Mi horror se debe haber reflejado en extremo. Hillel me miró con extrañeza y preguntó.

“¿Y esa cara?”

No pude responder a su pregunta.

“¿Para los... tres?” fue lo que salió de mis labios.

“Pues... sí, ¿algún problema?”

Disimulé mi desilusión como pude.

“No, para nada, es que... pensé que Matt no iría...”

“Cambió de opinión. Dice que estudiará otro día, que el concierto no se lo pierde con nada.”

Me enojé un poco. ¿No había dicho Matt que el concierto no le interesaba en lo absoluto y que debía estudiar con urgencia? La Ley de Murphy apareció en mi mente como un karma.

“Ah... bueno... iremos entonces los tres,” dije, con mis mejores aptitudes de actor.

“OK, nos iremos de tu casa un par de horas antes entonces.”

“Hillel, ustedes viven conmigo” alcé una ceja.

“Lo sé, lo sé, es que quería que estuviéramos de acuerdo.”

No pasó un segundo y entró el espejo de Hillel. Igual de hermoso pero de una forma más fría... me miró sin expresión en sus ojos grises, claros. Si bien la mirada de Hillel me anervaba, la de Matthew me asustaba. Matt no era del tipo sonriente y cariñoso el 90% de las veces: el 10% lo guardaba para su hermano. No entiendo por qué yo sentía tanto cariño hacia Matthew... quizá porque era el hermano de... de quien yo amaba, creo. Aún así sonreí y lo saludé.

“¡Hola Matty!”

Frunció el entrecejo de forma levísima, pero yo lo noté. Saludó de vuelta.

“Hola Zack...” luego se volvió a su hermano. “Oye Hillel... ¿en la tarde me ayudas con la materia de Química?

Hillel se encogió de hombros.

“Entiendo tanto como tú.”

Pensé en ofrecerle mi ayuda, pero esperé a que él me preguntara. Me miró por unos segundos, pero no se dirigió a mí. Por último suspiró.

“Le pediré ayuda a Mike entonces...” dijo, y salió.

Me dieron ganas de salir y gritarle ‘¡Hey, Química es mi materia fuerte, he tenido sobresalientes en todos los exámenes, te ayudo en lo que quieras!’ pero no lo hice. Siempre he sido callado y, si no fuera por mis notas y por juntarme con los gemelos Sven, pasaría desapercibido en el colegio. Me apenó que Matt no hubiera pensado en mí como ayuda en su materia, pero lo olvidé enseguida. Posé mis ojos otra vez en Hillel y, con pesar, escuché la campana anunciando el inicio de clases.

***

Salimos cansados. Las arduas clases de repaso para los exámenes finales nos estaban volviendo locos a los tres. Ni Matt ni Hillel eran excelentes alumnos, por lo que mi trabajo era mayor si tenía que enseñarles. Llegamos a casa bastante más tarde que de costumbre. Tan cansados estábamos que caminamos como tortugas. La caminata de cuarenta minutos de hizo de casi dos horas, por lo que era casi noche cuando llegamos. Mi mamá nos saludó sonriente al llegar, y los tres, exhaustos, entramos a mi habitación. Nos dejamos caer sincronizadamente en la cama y suspiramos. No hubo movimiento hasta la cena.

Comimos rápido y volvimos a tirarnos en la cama. Ninguno quería estudiar, por lo que lo dejamos para luego. Yo no hacía más que mirar a Hillel, pensando en la tarde del siguiente día, la que yo había planeado para nosotros, en la que ya no me atrevía a confesarle mis sentimientos.

***

El día siguiente pasó muy rápido, gracias a Dios. Yo quería que fuera la tarde. Tal vez no estaría a solas con Hillel, pero de todas maneras estaría con él de una manera más libre que otros días. No fue un día de grandes eventos. Lo único remarcable puede ser una pelea entre Matt y Fred Nascher, la que ocasionó una gran pérdida de sangre (de parte de Fred) y una visita al director (de parte de Matt). Terminó por solucionarse de alguna forma que nunca conocí y, al finalizar las clases, volvimos a casa. Salimos casi enseguida, el concierto no tardaría en comenzar. Llegamos con una hora de adelanto y entramos, junto con muchos otros fans, a la cancha. La banda principal se hizo de esperar bastante, cosa que a mí no me incomodó mucho, pero los demás se empezaron a poner nerviosos. Muchos comenzaron a acercarse al escenario con cada muestra del grupo en aparecer, y casi muero por arrollamiento de fans en éxtasis. Hillel, riendo, me ayudó a pararme, y, dedicándome una de sus más hermosas sonrisas, fuimos a un lugar seguro. Matt nos acompañó. Estaba sonriendo como nunca. Creo que ese grupo siempre le encantó...

Cuando los integrantes salieron y comenzaron a tocar, los gritos atronadores de los fanáticos casi me dejan sordo. Pude ver a Matt gritando con toda la potencia de sus pulmones. Hillel miraba y escuchaba emocionado, tocando guitarra en el aire, pero yo no atendía. Sólo tenía ojos para él. Eché un rápido vistazo a mi alrededor. Muchas parejas se besaban con pasión, sin siquiera hacer caso a la gente que los rodeaba y oprimía. Por una centésima de segundo nos imaginé a Hillel y a mí así. Me sonrojé mucho. Más de una vez pensé en confesarle todo, pero no me atreví. Al verlo tan hermoso, tan inocente, temí perder lazos en nuestra relación, que si bien no eran del tipo de lazos que yo deseaba, eran fuertes y muy importantes para mí. Hillel había tenido novia varias veces, y yo... pues... nunca creí que él pudiera fijarse en mí. Como amigo, sí, como una clase de hermano. Nunca como algo más. Se me hizo eterno el concierto. Estuvo genial cuando logré ponerle atención, pero no logré mi cometido; no se lo dije a Hillel. Me decidí por contárselo en otra ocasión, aunque no pensé en ningún día en especial.

Terminó más rápido de lo que yo pensaba. Lamenté tener que volver a pie a casa, de noche por barrios oscuros. Caminábamos tranquilamente cuando Matt se alertó. Miró sobre su hombro, frunciendo el entrecejo. Yo me volví también, al igual que Hillel, ambos curiosos. Un poco más atrás pude ver a dos tipos vestidos completamente de negro que caminaban en nuestra dirección. No pude ver sus caras, ya que los largos abrigos y los sombreros cubrían toda su figura. Sentí que podían estar siguiéndonos, pero no lo afirmé por completo. Matt sí lo hizo. Se veía nervioso, casi asustado. Se volvió hacia nosotros.

“Hillel, Zack, sigan adelante a paso rápido. Yo voy a ir vigilando.”

Obedecimos sin titubear, algo contagiados por su preocupación. Caminamos un par de cuadras sin voltear atrás, acelerando el paso un poco. Después de unos cuantos minutos Matt se volvió otra vez. Noté horror en su cara cuando vio que los tipos aún nos seguían.

“Mierda...” oí que susurraba Matt con temor. Luego nos miró y habló. “Entren en el próximo callejón... vamos a perderlos.”

Sin decir una palabra Hillel y yo seguimos caminando. Entramos en el callejón siguiente, como Matt había pedido, y lo escuchamos entrar tras de nosotros. Los pasos de dos personas más también se escucharon, y los latidos de mi corazón se aceleraron. Hillel, unos minutos después, se detuvo de golpe y tragó saliva. Yo, atendiendo a su reacción, miré al frente. Callejón sin salida... Temblé y me volví. Matt ya enfrentaba a los tipos que nos seguían, que continuaban caminando en nuestra dirección.

“¡Oigan! ¿Cuál es su prob--?” Se detuvo. Uno de los tipos, el más alto, lo afirmó por los hombros. Matt trató de soltarse, enfurecido, sin lograrlo. “¡Suéltame!”

Hillel y yo retrocedimos hasta topar la pared con nuestras espaldas. El otro tipo caminó hacia nosotros hasta que pudimos sentir su respiración en nuestras caras, pero aún así no logramos ver su rostro. Era un poco mas alto que yo, casi podría afirmar que del porte exacto de Hillel. Lo sentí joven... como de nuestra edad. Pero al mismo tiempo sentí en él algo que me inspiraba desconfianza, algo que no era humano. Metió las manos en los bolsillos de su larga chaqueta negra y pude suponer que nos miraba con despreocupación. Noté una sonrisa en su boca, la única parte de su rostro que veía.

“Hola”, saludó tranquilamente. Su voz me sonó familiar en extremo. Ni Hillel ni yo respondimos al saludo. Él rió levemente. Miró a Hillel.

“Tú eres un Sven, uno de los gemelos, o Hillel o Matthew, no puedo estar seguro...”

Se volvió hacia el tipo que sostenía a Matt y le hizo una seña. Él se acercó a un farol y, sin mucha delicadeza, expuso la cara de Matt a la luz. Matt miró al joven no humano con temor en sus claros ojos grises. El que nos acorralaba sonrió y se volvió nuevamente a mirarnos.

“Ojos grises... él es Matthew. Por lo que tú...” se dirigió a mi amigo, “debes ser Hillel.” Luego me miró a mí. “Y tú Zack Vallyes.”

Aunque lleno de temor, me atreví a contestarle.

“Mis amigos me llaman Zack. Mi nombre es Zachary.”

Él no hizo más que sonreír.

“Bien entonces, Zachary.”

“¿Qué es lo que quieres?”

“Vas a saberlo en un minuto.”

No comprendí a que se refería, pero no tardé nada en averiguarlo. Sacó las manos de los bolsillos sosteniendo dos objetos negros, con los que nos apuntó, tocándonos el pecho. Fue Matt el primero en darse cuenta de que eran. Gritó desesperadamente, tratando de soltarse de quien tan firmemente lo sostenía. Luego, Hillel y yo reaccionamos, al comprobar con horror lo que eran. Pistolas. Nos apuntaba con pistolas en el pecho sin dejar de sonreír. Entramos en pánico al instante. Lo miramos con terror, mientras seguíamos escuchando los gritos desesperados de Matt.

“¡IMBÉCIL! ¡SUÉLTALOS, DÉJALOS!”

Haciendo caso omiso a los gritos de Matt, nos presionó más contra la pared con ayuda de las pistolas. Miré un segundo a Hillel. Estaba pálido y tembloroso, parecía que fuera a desmayarse en cualquier segundo.

“Hay uno de ustedes que no caminará hoy a casa...” habló.

Matt seguía gritando con desesperación.

“Y ése será...”

Fue increíble todo lo que pasó por mi mente en el segundo que siguió a esa frase. Mi cerebro trabajó como nunca para idear un plan. Las palabras de nuestro captor resonaron en mi cabeza. ‘Hay uno de ustedes que no caminará...’ ‘Hay uno de ustedes...’ ‘Uno de ustedes...’ ‘Uno.’

Mi mente fue un torbellino de ideas. Era Hillel o era yo. Miré al exhausto Matt a unos pasos de mí y casi pude sentir su dolor. Hillel era su hermano... su gemelo. Su muerte sería para él más que insoportable. Luego miré a Hillel. Estaba perfecto aún así blanco por el miedo. Su vida... debía continuar. Debía hallar una novia... y ser feliz. En mi mente le dije adiós y, sin pensarlo dos veces, tomé la mano que sostenía la pistola en mi pecho. Quien la mantenía sujeta me miró, confuso, pero no alcanzó a decir nada más. Yo ya había presionado el gatillo.



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