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Fiction » Mystery » El Serke font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Arkaham
Fiction Rated: K+ - Spanish - Fantasy/Mystery - Reviews: 2 - Published: 10-30-04 - Updated: 02-19-05 - id:1749615

Ahora la ciudad vacía de todo, de ruido de calor, de vida esperada pacientemente en las horas nocturnas a que un grupo de personas decidiera su destino, aquel hombre santo, el chaman ya les había aconsejado y les había dicho que permanecería en la ciudad, al lado de aquel que llamaban serkë, viviendo en la plaza con recursos enviados por aire.

Platicaba con aquel hermoso hombre al que los relatos de sus ancestros confirmaba era el serkë, un hombre de apariencia joven, de carácter gentil a veces y extremadamente agresivo otras, sus ojos ardían de una furia antigua mitigada por la paciencia, había veces en que el anciano temía por su vida confiando solo en su circulo mágico, pues este serkë tenía la cara coloreada de intensos carmines y sus labios parecían mas intensos y suaves, y otras se le veía como la primera ves, pálido como la nieve, sin color y triste, sus cabellos refulgían como el fuego, era lo único se que destacaba de la piel sosa de la ciudad.

Pronto se marchara a otra ciudad. Anuncio el anciano, el serkë caminaba a su alrededor fuera del circulo mágico, - ya no quedan alimentos es esta ciudad - concluyo con voz serena el anciano, aquel hombre le miraba atentamente, como olfateando a la vez el viento.

El chaman había llegado a esa conclusión tras varios días de charla, una charla muy rústica por las pocas palabras que se entendían mutuamente.

-Estos son días para darle caza -añadió el anciano, aquel contemplo el cielo, dos aviones militares cuidaban su ronda. Bajo la cabeza comprendiendo a que se refería, y asintió.

Así el anciano volvió finalmente tras varios días de estar con el serkë, Volvió dando sus últimos consejos al presidente y sus hombres había mas de una razón para dudar de esta decisión, que incluía sacrificar muchas vidas.

Amanecía finalmente tras varias horas de charlas, amanecía gris y frío, el ejercito entro a la ciudad, los soldados lidereando con sumo cuidado seguido de tanques y otros aparatejos militares, con miedo caminaban, en grupos compactos y numerosos, temerosos de cualquier sonido ajeno a los suyos.

El miedo los congeló a todos.

En una banca de tantas plazuelas estaba sentado aquel hombre de eterna juventud, sus cabellos rojizos ligeramente se movían con la brisa de madrugada, instintivamente muchos alzaron y apuntaron sus armas al serkë que ni siquiera les miraba, simplemente dejaba reposar su cabeza y su cuerpo en esa banca, ladeo un poco la cabeza con el sonido de las armas.

Sonreía satisfecho.

Los minutos pasaban silenciosamente, el suave ronronear de los motores de los tanques marcaban el lento paso de los segundos, la criatura frente a sus ojos les irradiaba tanto miedo a sus corazones y almas que muchos temblaban, sudaban y posiblemente hasta mojaban sus pantalones.

-"Ai Laurië lantar lassië súrinnen"- dijo suavemente poniéndose de pie. Los soldados dieron paso atrás, sus congelados dedos no jalaban del disparador.

Los tanques apuntaron uno a uno, con un sonido sordo a cada movimiento, retrocedieron los soldados con esta señal, serkë sin embargo se volvió a ver al horizonte, como si no le importara lo que fuera a pasar, pesadamente camino a ellos, desafiándolos en sus mas grandes miedos, a cada paso el terror se apoderaba de ellos. Sin duda no les habían dicho nada de lo que pasaba en la ciudad, pobres inocentes que habían venido a morir creyendo que pelaban solo contra un asesino.

Si, un asesino que mataba por diversión y se alimentaba de la carne de los hombres que mataba, serkë logro acercarse a uno de ellos, completamente paralizado en su lugar, pálido y probablemente mojado en sus pantalones, le sonreía con cierta gracia, observándole, midiéndole.

La carnada.

Como un suspiro Serke penetro el pecho del joven soldado, con su mano desnuda, a sorpresa del mismo soldado saco el corazón palpitante mostrándolo orgullosamente, lo alzo sonriente. El pobre hombre cayo al suelo sin expresión alguna.

El viento cambio de dirección repentinamente, había sido tan suave y sutil, que nadie lo noto, estaban demasiado tensos, concentrados en vigilar al asesino, demostrando una ves mas porque de su miedo hacia él..."el serkë"

Comenzó con un pequeño sonido, el disparador de aquella extraña batalla, serkë les sonreía a cada salto evitando sus mortíferas arma y cada ves sacando un corazón. Alguien fríamente ordeno el cese al fuego, el silencio reinaba nuevamente. Había bajas, claro, hombres sin su corazón yacían en el suelo manchando el asfalto, y la clara señal de su enemigo radicaba en si mismo. serkë de pie en la parte mas alta de uno de los tanques, decorado con señales extrañas en los costados, de pie mirando hacia el origen del viento.

-"ar ilyë tier unduláve lumbule" -susurró de nuevo, los soldados a su alrededor tenían gana de seguir disparando tenían medio querían salir de ese lugar.

-¿Qué es lo que les hace a mis hombres? -preguntó el presidente señalando con furia uno de los monitores de la sala, el chaman sonrío, pidiendo que le mostraran fotos de los "garabatos" dibujados en el tanque. Aunque no se necesitaba ser un experto para descifrar aquella ación, en uno de los monitores con una vista aérea se notaba claramente el dibujo de una estrella rodeando a los soldados y dejando en el centro al serkë y el tanque.

Curiosamente el viento había cesado, los hombre seguían con inmersos en el miedo, abrazados por la desesperación contenidos solo por su profundo sentido del deber. serkë los miraba a todos y cada uno, examinándoles exhaustivamente, bajo del tanque y camino entre ellos, palidecían, ahogaban un grito, se tambaleaban.

Sus ojos verdes se posaron en un soldado, el mas joven de grupo, no temblaba estaba tranquilo, y le vigilaba, parecía demasiado confiado en si mismo. Camino hasta ese joven soldado sin quitarle la vista un solo momento. Serke sonrió.

Un extraño sonido metálico resonó, todos miraron hacia el tanque con las marcas, en cuestión de segundos se abrió y sus tripulantes salieron como locos, mas el ultimo en salir fue sujetado por algo y lo jalo al interior, gritos desesperados fueron emitidos

-"elye hiruva i moina" -le dijo al joven en bello susurro antes de volver al tanque rápidamente, introduciendo en él, descubrió al soldado aun con vida suplicando vio otro dos cuerpos arrumbados en el interior doblados de manera irreal. Poso su mano en el cuello del hombre rompiéndole el cuello y terminando su vida dándole la oportunidad de dejar de sufrir

-No tenias que hacer eso - reclamó una vocecilla desde las sombras, el serkë simplemente se giró un poco lo suficiente para ver el origen de aquella dulce y pequeña voz, gateo una niña a la luz, no mayor de los 8 años, hermosos bucles dorados, piel blanquecina labios rosados, una hermosa muñeca, se puso de pie con cara triste, como apunto de llorar.

Tenso todos y cada uno de sus músculos, como gato listo a saltar sobre su presa, sus ojos verdes jamas se apartaron de esa niña, o lo que parecía ser una niña.

-¿Porque siempre interrumpes a la hora de la comida? Eres malo -regañó la niña, en escasos instantes él salto para atraparla, solo obtuvo el aire, furioso salió deprisa del tanque, los soldados estaban en grupos, con todas sus armas dispuestas, los tanques vacíos, el miedo reinaba silenciosamente. Miro a todos, tenia que actuar aun mas deprisa, ser mas ingenioso, aquel ser hambriento podría estar en cualquier lado, una oportunidad así se le había ido desafortunadamente era la única forma para detener aquel ser con aspecto de niña.

-Avá rucal !!- les grito con sonora orden, todos reaccionarios al contrario de la orden, temieron mas, no teman, no teman... se decían entre ellos, pero como no temer si entre ellos estaba ese el serkë.

-si es él... -alcanzó a oír una dulce voz entre un grupo de solados, la niña había salido de alguna sombra buscando su protección, sus hermosos ojos verdes ardían con ira centenaria, esta ves no podría falla. La inocencia que emanaba de aquel ser en su bellísima forma de niña inspiraba un ciego valor para defenderla del pelirrojo Serkë.

En su carrera para atrapar a la niña cabo con la vida de varios soldados, mas conforme se acercaba a la niña los soldados ya sin miedo le rodeaban se enfrentaban se le colgaban, deteniéndole, por mas que gritara que esa cosa, la niña era el asesino de la ciudad ninguna de sus palabras podía ser entendida. Por mas fama que tuviese y mas magia que supiera, siempre había sido detenido del mismo modo. Alguien entre sus cosas portaba una poción, ahora conocida como una medicina para hacer dormir en cuestión de segundos.

Esa tarde, el presidente del país, mando encerrar a aquel que decían el serkë al lugar mas inaudito de la tierra, nadie se explicaba como es que habían caído en un engaño tan simple, culpar a alguien mas. Aquella pequeña niña y algunos soldados a atestiguaron de los eventos. El serkë no volvería a la civilización en mucho tiempo y el mal que asolaba al país había sido eliminado, al menos por el momento.

El joven soldado se mudo de país ofreciéndose de voluntario como guardia de la prisión del serkë fue uno de los pocos sobrevivientes a los hechos que años mas tarden acabaran con la población de su tierra natal y el único responsable de la huida de semejante ser.

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Ai Laurië lantar lassië súrinnen - Ah doradas hojas caen con el viento

ar ilyë tier unduláve lumbule -Y todos los caminos lamidos desaparecieron

Avá rucal -No teman

Serke - Sangre

Ümea -mal


Kidlybeth gracias por esperar y por el maravilloso comentario que lo he tenido muy en cuenta . Besos



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