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CAPÍTULO V: CIUDAD EN LLAMAS
El sonido de un cuerno de caza rompió el silencio de la noche: una nota clara profunda y sostenida, que se multiplicó al reverberar entre los muros de piedra, como si en vez de ser uno, fuesen miles.
En un momento, la alerta y la confusión cundieron en la fortaleza. Los guardias supervivientes despertaron sobresaltados, buscando sus armas en medio de la oscuridad. Los atacantes, sabiéndose descubiertos, abandonaron la cautela que los contenía y subieron la empinada ladera a la mayor velocidad posible: el éxito de su misión radicaba en un ataque sorpresivo que pasara desapercibido, pues la privilegiada ubicación de la ciudadela la hacía fácilmente defendible aun por pocos hombres.
Nicholas no esperó a ver los resultados de su alarma. Arrojó el cuerno tras pocos segundos, empuñó el arma que no abandonara durante días y corrió a través del patio para arremeter contra la oscura silueta que se afanaba con los engranajes del rastrillo.
-¡No!¡Pedazo de imbecil!- gritó Mabel mientras corría escaleras abajo. “Un niño contra un guerrero experimentado”, pensó con aprensión.
Abajo, Nicholas embestía contra Victor con toda su fuerza, aunque sin demasiada fuerza. El embajador lo esquivó fácilmente y el muchacho, que no alcanzó ni a frenar ni a recalcular su objetivo, se precipitó contra la pared trabando su espada entre los engranes del mecanismo.
El rastrillo quedó trabado por el acero, suspendido a un metro del suelo, para rabia de Victor: el plan se desmoronaba por momentos. Bastó un puñetazo para que el molesto entrometido rodara por el piso, ahora tan sólo un tirón y...
Victor reaccionó en forma espontánea, justo a tiempo para evitar el reflejo plateado producido por una hoja que pasó por el lugar a donde dirigía su mano. Antes de descubrir cuál era la fuente, se vio obligado a retroceder para eludir otra estocada, y luego otra, y otra...
Meriam no dio tregua y obligó al traidor a retroceder un paso tras otro hasta que se encontró apoyado contra la cuadriculada reja del rastrillo, aún semilevantado, que bloqueaba la entrada al castillo. Victor reconoció frente a él, a la mujer de la cena, a quien observara toda la noche; ésta apoyaba el filo de su espada contra su cuello, manteniéndolo inmovilizado.
-Creo que te esperan allá afuera –Meriam dijo, cortante.-Supongo que no esperabas que lo dejáramos tan fácil.
La hoja se retiró parcialmente de su cuello, dándole un poco de libertad.
Los primeros guardias ya corrían a través del patio, dirigiéndose a sus puestos de emergencia: algunos hacia las murallas, otros al castillo y unos pocos a las puertas.
Victor sopesó su situación y en un rápido movimiento, rodó bajo el rastrillo, que cayó después de su paso cuando Nick logró destrabar su espada.
Ambos contendientes se miraron unos momentos entre los barrotes de la reja.
-Esto no ha terminado, Elegida- masculló Victor, antes de alejarse entre las sombras.
-No –añadió Meriam en voz baja- Nunca termina.
Mabel enfundó su espada y se dirigió al confundido Nicholas. Los guardias, entretanto, comenzaban la defensa y las flechas volaban en ambas direcciones. Sin embargo, el asedio duró poco y el enemigo, viendo perdida su oportunidad, se desvaneció en la oscuridad.
-¡Dejaste que se fuera! ¡Ese traidor! ¡A ese...! – Nicholas gritaba en parte de rabia, sorpresa y consternación, mientras sangraba profusamente por su nariz rota.
-¡No entiendes ni la mitad de lo que hay en juego esta noche! ¡Pero comprenderás más de lo que desearías antes de que despunte el alba! –gritó en respuesta. Ya más calmada añadió- El papel de Victor no ha terminado aún, aunque ni él mismo sepa en que forma participará. Ahora, creo que tengo algo para tu nariz en mis alforjas.
El sonido de la alarma de la guardia retumbó ahora entre la roca. Y los gritos, órdenes y contraórdenes se mezclaron en la menguada defensa.
-¡Fuego!
-¡La ciudad está ardiendo!
-¿Dónde está el capitán!
Meriam hizo caso omiso del caos reinante y prosiguió curando mecánicamente la nariz del muchacho. En sus oídos se mezclaron los sonidos, generando un torbellino de imágenes y voces que se aclaró en otro tiempo y otras circunstancias:
“-... y construiré una fortaleza, una roca inexpugnable. Aquí mismo, al pie de estas montañas. La llamaré Usul, es decir, pilar, porque sostendrá la defensa de nuestro mundo.Y algún día, gracias a nuestros esfuerzos, este árido valle fértil y generoso. Verás como vendrán campesinos y comerciantes y paulatinamente formarán una ciudad a nuestro amparo.
Un hombre joven, de ojos y cabellos grises, hablaba entusiasmado, señalando el valle de roca y escoria volcánica que se extendía ante su vista. No había señales de vida hasta donde alcanzaba la mirada: tan sólo restos carbonizados y el viento que silbaba en medio de la desolación.
Él mismo vestía los harapos de un uniforme y sus armas melladas estaban esparcidas en el suelo.
Meriam sonrió brevemente ante la visión y su crudo contraste con la realidad. Luego añadió con amargura:
-Y cuando vuelva la Bestia, todo volverá a arder y derrumbarse. No gracias.
Marcus le acarició el cabello un momento y contestó suavemente:
-Mabel, ¿evitarías el nacimiento por temor a la muerte? Olvidas que entre ambos hay toda una vida”.
-¿Meriam? ¿Estás bien? –Nicholas volvía a hablar bien, con su nariz ya curada.
-Sí, tan sólo estaba recordando.
Los guardias contemplaron impotentes arder su ciudad, la pequeña victoria ante los muros ya olvidada. En la distancia pudieron ver como el fuego fue ganando, casa tras casa, animado por el viento y los incendiarios que encendían nuevos focos, hasta llegar al único puente que cruzaba el Lostris. El paso fue defendido por el destacamento allí apostado y, cuando la superioridad numérica se hizo evidente, en una medida desesperada, el puente fue incendiado y derrumbado por los mismos defensores, impidiendo en forma definitiva el cruce del invasor a la ribera opuesta.
En las murallas, la guardia no reprimió exclamaciones de alivio. Providencialmente, todas sus familias, aún en la fiesta, quedaban fuera del alcance destructor.
Por cierto, Usul significa pilar en la lengua fremen, aunque los fremen, habitantes del desierto del planeta Arrakis (Dune), no tienen nada que ver en esta historia. Pero es que siento devoción por Frank Herbert, autor de ciencia ficción, que escribió la saga Dune (aparte de tener un serio problema para inventar nombres). Por otro lado, calzaba con el sentido que quería darle.
Reitero el aviso publicitario, de leer “La Guardia Negra” por Tod Naturlich, quién, a parte de escribir muy bien, es mucho más responsable que yo con los updates.
Finalmente, pero no por eso menos importante, gracias a todos que los que leen mi historia a pesar que los casi tres meses que me demoré en actualizar.
Saludos,
Drowsy Girl (con más sueño que nunca)