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Capitulo 01
Cuatro Guerreros de otro mundo
Un extraño, pero hermoso bosque reposaba pacíficamente ante el sol de la tarde. Los árboles de tronco plateado y hojas rojizas dejaban que la brisa los despeinara con suavidad, el césped azul brillaba ante la luz del lento atardecer y el riachuelo de aguas verdes, fluía lentamente con su sonido gorgoteante.
Pero en algún lugar de su calma, los pequeños animales podían escuchar un terrible escándalo que provenía de algún lugar dentro de la única cueva del bosque.
– ¡Corre más rápido, enano!
– ¡Me vuelves a llamar de esa manera y te desarmo, pedazo de chatarra!
– ¡Ya cállense ustedes dos o los dejo aquí con Dientes!
– ¡Sabes escoger lindos nombres, dulzura!
– ¡Aléjate de mi, grandísimo animal!
Al salir con estrépito de la oscuridad, cuatro seres diferentes se ocuparon de atacar la entrada de la cueva, lograron cerrarla con la ayuda de las rocas mientras escucharon el fuerte gruñido de alguna bestia gigantesca en su interior. Luego de esto se dejaron caer al suelo con bullicio y queja hasta que se quedaron en silencio.
Mientras unos aparatitos salían de diversas partes de su cuerpo y empezaban a repararlo, un joven de cuadrado cabello negro, alto, de tez clara y cuerpo casi en su totalidad mecánico jadeaba incontrolablemente, usaba unas botas de goma gigantescas, un pantalón negro y tenía el pecho metálico al descubierto con partes negras y otras de color piel.
A su lado había caído un chico boca abajo, tenía el cabello de color pajoso y la piel bronceada, muy bajito de estatura, usaba atuendos de color verde oscuro con una hombrera izquierda, rodilleras, cinturón y coderas, todos metálicos de color bronce pulido y en su espalda llevaba una espada que parecía ser muy grande y pesada para él.
En la rama de un árbol descansaba una muchacha de cabello larguísimo y encrinejado de color negro azulado, la piel morena y los ojos oscuros, estaba usando una falda larga y negra con un top del mismo color, botas militares de color azul oscuro, un cinturón que combinaba con ellas, zarcillos del mismo tono azul y un largo báculo negro.
Y por ultimo, sentado en el suelo y apoyado en sus rodillas, un joven de piel oscura y cabello negro con una coleta corta en la nuca respiraba con cada vez más calma mientras revisaba un par de revolvers láser; estaba vestido con una especie de uniforme policial de color negro con insignias que decía ‘Guardia Espacial’ en la espalda.
– ¿Pasamos la prueba? – preguntó el chico de cabello cenizo a la vez que se levantaba, una brisa lo despeinaba y dejaba al descubierto un par de orejas puntiagudas y unas marcas azules debajo de sus ojos del mismo color.
– Debimos hacerlo – dijo el chico robot levantándose con violencia – nos dijeron ‘Salgan con vida’ y aquí estamos.
– Pero no matamos a la bestia – dijo la chica del báculo levitando en dirección a ellos.
– Igual nos lucimos – dijo el muchacho de los revolvers levantándose y haciendo brillar sus dientes con la luz del sol.
Los otros lo miraron con fastidio, pero otra persona los veía con una amplia sonrisa, una persona que entre las sombras, desde su sillón y su cuarto oscuro disfrutaba de sus problemas en la pantalla de un televisor.
– Felicitaciones, han pasado al nivel 4 – dijo la voz de una mujer que no provenía de ningun lugar mientras en frente de cada uno aparecía una especie de holograma plano de color rojo y letras púrpuras que decía lo mismo.
– ¡Genial! – grito el chico elfo dando un salto mientras todos sonreían satisfechos.
El sujeto del cuarto oscuro sonrió más ampliamente.
– ¿Hel?
– ¿Si papi? – dijo una chica caminando hacia él con paso despreocupado mientras se limaba las uñas.
– ¿Qué te parecen estos cuatro, cariño?
La muchacha se acercó a la pantalla y la luz la iluminó, era demasiado delgada, de cabello blanco y muy largo, con los ojos de color blanco y la piel pálida; estaba usando un traje de color negro, que le llegaba al suelo y que combinaba con su maquillaje del mismo color y sus adornos de pluma de cuervo.
– Me parecen un trío de tontos. – dijo con voz aguda.
– Cuando son cuatro son un cuarteto hija.
– Lo que sea, no parecen nada que valga mi atención, papi – la chica cambió su expresión obstinada por una más pícara y sagaz – pero... ayer, papi, en el Centro Comercial Niflheim, vi unas botas negras que te caes para atrás, y yo me preguntaba si tu podrías...
– Sabes que si, mi amorcito – dijo el hombre y la chica sonrió mostrando todos sus largos dientes de caballo de color leche.
– ¡Gracias, Papi! – dijo antes de salir corriendo emocionada.
– A mi me parece que si me servirán – dijo el hombre cuando la chica salió dando tumbos de la habitación oscura.
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Mientras tanto, en el bosque encantado de unas líneas atrás, los cuatro chicos analizaban sus estadísticas y sus nuevos puntos.
– ¡100 créditos para gastar en armas y 10 puntos por esta misión! – dijo el chico elfo – ¡Genial, los voy a poner en fuerza, en velocidad y en habilidad! – dijo presionando el holograma con emoción.
– Calma, Garymir, deberías ser inteligente – dijo el chico robot – debes saber donde poner estos puntos para poder ayudarte. En mi caso, no necesito esas cualidades, así que voy a poner mis 10 puntos en equipamiento para que me den más armas y municiones.
– ¿Estas seguro de hacer eso, Jetborg? – dijo la muchacha levitando como si estuviera sentada en el aire – tienes que repartirlos de la forma correcta, en mi caso pondré 4 puntos en magia, 2 en sigilo, 3 en inteligencia y pondré uno más en velocidad, de esta manera progresaré en todos los aspectos.
– Lo que quieras, dulzura – dijo el chico de los revolvers.
– ¡Mi nombre es Kidlybeth!
– Eso mismo amor, pero lo que tienes que entender es que así vas a tardar niveles en avanzar, en cambio nosotros tendremos habilidades mucho más rápido que tu.
– Yo estoy de acuerdo con Dixon. – dijo Garymir sonriendo.
– ¿Qué no recuerdan lo que decía el inicio del juego? – insistió Kidlybeth – ‘Lucha con inteligencia’
– Eso es para ponerle salsa a la pasta – dijo Jetborg.
– Me va a dar hambre – dijo Garymir con ansia y Kidlybeth comenzó a temblar de ira, pero antes de que pudiera explotar, sonó de nuevo la voz femenina.
– ¿Han elegido la disposición de sus puntos?
– Si – dijeron los cuatro al unísono y repentinamente una luz los envolvió y los hologramas desaparecieron.
Cada uno brillaba de un color diferente. Dixon de negro, Kidlybeth de azul oscuro, Garymir de verde y Jetborg de azul eléctrico. Al final, los tres dejaron de brillar y comenzaron a revisarse.
– ¡Me siento completamente igual! – chilló Garymir.
– No te preocupes enano, más tarde veremos como salieron las cosas – dijo Jetborg y el chico se enfadó – ahora déjanos escuchar la próxima misión.
– En las tierras del fuego, en el fondo del volcán más grande está el templo del Dios del fuego: Agni. Si al entrar y salir con vida, traen el ojo del tigre, habrán pasado la misión.
– ¿Dónde están las tierras del fuego? – dijo Jetborg sentándose en el césped azulado.
– Se supone que tu eres la computadora humana – dijo Garymir.
– Ni se te ocurra compararme con un simple artefacto hogareño, YO soy una obra de arte de la ingeniería mecánica.
– Pareces más bien un tostador dañado.
– ¡¿QUÉ HAS DICHO?!
– ¡LO QUE OISTE!
– ¡Se callan los dos! – dijo Kidlybeth con fuerza y ambos enmudecieron justo antes de empezar a pelear – por suerte, alguien piensa en el grupo.
– No lo tenías que decir, amor, yo soy modesto – dijo Dixon y todos lo miraron con pesadez mientras él sonreía.
– En fin – continuó Kidlybeth – por suerte yo implementé mis puntos en inteligencia y ellos me dieron más datos sobre este mundo. Sé que en todo este planeta no existe un sitio llamado Tierras del fuego, pero existe la leyenda del Dios Agni, que decía que sus dominios estaban en lo que ahora es la Caldera de Atitlán, en el sur de este país, allí hay tres volcanes y el más alto es el que se llama Atitlán igual que...¡Déjenme terminar!
– Solo te quieres lucir – dijo Jetborg mientras los tres comenzaban a andar hacia el sur dirigiéndose con una brújula en el brazo del robot.
– ¡Entonces espérenme!