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Una isla y un secreto
Author:
Amidala Granger PM
capítulo único. Daniel va en busca de una misteriosa isla. Dentro será "recibido" y será "transladado" a un enorme castillo. Ahí conocerá a Mailam. Este le hablará de los secretos de la isla y, juntos, eliminarán el hambre y la pobreza del mundo.
Rated: Fiction K - Spanish - Suspense - Words: 3,489 - Reviews: 3 - Published: 01-06-05 - Status: Complete - id: 1801086
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Una Isla y un Secreto

La isla tenía una forma peculiar. Era extraña. Circular en su contorno y con un gran lago en el centro, recordaba si se la miraba desde lo alto, la figura de un Donut. Tranquila, aparentemente deshabitada, al menos a simple vista.

Un barco se aproximaba. Más bien una barca por su tamaño. Era pequeña, vieja y desaliñada, pero de apariencia sólida y resistente. En el interior había un muchacho de cabello corto, liso y de color castaño, estatura mediana y ojos azules. Corpulento y de anchas espaldas sin llegar a la obesidad. Vestía un suéter naranja y unos pantalones morados. Completaban su atuendo unos deportivos grises de montaña con suela oscura. Su nombre era Daniel. Daniel Sotomonte.

Al joven le encantaba todo lo que tuviera que ver con la naturaleza y sus secretos. Gran estudioso de los fenómenos de este mundo, nunca dejaba escapar la oportunidad de ver cualquier cosa nueva de cerca. Hacía pocas fechas le habían hablado de un extraño torbellino en alta mar que pese a su tamaño y aparente potencia, no atraía hacia sí a las embarcaciones, y decidió investigarlo de primera mano. Cargó en su barca los mínimos aparejos y utensilios necesarios y partió de inmediato.

Su asombro fue mayúsculo cuando, alcanzada la posición señalada en su carta de navegación, en lugar del extraño torbellino, apareció la isla en forma de Donut. Aumentó pues la velocidad de la barca hasta alcanzar la misteriosa isla.

Al llegar a la playa ató el cabo de la maroma en una palmera, extrañamente de tronco liso, y se internó en la selva, no sin antes proveerse de un palo, más largo que su propia altura, como posible defensa y apoyo por si el camino resultaba largo.

A poco de caminar, un ruido le sobresaltó y se giró rápidamente. No vio nada ni a nadie y pensó que sus nervios le traicionaban. Iba a reanudar su marcha cuando algo saltó velozmente plantándose frente a él.

Él lo miró con una mezcla de terror y asombro. No es el asombro de haber visto un león, ni un tigre, pero VER UNA ARDILLA MÁS ALTA QUE TÚ… Y ADEMÁS DE COLOR MORADO, no es algo que te deje indiferente. El muchacho se frotó los ojos con incredulidad, pensando que veía visiones, mas la ardilla gigante seguía ahí. Los dos se miraban fijamente el uno al otro como si se estudiasen, y así permanecieron durante largos minutos, sin que ninguno hiciese el menor movimiento.

De repente, la ardilla se adelantó unos pasos, sujetó con firmeza al chico por las manos sin darle oportunidad de reaccionar, y como fuese un saco de patatas, se lo echó al hombro. Él se movió, se sacudió, pero no pudo soltarse. La ardilla se puso a caminar llevándolo de esta guisa. Tranquila, sin prisa alguna.

Intentando retenerla, el joven se sujetó a la rama de un árbol, pero la ardilla ni siquiera ralentizó el paso, simplemente siguió caminando, con lo cual, si la rama no llega a partirse, el joven habría terminado con la cabeza rota contra el suelo. El muchacho al fin, se rindió a la evidencia y se limitó a dejarse llevar observando lo que le rodeaba.

Se trataba de un paisaje extraño en aquella extraña isla. Los árboles, por ejemplo, carecían de hojas, estaban secos y parcialmente hundidos, como si emergieran de una laguna.

De repente atravesaron una ciénaga y los mosquitos acribillaron la cara del chico por más que éste sacudiera los brazos intentando espantarlos.

Finalmente la ardilla se detuvo unos instantes y el muchacho observó maravillado que frente a ellos se alzaba un majestuoso castillo.

Era enorme, con decenas de doradas columnas y una puerta de plata con toques púrpura que superaba unas 10 veces aproximadamente la altura del chico. Había transparentes ventanas con mosquiteras azuladas que casi no dejaban traslucir los rojos cortinajes que habían en el interior.

El joven calculó que es castillo debería tener una altura equivalente a la de 4 pisos y estaba rematado de doradas cúpulas redondeadas y puntiagudas. En una torre, que estaba justo en el centro del castillo, se alzaba una bandera de tres franjas verticales bordada en oro por los extremos y púrpura en el centro.

La ardilla hizo sonar una especie de llamador o timbre triangular que se encontraba junto a la gran puerta de acceso, haciendo sonar una agradable música.

Ambos atravesaron la entrada y súbitamente la ardilla gigante le soltó y desapareció repentinamente tal y como había aparecido.

El muchacho miró a su alrededor asombrado- ¡Qué preciosidad!- Exclamó. Inmediatamente después, sacó su cámara y comenzó a hacer fotos de todo cuanto le rodeaba, … todo era de colores que cambiaban continuamente… de oro a plata, de plata a azul, de azul a verde, de verde a violeta, de violeta a rojo… Él lo miraba y tocaba todo cuanto estuviera a su alcance.

En un impulso repentino comenzó a abrir puertas. La primera era… ¡el baño!, Completamente blanco con algún que otro detalle en azul algo más pálido que el celeste. El agua fluía clara, transparente. El chico cerró la puerta tras él.

La siguiente que abrió le llevó a la despensa, completamente llena de todo tipo de alimentos desconocidos, pero con un aspecto apetitoso.

Salió de ahí y vio una puerta blanquecina y baja, de aspecto viejo y desgastado, en claro contraste con la decoración del castillo, que destacaba del resto precisamente por ello. El joven se asomó a un cristal redondo que se encontraba en la parte superior de la puerta, a una altura adecuada para poder ver a través de él sin ningún esfuerzo.

Daniel Sotomonte emitió un suspiro de decepción. Casi no se veía el interior. Era todo vapor, el cristal estaba empañado por dentro. Dedujo que eran las cocinas, pues llegaba hasta él una mezcla agradable y poco definida de diversos alimentos.

Siguió visitando habitación por habitación. A partir de la novena que intentó visitar, todas estaban cerradas con llave, por lo que ya no pudo ver ninguna más. Se preguntó, en un castillo tan fantástico como ese, qué podría encontrarse en el interior de las misteriosas habitaciones.

Empezó a fijarse en los cuadros que habían colgados por la pared. Los tocaba cuidadosamente observando los diferentes tipos de pintura.

De repente, al tocar el centro de un cuadro que representaba a una hermosa dama luciendo un bellísimo traje largo en tonos malva y una túnica marina, sintió que este cedía y la pared se abrió a su paso. Sotomonte observó atónito unas escaleras muy altas, con un grado de inclinación de unos 45º, abandonadas, desgastadas, se perdían misteriosamente hacia el interior sugiriendo algo enigmático casi terrible. Había musgo en las sucias paredes, el techo era bajo, el muchacho se tuvo que agachar para comenzar a subir por ellas.

Al llegar al décimo escalón el joven ya estaba jadeando. Miró hacia arriba y le pareció que la ascensión le podía llevar horas. Fue subiendo y contando al mismo tiempo. "11-12-13-14-15-16-17-18…". Sudaba y le faltaba el aliento. La ascensión se hacía cada vez más oscura y las pocas antorchas que había no iluminaban mucho.

Repentinamente, cuando estaba en el peldaño número 37, este se hundió bajo sus pies y el joven gritó aterrorizado. En un desesperado intento saltó y se sujetó al borde del siguiente peldaño. Lanzando una mirada hacia abajo, distinguió a través del hueco creado unos extraños asideros que le permitirían bajar poco a poco a través de la oculta estancia que se acababa de abrir bajo sus pies. Lentamente se deslizó hacia abajo, con gran temor y no poco cansancio.

No sabía cuanto tiempo llevaba bajando, pero el calor aumentaba a medida que descendía

Inesperadamente se le resbaló un pie y quedó suspendido de una mano. El golpe que recibió en el estómago le provocó un agudísimo dolor, sin embargo, no soltó su mano del asidero. Se tomó unos segundos para recuperar el aliento y siguió descendiendo hasta llegar al fondo.

El suelo hacía eco. Una estancia calurosa donde había una gran marmita en el centro con agua hirviendo. Ahora comprendió el abismal calor que inundaba el pasadizo. Vio una pequeña ventana que estaba al otro extremo de la habitación, se acercó a ella y echó un vistazo. Logró distinguir una estancia desconocida para él. Su instinto le decía que estaban en la última habitación. No sabía el cómo pero estaba seguro. Cuando estaba acercándose a la marmita, de las sombras surgió una silueta que no pasó inadvertida por el joven, oyó un chasquido de dedos e inmediatamente después vio la silueta frente a él.

- ¿Quién eres? – Preguntó el chico- ¡Muéstrate!- La silueta avanzó un paso.

La primera impresión que tuvo Daniel fue la de encontrarse un anciano, pero como asía una especie de vara muy larga y característica, supo que era un mago, pues no era un simple bastón, sino una vara tallada con diamantes, en la parte superior se abría unos 5 centímetros sujetando una enorme perla que irradiaba un brillo plateado como un halo sobrenatural.

- Bienvenido a mi castillo joven- susurró con una voz débil el anciano- Soy Mailam, hijo de Marcelo.- Tomó aire- Mi padre era hijo de Maximiliano y él era nieto del gran mago Morgano.

- ¿El mago Morgano?- exclamó el chico.

- Sí, sí. Morgano. Mi bisabuelo. –susurró.- Te preguntarás por qué estas aquí.

- Por supuesto señor.

- Has sido el único viajero que ha sido capaz de ver esta isla y eso tiene un gran mérito.

- ¿Eh?- preguntó aturdido el joven.

- Sólo una persona que ame realmente la naturaleza en su conjunto, a todos los seres de la Creación, una persona con el espíritu puro y limpio como un lago de aguas cristalinas…- el anciano hizo una pausa y tomó aire de nuevo, se le veía muy, muy fatigado -.

- Una persona en suma –continuó- cuya alma sea tan pura como la de nuestros primeros padres, que vivían en perfecta armonía con su entorno, sin agredir ni ser agredidos, en perfecto equilibrio con plantas y animales, tan solo esa persona puede llegar a esta isla. ¿Me comprendes?.

" Esta isla fue la primera isla que se creó en el mundo. Marcelo, Maximilian, Morgano y Yo mismo pudimos acceder a esta isla pues nuestro interés por el Mundo y su entorno era nuestra propia vida, que consagramos al intento de encontrar a través de las plantas la cura de todos los males que aquejan a la humanidad. No me agrada el riesgo pero amo la aventura. Una combinación muy extraña, lo sé."

"Pocas personas han podido acceder a lo largo de milenios a los secretos de esta fantástica isla. Sus animales son muy diferentes a los que conocemos y son escasos. Aquí hay mas Flora que Fauna. Supongo que conoces la diferencia entre Flora y Fauna ¿no?- el joven asintió- Bien. Como te decía, la fauna es muy escasa y siempre exótica, casi mitológica. Una vez, cuando buscaba una planta nueva que me sirviera en mis experimentos me encontré con una ardilla morada que estaba herida. Era pequeña, casi un cachorro, incluso parecía más pequeña que las de hoy en día. Se me ocurrió la posibilidad de experimentar con ella las propiedades de una poción secreta de crecimiento acelerado, por ello la curé y la llevé al castillo, prodigándole todo tipo de cuidados. Durante largo tiempo era en realidad mi mascota, y como suele ocurrir en estos casos, el afecto se fue haciendo mutuo, de hecho en la realidad nos queremos mucho. Finalmente, utilizando una flor púrpura sin pétalos característica de esta isla cuyo uso me fue transferido por mis ancestros, prepare una marmita y junto con una serie de ingredientes –que por supuesto por ser secretos no te puedo contar -, en una hora tenía preparada una valiosa poción para agrandar los cuerpos que me transmitió mi abuelo Maximilian."

"La ardilla creció y creció hasta convertirse en lo que es ahora. Desde entonces estuvo vagando aquí y allá sirviéndome bien, y por encima de todo buscando a ese explorador que habría de llegar a la isla con un propósito concreto. Llevo pues 150 años esperando tu llegada

- ¿y a que edad tuvo que venir a esta isla?, Pensó Daniel -. La isla tiene un extraño don. – continuó el anciano- Siempre permanece sumergida, mientras que desde mi voluntario encierro en mi castillo, yo creo con mi vara una cúpula que sirva de protección, oculto a los ojos del mundo, para que me permita seguir con mis experimentos, pero no soy tan poderoso como mis familiares y tan solo permanece 24 horas. -¡solo dice!, Pensó el chico- Así que la tengo que renovar cada día. Sin embargo yo no duermo, me lanzaron el hechizo del contrasueño que me impedía dormir así que puedo renovar la cúpula con comodidad."

"Aquellos con cualidades alcanzan tan solo a ver cómo se eleva la isla pero no pueden entrar en ella. Supongo que ya sabes a lo que me refiero- el joven asintió recordando la descripción que le hicieron del remolino -. Eso suele ocurrir con casi la mitad de los que pasan por aquí. Tu resultaste ser el primero que ha hecho que la isla se eleve y por ello te he contado uno de sus secretos."

- ¿Es que hay más señor?- preguntó emocionado el muchacho.

- Por favor, llámame Mailam. No me trates de usted- dijo el anciano

- Esta bien. ¿Hay más secretos Mailam?

- Sí, uno pocos – sonrió el anciano -, pero por lo que veo tú, por ti mismo ya has descubierto la manera de llegar aquí. Eso te hace más especial.- Daniel Sotomonte sonrió y sus mejillas tomaron un leve tono rosado.- Tu curiosidad, otra de las características que creo haber mencionado antes, te ha ayudado mucho en tu empresa.-

- ¿Quieres que te cuente el 3º secreto de la isla?. …Por cierto, mi ardilla. Ya os habéis conocido,.. Creo. ¡Oh! Sí. Te ruego disculpes a Maxi, por haberte traído como si fueras el saco de patatas, pero sus intenciones eran honestas, lo hacia para protegerte de los peligros de una isla desconocida para ti, desde extrañas fieras que deambulan en la copa de los árboles hasta peligrosas ciénagas donde te puedes hundir irremisiblemente.

- Sí, si no hay problema- contestó el muchacho.

- Ven fuera y te enseñaré en verdad algo que es posible que te impresione, a menos que de donde tu vienes tengas cosas más sorprendentes que esta.

Los 2 fueron por un camino de hierbas altas y húmedas. En pocos minutos llegaron a una especie de montaña que era él limite del lago. Ahí había una cueva. Ambos entraron y después de caminar unos minutos giraron una esquina y vieron piedras preciosas brillando.

- ¡Diamantes!

- Sí, sí. Diamantes ya tallados.

"Estos diamantes tienen una historia legendaria. Se creó una profecía entre el agua y el fuego que decía: El heredero que vendrá a la isla será el único que será capaz de desatar el misterio del gran secreto de la isla por el cual se verá involucrado por el descubridor de esta profecía. En la montaña más alta de todas, en la cueva aparentemente más peligrosa, se encuentra el tesoro de los diamantes. Tan solo el descubridor y el heredero serán capaces de ver este preciado tesoro y entrar en los misterios de la isla."

-… - el joven estaba algo más que asombrado. De hecho su boca permaneció abierta durante largo rato –hasta que se percató por si mismo de ello y con algo de vergüenza, la cerró- Una idea pasó por su cabeza. – Señor Mailam- dijo -. Creo que sé que hacer con parte de todo esto.

- Lo sé. Por eso te he traído aquí. Toma – le dio una bolsa de tela.- Recoge los diamantes y haz lo que te plazca.

- Gracias señor Mailam. – el joven cogió la bolsa y empezó a meter los brillantes y pesados diamantes en ella. Después de 2 o 3 minutos la tenía llena.

- Con su bolsa –una extraña bolsa por cierto- se dirigió de nuevo a la playa donde tenia amarrada su barca.

- ¡Volveré cuando pueda!- exclamó Daniel Sotomonte. El anciano le sonrió y le despidió con la mano alzada, viéndole partir de la isla con su barca.

El joven puso rumbo hacia su país.

Cuando llegó, inmediatamente se dio cuenta que algo extraño ocurría. Por ejemplo, nadie le preguntó nada sobre su bolsa cuando cambió parte de los diamantes por dinero en las joyerías. Nadie investigó, nadie se extrañó. Ni tan siquiera cuando, tras cambiar el dinero por abundantes alimentos, se los entregó a los pobres. Tan solo recibió calurosas sonrisas de gratitud y amorosas expresiones de cariño. Ya era una sorpresa que cuantos más diamantes cambiaba por dinero, más diamantes parecía que le quedaban en la bolsa. Algo de mágico tenía que haber de por medio…, pero lo realmente mágico, lo que le dejaba realmente perplejo, es que por cada regalo que hacía, por cada estómago que dejaba satisfecho, por cada mirada de gratitud con la que le obsequiaban, su espíritu parecía crecer, se sentía el mejor del mundo, parecía que era mejor persona cada vez, y todo ello sin necesidad de alabanzas, homenajes, o publicidad alguna, pues todo quedaba entre los pobres y él mismo.

Sin ninguna duda la bolsa era mágica, como eran mágicos los diamantes, y como evidentemente era mágica la isla encantada que encontró y el mago que la habitaba. Pronto la ciudad "se le quedó pequeña ", y decidió partir para países más pobres todavía.

La magia aparentemente continuaba, pues –aparte del sabido hecho de que la bolsa nunca se acababa -, la gente en cada país le salía a su encuentro, a recibirle con alegría, sin conocerlo de nada.

En un lugar remoto de Africa se le acercó un jinete

- Hola, soy mensajero de ciudad grande. ¿Usted necesitar ayuda?- le preguntó el misterioso desconocido.

- Sí, por favor. – Le ofreció un caballo y junto a su nuevo compañero partieron por todo el país a galope tendido. Repartieron alimentos suficientes por todas partes y Daniel sintió una vez más que también su nuevo amigo iba siendo cada día más feliz, cada vez más satisfecho de sí mismo. Partieron hacia los países orientales. Tardaron días en llegar a China, y allí continuaron con su labor. Daniel y T´Chala – ese era el nombre de su nuevo amigo- estuvieron ofreciendo amor, amistad y ayuda por todo el mundo durante cinco años.

Finalmente, un día, Daniel dio por concluida su labor. Entendió que el solo no sería capaz de terminar con el hambre y la miseria en el mundo, pero lo que habían sembrado en la humanidad seguro que dejaría honda huella en los hombres, y la misma semilla sembrada en su corazón, perduraría para siempre.

Al llegar la hora de la despedida, T´Chala le manifestó su deseo de continuar con él pues la amistad forjada entre ambos sería imborrable el resto de sus días.

De nuevo Daniel Sotomonte, esta vez acompañado, emprendió la búsqueda de la isla encantada, y de nuevo la encontró sin problemas.

En esta ocasión la ardilla tan solo les escoltó, aunque T´Chala no dejaba de lanzarle continuas miradas de desconfianza.

Cuando divisaron el castillo, una gran alegría les envolvió a todos. El mago Mailam les abrazó a ambos y les invitó a compartir su cena esa noche.

Fue una larga velada en la que Daniel, lleno de entusiasmo le contó al mago todas sus aventuras, todo el bien que había podido sembrar y lo que era más importante, como habían cambiado sus sentimientos en estos cinco años. Ya no era un joven impulsivo y un poco alocado, sino que la madurez de los buenos sentimientos colmaba su espíritu.

- Por cierto, señor, aquí tenéis vuestra bolsa de diamantes – todavía sigue llena- añadió con una sonrisa.

- Así es y así había de ser – contestó el mago- Ya sabía que esto iba a suceder. ¿Acaso no te dije que eras el elegido?, ¿Acaso no recuerdas que te he estado esperando todos estos años?. Solo tú podías hacer algo como lo que hiciste. Solo tú serias capaz de abrir lo cerrado, ofrecer al que necesitaba y saber ver la ausencia de algo donde era requerido y necesario.

Daniel comprendió que un ser aparentemente sin importancia puede ser imprescindible para la Humanidad si encuentra los medios para ello, y que la autentica recompensa la recibimos en nuestro interior

- Tu grandeza está en tu interior- le dijo un día el mago- y como has podido ver, te hacías más grande con cada acción pues tu corazón es puro, así como el de tu amigo –concluyó señalando gentilmente a T´Chala -. Podéis quedaros conmigo si así lo deseáis aprendiendo mis artes y me sentiría encantado de compartir mis conocimientos con vosotros. - Así lo hicieron durante largo tiempo, y fueron los años más felices en la vida de Daniel Sotomonte, hasta que finalmente, tras alcanzar su grado de maestría, decidió partir de la isla hacia otras empresas

Pero esa…… esa es otra historia.

FIN

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