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Author: Miss Sorrow
Fiction Rated: K - Spanish - Romance/General - Reviews: 4 - Published: 02-10-05 - Updated: 02-14-05 - Complete - id:1831230

Amistad

Por Miss Sorrow

Sumario: Era la última noche que lo vería y Audrey no sabía si jugarse todo por lo que sentía, pero a veces el coraje y la fuerza aparecen en los lugares más recónditos de cada uno... y en las personas más insólitas.

Dedicado a las personas que se jugaron por lo que sentían y se arriesgaron, y también, a las que prefirieron, como yo, guardarse todo dentro y dejar ir a “aquella persona” Feliz día de San Valentín

Capitulo I: La Graduación

No se atrevía, no podía hacerlo. Y sentía que viviría con ese estigma por siempre. Esta es la historia de una chica que no podía declarársele a la persona que amaba. Y no podía por muchas razones: Primero, estaba mal que una chica le dijera que le gustaba a un chico; segundo, cada vez que lo veía se le trababa la lengua y no podía articular ni una sola palabra; tercero, él era su mejor amigo. Si, señores, esta chica, Audrey estaba enamorada de su mejor amigo, Dave.

Ella y Dave habían sido amigos desde que Audrey entró a la secundaria de aquella ciudad. Dave había sido el único que la había defendido de las burlas de sus compañeras, envidiosas, como todas las mujeres, y Audrey, cuatro años después, se dio cuenta que se había enamorado de él.

Habían pasado muchísimas cosas desde que lo conoció, le habían partido el corazón; Dave se había enamorado de la mejor amiga de Audrey; Audrey le había consolado cuando ésta le partió el corazón a él; tuvieron que ir los dos a Rectoría y fueron suspendidos dos días por culpa de una trampa, en fin... cosas que podrían lograr que aquellos dos se enamoraran, pero, lamentablemente para Audrey, esto no sucedía: no ocurría nada entre ellos, solo amistad, la más bonita amistad que ella había tenido. Y hoy, hoy si no lo hacía moriría por completo. Hoy era la graduación y Dave se iría para siempre a cumplir su sueño, se iría y ella tendría que quedarse para siempre en aquel maldito lugar.

Él se iría para LA para cumplir su anhelo: ser un famoso actor, mientras ella se quedaría aquí para ser quién sabe que cosa. Había pensado en ser administradora de empresas, o pediatra, o algo referido con niños, pero ahora que veía aquel futuro tan cercano, no quería hacer eso: Quería estar con Dave para siempre.

Pero ella sabía de antemano que aquello no era posible, que ella no podría irse hasta LA con él; que seguramente, sus padres harían un escándalo si ella, Audrey, la hija de las dos personas más ricas de la ciudad fuera a perseguir al amor de su vida a Los Ángeles.

Ya imaginaban lo que le dirían: “¡Qué!” – reaccionaría su madre – “¿Aquel chico que viene aquí a casa, aquel que parece ser el mayordomo? ¡ Cómo te puede gustar eso, hija!

Sí; y la reacción de su padre, sería algo parecido a esto. “Yo te educo como una reina para que tengas como amigo a aquel chico que no sabemos ni quien es su familia, ni como paga la cuota de esa escuela tan cara. No, hija, ni loco te dejaría que vayas con él a Los Ángeles, ni que estuviese loco o..borracho. La respuesta es No”

Una lágrima asomó de sus ojos azules como grandes zafiros. ¿Cómo se podía hablar con aquellos padres, que lo único que querían era saber cuánto dinero tenía Dave en su cuenta bancaria? A ella eso no le importaba, y tampoco lo sabía. Siempre se había preguntado como pagaba la cuota de su colegio, pero al conocerlo mejor, eso no le importó para nada. Recordaba como la había defendido cuando sus compañeras, unas rubias envidiosas que lo único que querían era molestarla, y como él les había respondido: “¿¡Por qué no se meten en sus propios asuntos, malditas envidiosas!?” Y como éstas, dolidas por el comentario, habían ido hasta la preceptora para acusarlo. Se acordaba de todo, y eso dolía.

Ya tenía puesto el traje para esa noche: un vestido sin tirantes azul haciendo juego con su cabello castaño claro y sus ojos azules; se pondría unas sandalias del mismo color del vestido y un collar de diamantes que pertenecía a su madre. Solo le faltaba el maquillaje y ya estaría lista para la noche más importante de su vida... en muchos sentidos.

-Audrey, hija – era la voz de Marge, su madre que entró a su cuarto y al ver a su hija ya vestida se emocionó - Estás hermosa, mi niña. Hermosísima. Estoy tan orgullosa – declaró mientras la abrazaba – Esta noche va a ser espectacular, lo sé, Audrey-

-Si, mamá, si – dijo la joven turbada por el abrazo de su madre- ya basta, ya basta. Estoy bien- se deshizo de su abrazo y corrió al espejo para verse. No, por suerte, su vestido no estaba arrugado. Quería estar perfecta, hermosa para esa ocasión,... y para él.

Una hora después, Audrey salía de su mansión. El auto ya estaba preparado y salió, cual novia hacia la Iglesia para su casamiento. Estaba de un brazo de su padre, Roger, un hombre robusto de unos cincuenta años, vestido con un traje negro y camisa blanca, con corbata y del otro, de su madre Marge, ella estaba vestida con un ceñido vestido negro, lo cual la rejuvenecía bastante, sandalias negras a tono y un excelente tocado en su cabello rubio.

El chofer les abrió la puerta del coche y Audrey y su familia subieron.

Iba a ser un largo viaje.

El teatro más importante de la ciudad era el lugar escogido para tan importante reunión. Primero habría un espectacular desfile de los egresados y luego la cena, y al final de la comida, se haría la entrega de medallas y diplomas, y después de eso, la pista se usaría para bailar y divertirse.

Audrey suspiró mientras veía a través de la ventanilla las luces de los negocios y la gente paseando por las calles. No quería que aquella noche llegara, ni ver a Dave por última vez. Su madre la animaba en el auto y le decía que no esté nerviosa, que ella era un orgullo para la familia. Ella asintió solo para darle la razón a su madre, no se sentía de humor para recibir cumplidos, sólo quería ver a Dave y hablar con él como los amigos que eran. Quería decirle que lo extrañaría con todo su alma, que lo quería muchísimo y que...

-¡Audrey, Audrey! – su madre le golpeó en el hombro sacándola de sus pensamientos - ¡ya llegamos! ¡ya llegamos! Mira- le señaló a una chica rubia y alta – Mira el vestido de Monique.

Monique era la chica que más odiaba en la escuela, pero su madre era muy buena amiga de la madre de ella y siempre tenían que comportarse cordial en presencia de las madres, pero cuando éstas no estaban, abandonaban las sonrisitas falsas y demostraban el odio que sentían, y lo hacía muy bien. Audrey comenzó a odiarla cuando se enteró que ella gustaba de Dave. La había seguido por todas partes, incluso intentó hacerse amiga, pero el propio Dave fue el que le dijo la verdad: estaban saliendo hacía dos meses, lo cual dejó a la chica triste y deprimida, pero cuando se pelearon, se alegró nuevamente. Ella no estaba con él, y ahora solo ella, Audrey, estaría con Dave. Solo ella y no habría ninguna rubiecita estúpida para sacárselo.

Salieron del coche y Marge se apresuró a hablar con Monique y con su madre; Audrey solo las saludó con una sonrisa cordial: No tenía ganas de hablar con aquellas presumidas. Solo quería ver a otra persona...otra persona que estaba a pocos metros de ella.

¡Si!: Allí estaba Dave. Estaba vestido con un finísimo traje negro de terciopelo y una camisa blanca, la corbata era de un rojo sangre y su hermoso pelo lacio rubio le caía a sus hombros dándole una apariencia principesca. Audrey quedó hipnotizada con aquellos ojos verdes esmeraldas. No podía creer la presencia de su amigo fuese tan cautivadora. Él la saludó con una simpática sonrisa y ella, lentamente, empezó a acercarse; sus padres estaban hablando con los padres de Monique, así que, tenía campo libre para hablar con Dave.

-Hola – empezó tímidamente Audrey - ¿cómo estás?

Dave miró a Audrey con una mirada escrutadora que puso incomoda a la chica, luego, sonrió. – Estoy muy bien – respondió – y a ahora que estoy contigo aún mejor: Estas hermosa, Audrey

La aludida quedó paralizada ante el elogio. Le contestó titubeando – tú... tú también estás muy bien, Dave.

-Gracias. – dijo él sin darle importancia, invitándola a sentarse en un banco cerca de la entrada al Teatro tomándola suavemente del hombro - Ven, sentémonos a hablar un momento; tus padres todavía deben estar hablando con los padres de Monique, así que no creo que molesten.

Audrey asintió. Cuando su madre y la madre de Monique se ponían a hablar no había nadie quien las pueda parar. Respiró hondo. Quizás no deba decirle lo que sentía en ese momento a Dave. ¿pero y si no había otra oportunidad? Dejó que Dave la condujera hacia los bancos. Él se sentó y luego hizo sentar a Audrey a su lado, le pasó un brazo por la espalda y la atrajo hacia si.

-Te noto rara, Audrey – declaró mientras se daba vuelta para mirarla a los ojos - ¿qué te sucede? ¿Estás nerviosa por la Graduación? Cuéntame – pidió, y luego lanzó una frase que hizo doler mucho a la chica – Cuéntame que sucede, para eso están los mejores amigos.

Audrey no sabía que contestarle; no sabía si esa era la ocasión para confesarse. Él lo había dicho: son los mejores amigos, pero había algo en su interior que no quería revelar ese secreto. Miedo, sufrimiento.

–Yo...si, Dave. Estoy muy nerviosa por la graduación, por que tu sabes que me van a dar la medalla de la mejor alumna del año, y pues...estoy rara por eso.– y le sonrió.

Él le devolvió la sonrisa – Yo sabía que era por eso. Pero no tienes que estar nerviosa. Es solo un segundo, nada más. No te preocupes, cariño. Prométeme que no vas a estar bien. Promételo.

-Te lo prometo, Dave – y fingió estar contenta y le sonrió – Gracias por hacerme sentir bien.

-No tienes que agradecerme nada Audrey. Por algo estamos los amigos – se levantó del banco – Debo irme, quedé en encontrarme con Philip. Lo siento.

-Esta bien – dijo ella también irguiéndose – Mis padres deben estar preocupados.

-Muy bien, entonces – dijo él. – Nos vemos adentro, Audrey. Suerte – y le estampó un dulce beso en la mejilla – Pórtate bien. – y comenzó a caminar a largas zancadas hacia adentro del Teatro.

Audrey no respondió. Quedó impactada ante tal muestra de afecto de él. ¿se sentiría ahora segura de decirle lo que sentía? ¿podría hacerlo? ¿él la comprendería?

Si- Se decía mientras iba hasta la mesa donde estaban sus padres – él ha comprendido muchísimas cosas que me pasaron ¿por qué no podría comprender lo que siento. ¿por qué no? Ahora con paso seguro se dirigió hacia donde estaban sus padres.

Se lo diría... y que la suerte la acompañase.

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Espero que les guste. Esto forma parte del primer capitulo de la historia, solo tendrá uno más, que será publicado, el día 14 de febrero.

Bye!

Feliz día de San Valentín

Miss Sorrow



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