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Fiction » Fantasy » AMANECER Y ANOCHECER font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Eliza Rain
Fiction Rated: K+ - Spanish - Fantasy/Spiritual - Published: 03-02-05 - Updated: 03-02-05 - id:1849053

ESCUELA: E.N.P. #8 “Manuel M. Schulz”

GRUPO: 410

SEUDÓNIMO: Eliza Rain

NOMBRE: Ávila Sosa Estela Isabel.

AMANECER Y ANOCHECER

Yokai, hijo de la noche, representante de Satán; después de haber despertado de su sueño, vagaba solitario y despreocupado como hacía, 500 años atrás.

Se mantenía siempre en guardia pues, como en aquella época, los cazadores iban en su búsqueda.

Orgullosos de su origen, el vagabundo cautelosamente atacaba a sus víctimas en mitad de la noche dejándolas morir en medio de un tranquilo y melancólico sueño.

Así como llegaba se desaparecía en le sigiloso murmullo del viento.

Sólo durante la noche despertaba su verdadero ser, pues durante el día, debía mezclarse entre los seres a los que despreciaba, pero que predominaban en la tierra.

― “Humanos”- Pensaba- “Repugnantes y simples mortales, acarreados por el tiempo por una corta subsistencia...”

Los suburbios se mantenían en un silencio sepulcral ante las noticias de los trágicos decesos, sin embargo la vida sigue para aquellos que no serán víctimas de Yokai.

Último entre los suyos, esperaba encontrar a alguien como él.

El crepúsculo se acercaba con un cálido manto de tranquilidad. Era la hora de volver a las sombras, tiempo de soñar.

Dante, orgullosos y altanero se mostraba sereno, aún siendo el perseguidor que siendo aliado de Gabriel, arcángel de los cielos, aguardaba paciente el regreso de la noche.

Protector de los mortales se disfrazaba como uno, siempre al tanto de su misión aunque también vivía atormentado, ya que no quería deshacerse del vampiro pues anhelaba permanecer en la tierra.

A punto de capturarlo había dejado pasar la oportunidad ya en varias ocasiones.

Se paseaba sin descanso, investigando dónde había estado, mas se desentendía al encontrar respuesta.

Bien sabía que debía atraparlo “algún día”, se decía a sí mismo tras pasarlo de largo.

Noche tras noche, día tras día, la misma historia se hacía presente. Dos seres infelices en busca de sí mismos, cazándose mutuamente en una época de Apocalipsis social, inmersos en una batalla contra ésta desde hacía 500 años atrás.

No pensaba encontrarse con él aquel día, sin embargo eran obvios el rastro y las razones de Yokai e inminente su encuentro.

Pasaron uno al lado del otro, sabían quiénes eran, los rostros de un ángel y un vampiro no se olvidaban con facilidad, no obstante no cruzaron palabra, ni siquiera miradas, como si hubiesen renunciado a sus respectivas misiones, como si se hubieran olvidado que debían exterminarse.

No miraron atrás pese a que se reconocieron, no les interesaba en lo más mínimo la derrota de su enemigo. Tenían sus razones y no planeaban abandonarlas, ni siquiera por ser órdenes de seres superiores o por el odio que sentían el uno por el otro.

Apenas caía el alba, pero antes de que el día se presentara había tiempo para que Yokai se diera cita con una última víctima, obligándolo así a ser como los ejecutores de sus hermanos, los individuos de la noche.

Grandes rascacielos se levantaban en la selva de asfalto, en alguno de ellos se encontraba su alimento final.

Selectivo, entre tantos, sólo tomaba a aquellos de alma pura; personas nobles incapaces de seguir los mandatos de un demonio como él. Inocentes que no merecían vivir en un mundo inmisericorde y vano como el que los rodeaba.

Sentía que ése era su verdadero propósito: darles paz a las ánimas de aquellos que desconocían el verdadero mal.

Cuando la vio reposando apacible de inmediato sintió un gran dolor en el alma de la joven, quizá un sufrimiento como el de él mismo, mas en lugar de terminar con su vida, la miró con detenimiento. Incapaz de asesinarla como lo había planeado, le sonrió con ternura, una ternura nunca antes vista en una entidad de su clase. En lugar de darle fin a una vida como la de ella, se atrevió a besarla con delicadeza como si se tratara de su igual, sintiendo por primera vez misericordia por alguien.

La muchacha despertó con la presencia del vampiro, el cual desapareció con la noche misma, haciéndola creer que no fue más que un maravillosos sueño.

Nunca creyó que en alguien como él pudiesen surgir tales sentimientos; era un ser del infierno, los demonios como él no podía sentir compasión, cariño, ni mucho menos amor, entonces, ¿por qué él sí?, ¿Cómo es que Yokai, el último vampiro podía embelesarse de aquella manera con una mortal?, ¡Una simple mortal!, y, además ¡de aquella raza a la que tanto abominaba!

Una confusión rodeaba sus pensamientos. Ahora, más que nunca, sentía que su deber no era el de exterminar al ángel, sino seguir con aquello que durante cinco siglos lo había mantenido en este mundo.

Aún repudiaba a los humanos y a su frío mundo de dinero y concreto, pero ahora sabía que incluso ellos podrían sentir la misma compasión que le provocó tal desconcierto.

El demonio así mismo pudo sentir por primera vez una paz que de otra manera no hubiese podido percibir, aún con el laberinto de ideas que lo atormentaban; como si en aquel instante se hubieran perdido todos sus problemas, todos los prejuicios que la humanidad le había infundido. Todo lo malo se había quedado en el olvido durante esos minutos.

La joven podía sentir también aquel desasosiego y, durante ese instante, la misma paz que Yokai había experimentado. Deseaba con todo su ser que fuese más que un sueño. No le importaba de quién se tratara, de dónde provenía o de que sólo fuera una fantasía de adolescente.

Acaso por coincidencia, la misma muchacha camino a la escuela tenía que encontrarse con Dante, quien no perseguía a Yokai, y viceversa sin embargo sí a la joven.

A Dante, después de tanto tiempo le era sencillo reconocer y percibir su presencia.

No podía evitar preguntarse las razones del temible ser, si bien casi las conocía, temía que fuera verdad, esperaba estar equivocado por primera vez.

Serio y alarmado detuvo a la chica. Por un momento la miró a los ojos, los que habían confirmado sus temores; al convertirse Yokai en un ser para bien la misión de Dante había concluido, razón que lo obligaba a regresar al firmamento.

Sabía que era injusto y egoísta impedirle a un demonio revelarse contra su propia naturaleza para obtener su propio beneficio, inclusive, conocía el castigo que recibiría si de ello se enteraban los arcángeles y el mismo creador, pero no tuvo opción alguna.

Llamó al espectro con toda la serenidad que le fue posible y le habló como si fuese su amigo y no su enemigo.

Ninguno estaba pensando en lo que le podría ocurrir a la chica, sino que meditaban su propio destino y lo que le responderían a su interlocutor.

Con la misma disimulada calma y respondiendo al llamado el demonio dijo:

― Han pasado varios siglos desde que nos enviaron a aniquilarnos y en todo ese tiempo es la primera vez que te atreves a llamarme- Señaló Yokai- Cinco siglos de la misma persecución sin sentido, en la que encontrabas mi rastro y huías... Sé bien lo que quieres y, te advierto, no te servirá de nada persuadirme...

― Tú que repudias al hombre, a su naturaleza, ¿por qué te molestas en seguir a esta mortal?, ¿por qué no vuelves a tu mundo?

― Por que al igual que tú convertí éste en mi mundo; no puedo regresar al inframundo así como tú no puedes regresar a los cielos. Tu arrogancia y egoísmo te han convertido en algo que hace quinientos años no eras, lo mismo me sucedió a mí.

― En ese tiempo éramos incapaces de tener sentimientos contrarios a nuestra naturaleza: a ti te era imposible sentir el cariño y a mí el odio que pudiera experimentar, pero ahora siento un profundo desprecio como el que deberías vivir hacia la mortal que tocó tu corazón- Trató de contener su furia el ángel con tales palabras- Me es imposible creer lo que ha pasado... Que ahora tú te estés comportando como un ángel y yo como un vampiro. Tal vez los papeles se estén invirtiendo- Rió con cierto nerviosismo.

― Pero dime algo, ¿en verdad quieres convertirte en un demonio?- se atrevió a preguntar desconcertado

― No, sólo quiero que ahora tú termines conmigo y con tu misión, de no ser así me encargaré de acabar con ella... - Aseguró con un tono de voz aún más frío y serio.

Incrédulo pero feliz, el vampiro se limitó a agradecerle al ángel, cumpliendo con la petición de éste y terminando con su vida, así como con su misión.

La chica no los veía, tan sólo había sentido al ángel detenerla, pero se había seguido como si nada hubiese pasado. Nada había pasado.

Había logrado escuchar un poco de la conversación antes de apartarse. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios al pensar un momento en que posiblemente no lo había soñado o que aún se encontraba en tan fantástico sueño. No le importaba. Se sentía feliz de que continuara viviendo aquella fantasía, no obstante también temía por el futuro de los dos seres, si es que acaso eran reales.

Aunque la curiosidad la asfixiaba decidió no volverse hacia atrás y dejarlo como un simple recuerdo, una pequeña e inolvidable experiencia que tal vez todos necesitan para escapar un instante de la realidad y descansar de las imposiciones del mundo.

Sin más demora prosiguió su camino y es que sabía que su papel había terminado, que debía regresar al mundo real y continuar con su vida.

Sin más que hacer Yokai se marchó meditando sobre lo que había ocurrido, pensando en aquella alma noble que le dio la oportunidad de comprender los sentimientos que dentro de él habían surgido. Una oportunidad que debía aprovechar para poder apreciar más el mundo que lo rodeaba.

Si bien se sentía confundido ante la decisión del ángel, comprendía la noble acción que había hecho al sacrificarse para permitirle seguir con su estancia en la tierra, tal vez ahora con el objeto de proteger a los seres con almas puras e inocentes.

Ya no era un demonio condenado a vagar y a luchar por subsistir, Dante, aliado de Gabriel y guardián de los humanos, su perseguidor le había cedido su puesto.

Yokai, antes hijo de la noche y representante de Satán apagó su sed de sangre y culminó con su búsqueda por aquel ser que fue como él.



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