| Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search | Login Register Extras |
42. Principium prep Clausulae.
… Tiempo…
… algo que te deja disfrutar de ti…
Horas habían pasado desde que aquel ser celestial de cabellos lilas había ido a darle la trágica noticia al Maldito, desgraciada para él, bendita para el resto de la humanidad que al fin su reinado de terror y blasfemia había terminado. Aunque más bien lo haría hasta dentro de otro tiempo, horas? Minutos? No tenía ni idea, estar en ése cuarto hizo que el albino se perdiera en la gran inmensidad del tiempo, jugando con sus sentidos y mente, haciéndolo perderse en ése gigantesco mundo de pesares y dolores. Un mundo donde nadie le ayudaría a escaparse, un mundo que le pica sin cesar. Quizás debería dormir lo que le quedaba de tiempo, disfrutar de sus últimos momentos de vida? Pero si relajaba los músculos volvería a lastimarse de nuevo al dejar caer su peso sobre sus ya heridos tobillos, pero ya qué más daba? Un poco más de dolor, al cabo y dentro de poco lo iban a matar y todo terminaría.
Vaya forma de que terminara todo, muy irónico al parecer del ser que estaba colgado de cabeza, todo ése tiempo huyendo de los humanos por tener ése ferviente deseo de seguir viviendo, si ya no era para él era para el verdugo de alas negras que lo había llevado hasta ahí, para terminar en manos de ésos hijos del Señor con unas ansias de que al fin todo terminara cerrando los ojos aunque aún así esperando que fuera de una forma al menos más o menos calmada, sabiendo de ante mano que sus esperanzas eran nulas que lo más seguro es que lo matarían de alguna forma inhumana -irónicamente, volvió a pensar el ojirojo - no era para nada que gastaran tanto dinero en tecnología para hallarlo y tanto dinero en artillería para poder atraparlo al fin.
De repente la puerta volvió a abrirse, dejando ver a un trío de sacerdotes y a un obispo, todos de edad avanzada, con cabellos naturalmente de colores humanos, y un montón de monjas de las cuales Ryo pudo reconocer al ser angelical de nombre de Lin entre ellas, quienes no tenían idea de que tenían a una hija directa del Señor entre ellos, pero qué cuenta se iban a dar? Frente a ellos estaba el elegido de Dios y lo habían tachado de demoníaco, siendo protegidos por una parvada de policías armados, reconociendo el arma de las cuerdas azul brillante que lo paralizaron. Los clérigos se hablaban en latín entre ellos, señalando y mirando a Ryo de vez en cuando con desprecio, luego uno le dijo algo a una monja que asintió y presionó un botón, sintiendo El Maldito que empezaba a bajar, suponiendo que la función de ése botón en efecto era ésa. Así que bajó lentamente, sintiendo que se empezaba a marear a la par de que todas las miradas estaban concentradas en su persona a lo mejor esperando a que él hiciera lo inesperado –sí, claro-. En cuanto su cabeza tocó el suelo, le dispararon con ésas desgraciadas pistolas hacia el cuello, haciéndole de nuevo ése molesto collar que sentía que lo ahogaba con cada respiro que intentaba dar, su espalda tuvo contacto con el frío piso e hizo un escalofriante y doloroso contraste en su piel debido a las heridas abiertas que todavía ardían en su todo su cuerpo pero se abstuvo de gritar de dolor por miedo a que lo atacaran o castigaran debido a eso.
Los clérigos siguieron hablándose en ése enfermizo latín que el ignorante Maldito no entendía y que solamente podía verlos indefenso ahí tirado en el suelo mientras sentía que los soldados le seguían disparando en diversos puntos ése extraño material azul brillante que le bloqueaba la posibilidad de usar magia - de todas formas, no es que él tuviera la fuerza de hacerlo-. De repente, los solados lo subieron a algo parecido a una camilla obviamente amarrado con el extraño tipo de esposas de color azul brillante, pero ésa vez inclusive la boca le taparon, temerían que pudiera invocar a Lucifer? El Maldito creía que ni ése oscuro ser iría en su auxilio. Por fin salieron del funesto cuarto en donde había sido confinado por todo ése periodo de tiempo, dando lugar a un largo y frío pasillo, igual hecho de metal; Ryo se encontraba completamente rodeado de los policías con ésas desdichadas armas contra magia mientras a lo lejos podía oír a los eclesiásticos hablando entre sí; cerró los ojos para descansar la mirada, aprovechando la camilla como último consuelo de comodidad sintiendo cómo su soporte seguía moviéndose.
La camilla siguió avanzando hasta llegar a un ascensor lo suficientemente grande como para que el obispo y tres centinelas pudieran entrar con todo y maldito. Hubo absoluto silencio mientras subían los pisos y a Ryo le molestaba la fuerte luz del elevador aunque tuviera los ojos cerrados, así que los abrió un poco y miró a sus captores, quienes lo ignoraban olímpicamente, eso le recordó su vida en la ciudad mientras escondía su descendencia mágica, aquellos bellos días en los que todo el mundo lo ignoraba por que supuestamente era parte de ésa sociedad. El elevador por fin se detuvo y las puertas se abrieron con un pequeño tintineo que se oyó a lo lejos, ahora pudiendo entrar a otro pasillo ya más elegante, el albino suponía que eso era por que por fin habían entrado a la iglesia a donde lo habían confinado hasta su sentencia; obviamente ahí hubo muchos más agentes contra magia para recibir al servidor de Dios y al sentenciado y de nuevo toda la atención se centró en él.
Ryo no lograba comprender muy bien a los humanos y tampoco estaba muy interesado en hacerlo cuando aún tenía la oportunidad. La historia humana siempre se le había hecho un poco idiota, los humanos repetían sus errores la mayoría de las veces y le temían inmensamente a lo desconocido. Por ejemplo las Guerras Mundiales, qué caso tenía todo ése dolor al planeta? Para el que iba a ser castigado no tenía ninguno, principalmente la segunda, en donde perseguían a personas por el simple hecho de su religión, oh, ironía! Habían sentenciado a aquel hombre austriaco que amaba a su patria con todo su ser, incluso cayendo en lo obsesivo, pero justamente eso hacían en ése momento, pero qué importa? Los seres mágicos son malévolos por que pueden usar magia y pueden usarla contra los humanos! Mejor prevenir que lamentar, verdad?
Siguieron recorriendo el enorme pasillo para por fin salir a un lado del altar dentro del enorme templo en el que se encontraban, no lo reconoció así que dedujo que incluso lo habían mandado a otra ciudad. Ése recinto era enorme, podía calcular que al menos el doble o el triple del tamaño de la iglesia a la que él iba cuando vivía con el ángel de alas negras, ladeó la mirada y pudo apreciar lo que parecían ser tres grandes salones sin contar el que en él se encontraba y había montones y montones de bancas de madera que estaban repletas de gente, ya fueran monjas, clérigos, obispos, arzobispos y de ésos títulos que miraban su persona con gran escrutinio y profundamente, algunos con miedo mientras que otros con enojo o incluso con asco, quién sabe, eso era algo que a Ryo le dejó de importar de hace algún tiempo para acá. Su camilla finalmente se detuvo frente a una enorme silla que parecía un trono de color bronce, detalladamente adornada y encima del mismo había dos ángeles de bronce sosteniendo las llaves y la tiara, símbolos de la autoridad papal. Ahí fue cuando Ryo reaccionó.
Sí estaba en otra ciudad, en otro país, Dios! En otro continente!! Los ojos del Maldito se abrieron de par en par de la impresión, con razón todo se le hacía vagamente conocido! Ésa desgraciada comunidad llamada catolicismo lo habían mandado al mayor recinto de ésta religión: El Vaticano. Así que dedujo que se encontraba en la basílica de San Pedro y que ése trono era donde los rumores decían que se encontraban restos de la silla que el mismísimo San Pedro utilizó; su corazón empezó a palpitar con mayor velocidad y sintió marearse de nuevo. Nunca creyó que fueran a hacer tanto escándalo por él.
Unos cánticos que venían desde un lugar desconocido del recinto empezaron a hacerse resonar con un poderoso eco debido a la arquitectura con la que había sido construido aquel tesoro católico. Todos se pusieron de pie en cuando éstas voces empezaron a retumbar en los tímpanos de los presentes y entonces el que sufriría del adagio dedujo que todo por fin empezaría, lo matarían ahí? En la casa del Señor? En presencia de todas aquellas estatuas que representaban santos y ángeles? Qué enferma es la mente humana, volvió a pensar el Maldito. Todas las personas ahí presentes empezaron a cantar con un gran entusiasmo, evidentemente felices y regocijándose de que El Maldito por fin había caído en sus manos y que habría un próximo fin a sus días de vida.
Empezó a oír unos pasos que se acercaban a él con insistencia, así que volteó hacia donde aquel molesto ruido nacía y descubrió así al más poderoso ser en ése religioso mundo: El Papa.
Un hombre de edad avanzada y de cabello cano, tez blanca y ojos azules muy claros, tanto que casi daban la falsa seguridad de que el hombre estaba ciego pero era obvio que era todo lo contrario puesto que Ryo estaba seguro de que ése hombre lo miraba fijamente, vestía las blancas y doradas ropas que lo delataban como pontífice de la iglesia y ése enorme cetro con el que mandaba con mano justa y bondadosa al mundo religioso. Los cánticos por fin terminaron y el anciano Papa dejó de mirar al cuerpo inerte frente a él para mirar a los espectadores que lo miraban ansiosos por saber qué iba a hacer, levantando el cetro empezó a hablar de nuevo en ése desgraciado latín que en tan poco tiempo Ryo había aprendido a odiarlo.
… Tiempo…
… Algo que te deja hartarte de ti…
-º-
Fin Capítulo Cuarenta y Dos