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Traidora: Los personajes, las situaciones en esta historia, son míos. Cualquier parecido con la vida real, es pura, pero de verdad, pura coincidencia. No publiquéis esto en otro lado sin mi consentimiento. Esto es un obra de ficción, original, y debéis respetarlo. Si queréis usar mis personajes, pedidme permiso. Eso sí, si queréis hacer fanart a partir de ella.. alante. Ya sabéis, no?? sta va a ser mi primera publicación aquí en Fiction press. Por favor, dejadme reviews!!
Ahora, os dejo la historia. Ran.
Capítulo 1
-No me dejes!! -Samantha imploró, intentando avanzar, y zafarse la sujección de su hermana y de los dos obreros. -Por favor, no me dejes!! dime algo!! -Pero él no dijo nada, sólo volvió hacia ella la cabeza, y clavó en ella sus ojos con una extraña expresión, que no podía definirse si de tristeza o de reproche, o ambas cosas a la vez.
Enfocó la visión de sus ojos, tras aquellas gafitas de pasta blanca y fina, casi transparente, y le aterró la idea de no volver a verlos nunca más. Sin poder hacer nada para evitarlo, de sus ojos se deslizaron dos mejillas, logrando que él apartase definitivamente su mirada, indicándole que no iba a volver atrás...
La joven dejó de forcejear, comprendiendo que no ba a
lograr nada, y entonces tanto aquellos dos hombres como su hermana,
aflojaron su agarre.
-Ya era demasiado tarde, Sa, esto iba a pasar
al final, de todos modos. -Perfecto, eloisa pensaba haber arreglado el
mundo con esas palabras, y se sorprendió mucho al ver la forma en que
su hermana menor la miró y se fue corriendo hacia el exterior de la
nave. -esto.. muchas gracias a los dos... tomad -del bolsillo de su
americana, sacó un fajo de billetes que dividió entregando una parte a
cada uno- Espero que esto os compense.
Los dos hombres acpetaron el dinero con una amplia sonrisa, imposible de disimular, y tras dar las gracias volvieron, charlando entre ellos sobre lo que acababa de psarles. Aquella iba a ser una gran anecdotá de la que presumir en algún bar.
Eloisa corrió hacia afuera de la nave industrial,
hacia el coche, tras recordar horrorizada que quien tenía las llaves
era su hermanita. Llegó tan solo para ver, con cara de estúpida, como
el coche abandonaba el aparcamiento y avanzaba pitando, intentando
seguir a otro que ya se encontraría a bastante distancia, mezclado
entre los demás coches de la carretera.
-Sa!! Sam!! Vuelve!! -Lo
primero que le pasó por la mente fue correr tras el coche, pero su
hermana no frenó, es más, casí hizo un intento de atropellarla, pero no
violvió atrás para conseguirlo, si no que aceleró aún mas y acabó
perdiendose entre el tráfico del polígono industrial.
La joven se quedó parada, y se llevó la mano hacia las piernas. Los pies le dolían por haber tenido que correr con tazones, y además se le había hacho una carrera en las medias. Por suerte, la farsa había acabado ya. Sacó su teléfono móvil y sin darle más importancia a la forma en que su hermana había actuado, llamó y pidió un taxi.
Mientras conducía, iba llorando, y maldiciendo cada uno de sus minutos de vida, desde el día en que decidió hacer caso a su hermana y seguir sus pasos como ladrona y estafadora. En Seis años, habían destrozado las fortunas, las vidas los sueños y las ilusiones de tantas personas... Y eso nunca le había importado hasta entonces.
Con una mano, se quitó la horríble y estúpida peluca rubia y rizada, que aún no se había acostumbrado a llevar puesta, en los tres meses que había durado la estafa. Agitó la cabeza, para que su pelo rojizo se desenrroscara, y cayese libremente, al fín. Se había quedado electrificado, y le daba un aspecto muy desordenado; cualquiera que la hubiese visto, pensaría que era algún tipo de ejecutiva con un ataque exagerado de estrés o de ansiedad.
No iban tan mal encaminados. Asió el volente del coche, tras parar en el semáforo cerrado. Buscó con su mirada el coche de Louis, pero no podía encontrarlo. Cómo iba a lograrlo? había salido unos minutos más tarde que él, y obviamente no sabía a dónde se dirigía. Pero en su ataque de rabia, en ese rápido arrojo, aún había pensado que iba a poder alcanzarle. De nuevo, una mueca que la forzada a llorar más amargamente, se asomó a su cara, y pegó un golpe en el volante, haciéndo sonar involuntariamente la bocina. El coche de detrás la golpeó, y ella, si preveerlo, se golpeó contra el volante en la boca, haciendo que su labio comenzase a sangrar. -Ya voy, gilipollas... murmuró y tiró para adelante, cogiendo una dirección en la que esperaba poder encontrarle.
Condujo muchas horas, dio varios rodeos por las zonas que habían frecuentado juntos, y por las que sabía que él se movía, pero no pudo dar con él, ni con su coche. Al final, sintiéndose derrotada, decidió acabar con su búsqueda, y aparcó en elprimer lugar donde hubo encontrado una plaza libre. Bajó del coche, tras mirarse en el espejo retrovisor, y colocarse unas pinzas que llevaba guardadas en la guantera, en el pelo, para dar al menos apariencia de llevarlo peinado. Una vez en la calle, se estiró sin ninguna vergüenza. Era ya de noche, y le importaba un rábano si alguien la veía. Estiró un brazo, luego el otro y luego arqueó la espalda, disfrutando y sintiendose mejor al oírla chasquear. Bostezó. El haber llorado tanto, le había producido dolor de cabeza. Necesitaba tomar algo, para además olvidar el regustillo férrico de la sangre provininente del labio, que se estaba tragando, así que echó un vistazo a la calle en la que había parado.
Chalets adosados por ambos lados, algunos a oscuras, otros con luces. Fijándose mejor, intuyó que seguramente acababa de ocupar el puesto del coche de los dueños de la casa frente a donde había aparcado, pero no tenía ganas de apartar el vehículo, no tenía por qué, en verdad. Comprendió que debía andar bastante hasta salir a alguna zona donde hubiese un bar, o lo que fuese y se miró con pereza a los pies, enbutidos en unos zapatos de altísimo tacón. Se volvió al coche y sacó de una de las bolsas deportivas del maletero, donde llevaban las dos hermanas sus disfraces, y sus botines, unos zapatos bajos y de aspecto cómodo. Se calzó y sacó además una chaqueta de punto. Se la colocó en los primeros metros, y continuó sin un rumbo fijo por la calle.
Andó unos 10 minutos, la calle era muy larga, hasta que al cambiar de manzana, los edificios volvían a ser de pisos, y en sus bajos habían varios locales, y varios bares a los que poder entrar. Siguió caminando, escrutando cada bar con la mirada, buscando el que estuviese más vacío, y donde la gente no quisiera intentar entablar una conversación. Finalmente se decidió por uno, pequeñito y acogedor, a pesar de ser muy oscuro. Pidió un cubata, whiskey con cola, (más whiskey que cola) y se lo bebió sin problemas, mientras se percataba de la televisión encendida en lo alto... y allí salía él. Enmudeció y sostuvo el vaso mientras miraba boquiabierta las noticias. Law acababa de denunciar en público, y las habían involucrado en una trama de estafa internacional con la que ellas no estaban relacionadas ni de lejos. Las estaban buscando. Le escoció la pequeña herida en el labio, y se la chupó, volviendo a dejar el vaso en la barra, con una expresión en la cara que delataba que aquello la había le había afectado mucho más.
-Te pasa algo?- preguntó el
camarero, mientras secaba unos vasos de tubo. Ella le miró con oos
llorosos, y empinó de un trago lo que quedaba en el vaso.
-Ponme otro. Igual. Ya...