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Fiction » General » Descripción de una lluvia espantosa font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: ana
Fiction Rated: T - Spanish - General - Reviews: 2 - Published: 04-12-05 - Updated: 04-19-05 - id:1884353

Descripción de una lluvia espantosa

Agua, la simple combinación de dos elementos simples, clara, fresca, escurriéndose como al descuido, como sin querer, silenciosa en su régimen laminar…”

No. En realidad no era así de simple. El agua tendía a ocuparlo todo, y si su avanzar era sigiloso en el interior, afuera era turbulento, y azotaba la casa con total impiedad. Pero también era impiadosa dentro, en donde su comportamiento era comparable al de las plagas, ascendiendo entre los capilares, trepándose a los mubles, por las paredes, aflojando la pintura, despegando el papel tapiz, volviendo blando el yeso… No hacía falta verlo, uno podía imaginar su labor de hormiga sin mayor dificultad… Hasta que una porción del líquido elemento, en su forma de mínima energía, venció todas las barreras hidrófugas, se abrió paso por inimaginable trayectoria, y se deslizó con falsa modestia a lo largo de las cadenas que pendían sobre la estancia para balancease inocentona y caer finalmente sobre la frente del señor Augusto Selarrayán, quién por fin alzó los párpados, se incorporó en su sillón forrado de terciopelo verde olivo, y aplastó la gota con la palma de su mano en un gesto de fastidio. Luego, su fuerza de voluntad flaqueó y no pudo evitar pasear la mirada en derredor; el agua era turbia, de un color lechoso amarronado, y además olía mal; seguramente debía provenir de… Don Augusto se sobresaltó cuando una de las ventanas cedió ante una ráfaga de viento. Sus hojas se abrieron con un estrépito, los vidrios vibraron peligrosamente y el diluvio de fuera se instaló en la sala. Las cortinas se elevaron hasta tocar el cielorraso, cantidad de papeles volaron por los aires, la araña se meció perniciosa sobre la cabeza del hombre y varias de las figurillas que adornaban los esquineros rodaron por la madera lustrada y cayeron al vacío emitiendo un indolente “plop”.

Don Augusto dejó su sillón como impulsado por resortes y corrió hacia la ventana chapoteando en el agua que para entonces le cubría los tobillos; tuvo que batallar contra otras dos ráfagas de viento y agua para poder cerrarla, y cuando al fin lo consiguió, lo sorprendió el parpadeo de la luz artificial.

Voló de regreso a su sitio y encogió las piernas hasta cubrirlas con su bata, se abrazó a sí mismo temblando de frío y cerró los ojos con fuerza fracción de segundo después que la electricidad se cortara.

Esto no está pasando… no puede estar pasándome…”


N/A: A ver... Este minicuento es el primero de una seguidilla de cuentitos más bien sencillos, por ende, no tendrá continuación, si bien sus descendientes se alojarán bajo el mismo título general. Aclarado esto, me disculpo por la demora en la continuación de UDI; por estos días no sólo he perdido la inspiración, sino la gracia que le veía a una historia cuyo principio me causa pavor... Lo que no quiere decir que no la vaya a acabar; de hecho tengo garabateados algunos capítulos... aunque, lamentablemente, el final es una excepción.

¿Les gustó este cuento? ¿Les pareció un asco? Si lo leyeron, no dejen de hacerme saber aunque sólo sea eso, que lo han leído.

Ana.



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