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Fiction » General » Y llegará font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Ahuitl
Fiction Rated: K - Spanish - General - Reviews: 5 - Published: 05-11-05 - Updated: 05-11-05 - id:1910627

Y llegará...

Faltaba una semana. Los días pasaban lentos, o como solía decir, espesos. Como cuando se vacía miel en un recipiente; el flujo constante del líquido viscoso y denso, hace pensar que nunca se acabará de vaciar, pero sabemos que no será así.

Las horas se sentían como kilos, pesaban cuanto más transcurrieran. Así, el paso del tiempo aumentaba su angustia, como si supiera que llegado al final de aquella espera, caería aplastada como resultado del peso que las horas habrían infligido sobre ella.

Espera nada agradable, para sucesos poco esperados y desconocidos.

¿Y si no se quedara ahí, esperando?, ¿podría irse?... no, vanas ideas le rondaban la mente. Estuviera donde fuera, el resultado de aquella espera le llegaría.

Solo seguir y seguir es lo que queda.

¿Porqué se le habría ocurrido preguntar? El daño estaba hecho y ahora solo quedaba la espera.


Faltan tres días. Sus nervios se crispan tan solo en pensar el término de aquello. No puede dejar de pensar en eso. De nada valen las distracciones: el trabajo, las compras, el cine, los paseos. Nada es válido para hacerle olvidar los pocos días que quedan.

Si tan solo pudiera regresar en el tiempo, no hacerlo, no estar ahí, no dejarse llevar. Pero no es posible. Lo hecho, hecho está, y solo queda afrontar lo que ha de llegar.


¡Mañana!,...¡Mañana es el día!, se dice al despertar. Casi no pudo conciliar el sueño, esta noche menos que las otras.

¡Mañana!, ¿Mañana?, tal vez no lleva la cuenta, tal vez no sea mañana... corrobora el calendario, mira su agenda, ... si, ¡es MAÑANA!.

Ese día transcurre más lento que todos los demás. Nadie nota su angustia, nadie sabe su ansiedad. Sola ha cargado el pesado fardo de su conocimiento, de su decisión, de su elección.

La tarde se presenta de repente, como queriendo robarle los últimos minutos de ese día de golpe. Lo logra. El oscurecer cae encima, mucho más precipitadamente y más apropósito de lo que sintiera en toda su vida.

Algunas estrellas se ven tras la cortina de humo de la ciudad y de sus luces nocturnas. Ellas lo saben, se lo gritan en la cara, mientras las observa por su ventana. Pide misericordia a quien esté arriba. La oscuridad trae promesa de una noche de desvelo. Esta sola. Sola en su cuarto, con nada más que la angustia y la ansiedad haciéndole compañía.

No cree que pueda conciliar el sueño, pero se mete en la cama tal vez queriendo invocarlo. Se revuelve entre las sábanas, la angustia de hace una semana ha crecido de una forma exponencial hasta ese momento, y siente que no podrá más. Es demasiado.

Mira el reloj. Avanza sin inmutarse. El tiempo así es, no se fija en nadie. El reloj es un mero anunciador de su paso, que no se fija de quien esté al pendiente. No sabe de la mirada que cae en él; de la mirada de ella, cada vez que le asalta la duda de pensar que ha transcurrido mucho tiempo, cuando solo han sido un par de minutos. Piensa que tal vez se vuelva loca, mientras trata de esconderse bajo las sábanas, como lo hiciera de niña ante los monstruos que adivinaba en las sombras, y que desaparecían en cuanto ella lo hacía bajo las sábanas.

La noche avanza. El cansancio acumulado de varias noches incompletas sin dormir, le pesa mucho más de lo que antes había soportado.

Su cuerpo se rinde, y sin siquiera darse cuenta, termina durmiendo a solo poco tiempo del amanecer.


El sol ilumina la habitación, y su luz que rebota por todas partes, hace que despierte.

¡El día tan temido ya está aquí!. De momento, no siente que pueda ponerse en pie; pero la ansiedad, que la ha poseído por completo, hace que su cuerpo no tenga otro impulso.

Sus manos tiemblan. Siente el sudor brotar de su frente, como si hubiera recorrido kilómetros desde que dejara la cama, hasta unos pasos más allá de ella.

¡No puede ser cierto!, ¡AQUEL DÍA no es hoy!, piensa tratando de convencerse o tal vez engañarse, sobre algo, que también sabe, es completamente cierto.

La distancia kilométrica, según el sudor de su frente lo dice, del pie de su cama a la puerta de su habitación, ya no existe.

Ahí, temblando como si toda la nieve del polo norte estuviera en su cuarto, trata de tomar la manija de la puerta.

Este es el momento que tanto temía desde hace varios días. Su corazón se acelera, sus latidos los siente hasta en las sienes, mientras abre la puerta.

¡¿Porqué lo hizo?!,¡¿Porqué tomó aquella decisión que la había llevado hasta ese momento?!.¡¿Porqué tenían que haber pasado así las cosas?!.

Y mientras los porqués se agalopaban en su mente al borde de la locura; la puerta se abría completamente, dejando su destino al descubierto ante ella. Ahí estaba aquello tan temido, de naturaleza tan clara y tan desprovisto de toda explicación.



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