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Fiction » Romance » Por amor al arte font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: ana
Fiction Rated: T - Spanish - General/Humor - Published: 05-25-05 - Updated: 05-25-05 - id:1922312

Por amor al arte

La descubrió por casualidad, en una lata oxidada de galletitas Manón, mezclada con otras tantas chucherías que el viejo iba a tirar a la basura. Fue amor a primera vista, no supo por qué. Tal vez lo atrajeron su superficie tersa y su aparente perfección. Porque a todas luces era perfecta, simétrica y de ese color marfil con que los años tiñen al blanco inmaculado. Sin lugar a dudas, era un objeto con experiencia. ¡Ah… si tan sólo pudiera hablar…! Era una pena que no fuera capaz de semejante hazaña.

Una única pieza, maciza y rígida, pero al tacto, cálida… Por un momento llegó a pensar que hasta podía escocerle la piel de las manos. Sus aristas ostentaban entre sí ese paralelismo teórico que sólo las concebía unidas en el infinito matemático, y cada uno de sus doce vértices, ligeramente suavizado, para que presentara menor resistencia al moverse rodeada de atmósfera…

Un eje transversal común a cuatro planos circulares y dos hexagonales… Un cilindro, media docena de rectángulos idénticos, y la imitación de un seno femenino, de esos que se pueden conseguir, hoy día, en casi cualquier parte…

Sintiéndose un ladrón, la guardó en su bolsillo procurando que nadie lo advirtiera. Y más tarde, la colocó bajo la lámpara de su escritorio para estudiarla con mayor detenimiento. El calibre acusaba diámetros caprichosos, de milímetros incompletos, y bajo la lupa, los planos mostraban elevaciones y hondonadas, y surcos, y restos de azul de Prusia y carmín que desvirtuaban el suave marfil. Y luego, cada una de las caras era diferente a las otras cinco, y las aristas de los hexágonos estaban cachadas, y ya no eran rectas sino disparejas ondas de períodos larguísimos. Fracción de segundo le tomó barajar y descartar la idea de tomarse el trabajo de construir una función que describiera tan siquiera las que hasta entonces había considerado rectas, una serie de Taylor de orden n, cualquier método de descripción que le permitiera poner en orden el caos con que se había topado por indagar.

Y tuvo que aceptar que no sólo era imperfecta, sino una equivocación. Eso mismo, algo que había salido mal y que, sin embargo, habría logrado birlar el control de calidad. Un simple trozo de plástico, un elemento inorgánico, derivado del cáncer que el humano drena de las entrañas de la Tierra… “Eso mismo”, se dijo, y se planteó imaginar el recorrido que habrían hecho sus componentes químicos, desde la Patagonia quizá, o desde la China… Seguro que extraterrestres no eran… Después decidió pesarla, porque, en una de esas, tenía suerte y conseguía determinar su peso específico o su densidad. Pero no. Su balanza de cocina no tenía suficiente precisión.

En un arranque de desesperación, se la metió en la boca y buscó su sabor. Al principio era salada… pero ese era en realidad el sabor de su transpiración… Y después, nada. Insípida e inodora. No había nada en ella que mereciera la pena ser asentado en ese pseudo informe nacido del puro capricho. ¿Entonces qué era lo que había visto en ella en ese primer momento, cuando la encontró en aquella lata? Otra vez sintió que le escocían las manos, justo cuando estaba a punto de deshacerse de ella.

El amor es así, ¿qué le iba a hacer?

Le daría otra oportunidad.

Los surcos de cada uno de sus planos no eran tan azarosos si los observaba a cierta distancia, bien podía decir que eran la representación de símbolos con significado propio, leyendas tal vez, con distintos formaos para cada caso. Pero no iba a tomar distancia, no iba dejarse engañar por segunda vez.

La asió por el cilindro más angosto y la mantuvo en posición vertical.

Sólo se trataba de describir, tan simple como eso. Tan complicado como eso. Porque, ¿cómo hacerlo sin repetir jamás los adjetivos? En la monotonía de un solo objeto, de un único material, de imperfecciones únicas e irrepetibles, pero a la vez todas iguales, los sinónimos y las comparaciones se le agotarían. Hubiera preferido tener que describir a una persona, a un animal o una planta; o detallar algo que hiciera algo, que pudiera moverse… Eso mismo, describir un fenómeno. Pero no. Tenía que ser un objeto…

La balanceaba entre el pulgar y el índice, como a una bailarina en miniatura. Y por supuesto que podía bailar, con un poco de imaginación, claro está. Sólo había que aplicarle un momento y dejarla hacer… ¡Listo, pronta una ilusión óptica! Y ahora eran solamente dos cilindros compartiendo su eje con un par de medias esferas que seguían asemejándose a un seno femenino.

Ahora comprendía que todo el tiempo no había querido hacer otra cosa que hacerla girar.

Pronto a la rotación se le sumó la traslación, y la bailarina tropezó con un lápiz y se le acabó el baile. Chau ilusión, no duró ni diez segundos. Entonces despejó la superficie, se frotó los dedos en la tela del pantalón, y volvió a intentar. Pero la traslación siempre se colaba en la escena, inevitable, llevando a su bailarina ciega y ebria hacia los confines del plano.

Cayó al suelo sin hacer mucho ruido… Ahora un delgado cilindro por un lado, y un paralelepípedo afeminado por otro. Se agachó para recoger los pedazos, y una sonrisa irónica se asomó de entre sus labios, cuando entornó los ojos y sucumbió a la tentación de leer.

Toma 2”.


N/A: Bueno... Si no entendieron de qué se trataba, entonces no tienen más que preguntar. De todos modos se me hace que sí se entiende, salvo que nunca en sus vidas hayan visto el objeto de que se trata... Como sea, no lo voya aclarar acá, porque si no, la hostoria pierde toda la gracia. XP

Ana.



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