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Author: Ahuitl
Fiction Rated: K+ - Spanish - General/General - Reviews: 4 - Published: 06-04-05 - Updated: 06-04-05 - id:1931230

LA FERIA

Mucha gente. En aquel lugar, así como se iba, así llegaba la gente. Tantos rostros diferentes y desconocidos.

Él, casi en medio de aquel lugar, observa el ir y venir de aquellas personas. Mira tratando de encontrar algún rostro conocido por entre la marea de gente que inunda el sitio en que se realiza aquella feria de libros. Ha recorrido los pasillos observando, tocando y sintiendo entre sus manos libros tan diferentes: filosofia, novelas, cuentos, tratados sobre cálculo, medicina, etc. Compró uno pequeño, de los que estaban en oferta. Su bolsillo empequeñecido últimamente por la falta de trabajo, no le permitió apoderarse de una novedad atrayente que viera entre los estantes; se conformó con ver, prometiéndose que en cuanto sus ingresos mejoraran lo compraría.

Después de aquello, su ánimo decayó y se limitó a sentarse en uno de los escalones de la fuente al centro de aquella feria a mirar a la gente pasar por entre estantes y mesas con libros, discos o carteles. Entonces se sintió solo, por primera vez en algún tiempo tomó conciencia de su soledad. Ese tipo de soledad que te acompaña mientras caminas entre pasillos llenos de personas, que comentan, ríen o se enojan. Soledad a la que no había temido, hasta entonces. Estaba solo. Solo había hecho su recorrido; solo había deambulado por entre aquella gente; solo había preguntado por tal o cual libro; solo se había sentado en aquella fuente a mirar el flujo de personas. ¿Porqué estaba ahí solo?, buena pregunta de contestación tan simple: porqué no hubo nadie que le acompañara. Y ¿porqué no hubo quien lo acompañara?, otra excelente pregunta a la cual no tenía respuesta.

Mira de nuevo a la gente, quisiera encontrar su rostro dentro de esa marea que incesante va y viene, de y hacia el portón. Su rostro afable y conocido, con una sonrisa que flotara sobre todos hasta toparse con la suya en correspondencia. Quisiera ver su mirada entusiasmada por ver todo lo que habría delante. Invitarla a caminar por los pasillos, mostrarle las novedades que ha descubierto y las mejores ofertas de todo el sitio. Ver su sonrisa mientras compran el libro que tanto quería, al tiempo que lo toma entre sus manos y lo acaricia suavemente con sus pequeñas manos: cálidas y morenas.

Mirar sus ojos oscuros con la sonrisa marcada en ellos, sin necesidad de mover los labios; y decirle que es bueno estar ahí con ella, que el tiempo se hace corto y que todo adquiere otro color en su compañía. Decirle cuan feliz es que estuviera ahí y que lo acompañara, mientras ella sonriera complacida.

Piensa e imagina, mientras ve sin mirar ya, a la multitud en aquel lugar.

Exactamente del otro lado de la fuente, una mujer joven, sola, que ha comprado algunos libros, descansa en uno de los escalones de la fuente alta. Mira con ojos negros y tristes a la multitud y a las personas con animada compañía; le gustaría encontrar un rostro conocido. Vana esperanza.

Algo triste y sujetando los libros que ha comprado, única satisfacción del día, se marcha. Rodea la fuente en ruta a la salida, baja el par de escalones de ésta, al tiempo que mira a un hombre sentado en uno de ellos, con una mirada mezcla de ensoñación y tristeza. Por un instante ve sus ojos oscuros y piensa que le gustaría verse reflejada en ellos. Pensamientos de una fracción de segundo.

Enfila hacia el portón de salida, sin voltear.




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