|
|
| Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search | Login Register Extras |
DEMONIOS BLANCOS: Era la única manera.
No debo mostrar el miedo, ese pensamiento le permitió mantenerse viva, mientras la mantuvo sana. Sus piernas la defraudaban y la hacían tambalear cada vez que debía caminar. Sus pedazos de tela cubriendo la parte inferior de su cuerpo no ayudaban con el frío. Atada y sofocada en medio de esa cueva no podía ni pensar bien. Sus manos no lograban quedarse quietas, en todo momento temblando, por frío y mas que todo por terror. No podía entender que había hecho para que los dioses la castigaran de este modo. Su última memoria la tenia grabada firmemente en la mente, pero aun así no era suficiente. Tal vez eso era lo que le ayudaba a continuar, a tratar de sobrevivir entre aquel tumulto de cuerpos, algunos vivos, otros muertos, muchos enfermos, pero pocas como ella.
Quería sobrevivir por su hijo, para que la criatura en su vientre conociera a este mundo. Cada día era mas difícil conseguir comida, solo la tiraba a ver quien lograba obtener algo, y entre esa cantidad de hombres era muy difícil alimentarse. Al menos su intento de aislamiento le permitió mantenerse lo mas sana posible, si eso no incluye su desnutrición. Dormía poco, tenia que estar atenta en cada momento, no fuera a ser que repartían comida y no obtenía nada porque al estar dormida la pensaba muerta. La gran masa oscura no permitía ver bien donde terminaba un cuerpo y el otro empezaba, ni cuando uno estaba muerto o dormido. Y si dormía no había más de un hombre cerca que en esa noche se sintiera insatisfecho y tratara de abusar de ella. Siempre atenta. Si hubiera un río cerca para poder verse los ojos rojos de cansancio, las arrugas del grotesco escenario y lo poco atractiva que se veía con tan poca masa corporal.
Cada vez venían menos, lo cual solo corroboraba con el constante sentimiento de perdición entre todos. Depresión dominaba el aura del lugar, el olor a podrido y heces no permitía una benigna respiración entre ellos.
Vinieron otra vez, finalmente, y solo le dieron comida a los fuertes, a los machos, a aquellos que aun no mostraban mucho su enfermedad ni aquellas con mucha panza. Y cada vez que venían traían mas, ya empezaba a sentir un pequeño deseo de salir de ahí, la claustrofobia empezó en ella y lo único que quería hacer era gritar, pararse, utilizar sus piernas, pero estas ya llevaban echadas tanto tiempo que sus músculos no entendían lo que quería cuando intentaba pararse nuevamente. Pensó que eso nunca iba a terminar. Y todo ese tiempo con un solo pensamiento, No debo mostrar miedo, pero estaba asustada, era horrendo ver todo lo que pasaba a su alrededor. El constante albedrío no permitía descansar, no permitía comunicarse. Gente de todas partes, todas con variaciones en sus lenguas, pocos que lograban entenderse. Y ellas estaban todas distantes, si estuvieran juntas podrían hacer un fuerte y protegerse entre ellas, pero era adrede que estaban separadas. Después de todo, también eran hombres las que las pusieron allí.
Meses después logro salir, pero no pudo volver. Empujaron a muchos que aun tenían fuerzas a un barco. Como unos ciento cincuenta, pero aun eras muchos. Y los reclutaron a un espacio aun mas confinado, dentro de un barco. De noche constantemente llovía, y todos los días solo se veía mar cerca de ellos. De vez en cuando los subían a la borda, ahí los enfermos eran atados unos a otros y tirados por la borda, otros eran azotados por entretenimiento… y al que se movía para reclamar también era azotada, lo mejor resulto ser hacer como si no pasaba nada. Pero dentro ella se estaba desmoronando, moral y éticamente su cuerpo estaba matándose por dentro lentamente con un enredo de emociones. ? Porque sigo aquí parada sin hacer nada por ellos y ella? ?Donde estoy? ?Que será de mi y mi bebe una vez que el nazca y estemos viviendo en este infierno de madera? ?Como volveré después?
Estas y muchas otras dudas reiteraban en su cabeza, estaba completamente desorientada y su condición deteriorada en todo sentido. Un día sintió que iba a morir del dolor que tenia dentro de ella, pero no fue tan malo.
Muchas personas le ayudaron, unas la sujetaban a ella y otras le daban un poco de espacio, ella se valió de dos manos, no supo a quien pertenecía pero mucha de esa noche fue despreciable, ese dolor venia desde todo su cuerpo, su corazón latía forzadamente, no fue hasta que alguien le susurro en el oído que su niño estaba naciendo que comprendió que el dolor era un pequeño precio para poder ver al amor de su vida. Empujo con fuerza para sacarlo de si misma, y apretó con fuerzas las manos ajenas con dolor, sabiendo que los gritos no le iban a valer de nada, tampoco quería que los demonios blancos se llevaran a su bebé. Finalmente el dolor termino. Abrió los ojos otra vez y viendo arriba ubico el techo oscuro, pero lentamente pudo ver que variadas manos estaban sosteniendo al niño por encima para que este pudiera respirar y no se sofocara al nacer. Paso por muchas manos, casi paso por doscientas manos, pero finalmente llego donde ella y lo pudo acoger en su pecho. La simpatía de la gente se podía sentir por la esperanza que los lleno por unos minutos, hasta que nuevamente llego a ellos el presentimiento de que estaban en un barco maldito.
A la mañana siguiente consiguió una prenda un poco mas grande que solía pertenecerle a alguien que murió, la uso para calentar al niño y mantenerlo seco, además así pudo encubrirlo de las garras de los demonios blancos, ya había visto como uno fue tirado por la borda y utilizado para practicar tiros con un instrumento inusual que sonaba agudamente. No quería que eso le pasara a el, se iban a mantener unidos hasta que ese barco los llevara a tierra firme y escaparan. Por eso ella practico caminar lentamente por toda la borda, por donde era permitido, no fuera a ser que por un descuido ella iba a ser sometida al instrumento que emitía un ruido muy agudo cuando en manos de los demonios blancos.
Pero después de días y días, porque no tenía modo de saber la noción del tiempo, no había instrumentos ni tierra cerca por medio de la cual podía ver en que momento estaban situados, aun así pudo saber lo suficiente como para saber que cuando llegaran no iba a mejorar. Hizo una decisión, que le tomo mucho tiempo, pero había que hacerla.
Esa noche, tomo diferentes prendas de los cuerpos deteriorados, porque algunos de los que morían no eran eliminados nunca de su oscuro cuartel, por tanto fue imposible no enfermarse un poco, sabia ya que sus días estaban igualmente contados.
Al día siguiente ya sabía. Iba a ser rápido, pero no debía ser vista. Otra vez hubo una ronda de azotes, esta vez estaban tratando de que ver sus huesos de la espalda azote tras azote, no quería ni volver a ver esto. Se fue separando del grupo desapercibida, Alguno que otro la notaba, pero pocos sabían que iba a hacer.
Será el final, pero no podría ser peor que ahí. Iré a alguna parte mejor, viviré en sueños con mi niño, Kwi-qa. Ya no aguanto la opresión, verlos día a día sufrir, y yo sufriendo también, cuando ya no hay nada que hacer y nada por ser hecho eso no es vivir. La confusión me carcome, el odio me evita ver todo con claridad, el amor no puede vivir en estas condiciones. Era la única manera.
Sutilmente llego a la esquina sin ser notada. Miro a su alrededor, sabia que nadie la iba a notar, pero hizo una breve pausa para ver a su alrededor, en este momento Cinque estaba viendo hacia ella. Le sonrió afectivamente, era su manera de decirles gracias, no hubiera sobrevivido su niño sin ninguno de ellos. Quebró la vista y la sonrisa, el volvió a ver al frente, claramente disgustado por lo que los demonios les forzaban ver. Logro efectivamente logro subirse en la ladera, y sin pensarlo dos veces se inclino hacia atrás. Por un momento se sintió libre, cayendo por el aire. Rápidamente pego contra el agua, fue un sentimiento exhilerante, ambos acogieron ese sentimiento, sabían que no iba a ser mejor que eso. Se hundieron armoniosamente en el profundo océano, llego el momento en el que sintió ese jalón por un deseo de aire, pero lo ignoro, hundiéndose cada vez mas, en todo momento observo las criaturas ajena al término tortura alrededor de ella, y no tenia miedo, estaba feliz. Eventualmente no pudo pensar más y cerro los ojos. Abrazo a su hijo fuertemente.
Juntos empezaron a subir nuevamente, hacia un nuevo mundo, pero no América, sino lo que sigue después de la vida.