Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search Login Register Extras
Fiction » Romance » Siempre te Amaré font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Tsory
Fiction Rated: T - Spanish - Romance/Tragedy - Reviews: 8 - Published: 06-20-05 - Updated: 06-20-05 - Complete - id:1944293

Siempre te amaré
(Es la sociedad la que nos impide decirlo a los cuatro vientos)

La tarde acaba de comenzar. Todos los alumnos salen de sus respectivos colegios hacia sus casas, por fin, libres del encierro, hasta que fuese otra mañana en donde sus cabezas pudiesen dormir plácidamente, hasta el Lunes en donde la palabra “Colegio” y sus sinónimos volvían a la rutina de semana tras semana.
Uno de esos alumnos, Manuel, de sólo 16 años de edad, caminaba tranquilamente por la vereda rumbo a su casa...
-¡Manuel!
Manuel volteó.
-Hola José- saludó amistosamente Manuel- ¿Qué tal el día?
-No preguntes.
-¿Por qué? ¿Ocurrió algo malo?
-Te dije que no preguntaras.
-Ah, ya sé- dijo Manuel con un tono pícaro en su voz- ¿Te confesaste ante una chica?- José no contestó, sólo se sonrojó- ¡Lo sabía! ¡Felicitaciones “Romeo”!- terminó de decir dándole a José un coscorrón en su cabeza.
-No es eso.
-Tú no me engañas José. Te conozco y sé cuando estás enamorado.
-Entonces no me conoces- murmuró tristemente José bajando su cabeza.
-¿Y quién es la afortunada?- siguió Manuel sin hacer caso al murmullo- ¿Es Paula?... ¡Ah no, ella ya tiene novio!... ¡Entonces es Carla!... ¿Es Carla, cierto?
-Ya te dije que no es nada de “eso”- musitó de nuevo bajando más la cabeza.
-¡Amigo me preocupas!...
-Oye Manuel- interrumpió.
-¿Sí?
-Hay algo que me sucede desde hace mucho tiempo, pero...- se detuvo, no sabía si lo que diría ahora sería correcto.
-¿Pero?...
-Pero es que no se como explicarlo bien.
-Puedes contarme lo que te pasa... si es que eso te hace sentir mejor.
-No lo sé.
-Eres mi mejor amigo José y tú lo sabes. Anda, sabes que puedes confiar en mí- por alguna extraña razón, José, no podía mirar otra cosa más que el suelo- Por favor... Dime qué te pasa.
-Lo que me pasa... te va a sonar algo raro... es que... lo que me pasa es...
-¡Manuel!- gritó una linda joven de 15 años que corría hacia él- Con que aquí estabas, te estuve buscando por todo el colegio. Y si no me dicen, que ya te fuiste, todavía te seguiría buscando como tonta.
-¿Y para qué me buscabas?
-¿No me digas que lo olvidaste?- dijo enojada.
-¿Olvidar qué?
-¡Prometiste que me llevarías al cine! ¿Cómo pudiste olvidarlo?
-Disculpa Daniela- dijo algo avergonzado Manuel.
-¡Soy tu novia Manuel! ¡Y aún así me descuidas como si nada!- Daniela sólo volteó- ¡Hombres, todos son iguales!- se quejó.
-¿Hablamos otro día?- sugirió José.
-De acuerdo- se fue hasta su novia y le pasó el brazo por encima de su hombro- Adiós José- le dijo con un ademán de “adiós”.
-Adiós- atinó a decir José quedándose con la mano un poco levantada, cualquier persona que le hubiese visto en ese momento pensaría que era un tonto que se voló de repente del mundo. Cuando volvió, se dio cuenta de que tenía que volver a su casa. Decidió hacerlo caminando, así tardaría más y pensaría mejor.

¿Qué le pasaba?... esa era la pregunta que se hacía una y otra vez desde que era un niño. Nunca fue como sus otros amigos, él no podía estar enamorado de una mujer por más que pudiera y por más que pudiese engañar a sus amigos contándoles cada semana la supuesta nueva chica que le gustaba.
José era homosexual y, aunque él ya lo había admitido hace ya casi 5 años atrás, no podía admitirlo delante de sus amigos y aún menos delante de Manuel, su mejor amigo, el chico que le gustaba.
A veces cuando dormía, soñaba que le lograba confesar a Manuel su homosexualidad y decirle cuanto le gustaba. En sus mejores pesadillas soñaba que él lo miraba como algo raro y huía delante de la situación; mientras que en las peores soñaba que Manuel tomaba dulcemente su rostro con sus manos, para luego unir sus labios en un beso duradero. En el primer caso, despertaba en medio de la oscuridad tranquilo de que fuese un sueño. Y en el otro, despertaba llorando sabiendo que eso nunca iba a pasar.
-Manuel... - pensaba en el silencio de su mente- Manuel... como me gustaría algún día tocar tu rostro sin temor a que me rechaces, como me gustaría acariciar tu cabello y presionar tu cabeza contra la mía si llegara ese beso que tanto espero y que nunca llegará- poesías como ésta, eran algunas que José armaba en su cabeza después de haber visto a su inspiración: Manuel.
Cuando aquella persona está tan lejana, te das cuenta que no vale la pena arriesgarse... en todo caso y de todas formas...
-...No vale la pena decírselo- pensó José- además, él ya tiene a Daniela. Él está feliz y su felicidad es la mía.

El fin de semana pasó tan rápido que nadie se dio cuenta que ya era Lunes de nuevo. Cada persona en la ciudad atinó a su rutina matutina, los estudiantes no fueron la excepción. Cada alumno regresó a su respectivo establecimiento, entre ellos José y Manuel, quienes mantenían una conversación desde que Manuel fue a buscar a José para ir al colegio. Caminaban y conversaban, sin preocupaciones.
-...es por eso que quiero decírselo, pero no hallo las palabras- confesó Manuel.
-Yo creo- empezó José- que lo mejor es que le digas la verdad a Daniela.
-¿Pero cómo se lo digo?
-Simple, dile que ya no te gusta más.
-La idea es no dañarla.
-¿Y qué quieres que le haga? ¡Yo no soy el experto en mujeres!- dijo enojado José- Yo creo que lo mejor es que le digas la verdad sin rodeos, sufrirá más con tus excusas que con la explicación directa.
Manuel enmudeció, a pesar del ruido que producía el embotellamiento, el silencio que se produjo entre los dos era aterrador. Fue como si se hubiese producido un pacto silencioso entre ambos, en el cual parecía decir que callaran y no hablaran hasta llegar al colegio, donde precisamente se rompió el silencio.
-De ahí nos vemos- se despidió José cuando se dirigió al IIºB (su curso).
-Adiós- Fue lo único que dijo Manuel cuando se dirigió al IIIºA.
Pobre José, tan desdichado. Aunque Manuel estuviese lejos o cerca, él siempre se sentía entre el limbo que separa al cielo del infierno...

Llegó el final del primer recreo. José regresaba tranquilo, había olvidado el tema de Manuel momentáneamente. El partido de fútbol había sido agotador, tanto así que incluso estaba dispuesto a dormirse en biología.
Cuál fue su sorpresa cuando descubrió debajo de su puesto un sobre, blanco, tan blanco que parecía no tener huellas impregnadas.
José estuvo esperando, durante toda la clase de biología, el maldito recreo que parecía no venir nunca.
Por fin el timbre sonó y salió al tan esperado recreo para leer la carta que le habían enviado.
Encontró un lugar solitario en la copa de un árbol, en donde pudo leer y releer tranquilamente su carta...
-¡No puede ser!- decía en murmullos- ¡Esto no puede ser!
Para su lástima, lo era. Una carta... una carta que sólo decía lo siguiente:

José:

Desde la primera vez que te vi no supe explicarme bien lo que sentía. Pero ahora me he dado cuenta que me enamoré de ti.

Me gustaría hablar contigo al respecto de esto, porque lo que siento es algo que ya no puedo controlar, y si no te lo digo creo que moriré de angustia.

Te espero en la cancha de fútbol a las 5:00 de la tarde. Por favor: No faltes.

-¡No puede ser!- se volvía a repetir- ¿Qué rayos voy a hacer? ¿Qué le voy a decir a ella?... Nunca me había esperado encontrarme en una situación así.Y era cierto. Jamás se había imaginado que podría tener una admiradora secreta detrás de él. ¿Qué iba a hacer?... Lo más seguro es que después de que le dijera a su admiradora que ella no le gustaba, ésta le exigiría una explicación. Si sabía algo era por experiencias de sus amigos: Si ellos les decían que les gustaba una o ninguna chica en ese momento, ella no dejaría de seguirlo hasta que se aburriera o hasta que éste le pidiese ser noviazgo; pero dejaría de seguirlo para siempre, si tenía novia desde hace tiempo. En los colegios toda noticia, rumor o comentario vuela de oreja en oreja y antes de que te des cuenta, todos saben la noticia. Y según como estés en ella: O te molestan o te echan calumnias.
- No me queda otra...- pensó- tendré que decirle a esta chica la verdad... aunque me estoy arriesgando a que Manuel lo sepa todo... ¡Maldito destino! ¿Por qué enfrentas mis dos más temidas pesadillas en un solo día?...

El timbre de salida tocó a las 3:00 de la tarde. Casi todos los alumnos regresaban a sus casas a hacer sus tareas o solamente a tirarse un rato y descansar. Otros, en cambio, se quedaron en el colegio: Terminando trabajos o en las extra programáticas. José no asistía ni a lo uno ni la otro, sólo se quedaba dando vueltas por el patio y por los pasillos del colegio, esperando las 5:00 de la tarde para realizar su “primera confesión”. Los minutos pasaron tan rápidos que casi ni se dio cuenta que faltaban cinco minutos para las cinco. Estaba decidido. Tomó aire, se armó de valor y se dirigió a la cancha de fúó a su objetivo. Los del taller de fútbol mixto ya se retiraban. Por un momento José pensó que la chica, que pudo haberle escrito la carta, practicaba fútbol y tal vez por eso le quería ver precisamente en ese lugar. Cual fue su sorpresa cuando vio que todos los del taller se retiraron, no quedó nadie más en la cancha a excepción de él mismo. Observó su reloj de pulsera, eran las 5:15 de la tarde.
-Tal vez se retrasó- pensó.
Las manecillas del reloj se movieron hasta que indicaron las 5:30.
-Tal vez... tal vez se arrepintió- pensó aliviado.
Y con el alivio en el alma empezó a emprender la marcha a su casa. Sólo caminó un par de segundos cuando alguien le golpeó, por detrás de la cabeza, con algo tan grande y tan duro como un bloque. Lo que sucedió ocurrió en tan sólo una fracción de segundo: Un fuerte dolor en la cabeza, todo se oscureció para José, se sintió caer hacia delante en cuanto perdió el equilibrio, tocó el frío suelo de tierra y luego no supo más. Se desmayó.
José despertó. Le dolía mucho la cabeza y todo estaba oscuro. Abrió los ojos, pero no vio nada; intentó moverse, no podía. Tardó sólo un par de segundos en darse cuenta que estaba amarrado a un asiento y con los ojos vendados.
-¿Dónde estoy?- dijo para sí, pero lo único que le respondió fue el silencio del eco producido por las paredes.
Gracias al eco pudo precisar que se encontraba dentro de una habitación. Y después de oír al reloj cucú sonar ocho veces, supo que estaba todavía en su colegio y en la sala del IIºB (su curso). Esto lo sabía porque su sala era la única que tenía un reloj cucú.
De pronto, oyó la puerta abrirse. Alguien entró y fuera quien fuese casi ni hacía ruido al caminar, como si se hubiese quitado los zapatos para no despertar a quien duerme.
-¿Quién está ahí?- le preguntó al que entró- ¿Tú me trajiste hasta acá?- la persona lo único que hizo fue acariciarle el rostro con su mano, pasándola suavemente por las mejillas y por los labios de José- ¿Eres la chica que me envió la carta?- la única respuesta que recibió fue una caricia en la cabeza.
Empezó a recordar como había llegado allí, mientras le acariciaban el rostro y el cabello: La cancha de fútbol, un fuerte golpe en la cabeza y la oscuridad producida por el desmayo. Se imaginó que aquella chica en su desesperación, de no poderle confesarle su amor, lo habría dejado inconsciente de un golpe en la cabeza y lo habría traído a la sala. En realidad: O estaba muy loca o muy desesperada.
En cuanto dejó de contentarse con su rostro, empezó a desabotonarle la blusa a José. En cuanto terminó, empezó a pasar suavemente sus manos por su pecho. Eran tan placenteras esas caricias que José no pudo evitar unos tímidos gemidos.
En eso, José la sintió acercársele. Pudo sentir su respiración muy cerca de su cara, estaba a unos cuantos centímetros de su rostro. Sentía como el rostro de ella se acercaba lentamente y posaba sus labios en los de él robándole su primer beso... ¡El beso que tanto había guardado para Manuel se lo estaba robando ella!... la chica alejó su rostro con cuidado y luego lo volvió a acercar para darle otro beso en su boca, pero éste se había hecho más intenso y apasionado que el anterior, ya que José había introducido su lengua en su boca y ella en respuesta había hecho lo mismo. A José ya no le importaba quién fuese, sólo intentaba imaginarse que aquella chica que lo besaba era Manuel. El beso era exquisito y placentero, y a cada momento se volvía más apasionado.
Cuando el beso finalizó, la chica se alejó unos pocos centímetros y sólo exclamó en un susurro...
-José...
-¿Tú?- ella había acabado de cometer el error de su vida- ¡Tú eres un hombre!- gritó furioso José- ¡Aléjate hijo de puta! ¡Degenerado!- oyó como el chico huía de la situación, de aquella sala en donde sólo estaba un José engañado y furioso- ¡Regresa maricón cobarde! ¡Regresa maricón degenerado!...
Se calló. El chico había regresado, le estaba sacando la venda del rostro. En eso José abrió los ojos, esperó a que su vista se recuperara sólo para ver lo que menos quería ver y saber.
-¿Manuel?- fue lo único que atinó a decir. Su “admiradora secreta” que lo había traído allí no era nadie más que Manuel, su mejor amigo, el chico que más amaba.
-Lo siento José...- Manuel lloraba, la escena que producían sus lágrimas era tan penosa y tan tierna que dejaba aún más confuso a José- lo siento... lo siento José...
Manuel levanta su mano derecha, la cual sostiene una pistola, la dirige a su cabeza... José no haya que hacer, quiere gritarle que no lo haga, que no se mate, que lo ama, que siempre lo ha amado... pero las palabras no salen de su boca.
Manuel deja la pistola frente a su cabeza. Sonríe. Le sonríe a José como jamás le había sonreído, era una sonrisa entre amor, felicidad y melancolía.
-Adiós José...- dijo Manuel- te amo... siempre te amaré... José- apretó el gatillo... un fuerte ruido se escuchó, luego Manuel cayó hacia atrás, le siguió un hilo de sangre fluyendo de su cabeza.
-¿Ma... nuel?- articuló por fin José- ¡Manuel!- gritó desesperadamente.
Deseaba fervientemente que aquello fuera una de las tantas pesadillas que siempre tenía. Pero nunca despertó. Melancólicas lágrimas bajaron por su rostro, el cual estaba sumido en una tristeza profunda...


Esta es la segunda historia de amor que escribí en mi vida. Me dio la inspiración para hacerla un muchacho que conocí cuando viajaba en metro y que me dijo que le gustaba mucho su mejor amigo pero que no le podía decir la verdad porque sabía que le iba a rechazar.

Una moraleja que puedo sacar de esta historia es que no debemos tener miedo de decir lo que sentimos, porque el no hacerlo puede acabar en una tragedia.



Return to Top