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Fiction » Spiritual » Dolor y Muerte dentro del Alma font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Rail-Tezca
Fiction Rated: M - Spanish - Suspense/Tragedy - Reviews: 4 - Published: 08-12-05 - Updated: 07-12-06 - Complete - id:1984124

XIV
Dolor y Muerte Dentro del Alma
La Caída de Quetzalcoatl

Ruido y un desordenado orden, la gente estaba preocupada, era mal presagio que el Sacro Templo fuera evacuado, sin embargo seguían las instrucciones cuidadosamente, transportes salían con los cientos de miles de siervos que mantenían el perfecto orden del templo, así mismo llegaban tropas y desaparecían en los profundos corredores, Enir no daba crédito a los miles de civiles que vivían en el templo, en todo el tiempo que estuvo ahí a penas y vio a un par de almas fuera de los aristócratas, generales, y mandatarios, esa multitud eran los fantasmas que vivían en el templo, aquellos que servían sin ser vistos.

-Es mucha gente.

Ian miraba a la evacuación del templo desde su ventanal mientras guardaba algunas posesiones personales en una elegante maleta de piel negra.

-Que no se te olvide nada de valor, pero no cargues nada innecesario.

La voz seductora de la dama de rojo se escucho desde el marco de la puerta, el joven hizo una reverencia y saluda a la dama.

-Buenos días su alteza Coyolxauhqui

-Buenos días Ian Huitzilopochtli

Con un titulo su nombre fue proferido, el joven se extraño de aquellas palabras, y la mujer sonrió.

-Esta mañana el emperador ah anunciado tu nombramiento desgraciadamente la situación impide hacerlo oficial

-¿en verdad seré uno de ustedes?

Cuestionó el joven extrañado caminando hacia la pelirroja, esta extendió su mano y le dio una bienvenida simbólica, al momento que el joven buscaba sus labios, pero ella lo rechazó.

-Espera, ya habrá tiempo para eso

Sire tomo un porte serió mientras caminó hacia la maleta del joven y le ayudó a guardar cosas.

-Debes darte prisa el tiempo se nos agota.

-¿Qué sucede Sire, por que se evacua el Templo?

El joven cuestionó sin ser esa su verdadera pregunta, pero era obvio que había asuntos más importantes que sentirse despreciado.

-habrá un ataque y se considera que el templo es un objetivo indiscutible, por eso se evacua, todos serán enviados a diferentes partes, tú y yo iremos a un poblado seguro a una hora de Aztlán

-¿y mi padre?

El joven de inmediato se preocupo por su progenitor ante las palabras de la dama, como tenían contacto directo la mueca que Coyolxauhqui hizo mientras pensaba o deseaba que Enir muriera no fue notada por el joven de ojos azules como los de su madre.

-no debes preocuparte, Tezcatlipoca ah hecho todos los preparativos, estará a salvo.

La dama cerró la maleta y haciendo una seña un joven apareció vestido de ropas negras, tomo la maleta y empezó a caminar hacia la puerta, Ian lo miro extrañado era de piel negra como el ébano, ojos grises y aspecto imponente, sin embargo atendía a la dama como si esta fuera una diosa.

-Date prisa Ian no querrás quedarte aquí, esto será un caos dentro de poco.

Ian asintió con la cabeza, siguió a la dama hasta las afueras del templo, pero antes de subir al elegante carro negro, volteó a ver el Templo, ese lugar había sido como su hogar durante ese corto tiempo, sin embargo todo lo malo de su vida parecía haber sucedido desde que llegó ahí.

-quisiera despedirme de mi padre

-no hay tiempo, lo harás después

La mujer tomo su mano y delicadamente lo jaló hacia el carro, Ian miraba el templo sin quitar su vista de él. Mientras desde un ventanal Enir veía a su hijo partir mientras él ya llevaba tiempo solo en una sala de elegante marfil negro, su mano se posó en el cristal mientras en la otra sostenía una daga de obsidiana tan negra como la noche o como su futuro, sus ojos estaban hinchados por el llanto.

-es lo que tengo que hacer, es lo que tiene que ser.

Enir miro la daga en su mano derecha, contempló sus grecas y sus detalles de infinita belleza, dio un hondo suspiro y caminó hacia la puerta, hacia su destino.

En mi corazón llevó un secreto guardado por dentro.

-El tiempo se agota Mictlantecuhtli

-todo va según los planes mi señor.

-bien, encárgate de que siga así.

Railer apagó el monitor frente a él poniéndose de pie, en sus huesos sentía que el tiempo ya venía, la hora indicada, aquella que en sus delirios se le había indicado como la hora de la misericordia.

-Ya es hora

Su pesado caminar se escuchaba retumbar en el eco de los pasillos del palacio, los inmensos corredores que se abrían paso como intrincados laberintos, escondiendo los secretos del monarca, era su santuario, su templo, su refugio de un mundo al cual odiaba con todas sus fuerzas, un mundo que le había arrancado la dicha y en el que estaba seguro jamás sería feliz. Sus ojos eran como dos antorchas de fuego eterno, dos rubís enigmáticos, dos brasas ardientes, sus cabellos del color rojo de la sangre, del color del vino, del color de la guerra, su piel blanca como la nieve de los montes, como el algodón, como el lino, su porte magno, elegante, imponente, era un díos entre los hombres y así se sabía, pero aquella tarde que empezaba a ceder a la noche su caminar era cansado, como un condenado a muerte anda para cumplir su sentencia, la luz se ausentaba cada vez más siendo remplazado el dorado del sol por el plateado de la luna, el aire corría afuera indomable y con un melodioso canto se adentraba en el templo por las puertas y ventanas abiertas, el murmullo del viento le decía al oído al emperador.

-Es hora, Es hora….

Una y otra vez, lo escuchaba paciente, Railer caminaba en la noche guiado por su memoria de lo que había visto en sus sueños.

-Antes de que el quinto sol caiga, antes de que el reino del espejo se levante, antes de que los hombres perezcan, el sumo sacerdote, el gran guerrero, el forjador de este sol luchara por mantener su trono, luchara contra el demonio de las sombras y contra su ejército de calaveras.

El eco de sus palabras, retumbo por el templo con la profecía de lo que tenia que ser y seguramente sería, una batalla entre el hoy y el mañana, entre la vida y la muerte, incluso me atrevería a decir una batalla entre bien y el mal, si es que existen.

-Él piensa destruirlo todo, cada ser humano

-¿de qué hablas Flaira?

Enir recordaba aquellas revelaciones mientras caminaba por el corredor hacia su destino, el sol alumbraba la cúspide del templo dedicándole sus últimos rayos dorados, Enir miró por los ventanales como la luz del astro rey se apartaba lentamente.

-Él es responsable de todo, de las plagas, de la guerra, del miedo, es dueño del mundo y hará con él lo que deseé.

-¿y qué es lo que desea?

-Destruirlo todo, acabar con la humanidad, él los odia, a todos ellos, los culpa de su desgracia y esta ciego por su odio, no hay otra persona que pueda detenerlo más que tú.

Los últimos rayos son dorados como sus cabellos, dorados como hilos de oro, fino, suaves, sedosos, su piel rosada, clara, como la crema, ojos azules como el cielo, como el mar, porte fuerte, varonil, pero con un toque de inocencia, es un caballero leal, honorable, respetable, Railer diría que es Galahad de nuestros tiempos, el Adán, y como es su costumbre decir lo que otros considerarían blasfemia el Cristo, hombre sin mancha, erguido en su elegancia con puñal en mano el Hércules camina para enfrentarse al demonio a la bestia.

-no puedo creerlo

-lo se, parece imposible, es un ángel, pero recuerda que la tentación es bella si no nadie caería en ella.

-mientes mujer, el no hará nada de eso, yo lo se.

Enir recordaba su voz partiéndose ante las revelaciones, no deseaba creerlo pero por dentro sabía la verdad, los frescos murales, los retratos, las esculturas que cubrían el templo todas ellas mostraban a Railer Omnipotente, como un dios, revelaban sus intenciones a la vista de todos aun que nadie quisiera verlo, aun que quisiera negarlo.

-PANDORA, así llama a su creación, la ultima parte es un virus capas de destruir a la humanidad en cuestión de meses, incluso días, un virus tan feroz que el sufrimiento que provoca hace desear la muerte, que no tarda en llegar. Lo hace llamar Tabris.

Ese nombre retumbaba en sus oídos, el conocía ese nombre, lo había escuchado alguna vez en su pasado, mientras platicaba con Railer, en ningún otro lugar, un ángel, era el nombre de un ángel tan poderoso como el creador, el Ángel de la Creación.

-Entonces el nos destruirá, destruirá todo.

-Destruirá a la humanidad

Respondió Coatlicue a las palabras de Quetzalcoatl mientras le mostraba unas hojas como ultima prueba, hojas que habían quedado regadas en la habitación de negro marfil de donde el varón había salido para encontrarse con su destino.

-No es verdad

Una lágrima salió de sus ojos, recorrió su mejilla y calló sobre el blanco papel, todo estaba ahí, ordenes de pedido, informes, relaciones, evidencias, fotos, todo lo que probaba lo que no quería creer.

-¡¿Por qué me dices esto?!

Cuestionó iracundo, enfurecido por saberse… por ser engañado.

-Tú eres el único que puede detenerlo, tú y solo tú puede pararlo.

-¿Cómo?

Aun no sabía por que preguntó eso, pero sabía que tenía que hacerlo, era su deber, combatir el mal, así este fuera una persona a la cual quería demasiado.

-Toma, clava esto en su corazón, es la única manera en que un dios morirá.

-debe haber otra manera

Dijo Enir al ver el objeto, la daga negra obsidiana, obviamente tan antigua como lo nombres que llevaban por títulos.

-Esta es la daga de Servidora de Tezcatlipoca, antepasada de Railer, sierva del templo de aquel antiguo dios, que vendió su alma y la de sus descendiente por sobrevivir, por que aquel demonio del espejo le protegiese de los invasores europeos, Railer esta convencido que solo esta arma lo destruirá, solo esta daga lo matara, y tal vez como ultimo deseó habrá que cumplírselo.

Miró esa daga durante minutos, esa negra obsidiana como el abismo de un alma, como la oscuridad de la noche, su respiración era lenta, como quien quiere dormir en lugar de vivir, su corazón latía fuertemente, por primera vez tenía enfrente su destino y no sabía que hacer.

-¿Por qué yo?

-por que como diría Tezcatlipoca por que así tiene que ser, así lo marca la profecía, tu eres Quetzalcoatl, forjador de este sol, y él es tu hermano Tezcatlipoca, juez de la humanidad, devorador de mundos, es una guerra inmemorial, que no puede ser detenida a menos que uno de los dos muera.

-estas loca

Reclamó el chico negándose ah hacer lo que se le indicaba, colocó la daga con desprecio sobre la mesa, volteó lejos y perdió su mirada en los ventanales detrás de él, la oscuridad de esa habitación lo consumía tanto como la oscuridad que sentía en su pecho, se le pedía matar a su mejor amigo, mas si no lo hacía el mataría a la humanidad.

-debe haber otra manera

-no, él también desea que fuera de otra forma, pero no hay otra opción, el desea morir, siempre lo ha hecho

La voz de Coatlicue descendió en ese momento, haciéndose suave, triste.

-el ama a la humanidad y cree que podría ser perfecta, su fe estaba en los hombres y estos lo traicionaron, ahora esta convencido que hay que volver a empezar. Pero tampoco quiere destruirlo todo, desea que lo detengamos, como yo deseo que lo hagas, yo eh usado todo lo que esta a mi alcance, la rebelión, tu secuestro, la verdad, pero no, él tenía contemplado todo eso, ahora también espera que tú lo detengas, que empuñes esa daga y lo pares, que le brindes la paz que su alma busca sin cesar.

Coatlicue hablaba con tristeza, con melancolía mientras decía esas palabras, su voz se cortaba y sus ojos se cristalizaban en un mar de lágrimas.

-lo haría yo, pero no puedo, yo no soy a quien el quiere

Un hondo suspiro tan desgarrador como la soledad, salió de lo profundo de su alma.

-durante todo este tiempo, durante todos estos años, él te ah seguido amando, aun que me cueste aceptarlo yo solo lo eh acompañada.

Coatlicue le dedico una triste sonrisa al Varón de dorados cabellos, una sonrisa apagada, una sonrisa melancólica.

-ve y cumple tu destino si no es por la humanidad, hazlo por él.

La dama salió en ese momento de esa habitación de negro marfil, dejando al confundido Enir con el corazón en su mano, sangrando con tristes lagrimas en sus ojos que aun salían como gotas de sangre mientras andaba por los corredores dispuesto a cumplir su misión.

-por favor acompáñenos Alteza

-¿bajo qué cargos Capitán?

La dama se dirigió con imponente voz al militar que junto a una cuadrilla de hombres le cerraban el paso, a pesar de tener órdenes los soldados titubeaban ante la grandeza de la dama, era una diosa también y como tal merecía un respeto mayor al de cualquier otro ser.

-Alta Traición de Excelencia

El militar respondió y la dama sonrió, extendió sus manos frente a ella diciendo.

-bien, haga lo que tiene que hacer Capitán.

-no será necesario encadenarla, supongo que cooperara su Alteza.

-por supuesto

La voz era elegante y como una dama caminó con su escolta hasta un transporte aéreo que la conduciría lejos del templo a un lugar seguro, mientras por la ventana del vehiculo miraba el templo sabiendo que era la ultima vez que lo vería en pie.

“”No sabías otra manera de alejarme de ahí, sabías que no me iría sin ti, a menos que fuera detenida””

Pensaba la dama mientras la nave se elevaba, y Tezcatlipoca se había detenido en su andar para verla partir, para verla ir, mientras con su mano derecha le enviaba un suave beso, como quien se despide para siempre.

Siempre te ame y por más que quise no te olvide

En poco tiempo el templo había quedado prácticamente desabitado, no había ni un solo civil, Railer estaba complacido de que todo era como se había planeado, ahora solo aguardaba el momento preciso para que sucediera la ultima profecía y con eso todo estuviera concluido. Mas aguardar la muerte nunca ah sido tarea fácil y mucho menos caminar a ella, Enir pensaba en todos los recuerdos que había convivido con Rail, su amistad en la preparatoria, él era de los pocos amigos hombres que tenía en verdad, recordaba como el día del nacimiento de su hijo él había estado ahí apoyándolo en los momentos difíciles dándole ánimos, en su boda compartiendo su felicidad, y en tantos otros momentos, pensó en como cada año enviaba obsequios o alguna nota sin importar nada, había tratado de mantenerse presente aun que estuviera tan lejos, Railer también recordaba las noches lejanas, aquellas añoranzas de tenerlo cerca aun que fuera solo para verlo, el momento en que murió por primera vez en sus brazos, victima de un disparo, recuerda como desfalleció entre los gritos que pedían ayuda y le decían que no se fuera, que permaneciera junto a él, el pelirrojo recordaba la vez que lo besó, la vez que le robó un beso cuando se despedían, cuando le reveló que este día llegaría, la lluvia bañaba sus cuerpos esa noche, cada sensación era vivida como si fuera en ese momento, como si estuviera sucediendo de nuevo, como si cerrara aquel momento.

-te amo

-lo se, pero…

-la tienes a ella, a tu hijo y un futuro maravilloso.

Recordaba los diálogos, como quien recuerda el día anterior, cada detalle, la luz de farol titilando, el sentimiento guardado para explotar en lagrimas, el dolo en el pecho al decir adiós, la angustia de a pesar saber que lo volvería a ver, no estar seguro de ello, una lagrima calló al suelo desde sus cobrizo ojo y una voz le alerto de la presencia del otro hombre.

-Creí que los demonios no lloraban.

Enir parado frente a la puerta, viéndolo a los ojos, turquesas viendo rubíes y rubíes viendo turquesas, el mañana por decidirse en segundos.

- We will attack without mercy; will be an accurate blow will not know nor that it struck it.

El presidente de las Naciones del Norte hablaba a la asamblea de las Naciones aliadas los cuatro mandatarios miembros preparaban todo para el ataque masivo.

-the missiles will leave at the same time that the bombers, the offensive will destroy the main cities of the empire, as well as his loved Temple.

Su voz era confiada, como quien sabe con precisión lo que hace.

-This agrees to us? , we will be causing a war.

-with these attacks the emperor twice thought it before attacking to us, the main cities will be devastated, side in the necessity to surrender. Remember that he is an ambitious one that she has to be stopped the sooner, the same Empress did not prevent it.

Los demás miembros no estaban muy seguros de esa acción pero lo harían pues después de todo no parecía haber otra opción más que el ataque directo.

-that the sky protects to us if we untied the wrath of a God.

Fue el comentario final antes de dar por iniciado el ataque que resguardado por la treta pasaría las defensas y sacudiría el imperio.

“”Everything is as you ordered my master””

Pensó complacido Ahayuta presidente de las naciones del norte y fiel siervo de Tezcatlipoca, sin duda el mundo le pertenecía.

-Todo esta listo mi señor, solo aguardamos su orden.

-bien, deja que ellos disparen primero, que nos hieran, después curaremos nuestra herida mortal y el mundo se maravillará de eso.

Con un dispositivo de comunicación Tezcatlipoca había dado las ultimas ordenes de su mandato antes de que frente a la fuerte apareciera él como visión celestial, con el contraste de luces sus cabellos parecían blancos en lugar de dorados, Railer le sonrió, fue tal vez el momento más tenso de sus vidas, solo se miraron por largos minutos, sin mediar palabras, la enorme sala era resguardo para sus almas, un santuario de piedra tallada, un santuario al estilo de una capilla medieval, con iconos de todas la civilizaciones del mundo, babilonios, hebreos, griegos, musulmanes, hindúes, aztecas, mayas, incas, chinos, japoneses, un reflejo de la humanidad y de sus creencias, símbolos cristianos, celtas, rusos, mongoles, toda la humanidad representada en un santuario y el techo cubierto con una bóveda celestial incrustada en zafiros, el suelo con símbolos de la tierra, y detrás de Tezcatlipoca, dando hacia la puerta un altar de piedra, tan antiguo como el tiempo, con la efigie de dos dioses, el dios blanco y el dios negro, Tezcatlipoca y Quetzalcoatl, todo con detalles de oro, plata, y piedras preciosas.

-Bienvenido al mundo hermano

Dijo Tezcatlipoca viendo a los ojos de Quetzalcoatl, este dio paso al frente ignorando toda la bella arquitectura, a Enir solo le interesaba aclarar sus dudas, despejar su mente, quitar de si la angustia que le desgarraba el alma.

-¿Es verdad?

Cuestionó el rubio como quien no quiere no hablar.

-Si, lo es, ni una sola palabra de lo que ella ah dicho es mentira.

Enir bajó la mirada ante la confesión de Tezcatlipoca, que lo decía de manera cínica como quien dice cualquier cosa, Enir volvió a preguntar.

-¿en verdad deseas destruir a la humanidad?

-Si

Las respuestas del pelirrojo eran como dagas que herían en lo profundo a Enir, como dagas que desgarraban su carne.

-¿tú creaste a Pandora?

-SI

Tezcatlipoca no mentiría, ni siquiera se justificaría, solo diría lo era verdad, y ante cada acusación se declaraba culpable, de crímenes atroces.

-¿tú ordenaste el ataque a mi casa?

-no

Enir dio un respiro, al menos no era responsable de algo, al menos aun era inocente de un crimen, pero Railer volteo hacía el altar dándole la espalda al otro varón.

-Necesitaba algo que me permitiera declarar traidores a los concejales, deje a cargó a Sire y ella lo planeo así, lamente la muerte de Irim como quien lamente la perdida de una parte de él, pero si soy responsable de ella.

Enir no daba crédito a lo que decía Tezcatlipoca, se quedó en silencio un omento, el eco del silencio era ensordecedor, el viento era el único susurro audible, la luz de la luna entraba por los vitrales multicolor de la capilla, esa noche las ventanas del templo no se cerrarían nunca más, la luna llena coronaba el cielo y mientras la noche avanzaba Enir continuaba haciendo confesar sus delitos a Tezcatlipoca hasta de nuevo llegar a la primera pregunta.

-¿en verdad destruirás a la humanidad?

-Si

-no me contestes así.

Gritó exaltado Enir, estaba cansado de ese cinismo de esa actitud fría distante del monarca.

-qué quieres que te diga, si deseó destruirlo todo, es más no solo lo deseo lo haré, lo estoy haciendo, PANDORA, Tabris, todo es con ese fin.

-y qué hubiera pasado si mi hijo se enfermaba con alguno de tus virus

Reclamó Enir ante las palabras de Railer, la luna ya coronaba el cenit y entraba por un tragaluz en la cúpula llenando todo de un sepulcral resplandor blanco, los ojos de Railer brillaban como dos antorchas y los de enir como dos luceros.

-Eso jamás pasara.

La seguridad de sus palabras era notable, no cabía la menor duda de que sabía que decir, Enir lo miró.

-¿Cómo estás tan seguro?

-por que ninguno de mis ángeles se manchara con los pecados del hombre, las plagas fueron hechas para la humanidad, no para ustedes.

-¿tus ángeles?

Cuestionó nuevamente el de dorada cabellera mientras se acercaba más a la luz, se veía celestial vestido en blanca seda, que se amoldaba a su cuerpo y se movía con delicadeza cuando caminaba hacía la luz, seductora la prenda llamaba la atención, y el contraste con el porte duro del molesto defensor de la humanidad.

-El concejo de Aztlán, serán dioses algún día si no se oponen a mi voluntad.

-por eso los virus llevan los nombres de los ángeles caídos, aquellos de las profecías, que tanto repetías en tus platicas.

-correcto

Railer asintió, Enir no podía creer que fuera su amigo el que planeaba acabar con todo.

-¿hay forma de detenerte?

-no

Contesto el monarca con dura voz, Enir saco de sus ropas la daga.

-¿seguro?

-Destruiré a la humanidad, si quieres detenerme hunde esa daga en mi pecho y asegúrate de que muera, cumple tu promesa Enir, libera mi alma o condenare a la humanidad.

Enir dio un hondo suspiro recordó aquella vez en que Railer se despidió de él.

“un día tendrás la oportunidad de matarme no lo dudes, hazlo”

Railer lo miraba de frente, su respiración era pausada, tranquila, Enir por el contrario miraba la daga y respiraba agitado, la luz de la luna acariciaba su piel, a la vez que alumbraba los relieves del templo, los rostros de santos y mártires que descansaban bajo el altar que habían sido muertos por la palabra de dios. Su corazón latía con fuerza, sus manos sudaban, su cuerpo temblaba, estaba temeroso, se sentía incapaz, Railer se acercó a él lo tomo de sus brazos y lo miró a los ojos.

-Es lo que tiene que ser

-¡NO!

Exclamó Enir enfadado, mirando al monarca con lágrimas en sus ojos

-no será así no morirás por la humanidad, ni ella por ti.

-la odio y la destruiré, así sea lo ultimo que haga.

Exclamó Tezcatlipoca mirando dentro de los ojos de Enir, ese par de Turquesas tan hermosas, que transpiraban paz y en cuyas lágrimas se veían las dichas de una vida.

-Ellos me destruyeron, destruyeron mi familia, mi mundo, mi raza, merecen la muerte, es la venganza de un Dios, la venganza de mi linaje, es el fin de los hombres.

-No lo hagas.

Replicó Enir mirando a Railer en esos ojos rojos como fuego que a pesar de su demoníaca mirada guardaban calidez en su interior.

-por que te amo.

Una simple frase proferida por los labios dulces de un varón, una confesión que desde hace mucho los oídos del pelirrojo querían oír.

-mientes

Tezcatlipoca se separó de Enir y retrocedió unos pasos, presa del miedo, del un pavor que lo llenaba hasta el ultimo gramo de su ser, miraba en los ojos de Enir que no mentía, sin embargo no sabía si quería creerlo o no

-Jamás mentiría con esas palabras.

Enir caminó hacia Railer hasta que este quedo preso entre él y el altar.

-Te amo Railer, desde hace mucho, iba a confesártelo aquella noche pero cuando me llene de valor ya no estabas, y solo me quedo el recuerdo de unos dulces labios sabor miel besando los míos, mientras permanecía inmóvil, ¡TE AMO!

Grito para el mundo aquel hombre mientras tomaba con sus manos la nuca de Railer que en ese momento ya no le importo nada, solo escuchaba ese sonido en sus oídos, esa confesión que había deseado tanto.

-yo también te amo

Dijo antes de sellar el beso, un beso deseado desde tiempo atrás, un beso añorado, la luna alumbró con más fuerza, mientras Railer se sentía feliz, todo pareció convertirse en Plata y el flotar por lo aires, era feliz no había duda, un instante de felicidad, el sentir esos labios entregándose a los suyos le trajo paz a su alma, Nada importaba, nada más, por un instante la creación entera era perfecta, un instante que parecía durar para siempre, con el cielo abriéndose para ellos y la tierra cediendo a sus pies, una caricia, un beso sabor a leche y miel, un beso que unía dos almas prohibidas un beso que salvaría a la humanidad, un beso de amor verdadero, pero, si desgraciadamente había un pero, Railer abrió los ojos y miró frente a él a un antiguo adversario, aquel demonio de su alma que le recordaba que nada dura para siempre.

Desearía pasar a tu lado la eternidad pues a tu lado las penas no existirán.

Ruido, caos, miedo, un estruendo surcando los cielos, una cortina de humo opacando la blanca luz de la luna, la oscuridad llenando el santuario donde por un momento todo fue perfecto, Railer soltó una lagrima de cristal que chocó con el suelo al mismo instante que el templo se destruía y volaba en mil pedazos, los aliados atacaron inmisericordioso, cobardearon las ciudades, destruyeron los edificios devastaron al imperio y el Templo no fue la excepción un misil cayo justo en el centro, destrozando el santuario, reduciendo su elegancia a cenizas y escombros, por eso lo había mando evacuar, por que sabía lo que se aproximaba, sabía ese dolor que llegaría, el vació en su alma se hizo peor, su corazón se partió en dos, abrazo con fuerza a su amor, estrechándolo contra su cuerpo tratando de protegerlo de la destrucción que él había provocado, pero hay dolores que no se pueden evitar, cosas que tiene que pasar, cosas que tiene que ser, la mañana los encontró entre los escombros, la capilla se había derrumbado sobre de ellos, él tenia sobre sus brazos, estaba erguido como una montaña inamovible, sus ropas eran como nieve blanca, su rostro era como un sol irradiante al anochecer, sus ojos como dos antorchas, sangre salía de sus heridas ahora por primera vez físicas a la vez que del alma, sobre sus brazos un cuerpo inerte, con aun el calor de la vida que se mantenía en él, sus ojos lloraban sangre, mientras los del ser inerte también, un ángel sosteniendo otro ángel, las ropas desgarradas del fallecido caían suavemente como alas de su espalda, ensangrentadas, manchadas por la ira, sus ojos estaban cerrados, la vida se la habían arrebatado, ya nada importaba, nada. Lo depositó sobre el altar que se mantenía de pie, eh hizo reverencia a la única persona que amo, antes de que la ira lo invadiera, de que el coraje lo poseyera, sus ojos se abrieron como dos antorchas de fuego, sus cabellos eran iguales a la sangre de sus ropas, miró al horizonte al sol naciente y mientras cojeaba camino hacía él condenando a la humanidad en su lento paso, condenando a los hombres por la muerte de Enir Quetzalcoatl

-Muerte a los hombres muerte a los dioses.

El cielo se cubrió de negro ese día a pesar de que el sol brillaba, y la ira del Dios Tezcatlipoca azotó el mundo, las estrellas parecieron caer del cielo destruyendo a los traidores, arrasando con cada ciudad, con cada persona, su ira no tuvo limites, la gente huyó a los montes, pero ni siquiera estos y los bosques fueron perdonados, todo ardió en fuego que cayó del cielo, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento, el cielo se cerro en una cortina negra y la muerte cabalgó entre los hombres buscando la paz que ya no encontraría.

Oh como lloran las vírgenes por los hijos que no nacerán, oh como llora el mundo por que a llegado su triste final y eh aquí que desde su trono el gran emperador miraba todo, miraba el miedo, la muerte, miraba al mundo consumirse, por la peste, el hambre, la guerra y las fieras de la tierra, ya sin más sueño que un beso arrebatado, que un amor que le fue negado.

-Te amo Enir

Dijo para el recuerdo mientras cerró al final de todo sus ojos internándose a un sueño del cual solo despertaría tiempo después aun muevo mundo, renovándose como un dios para un nuevo mundo. Y mientras caía en ese letargo pensaba en que fue el hombre quien destruyó al mundo y será el hombre quien creé uno nuevo como se ha venido haciendo desde tiempos inmemorables, como es el despertar de una era a la otra, como el amanecer precede a la noche, así el sol saldrá de nuevo en la era del sexto sol.


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