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Fiction » Historical » Inquisición font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Perfect Bliss
Fiction Rated: K+ - Spanish - Angst - Reviews: 2 - Published: 08-24-05 - Updated: 08-24-05 - id:1992968

INQUISICIÓN

La cortinas color hueso, no beige, hueso penetraban a través de la habitación anunciando el crepitante sonido de la mañana. El calor del verano era sofocante, esparciéndose por cada rincón de la casa, cada músculo del cuerpo. Sin embargo una sutil brisa que se colaba por la ventana penetraba su alma.

Lentamente se levanto de su cama, su pelo castaño caía con tal gracia hasta debajo de sus hombros que parecía que había sido creado por los mismos Ángeles.

Una arruga se asomaba en la cansada cara de la antes niña, aquel pedazo de piel plegable que anunciaba el final de una época.

Atravesó el corredor café hasta llegar a la puerta del jardín. Plasmo sus pies contra el pasto, aun mojado y se dispuso a cortar la rosa que había crecido a la mitad de aquel vasto jardín.

Al cortarla su olor la envolvió, un ligero sentimiento de culpa y placer se apodero de su cuerpo.

Extendió su mano, miro el reloj; 7:46 en 14 minutos la puerta sonaría, irían a buscarla. Sentía tortuosamente como su vida se acababa delante de sus ojos.

Permitió que sus manos se juntaran, y las llevo a reposar debajo de su mentón. Rezo por un Dios al que nunca había visto, por un Dios que jamás le había concedido un milagro, un Dios que la había empujado a vivir en miseria, un Dios que había creado a dos clases de personas; Los inmortales y los herejes. Era un desperdicio de tiempo cuestionarse a cual de los dos pertenecía.

Observo a través de breves recuerdos, habitando un instante de su memoria, su vida y que había hecho de esta. El día que conoció a ese hombre sabía que esta condenada, era solo cuestión de tiempo. ¿Pero que culpa tenía ella? Siendo joven y bella, estando enamorada, siendo libre… ¿Qué culpa tenía ella de haber caído por un hombre casado? Desde aquel día en que sus pupilas se cruzaron ella lo supo, aquel Dios, a quien ahora rezaba iría eventualmente por ella sin importar que.

Knock. Knock. Tic. Tic.

Y ahí estaban, los sonidos rutinarios que condenaban su vida, que explotaban sus nervios.

Knock Knock. Splat.

Ahí estaba su Dios.

Frente a sus ojos apareció la figura del sacerdote portador de una túnica negra, como su mismísima alma. No podía creer que aquella figura, respetada y admirada por todos, acababa de darle una bofetada al grado de hacer su nariz sangrar. En cada golpe, en cada palabra una lágrima se escurría por sus mejillas. Le parecía difícil pensar que las puertas de este infierno le abrirían las puertas del cielo. Su tortura sería su salvación. La religión era una hipocresía. Su Dios era una mentira a quienes los inmortales habían dado el nombre de “inquisición.“



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