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Fiction » Mystery » Lo que le paso a otro Santiago font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Fox Wijoro
Fiction Rated: T - Spanish - Drama/Mystery - Published: 11-08-05 - Updated: 11-08-05 - id:2044666

“Aquí es donde comienza todo… eso fue lo que primero escribí. Lo admito tengo miedo. Pero así es la vida,” le dijo el melancólico muchacho del malecón.

El le dijo dos o tres palabras y con eso confeso: que nunca se graduó, nunca término, y todo en lo que se involucro fallo. Ese era el monstruo al que más le temía Juan: el fracaso. Este muchacho del malecón le hablaba todos los días. Le decía todo lo que pensaba, le filosofaba sin titulo pero con toda sabiduría. Que mal que en esta sociedad lo que vale es lo que se termina. A nadie le dan titulo por algo de universidad, imagínate ya ni a los niños les dan premios por casi ganadores. Ahora ganas o pierdes, una te concibe la felicidad y la otra desdicha. Todo esta delineado muy meticulosamente en el plan de vida que la sociedad te asigna. Si no lo sigues te jodes.

“Un perro corría por la acera persiguiendo comida y el hombre con la comida le tenía fobia al perro así que también corría,” eso le dijo el muchacho un día, mientras comía. Era injusto lo que le paso a Santiago, pero esto no era una película. Santiago el muchacho del malecón casi nunca en realidad comía. Todo el mundo lo miraba de lejos, le temían. Pero Juan le tenía especial cariño a este hombre que nunca terminaba sus historias. Y al que siempre le traía comida.

¿Que fue lo que le paso a Santiago? “Todo” el siempre decía. “Yo fui puto en el barrio Amelia. Tantas mujeres trabajan ahí, con dinero todas, y yo como estudiante al fin me deje enseñar de veteranas con grados asociados. Ellas decían que estaban cansadas de ‘trabajarle’ al jefe. Querían un ‘break’ de la carne vieja y yo como casi terminaba los estudios, estaba casi trabajando ahí para ellas,” cuando llegaba a esa parte cambiaba el tono de voz mas serio. “Pero chico, es la carne vieja la que paga. Que perdida verda hermano,” y ahí terminaba.

Juan nunca lo entendía. Para Santiago nada en realidad terminaba. Quizás días después terminaba la historia pero muchas veces nunca ocurría. Juan era un soñador al que le extirparon los sueños y Santiago era un soñador que nunca sabía el final de sus sueños. Juan casi no hablaba. Con cautela le preguntaba a Santiago para obtener claves que le ayudaran a descifrar cual seria el final. Con eso el encontraba sus propios sueños, que le arrancaron con avaricia los agentes de la sociedad.

Pero un día, estaba afuera medio de día –como decía la abuela – y llovía, cuando llega Juan con la comida pero a Santiago no lo veía. El camino por todo el malecón y por fin lo encontró. La escena era trágica. Dos policías lo pateaban y Santiago poco a poco moría. Juan les grita y ellos se viran. Lo miran y le tiran tres balazos a Santiago cerca de las costillas. Juan deja caer la comida y lo coge una amiga de Santiago antes de que lo agarren los policías. En un callejón oscuro lo escondió Maria. Mientras los policías buscaban por todos lados a Juan, Maria lo abrazaba y lo besaba mientras le decía “Sígueme el juego y de esta nos salvamos.” La sangre de Santiago había llegado a la comida. Las mujeres salieron a llorarle y un hombre en la esquina le pregunta a Maria, “¿Que le paso a Santiago?” Ella pensó un momento, me vio de lejos corriendo, y le dijo “Todo” eso el siempre decía.



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