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Author: ilu
Fiction Rated: K - Spanish - Humor - Published: 01-05-06 - Updated: 01-05-06 - Complete - id:2083441

Diario de una estudiante

Lunes 9 de febrero

Otro día que llego tarde por culpa del despertador, tendría que comprarme uno nuevo, pero no me dan paga suficiente; así que se suma otro retraso a mi larga lista.

Desde luego mataría a quien se le ocurrió la estupenda idea de poner matemáticas a primera hora. Llegas dormido después del fin de semana, y por supuesto, lo primero que te apetece es ponerte a escuchar a la profesora explicar las inecuaciones, la cual no es capaz de concluir la cuenta sin calculadora, ¡¿pero de dónde habrá sacado el título?!¡¿De la tómbola?! Y lo peor de todo es que tienes que mantenerte despierto para poder corregirle ciertos errores, porque al parecer su calculadora está falta de pilas y ni siquiera es capaz de resolver una cuenta tan fácil como “2 2” .

La pesadilla de lengua castellana: la sintaxis, hay que ver lo que una persona aburrida en su casa puede encontrar en un párrafo de una revista; si tuviera tiempo, yo también me pondría a buscar los complementos directos del sujeto del título que da paso al artículo del TP.

¡Horror!... Ahora toca ciencias sociales, ¿dónde hay un enganche para la orca? Llega el profesor y nos suelta su ya habitual y sabido por todo el instituto, rollo “Indiana Jones”, ¿y a mí qué me importa si casi se despeña en Yucatán? ¡Un profe menos! No creo que lo echáramos de menos. Desde luego este tío no se cansa... Que si esto está mal... Que si él ha investigado... Que aquello está incompleto por falta de sitio en el libro... ¿Y si me tirara por la ventana? Lo único que haría sería ponerme un negativo por levantarme en clase, y luego para lo que los cuenta... ¡Síííííííííí!¡La campana del primer recreo!¡Por fin libres!

¡Aire fresco para mis pulmones! Ejem, bueno, no tan fresco; porque el único sitio que queda libre en todo el patio y por consiguiente, el que ocupo yo, está a cincuenta metros de los fumetas ¡Dios que peste! Yo creo que ya fuman solo por jorobar a los profes, como queja por las “fronteras” del patio ¡¿Ya ha sonado otra vez el timbre?!¡Eh!¡¿Pero qué es esto?! Ni siquiera he acabado mi merienda, después de tener que llegar a la barra del bar a base de empujones, pellizcos y algún que otro mordisco, se lo tenemos que dar a las malditas gaviotas que nos acechan en las farolas y tejados ¡Esas malditas ratas con alas! Han llegado a convertirse en huchas con alas, porque madre mía, como es tan barata la comida del bar.

Llega ética, el tostón del siglo, aún no sé como los romanos no tiraron a algunos de sus filósofos a los leones, ¡ni se imaginan el favor que nos hubieran hecho! Ni siquiera entiendo por qué nos ponen esta asignatura, todos la comprendemos y decimos que tienen razón muchos pensadores. Pero a la hora de la verdad, creo que ni ellos cumplían lo que decían.

A correr, venga ala, ya estamos cansados psicológicamente, ha reventarnos físicamente; lo perdono porque podemos gritar y estirar las piernas, que si no... ¡Uff!, menudo balonazo que ha recibido, Jorge se la carga, aunque luego habrá que felicitarle por su puntería, ¡en toda la calva del profe!, aunque bueno, tendría que ser malísimo para no haber acertado, por lo menos, en algún lugar de ella.

¡Segundo patio! Medio deshidratados, corremos a la fuente para tomar aunque solo sea un trago de la asquerosa agua, porque no nos queda dinero para el bar; así que a intentar no tocar el agua con la lengua. Buscamos un sitio lejos de la zona smoking y cuando estamos a punto de sentarnos, vuelve a sonar el timbre ¡Y me quejo de mi despertador!¡A ver cuándo ponen el reloj en hora, que cada día nos quitan un minuto de patio!

Nuestro consuelo es que ahora toca cultura clásica, en pocas palabras: subrayar, subrayar y subrayar ¡Ah, sí!, y levantar de vez en cuando la mano para contestar una pregunta que está en el texto o escuchar algún que otro mito para “mentes abiertas”, porque parece mentira que en lo que llevamos de curso todavía haya algunos que se sorprendan o escandalicen porque haya un caso de homosexualidad.

Toca el fin de clase que anuncia las dos del mediodía y recoges feliz pensando en la comida de hoy cuando un compañero viene y te dice: “¿A dónde vas?¡Qué queda tutoría!” ¡Es cierto, hoy salimos a las tres! Arrastrando los pies te diriges a tu clase que vuelve a unirse después del desdoble. La tutora abre la puerta y nos anuncia. “Sesión de evaluación”; que estupidez, como si los profes no supieran lo mal que vamos, comenzamos a deprimirnos al ver lo mal que llevamos el curso cuando la tutora dice: “A ver, ¿alguna sugerencia para el centro?”, pregunta innecesaria en mi opinión, porque siempre hay la misma respuesta: “¡Cortinas, cortinas, queremos cortinas!”, “Pero es que el ayuntamiento no nos da presupuesto” contesta la tutora, “¡Pues que pongan cortinas a los mayores, que llevamos más tiempo sufriendo!” grita Luis desde el fondo de la clase, “¡Eso, menudo morro que tienen los peques de primero!” le apoya Jorge. Suena el timbre de las tres: ¡estampida general!

Hemos sobrevivido un lunes más, nos decimos al pasar las puertas blancas del centro.

Martes 10 de febrero

Otro día más encerrados en la insufrible prisión que algunos llaman Instituto de Enseñanza Secundaria.

Estudio a primera, no está mal, por lo menos te da tiempo a hacer los deberes que no te han dado tiempo de hacer en casa por la tarde; porque aunque algunos profes lo nieguen, tenemos otras cosas que hacer aparte de estudiar su asignatura.

¿Qué espacio es igual a qué menos qué por “t” elevado a cuál?¡Uyuyui! Que mal rollo, otra tarde que me quedo sin vida social para estudiar física. Úrsula parece encontrarse mal y el profe me dice que la acompañe a la conserjería para que se tome algo y llame a su casa, si no fuera porque se encontraba realmente mal, la habría abrazado por haberme ayudado a librarme de física. Al llegar a la conserjería, la encargada nos mira mal, ¿es qué acaso cree que Úrsula se ha puesto mala a propósito? Yo no creo que este fingiendo, porque está blanca como el mármol y la verdad, es un pelín difícil ponerse polvos de talco en medio de la clase; el caso es que le pasa a Úrsula unas pastillas y nos dice que vayamos al bar que allí hay agua y una cabina ¡Tendrá morro! Que yo sepa una conserje no está para adornar, si no le gustan los niños, ¡no haberse metido en un instituto, mira si es fácil!, encima que le pagan y tiene teléfono gratis... Porque por lo que se ve, ella es la única que lo utiliza, ¡se nos pone borde!

Genial, ahora catalán, otra hora haciendo lo mismo que en lengua castellana, solo que aquí es más difícil, porque no es el idioma que utilizamos habitualmente; menos mal que de vez en cuando hacemos ejercicios de vocabulario, que si no me pondría histérica y no sería consciente de mis actos.

¡Recreo! Que ganas tengo de ir al baño, pero no pienso poner un pie ahí dentro, a saber lo guarro que ha amanecido el baño, prefiero los Dodotis; además, paso de salir apestando a tabaco, luego los profes te miran mal, más de una vez me han dado ganas de decirles que me registren, a ver si encontraban algo...

“Mantente despierta, mantente despierta”¿Qué acaba de decir?¿Por qué no es capaz de hablar con una lentitud de tres segundos más de lo habitual?¡No es tan fácil entender inglés!, y menos con esa pronunciación y tono ¿Por qué los ingleses tienen tantas palabras parecidas y de significados tan distintos? No es posible: ¡examen sorpresa! Que jeta que tiene el profe, claro, como es sustituto puede hacer lo que le salga de las narices y desbaratarnos todo el sistema de estudio que tanto nos ha costado organizar en lo que va de curso.

Biología, no está mal, es divertida, pero hay que estar muy atenta a lo que dice la profe, porque a la velocidad que habla, si pierdes el hilo ya puedes pasar el resto de la clase haciendo lo que quieras, total, no te enteras de nada.

El segundo recreo parece que va ha ser tranquilo, “¡Bulla!”, me equivoqué. Es increíble que en cinco segundos todo el instituto se haya concentrado en apenas diez metros cuadrados solo para ver como se zurran dos chavales de primero por un estúpido balón de fútbol. Yo me río por dentro al ver lo idiotas que han sido al ponerse al alcance de los proyectiles de las gaviotas, que al haber hecho la digestión después del primer recreo, se han vuelto más abundantes y consistentes; a veces creo que en el bar deberían vender algún paraguas como protección ante la asquerosa amenaza que se cierne a diario sobre nuestras cabezas.

¡Guardia en taller de cine! No va a ser tan genial como parecía, el profesor a dejado un video documentado sobre el cine. Toda la hora escribiendo como locos mientras la “niñera”, que ha venido a vigilarnos, mantiene una batalla campal de cinco minutos con el mando a distancia para conseguir rebobinar tres segundos de la cinta; lo mejor habría sido dejarnos solos con el mando, que por lo menos sabemos como tratarlo para que nos haga caso y no lo miramos como si fuera tecnología alienígena.

De vuelta a casa miras al suelo y sientes un nudo en el estómago ¡Aun quedan tres días para el fin de semana!

Miércoles 11...



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