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Fiction » Fantasy » Jinetes de Media Noche font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: ilu
Fiction Rated: K - Spanish - Fantasy/Adventure - Published: 01-05-06 - Updated: 01-05-06 - id:2083446

Jinetes de media noche

Keith era una chica lista y reservada, quizá fuese esa la razón por la que no era muy popular en su instituto. Llevaba viviendo en Nueva York desde los cinco años, vivía con sus tíos, personas muy agradables y sociables. Pero aún así, Keith tenía la sensación de que no tenía un hueco con la gente que conocía.

Habían pasado once años desde que llegó a la “Gran Manzana”, todo transcurría con normalidad, hasta que un día se quedó dormida en clase y tubo un sueño muy extraño. Había un gran percherón negro azabache, tenía los ojos completamente blancos y de su nariz salía vapor cada vez que respiraba; encima de este había un jinete al que no se le veía el rostro, pero que sin duda alguna era humano; el rostro se lo cubría el enorme capuchón de su capa que ondeaba al viento; iba vestido con pantalón y camisa de cuero negro brillante, al igual que las botas y los guantes. Entonces el caballo se irguió y relinchó con fuerza, y como era de esperar, Keith despertó justo a tiempo para afrontar la regañina de su maestra, mientras sus compañeros se reían a carcajadas. A partir de entonces, a Keith le ocurrieron muchas cosas extrañas, tenía más fuerza de lo normal, la vista más aguda, reflejos increíblemente buenos y mucha más agilidad; todo eso con la consecuencia de meterse en más líos de lo que le era habitual.

Un día, apareció por allí un hombre muy extraño, el cual se detuvo para hablar con Keith, cuando esta estaba en la biblioteca.

-Perdona, ¿eres Kathleen Silver?- le preguntó el extraño que resultó ser un anciano de rostro amable.

-Sí- le contestó ella -. ¿Qué quiere?

-Bueno, quisiera ayudarte- dijo el anciano en tono familiar.

-¿Ayudarme a qué?- preguntó Keith dejando lo que estaba haciendo.

-A descubrir quien eres- le dijo el anciano alzando las cejas.

-Ya se quien soy, soy...soy...- le contestó Keith irritada, intentando no parecer incómoda y confusa.

-Vamos Keith, se que te sientes como si este no fuera tu hogar, y quieres descubrir quien eres y cual es tu sitio- dijo el anciano con tono comprensivo,

-Pues parece que usted sabe perfectamente quien soy- dijo Keith frunciendo el entrecejo.

-Has acertado, eres una Jinete de Media Noche- dijo el anciano en un susurro.

-¿Y se puede saber qué es eso?-preguntó ella intrigada e impaciente.

-Estás en una biblioteca, ¿no?- le contestó el hombre sonriendo -.¡Ah!, y una cosa más, ten cuidado con el Cazador.

Keith lo miró mientras salía de la biblioteca, entonces le vino a la cabeza la idea de que lo que le había dicho el anciano era una broma, pues no era la primera vez que le ocurría. Pero al transcurrir los días, el gusanillo de la curiosidad fue creciendo en su interior, hasta tal punto de pasarse todo el día en la biblioteca; buscó en todas las secciones pero sin suerte, solo le quedaba mirar en una sección, la de Mitología. Keith cogió el primer volumen de una gran enciclopedia, lo abrió y ¡¡BINGO!!, lo encontró:

Jinetes de Media Noche:

Seres de silueta oscura, guardianes de las Puertas de las Criaturas; son las puertas al mundo de los seres mágicos. Los Jinetes suelen montar en percherones negros, tienen bastante fuerza , vista aguda incluso entre la penumbra, reflejos muy desarrollados y sorprendente agilidad. También tienen poderes muy potentes, pero por desgracia desconocidos por los humanos.”

Keith comenzó a pensar, la descripción era exacta a la de su sueño y tenía los mismos síntomas: la fuerza, la vista, los reflejos y la agilidad; pero ella no tenía poderes al menos por ahora pensó. Entonces se dio cuenta de que había una nota, Keith la cogió y la leyó, únicamente había dos palabras:
Solo cree” Esa noche se acostó temprano, ya más tranquila al haber descubierto el significado de lo que buscaba, aunque tenía la extraña sensación de que la observaban. A media noche se despertó de un sobresalto y vio que una sombra furtiva se movía por la habitación, Keith se levantó lentamente de la cama mientras el miedo se apoderaba de ella.

-¿Quién anda ahí?-preguntó Keith en voz alta y temblorosa.

Entonces sintió una punzada de dolor en la parte posterior de la cabeza y todo se volvió negro.

Keith despertó en un local pequeño, iluminado solo por la luz de la calle que se filtraba por los resquicios de una ventana mal apuntalada. Tenía un gran dolor de cabeza y bastante frío, algo que no era de extrañar, porque a través de la ventana podía apreciarse como nevaba con fuerza. Buscó algo con que cubrirse, pero no veía ninguna manta aunque si que había un armario, Keith lo abrió, dentro había camisas, pantalones, guantes y botas altas, todo ello de cuero negro brillante, aunque también había capas con grandes capuchones; Keith cogió la ropa, se quitó el pijama y se vistió, por lo menos así estaría caliente. Estaba pensando como salir del local cuando escuchó el sonido de unos cascos que se acercaban veloces, y entonces ¡¡¡BUM!!!, la puerta se vino abajo, y por ella apareció un gran percherón negro con los ojos blancos, exacto al de su sueño. Keith no había asistido a muchas clases de equitación, pero montó al caballo sin rodeos y con seguridad, se puso la capucha sobre la cabeza y salió a la calle. Al salir vio que otro jinete vestido igual que ella se acercaba al galope, Keith no sabía si quedarse donde estaba o echar a correr, por suerte su caballo eligió por ella y echó a correr, porque justo en ese momento el jinete lanzó contra ella una bola de fuego, que fue a parar a una farola cercana. Keith no sabía que hacer para defenderse, entonces se acordó de la nota: “Solo cree”, solo cree, solo cree, solo cree... se dijo a si misma, y realmente funcionó, porque en su mano apareció una bola de fuego, así que se la tiró al jinete, que, por cierto, estaba peligrosamente cerca; el único inconveniente era que tenía que mejorar su puntería. Estaban rodeando Central Park cuando su caballo cambió bruscamente de dirección, se metió por unos arbustos y entró en Central Park.

-¡Para caballito, vamos, si entramos aquí nos perderemos!- suplicó ella; pero por mucho que se quejara y tirara de las riendas el caballo hacía lo que quería.

Keith se giró para ver si el jinete aún la seguía, pero había desaparecido, al volver a mirar hacia delante, Keith se quedó sin aliento, delante de ella había seis jinetes exactos al que la habían perseguido, entonces el caballo frenó y quedaron unos enfrente de otro.

-Te esperábamos con ansia Keith- dijo uno de los jinetes, el cual se quitó la capucha y para sorpresa suya resultó ser el anciano de la biblioteca.

-¿Quién era ese de...- intentó decir Keith.

-Ese era el cazador- dijo el anciano –Keith,, nos gustaría hacerte una única pregunta.

-¿Qué pregunta?- dijo Keith un poco asustada.

-Si querías unirte a nosotros- contestó el anciano.

-Bueno creo que antes de contestar esa pregunta tengo derecho a hacer yo unas cuantas- exigió ella.

-Es cierto, tienes toda la razón- admitió el anciano.

-¿Por qué me persigue el Cazador?- preguntó Keith intrigada.

-Verás, el Cazador, Jeremy, era, aunque te parezca increíble uno de nosotros, pero sin razón aparente cambió de opinión respecto al trato de proteger a las criaturas o seres mágicos, como prefieras; se dedicó a perseguirlas y destruirlas. A nosotros nos quiere muertos, porque sin nosotros Las Puertas ni se abren ni se cierran, eso quiere decir que las criaturas que estén dentro morirán de inanición y las que estén fuera morirán en sus manos.

-¿Y cuales son sus razones?- preguntó Keith, que no entendía como una persona podía ser tan retorcida.

-No lo sabemos, simplemente un día sin previo aviso cambió de idea y comenzó a perseguirnos- le contestó el anciano que parecía tan confuso como ella.

-Pero si va vestido igual que vosotros, ¿cómo podéis reconocerle?- preguntó Keith con mucho interés.

-Bueno, Jeremy lleva un colgante muy especial para él, porque se lo regalaron sus difuntos padres. Ese colgante brilla como una estrella cuando refleja la luz de la luna. Eso también representa un problema para nosotros, porque las noches sin luna estamos indefensos, nosotros y las criaturas-contestó el anciano con un suspiro.

Ahora a Keith le iba cuadrando todo poco a poco, y tenía serias dudas de querer ir con ellos o no, porque eso significaba estar en peligro constante.

-Bien Keith tu ya has hecho tus preguntas, y ahora nosotros queremos nuestra respuesta, ¿si o no?- dijo el anciano impaciente.

Keith volvió a reflexionar, pero esta vez con un poco de lógica, porque lo más seguro era que si decía que no e intentaba volver a la vida cuotidiana el Cazador la encontraría y acabaría con ella.

-Sí- contestó Keith finalmente esperando no haberse equivocado.

El anciano sonrió, su sonrisa era cálida y agradable.

-¡Síguenos!- dijo el anciano mientras él y los demás jinetes se alejaban al galope.

Entonces Keith miró los rascacielos que asomaban por entre las copas de los árboles, sabía que no volvería a verlos de nuevo, ni los rascacielos ni a sus tíos. Después de todo, no sabía porque, pero con esos jinetes y al pesar del peligro, sentía que tenía una familia y un hogar; lo que quería decir que por fin había encontrado su sitio. Finalmente Keith arrancó al galope y se perdió entre la espesura de Central Park, mientras se dirigía a un destino incierto rodeado de peligros.



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