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Persecución en Nueva York
Habían pasado tres meses desde que Keith había tomado la importante decisión de unirse a los Jinetes de Media Noche, la cual había marcado su vida desde aquel momento. Durante esos tres meses, el grupo de los Jinetes había ido disminuyendo por culpa del Cazador; de quince que habían sido ya solo quedaban cuatro: Jason, el anciano que había encontrado a Keith y que había sido desde mucho tiempo el jefe del grupo; la misma Keith, un nuevo recluta, David, que aún teniendo la misma edad de Keith, todavía era un poco inexperto y torpe, y Garret, un joven muy apuesto que le llevaba a Keith unos años de experiencia en el oficio y que siempre estaba con David para protegerlo del Cazador . Lo más peligroso era que debían estar separados para poder defender cada una de las tres Puertas situadas en forma de triángulo en el centro de Central Park.
Aquella noche parecía que iba a ser bastante tranquila; la luna llena brillaba con todo su esplendor, eso quería decir que el Cazador no podía atacar a Keith por sorpresa, puesto que su medallón al reflejar la luz de la luna delataría su posición. Además ningún grupo de enanos ni duendes había salido a tomar el aire. Keith se había sentado en la suave y húmeda hierva para disfrutar de la noche, cuando Niebla, su caballo, comenzó a mostrarse inquieto. Keith se incorporó para ver que le pasaba, entonces se escuchó un gran estruendo al otro lado de las Puertas y estas se abrieron de par en par, ella cayó al suelo inmediatamente, justo cuando iba a levantarse se escucharon unas pisadas muy pesadas que se acercaban a Keith. Esta no se atrevía a moverse y sintió como algo descomunal pasaba por encima suya resoplando; el animal no parecía percatarse de que debajo suya estaba Keith, caminaba rozándola con unas enormes escamas mientras la aplastaba contra el suelo sin dejarla respirar. Cuando lo daba todo por perdido la opresión se fue y Keith consiguió respirar de nuevo. Cuando se incorporó, no vio ni rastro de aquel animal, aunque había destrozado toda la vegetación de alrededor. Keith estaba a punto de subirse a Niebla para ir a buscar a Jason y contarle lo ocurrido cuando algo arremetió contra ella y su caballo. Keith calló de nuevo al suelo, aunque esta vez consiguió ver al agresor, era, aunque fuera increíble, un dragón, era enorme y de color negro azabache con dibujos plateados en su piel escamosa. Estaba aterrada, nunca había visto un dragón, según Jason los vigilaban los elfos para evitar que escaparan; Keith no se daba cuenta de que el dragón estaba preparándose para atacarla hasta que fue demasiado tarde. El dragón abrió sus fauces y arremetió contra ella, que solo pudo reaccionar cubriéndose la cara, pero bastó para parar en seco al dragón, porque de sus manos salió disparada una enorme bola de energía que chocó contra el morro de la bestia. El dragón soltó algo parecido a un estornudo y se acarició el morro dolorido con la zarpa; cuando el animal volvió a ser consciente de lo que sucedía a su alrededor, comenzó a batir sus alas, con tanta fuerza que el aire empujó a Keith hasta un árbol; el dragón rugió con fuerza, se impulsó con sus poderosas patas hacia arriba y se perdió en el cielo.
Keith no podía creerse lo ocurrido ni como había podido sobrevivir, cuando se escuchó un ruido de cascos que procedía del interior de las Puertas, entonces comenzó a hacerse visible una silueta que ella conocía muy bien, era Jason en su caballo Perdición, Keith tragó saliva, le esperaba una buena bronca por haber dejado escapar al dragón. Jason se acercó a ella y desmontó de su caballo.
- ¿Qué ha pasado aquí? – preguntó Jason con voz grave.
- Eh, eh...bueno pues... – tartamudeó Keith.
- ¿Ha salido por aquí un dragón? – preguntó de nuevo Jason.
- Eh...sí, si que ha salido por aquí – contestó Keith con prudencia.
- Bien, muy bien, y, ¿dónde está? – dijo Jason ansioso.
Entonces se escuchó un rugido que rasgó el cielo de Central Park.
- ¡¿Lo has dejado escapar?! – grito Jason con los ojos desorbitados.
- Es que, no pude hacer nada, yo, yo...¡Nunca he visto a un dragón y tuve miedo!
- Tranquila, tranquila, vamos a relajarnos, ¿de acuerdo? – aconsejó Jason un poco más tranquilo.
Keith asintió y respiró profundamente.
- Bueno – dijo Jason pensativo -, pues tú vas a ser la encargada de atraparlo.
- ¡¿Quién yo?! -Jason asintió - ¡no, no, no, no, no, yo no puedo hacer eso, no soy tan experta!
- Primero, tú has dejado escapar al dragón – aclaró Jason -, además yo ya soy muy viejo y a no ser que quieras mandar a David, que sabes de sobra que acabará mal herido; o a Garret, y así tendrías que quedarte con David, y ya sabes como te “aprecia”...
- De acuerdo, de acuerdo, lo haré. Pero yo no puedo volar – observó Keith.
- Pero él sí – dijo Jason sonriendo y dando un silbido
Por las Puertas apareció otro dragón, este era dorado y blanco y tenía un aire noble que a Keith le gustó.
- Este es Métadric – explicó Jason -, es un dragón muy fiel a las personas, te ayudará .
Keith subió muy confiada al lomo de Métadric y cogió las riendas que este llevaba puestas.
- Espera no seas tan ansiosa, necesitarás esto – dijo Jason dándole a Keith unas riendas y una botellita de cristal color malva -. Has de ponerle esto al dragón y lanzar esta botella para abrir una puerta secundaria para entrar en el Mundo de las Criaturas. Tu solo has de empujarlo dentro, cuando entre los elfos se encargarán de lo demás.
- ¿Y tú dónde vas a estar? – preguntó Keith.
- Yo estaré dentro, ayudando a los elfos heridos por la huida del dragón ¡Ah sí! Y una cosa más, creemos que el Cazador está detrás de todo esto así que ten cuidado.
Keith asintió, mientras agarraba firmemente las riendas del dragón.
- ¿Y cómo puedo hacer para que me entienda?
- Has de hablarle en jinés, es el único idioma que entiende – respondió Jason mientras subía a lomos de Perdición.
- ¡¿Qué?! Pero si yo casi no sé hablar en el idioma de los Jinetes – se quejó Keith.
- ¿Por qué crees que te dije que atendieras en clase? – sonrió Jason mientras se dirigía a las Puertas - ¡Hat, hat, Métadric, hat!
El dragón comenzó a batir sus alas con fuerza y a reflexionar las patas.
- ¡Jasón no puedo hacerlo! – gritó Keith por encima del ruido que producían las alas del dragón al batirlas.
- ¡Vamos Keith, todos confiamos en ti! – le contestó Jason pasando por las Puertas mientras estas se cerraban.
Keith estaba intentando recordar algo de jinés cuando el dragón se impulsó hacia arriba con tanta fuerza, que quedó aplastada contra el cuello del animal mientras sentía como el estómago se le encogía. Cuando el dragón consiguió elevarse y dar unas vueltas, Keith reunió las fuerzas necesarias para mirar a bajo; la vista desde allí era asombrosa, la ciudad relucía con todo su encanto. Nuevamente se escuchó un rugido que recorrió el cielo rápidamente. Keith agarró firmemente las riendas del dragón preparada para la persecución.
- ¡Adelante! – dijo Keith golpeando con los pies los costados del animal para que aumentara su velocidad - ¡Sigue el rugido!
Métadric aumentó la velocidad pero no siguió el rugido.
- Oh vaya, a ver, ¿cómo se decía en jinés? – Keith se estrujó el cerebro para intentar acordarse -. A ver si era así: ¡Etnaleda, eugis li odigur!
El animal obedeció inmediatamente cambiando su rumbo y aumentando su velocidad mucho más. No tardaron en dar con el dragón negro, el cual parecía confuso y molesto por la intensidad de las luces.
- ¡Acércate!, quiero decir, ¡etasreca! – se corrigió Keith, quien aún no se había acostumbrado a hablar ese idioma.
Métadric se acercó con cautela, pero el otro dragón no parecía querer compañía y arremetió contra él. Métadric esquivó el golpe con facilidad, pero el dragón negro aprovechó para escapar.
- ¡Eleugis!¡Vamos! – gritó Keith.
Métadric resopló y desplegó su cresta de plumas verdes que tenía debajo y a los lados de la cabeza, parecía haberse tomado el empujón como algo personal; Keith sabía que no iba a ser fácil atrapar a aquella criatura. Métadric aumentó la velocidad para alcanzar al dragón negro, entonces se escuchó un sonido extraño, era una mezcla de rugido de león y el chillido de un águila, Keith miró a su alrededor y entonces lo vio, encima de un edificio había un grifo, pero en su cabeza llevaba unas riendas de color rojo con dos broches dorados, Keith intentaba fijarse mejor en el animal cuando una luz la cegó, conocía ese brillo, era el medallón del Cazador, Keith se asustó, Jason tenía razón, el Cazador había planeado aquello.
- ¡Métadric, areleca! – gritó Keith - ¡Somenet euk raparta a esle nograd!
Métadric obedeció, agitó sus alas con fuerza y redujo la altura, pensaba atacar al dragón por abajo.
- Buena idea, muy buena idea – susurró Keith.
Pero no llegaron muy lejos, porque un chirrido les perforó los oídos, Keith se vio forzada a soltar las riendas para poder taparse los oídos, Métadric disminuyó la velocidad mientras le daban espasmos; Keith se desmayó al poco rato, al no poder soportar el ruido, Métadric dejó de batir sus alas y calló.
Keith despertó con el cuerpo dolorido, estaba en la azotea de un edificio junto a Métadric, que yacía a su lado con la membrana de una de sus alas rotas; ella se acercó enseguida para ver como estaba, este respiraba, así que intentó despertarle utilizando hiervas aromáticas; el animal dio un respingo y se levantó de golpe tambaleándose un poco, parecía tan confuso y mareado como ella. Entonces volvió a escucharse el chirrido que los había dejado inconscientes,
Keith escudriñó el cielo en busca del grifo, no tardó mucho tiempo en descubrirlos; el Cazador había conseguido pasarle un lazo por el cuello al dragón negro, y este intentaba escapar mientras arrastraba al grifo y su jinete.
Keith no sabía que hacer, no podía alcanzarlos, pero si intentaba liberar al animal desde allí y lo conseguía, se escaparía y podría causar muchos destrozos, aunque eso era mejor que el Cazador se lo llevara. Así que no se lo pensó, creó una bola de energía y afinó su puntería, pero falló por culpa de la distancia, lo intentó varias veces, pero no consiguió alcanzar la cuerda que ataba al dragón negro, que parecía que iba a ahogarse de tanto estirar.
- ¡Tú no te metas! – gritó finalmente el Cazador - ¡Esto es algo personal que no te concierne!
- ¡Y un cuerno! – le contestó Keith.
Esta creó otra bola de energía que lanzó con más fuerza y esta vez consiguió rozar la cuerda que con los tirones del dragón terminó por romperse. Pero el animal no llegó muy lejos porque lo frenó otro dragón, qué era como una serpiente dotado con dos poderosas patas delanteras y dos alas enormes; su jinete consiguió pasar otra cuerda alrededor del cuello del dragón negro, mientras otro dragón más, el cual tenía las garras en sus alas se ponía debajo del dragón negro y su jinete también lanzaba una cuerda que se enredó en las patas traseras del animal.
- ¡No! – gritó el Cazador, frustrado ante aquella escena.
Keith se fijó en los jinetes para poder reconocerlos, eran Jason y Garret,, faltaba David, algo que a Keith no le extrañó. Pero entonces algo se precipitó sobre el Cazador para derribarlo, era otro grifo, de color crema y con las alas grises, en su lomo había otro jinete que manejaba a su montura con cierta torpeza, indudablemente ese era David. El Cazador respondió a la agresión lanzándole una bola de fuego al otro grifo, que consiguió esquivarla.
- ¡Eh, déjalo en paz! – gritó Keith lanzándole una bola de energía al Cazador.
Esta dio de lleno en una de las alas de su grifo, e hizo que el Cazador se viera forzado a llevar a su grifo malherido a la azotea donde se encontraba Keith. Nada más tocar el suelo, el Cazador le tiró una bola de energía, y Keith tuvo que resguardarse detrás de un montón de cajas de madera mal apiladas.
- ¡Te dije que no te metieras! – repitió el cazador furioso mientras lanzaba más bolas – Ahora me has hecho enfadar de verdad, sobretodo porque le has roto el ala a mi grifo.
Keith se sorprendió con esto último, ¿desde cuándo al Cazador le importaba la vida de sus animales?, según Jason, a él no le importaba si sus animales morían o resultaban mal heridos. Entonces escuchó un resoplar, Métadric se había levantado por completo, y al parecer estaba preparado para atacar al Cazador; pero justo cuando Métadric estaba a punto de soltar una llamarada el grifo volvió a proferir aquel espantoso chirrido que volvió a dejarlo inconsciente.
- ¡Métadric! – dijo Keith mientras salía de su refugio y corría hacia el dragón.
- Eres una insensata – observó el Cazador mirándola.
Era cierto, se había quedado desprotegida y a tiro, pero entonces le vino a la cabeza una pregunta que se había hecho muchas veces.
- ¿Por qué haces esto? – preguntó Keith con tono sombrío.
- ¿El qué? – contestó él despreocupado.
- Ya lo sabes, cazar animales para luego matarlos y matar a otras criaturas – aclaró ella apretando los puños.
- ¡Un momento! – dijo el Cazador sorprendido – Yo no cazo a estos animales, lo que pasa es que sois muy despreocupados, todas las criaturas que tengo, eran crías que se habían extraviado y que salvé de las garras de algún laboratorio, que de haberlos encontrado, los habrían matado y diseccionado, ¡pero claro, cuándo algo desaparece, yo lo he cazado, según vosotros!
- ¿Y por qué no los devuelves? – le reprimió ella.
- Porque si me acerco a vosotros comenzáis a atacarme para darme muerte, ¡es por eso que maté a los otros Jinetes, fue en defensa propia! – contestó el chico indignado.
- ¡Mentira! – gritó Keith mientras unas lágrimas le saltaban por la rabia – Eso es mentira, ni siquiera se por qué te escucho, Jason...
- ¡Oh!, ya lo comprendo, Jason dijo – se burló él – Te daré un consejo, nunca escuches a Jason, él si que es un mentiroso, por eso estoy aquí, por haber dejado de escucharle.
- ¿Pero cómo te atreves? – le amenazó Keith apretando los dientes.
- Por si no lo sabías, yo soy huérfano como tú – explicó él mientras se quitaba la túnica y la utilizaba para hacerle un cabestrillo en el ala a su grifo -, nuestros padres murieron en el mismo accidente, debido a un descuido de Jason y de los jefes que había en aquella época, cuando entré en el grupo de los Jinetes estuve un tiempo comportándome como tú, hasta que finalmente descubrí la verdad y me rebelé contra los jefes; entonces me desterraron y les metieron a los demás todas esas mentiras en la cabeza para que no quisieran hablar con migo y no les pudiera decir la verdad. Así que ya lo sabes, puedes creerme a mi o a Ja... – entonces sus ojos se abrieron como platos - ¡Al suelo!
El Cazador al ver que Keith no le hacía caso le lanzó una bola de energía , ella se tiró al suelo para esquivarla y en ese momento algo pasó por encima de su cabeza a gran velocidad. Al levantar la cabeza vio que el dragón negro había escapado de las cuerdas de Jason, Garret y David he iba detrás de ellos para atacarles. Garret se dirigió con su dragón hacia la azotea y le hizo posarse en el borde con sus dos patas delanteras mientras el resto de su cuerpo liso como el de una serpiente colgaba en el vacío.
- ¡Vamos Keith, tienes un trabajo que hacer! – le dijo Garret con una sonrisa - ¡Adiós Tim!
- Si quieres que terminemos la conversación solo has de buscarme, Keith – se despidió el Cazador -Adiós Garret.
- ¿Qué te a dicho? – le preguntó Garret con curiosidad.
- Nada, solo tonterías – contestó ella, entonces el dragón negro volvió a rugir e hizo que Keith fuera consciente de su situación - ¡Cómo odio a ese bicho, ya me ha pasado dos veces por encima literalmente!
Garret rió. El dragón negro volvió con mucha velocidad y la boca abierta mostrando unos enormes dientes blancos, preparado para atacarlos. Entonces Keith saltó del lomo del animal y cayó en la cabeza del dragón negro que cambió el rumbo por el peso que había puesto ella en su cabeza, el dragón rugió y levantó la cabeza para tirarla. Pero lo único que consiguió fue que Keith consiguiera ponerle las riendas que le había dado Jason y que pudiera situarse en su lomo. Ella se metió la mano en el bolsillo y sacó la botellita.
- ¿Sabes que te digo grandullón?¡Qué se te acabó el paseo! – dijo ella tirando la botella.
Entonces apareció delante suya un agujero negro, Keith dirigió como pudo al dragón hacia él, cuando este comenzó a meterse por el agujero, Ella soltó las riendas y saltó a un lado para llegar a la azotea de un edificio. Cayó al suelo de bruces y se giró justo a tiempo para ver cerrarse el agujero. Keith intentó levantarse, pero le resultó difícil porque le temblaban las piernas. Cuando consiguió levantarse se dio cuenta de que los demás habían desaparecido, así que se puso la capucha para taparse la cara y bajó las escaleras del edificio para llegar a la calle. Entonces se escuchó un ruido de cascos y Keith vio aparecer entre la gente a Niebla; el caballo se paró ante ella resoplando, enseguida Keith montó en él y lo dirigió hacia Central Parck.
Al entrar en el parque , soltó las riendas y dejó que Niebla siguiera solo hasta el lugar donde había empezado todo. Al llegar, vio que todos estaban ahí sonriendo, aunque parecían cansados.
- Sabía que lo conseguirías – le dijo Jason con orgullo.
- Lo has hecho genial – dijo Garret.
David no dijo nada, se limitó a sonreír y a asentir con la cabeza las afirmaciones de Jason y Garret.
Keith se sonrojó, aunque no sabía si por el reconocimiento que le habían dado o por la fiebre que le empezaba a subir por culpa de los gases que el dragón soltaba por la nariz.
- Vamos dentro, necesitas medicación – dijo amablemente Jason agarrando las riendas de Niebla y dirigiéndola hacia el interior de las Puertas – esos gases que has inalado son muy tóxicos.
Keith nunca olvidaría esa noche, porque una sospecha se había forjado en su interior, tenía la sensación de que Jason realmente les escondía algo respecto al Cazador, porque aquella noche había comprobado personalmente que había cosas que Jason le había dicho sobre él que no eran ciertas y necesitaba saber porqué les mentía de aquel modo; necesitaba volver a hablar con el Cazador.
Finalmente las Puertas se cerraron mientras los primeros rayos de sol aparecían en le horizonte, y como siempre, la luna había dado paso al sol.