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Partida
Por: Lanz Angel
El océano se distinguía solamente como una línea azul perdiéndose en el horizonte, aun había oportunidad para regresar. Huella tras huella, los recuerdos se iban dejando atrás, lo que resultaba sumamente difícil, más aún para Ninquie. El sentimiento de responsabilidad y protección, el querer ser un apoyo constante, y buscar siempre la felicidad de ella, hacían que Jared se ocultara tras la máscara de su sonrisa y ese semblante de confianza.
La decisión tomó un instante, pero todo lo que le antecedía era un proceso largo. Dejar el reino y enfrentarse a lo incierto para perseguir ese sueño juntos. ¿Había otras formas? cientos de alternativas pasaron por sus cabezas. Al final no importó cuanto oro tenían y prefirieron jugar a la ruleta con el destino. No era cuestión de ocultar un secreto y huir, sino el hecho de tener dominio de sus acciones y alejarse del plan infernal que estaba profetizado.
Desde que empezaron a estar juntos las cosas se fueron complicando, cuestiones con los vecinos, con los amigos de él, riñas en el trabajo. Pero nada les importaba, pues entre ellos al contrario, las cosas iban cada vez mejor, se sentían más unidos.
Fue el descuido ante lo que la comunidad llegara a pensar, lo que les fue volviendo el centro de las envidias. Aquello que comenzó con algo tan simple, creció hasta volverse extremo de una manera inimaginable. Conspiraciones se alimentaron, y gracias a ellas se inició el fuego.
Su hogar lo consumieron las llamas; materialmente visualizado en su casa, y también interiormente todo aquel sueño se consumió con la envidia y los malos deseos. Quedaron en descubierto, al vacío, ante la inmensidad de la noche, sin una puerta que se les abriera.
El calor del sol parecía haberlos abandonado, y un torbellino de viento los envolvió con su frío, la niebla del océano era un recuerdo lejano y el clima pintaba fatal, de una forma muy distinta a la conocida. Como si un buitre los tomara con sus garras y los arrojara a lo lejos, el viento los tumbó sobre el suelo.
Ante la adversidad que se presentaba, sus emociones se volcaron, y su interior parecía un circo en plena función, lleno de contrastes. Hasta ahora se daban cuenta de la importancia que tenía hacer un plan definido desde mucho antes, que previniera cualquier estratagema del destino.
Con la fe como su único talismán, estrechándolo con cada inhalación le dieron la espalda a todo aquello que alguna vez fue tan indispensable. La única seguridad que tenían era que las cosas serían diferentes, y ya comenzaban a experimentarlo. Una mirada bastó para darse ánimos, y tomados de la mano empezaron a esbozar nuevamente lo que seria su pieza.