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XXV
Larga Vida al Eterno Rey
Amor y Odio
Hay camino que al hombre le parece derecho;
Pero su fin es
camino de muerte.
Proverbios 14:12
La capilla lucia el inmaculado blanco en toda su estructura, desde el mármol de sus cimientos, las flores, los arreglos, todo era blanco como la nieve, como la luz, ella lucía como una diosa en su vestido blanco, una ofensa tal vez para muchos por que ya se había entregado a otro amor alguna vez, pero ahora su varón camino a su lado y para él nada estaba negado, el obispo que dirigía la iglesia misma era quien oficiaba la ceremonia, los cabellos negros como caireles de ébano de ella estaban cubiertos por el velo que cubría su rostro, su vestido era como luz del sol, y ella era como una hija de la luz, él lucia ropas negras como la noche y sus ojos se clavaban en la efigie detrás del altar, el hijo de dios parecía regresarle la mirada desde su cruz, una mirada de misericordia, una mirada que le imploraba misericordia para el hombre y sus hijos.
-no esta vez
Dijo en la voz más baja que pudo, de tal forma que esas palabras solo fueron escuchadas por sus propios oídos, su mirada tenía el rojo del fuego y la profundidad del mismo infierno, ella estaba feliz se unía al amor de su vida, se unía a la persona que más había amado.
-Tú, Railer Péndragon aceptas a Flaira Cicerón como tu esposa para...
-acepto
La gente creyó que por inquietud el prominente político de rojos cabellos había cortado los votos, pero ella sabía que no solo era por eso, que había algo más, él jamás mentiría ante los ojos de Dios, y él solo la tomaba por que era parte de su plan, parte de lo que tenía que ser.
-Tu Flaira Cicerón aceptas por esposo a Railer Péndragon para honrarlo, amarlo y respetarlo en la salud y en la enfermedad, en lo prospero y en lo adverso hasta que la muerte los separe
-acepto
Contestó ella con la seguridad de cumplir su mandato, entregando el corazón y su alma a aquel hombre que tal vez jamás le correspondería, la ceremonia se cerro con el clamor de los presentes todo el país festejaba la unión de uno de sus candidatos a la presidencia, tal vez él más querido de todos.
-felicidades
-porque
Cuestionó él a ella cuando descansaban en la noche, recostados sobre su lecho nupcial, desnudos cubiertos por las blancas sabanas, ella acariciaba suavemente el pecho de él en el que estaba recostada escuchando su corazón.
-porque has logrado tu cometido, mañana el mundo anunciara tu victoria, serás presidente de la nación y la convertirás en la más poderosa del globo y después lo destruirás todo.
Él sonrió en la oscuridad de aquella noche de luna nueva, oscura como su corazón oscura como el abismo, acaricio los cabellos de su ahora esposa con gentileza, como quien soba a la criatura más frágil.
-este solo es el inicio, yo debo felicitarte a ti, porque estarás al lado de quien en verdad amas y eso es el mejor de los paraísos que un mortal puede soñar
O el peor de los infiernos
Pensó ella, al momento que lo abrazaba con fuerza, sabía que el cuerpo de Railer estaba con ella pero que su corazón, ese corazón frágil, traslucido, y hermoso como el cristal, pero también filoso y peligroso pertenecía a otra persona a kilómetros de distancia que tal vez tan solo lo había olvidado.
-te amo Railer
Dijo sabiendo que no recibiría respuesta, solo se prensó de aquel cuerpo dejando que el sueño los venciera, que el sueño se llevara el dolor de la mentira, el dolor de la soledad de estar con quien amas pero que él no esté contigo, Railer mientras tanto miraba el techo, respirando profundamente, sintiendo en su pecho el cruel vació que lo había acompañado desde que hace tanto tiempo le dijo a aquella persona la verdad de su alma, y ahora estaba ahí con ella, que lo amaba tanto o más de lo que él amaba a aquel hijo de Adán que jamás lo podría amar.
Perdóname por no amarte, como tú me amas a mí, perdóname por que destruiré a lo que más amas, perdóname por que seré rey mientras para ti soy un tirano, perdóname por que seré Dios cuando a tus ojos seré el Diablo, perdóname por todo el daño que te hago.
Incapaz de expresar su dolor solo besó los labios de su compañera, mientras en silencio le prometía que algún día ella tendría su venganza. Cuando el sol salió en el horizonte la nación entera aclamaba a su nuevo mandatario, lo proclamaban señor de todo cuanto les pertenecía y el les dio todo cuanto querían, endulzó sus oídos con palabras de miel, tapo sus ojos con ropas de seda roja como su sangre que derramó sin culpa, selló sus labios con besos de lujuria y perdición, y mancilló sus cuerpos con el hambre del banquete y el dolor de la muerte.
No selles las palabras de la profecía de este libro, porque
el tiempo está cerca.
El que es injusto, sea injusto
todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el
que es justo, practique la justicia todavía; y el que es
santo, santifíquese todavía.
He aquí yo
vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada
uno según sea su obra.
Yo soy el Alfa y la Omega, el
principio y el fin, el primero y el último.
Bienaventurados
los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la
vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.
Apocalipsis 22:10-14