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Campamento de invierno
Jamás olvidaré mi primer y último campamento en pleno invierno, y digo primero y último, porque no hay mayor estupidez que irse con las tiendas de campaña a un camping en medio de ninguna parte con sacos de dormir de verano.
Nada más llegar buscamos un sitio en el que poder colocar las tiendas de campaña, hazaña digna de un experto en “Buscando a Willy”; porque no cabía un átomo en el lugar, algo increíble teniendo en cuenta que estábamos a mediados de Enero.
En fin, una vez encontrado el sitio, descargamos el remolque, y lo primero que intentamos es montar una especie de toldo con cuatro cuerdas, una lona algo agujereada y un pino. Dicho así, parece muy sencillo, pero no… nada más sacar el material todos comienzan a discutir sobre cuál era la mejor orientación para que ha la noche, el relente no nos dejara tiesos como carámbanos mientras cenábamos; aunque la verdad, para lo que sirvió… pero no adelantemos acontecimientos… retornando al montaje del “porche”, jamás me había mareado tanto en intentar decidir la posición, porque según la “vox populi”, era mejor colocarlo en la dirección contraria al viento. Así que en un abrir y cerrar de ojos me encuentro gritando la dirección en la que ondeaba una bandera que cambiaba cada tres segundos, en pocas palabras, que llegó un momento en el que ya no sabía si la bandera señalaba el norte, el sur, arriba o abajo.
Ya lo hemos montado todo, tiendas incluidas, cuando la naturaleza llama a la puerta. Por lo que mi madre y yo nos pateamos medio camping para llegar a los baños públicos, que bueno… creo que “públicos” es la mejor palabra para definirlos, porque hasta duchándote en la fuente de un parque consigues más intimidad que haciéndolo allí. Lo peor de todo era que, el agua estaba tan helada, que al salir de nuevo al camping, se podía decir que hacía calor.
Cuando llegamos de nuevo a nuestra zona, recibimos la noticia bomba: mi hermano se ha perdido. Otra caminata camping va, camping viene para leche puñetera, porque va y aparece en la caravana del vecino, en donde había estado jugando con otros niños, y de paso, gorroneando algo de comida; y la verdad creo que no se alegró de ser encontrado, porque nada más ver a mis padres, devolvió hasta la última patatilla, mis padres dicen que fue por los nervios de haber estado perdido… pero yo no acabo de creérmelo.
¡La primera noticia buena del día!¡mi abuela va a preparar migas con melón para cenar! Hemos encendido un pequeño fuego y colocamos la mesa cuando… sorpresa… aparecen cuatro amigos de mis padres que acaban de llegar para acampar también y que han encontrado un hueco a nuestro lado. ¡Menuda desgracia! Lo que iba ser una cena abundante al final se quedó en cuatro pobres platos; porque los recién llegados han arrasado con todo… tendrán cara… con la excusa de: ¡Tranquilos, hay para todos! se sirvieron los primeros y con menudos platazos, por lo que en nada todo cambió a: Pues al final va a ir justo ara todos , creo que me conformaré con despotricar mentalmente, que si no tendría para largo…
La noche avanza y al final el porche resultó una chorrada, porque el frío calaba con o sin él. Mi madre y mi prima, más espabiladas y congeladas que nadie, cogieron un plato de porcelana y lo llenaron de ascuas para calentarse las manos… al poco tiempo el plato se había carbonizado, pero el frío no se les había quitado y tiritaban como locas.
Cansados de pasar frío, no vamos a dormir con la esperanza de que las tiendas nos protegieran más que el toldo. Pero esta comprobado que en aquel camping no podía salir nada bien, sobretodo porque nos habían timado con los sacos, que eran de verano y no de invierno. Lo bueno fue que como estábamos hechos un ovillo cabíamos bien, porque en una tienda de cinco personas nos habíamos metido siete.
El sueño empezaba a atacar cuando unos sucesos que se podían tachar de surrealistas o paranormales, invaden la pequeña tienda. Primero mi padre, como de costumbre, comienza a roncar, si soy sincera al principio creí que tronaba… Mi madre se levanta, rebusca en su abrigo y se vuelve a acomodar en el saco con cuidado de no despertar a mi padre, y al hacer vi algo que me dejó más helada de lo que ya estaba ¿Te has puesto guantes en los pies? le pregunto, Es que hace frío me contesta ella con una sonrisa inocente; he visto hacer muchas cosas raras para evitar el frío, pero aquella se llevaba la palma de oro, la de plata y la de bronce. Casi me había dormido cuando algo me golpeó con fuerza en la cabeza, dolorida miro a mi primo que duerme a mi lado, y creo que en aquel momento perdí todo el color, porque me pareció ver en vivo y en directo a la niña de “El exorcista”, ¿cómo una persona se puede mover tanto mientras duerme? Al final, de tanto moverse, acabó saliéndose del saco; lo bueno es que el frío lo calmó, porque se hizo un ovillo y no se volvió a mover. Pero no todo acabó allí… se escucha el chirrido de una goma y a mi prima quejarse: ¡Qué me aplastas! , yo y mi madre nos miramos y nos asomamos para ver el otro extremo de la tienda: mi abuela se ha caído del colchón inchable ( es que la pobre tiene la espalda mal, y no está para dormir en el suelo, ¿o no? Más que nada porque las piedras se clavaban en lugares del cuerpo que uno desconoce), y ha aplastado a mi prima, que ya había conseguido salir de debajo de ella. Entonces mi abuela empieza a rebuscar por todos los lados del colchón, ¿Qué haces? le pregunta mi prima, Buscar mis zapatillas, que necesito ir al baño . Creo que estuvieron buscando las dichosas zapatillas por todos lados hasta que un grito que venía de la tienda de los amigos de mis padres las hizo parar: ¡¿Os queréis callar y dejar de hacer ruido?Aquí hay gente que quiere dormir! . Cuando por fin mi abuela salió por la tienda, me pareció ver que levaba una zapatilla suya y otra de mi prima, que por cierto, eran completamente diferentes. Creí que ya podría dormir tranquilamente deseando no amanecer congelada cuando… ¡Un gato! , todo ese jaleo a despertado a mi hermano, que con toda la tranquilidad del mundo se ha sentado en la entrada de la tienda y señalaba a los árboles ¡Otro gato! … ¿Todos los niños de cuatro años eran iguales? Al final mi madre consiguió que se volviera a acostar después de quince minutos, ¿no habría sido más rápido amordazarlo? A los pocos minutos escucho volver a mi abuela y como mi prima le pregunta: ¿Ya has ido al baño? , Bueno… se podría decir así… es que hacía frío y una ya no está para aguantar tantos metros… contesta ella como si nada mientras vuelve a acostarse. Suspiro con una mezcla de resignación e impotencia, menuda nochecita…
A la mañana siguiente me sorprendí al no despertarme cubierta de escarcha, y creo que el resto pensó lo mismo, porque nos despedimos de los amigos de mis padres, recogimos el toldo y salimos de aquel camping. Está claro que en ningún sitio mejor que en casa.