Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search Login Register Extras
Fiction » General » Las nubes del cielo y el infierno font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Jewel of Arabia
Fiction Rated: T - Spanish - General/Drama - Reviews: 1 - Published: 05-09-06 - Updated: 05-09-06 - id:2170117
Escribé esta historia para mi clase de español...no sé si podemos tener historias que utilizen quotes (no sé la palabra) de otros cuentos, y por favor dímelo si es así. ¡Muchas gracias!

“Es un hombre maravilloso,” me decía Lázaro. “Ya sabes que dicen que en el fondo de este lago hay una villa sumergida y que en la noche de San Juan, a las doce, se oyen las campanadas de su iglesia.”

“Sí,” le contestaba yo, “una villa feudal y medieval...”

“Y creo,” añadía él, “que en el fondo del alma de nuestro Don Manuel hay también sumergida, ahogada, una villa y que alguna vez se oyen sus campanadas.”

San Manuel Bueno, Mártir (Unamuno)

Era la tarde. Estaba empezando a oscurecer, y el lago tenía vestigios de los colores de la puesta del sol; el sol en sí desaparecía gradualmente, como gota de fuego, y se encendió a las aguas del lago, donde las nubes se reflejaban con claridad espectacular. Un sacerdote caminaba sólo por el lago, miraba a través del lago a su pueblo. Era pueblo pequeño, nada notable, pero él amó a todas las personas allí; amaba enseñarles del amor de Dios y del paraíso.

El lago en sí le fascinó. Arriba, era un paraíso, con nubes doradas y de belleza y tamaño incomprehensible y infinito, pero bajo...bajo, las aguas se habían convertidos en una hoguera, un infierno verdadero. No había viento, y el agua estaba espejado. El sacerdote miró las aguas con dolor en su corazón. El pueblo estaba entre cielo y infierno, y se dio cuenta que no había nada entre, solamente el agua. Se le ocurrió que la Tierra—es decir la vida—era cielo y infierno.

Los dos no existen,” pensó. Era una revelación terrible. “Estamos en los dos, al mismo tiempo. Luego...¿qué ocurrirá después de morir, si no hay nada?”

Recordó a un mujer muy viejo, con ojos como el cielo, que había cogido su mano mientras murió. Ella había creido que su Creador y su familia le estaban esperando. Había hablado—de motu propio—las palabras finales de Cristo (“¡En tus manos encomiendo mi espíritu!”) y había muerto sonriendo. Otro hombre había querido recibir la confesión. Era ateo, pero la influencia de la religión era muy fuerte y había tenido sus dudas. Aún personas que no creían en Dios, comprendió él, creían en otra vida después de morir.

¿Cómo puedo decir a las personas del pueblo que no hay otra vida? Que no hay nada?” El sacerdote miró al lago otra vez. ¡Soy su líder religioso! ¡Un líder religioso que no puede creer ni tener fe en la vida inmortal! Pero no puedo abandonarles...me necesitan.”

Mientras miró al lago, tuvo otra revelación. Pero...la religión es importante. Es esencial creer en la otra vida, porque aumenta a esta vida. Si no hubiera cielo, ¿por qué la gente querría vivir? Negó con la cabeza. Nunca puedo decirselo a las personas del pueblo. O...posible hay solución más fácil. Por unos momentos, vio a los profundidades del infierno-lago. ¿Qué vio allí? Podemos ver los pensamientos de una persona, pero la alma está escondido. Finalmente, apartó.

Y más tarde...he comprendido que la alegría imperturtable de Don Manuel era la forma temporal y terrena de una infinita y eterna tristeza que con heroica santidad recataba a los ojos y los oídos de los demás.”—San Manuel Bueno, Mártir (Unamuno)


¡Por favor escríbeme!



Return to Top