Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search Login Register Extras
Fiction » Romance » Plaza font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Tetsu
Fiction Rated: K - Spanish - Romance/Angst - Published: 05-18-06 - Updated: 05-18-06 - id:2175985

Plaza

Carlos A. Martín Luján

−Hace frío. − Eran las primeras palabras mencionadas entre las dos durante la ultima hora. Incluso sus cuerpos habían dejado de transmitir información, aunque ahora Isa notaba el suave temblor de los hombros de Carlota. Con un ligerísimo suspiro, retiró un mechón de su oscuro cabello que le caía sobre el rostro y le pasó la sudadera negra que reposaba sobre sus piernas.

−Toma. − Dijo simplemente y se recostó contra el banco de madera, levantando su mirada hacia el cielo. El vibrante azul que la había cegado hace un rato ya se iba suavizando, igual que la actividad en la Plaza del Ayuntamiento de Güimar, igual que su ánimo. Veía transcurrir lentamente sus recuerdos, todo lo que había pasado los últimos meses. Por el rabillo del ojo notó el movimiento de la flaca chiquilla que se ponía su sudadera. Ella siempre había parecido mayor. Ambas tenían la misma edad, dieciséis años, y las dos coincidían en que eran bastantes, aunque nadie más les creía. Eso y la doble carga X en sus cromosomas parecía ser lo único que tenían en común.

Las dos tenían el pelo oscuro, pero sólo el de Isa era natural. Carlota lo había tenido de un precioso tono dorado miel, que había decidido teñir al negro más absoluto. También era muy flaca mientras que ella disfrutaba de más curvas. Carlota vestía como la niña de La Familia Addams, contrastando con su preferencia de ropa más cómoda, pantalones anchos, camisas grandes, tenis… Ella era más alta, pero Carlota, incluso con su ridícula ropa, parecía mayor y nunca tenía problemas en entrar en bares o recintos parecidos, lo cual siempre le molestaba.

−Gracias. − El agradecimiento fue apenas un susurro, pero arrancó una sonrisa igual de tímida de Isa, que característicamente respondió con un simple gesto de la mano. Como invocada por el movimiento, una única paloma se posó en el suelo cerca del banco de las chicas, acentuando la ilusión de soledad en la plaza, ni siquiera pasaban coches ya, el bar había cerrado por fiesta, la banda que solía practicar detrás de la iglesia no tocaba. Ambas la miraron un instante e intentaron hablar al mismo tiempo…

−Igual que…

−Parece…

Rieron. Isa suavemente, como pequeños ramilletes que escondía detrás de una mano; la otra con la mandíbula abriéndose como si se quisiera dislocar, la cabeza echada hacia atrás unos momentos antes de volver y mirar a su compañera. −Sí, igual que ese día. −Cogió un mechón del pelo negro y lo enredó entre sus dedos. −Irónico, ¿no?

Isa agachó su cabeza, pero no se alejó de la mano juguetona. −Cruel mas bien…

−¿No me decías tú que eso era la vida? −

−Saberlo no lo hace menos doloroso, graciosa. − Meneando ligeramente la cabeza inspira entrecortadamente pero no llora. −¿Por qué?

−No hay motivo que vaya a va…

−No me vengas con chorradas Isa, dilo y punto, no me mientas, no intentes liarme, nos conocemos demasiado bien para eso. − Isa vuelve a sonreír, pero se evapora rápidamente de sus facciones.

−Porque es el momento de hacerlo. Porque seguir con esto sólo hará más daño del que alivió en un principio. − Llevaba mucho tiempo pensando esa respuesta, Carlota la odiaría o la entendería, o mas bien, ya lo había decidido sin darse cuenta. Una pausa.

−¿¡Quieres decir que todo lo que fui para ti fue un paso!? Un…un…− Buscando las palabras para expresarse levanta su mirada, llena de la pasión que atrajo a Isa, de la inocencia que la cautivó y una ira que se disipó una vez sus ojos entraron en contacto. −No…lo fuiste tú para mí. − Un murmullo, casi para ella misma, arrancando otra ligera sonrisa de los labios de Isa, que con delicadeza soltó el mechón aún entre sus dedos y acarició su cara. Cerrando sus ojos, Carlota se alejó de la mano. −No, por favor.

Un minuto, un minuto repleto de imágenes, igual que una persona ve su vida ante sus ojos como una película antes de morir, ese minuto cerraba el ciclo cinematográfico que fue su breve pero intensa relación. Dolor, lágrimas, miseria, consolación, descubrimiento, maravilla, luz, risas, riñas…besos.

Lentamente se levantó la niña que había conocido Isa y supo que ya no era tal, se alisó el vestido encajado, negro sobre negro, respiró y asintió. Dio un paso en la dirección a su casa pero se paró, dándose la vuelta depositó un beso en la frente de Isa y le dedicó una breve sonrisa. Sería la última palabra que intercambiarían. Un gracias insonoro.

Isa miró la paloma hasta que esta tomó vuelo y desapareció por encima de la iglesia, ella bajó las escaleras a la calle y tomó la avenida en dirección a la estación de guaguas. Cruzando sobre el desgastado rayado del asfalto sonrió de nuevo…Carlota se había quedado con su sudadera.



Return to Top