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Fiction » Fable » Los Zapatos Inquietos font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Rayla-R.L.A.
Fiction Rated: K - Spanish - Humor - Reviews: 3 - Published: 07-27-06 - Updated: 07-27-06 - id:2219550

Los Zapatos Inquietos

Summary: -¿Zapatos? -preguntó ella, sin pensar. Pero luego se dijo: - ¿Por qué los llamo? Solo son unos zapatos, no me pueden oír. -¿Clara? – se oyó una voz, en el armario.

Género: Humor.


Bueno, pues aquí la primera historia que subo en FictionPress, que tenía guardada por ahí en el ordenador :) No es nada del otro mundo, pero me hizo gracia escribirlo, y creo que tiene su algo. A ver si os gusta. Y, para que yo lo sepa...¿qué mejor que un review?(entiéndase la indirecta XD)


Había una vez, en un país muy, muy lejano, una chica que se llamaba Clara. Ella era muy feliz: vivía en una casita pequeñita, de color blanco, con las ventanas redondas y el jardín lleno de flores de todos los colores.

Un bonito día, Clara se miró los zapatos, hizo cara de enfado y se dijo:

―Estos zapatos están viejos y gastados, y ya han perdido los colores. ¡Pobrecitos zapatos! Los tendré que tirar a la basura. Pero seguro que los zapatos nuevos que me compre también serán felices conmigo, como los que llevo ahora lo han sido durante tanto tiempo.

Y se fue al pueblo de al lado. Allí, en el mercado, se puso a buscar unos zapatos nuevos, mirando en todos los rincones. Pero todo el calzado era, a su parecer, demasiado normal. Al cabo de poco, se fijó en una tiendecita muy linda que había allí cerca. Estaba llena de zapatos de todos los tipos: grandes, pequeños, cortos, largos, con punta, redondeados...Estuvo allí mirando durante mucho tiempo, no sabía cuánto, buscando y buscando unos zapatos que le pareciesen bien. Al final los encontró, escondidos entre los colores, las formas y los bultos que representaban los demás zapatos: se trataba de un modelo que nunca había visto antes, de color violeta y amarillo chillón, y decorado, sinceramente, con muy mal gusto. Pero a ella le gustaron.

―Por favor, señor, ¿podría decirme cuánto valen este par de zapatos de aquí? ―le preguntó al dependiente, con voz aguda.

―¿Cómo? ―el hombre parecía estar un poco despistado, pero volvió en sí al ver que alguien le llamaba― Ah, sí...bonita, esos zapatos son muy baratos, así que...te los regalo, por ser tan bonita.

―¡Gracias, señor! ―exclamó ella, y se fue corriendo.


Cuando llegó a casa, fue rápidamente a su habitación, impaciente por ponerse los zapatos nuevos. Cuando entró, se quitó los zapatos viejos sin mucho cuidado, los echó al suelo sin mirar lo que hacía, y cogió su nuevo calzado. Lo observó con detenimiento.

―Con estos colores tan vivos, no parece que sea de este mundo ―pensó Clara, mientras se los ponía.

Le iban perfectos. La joven se miró al espejo, sonrió, contenta, y se fue a pasear por el prado.


Al día siguiente, cuando Clara se levantó de temprano, en lo único que pensaba era en sus zapatos, sus queridos zapatos nuevos. ¿Cómo estarían? ¿Habrían pasado bien la noche? Mientras se preguntaba todo eso, miró debajo de su cama, donde los había dejado la noche pasada. Pero no estaban.

―¿Zapatos? ―preguntó ella, sin pensar. Pero luego se dijo:― ¿Por qué los llamo? Sólo son unos zapatos, no me pueden oír.

―¿Clara? ―se oyó una voz, en el armario. La aludida fue a abrirlo, y se encontró con una sorpresa.

Los zapatos estaban allí.

―¿Clara? ―repitieron los zapatos, y esta vez la chica vio claramente que lo decían ellos, y no un gracioso que le había robado los zapatos y se había escondido en el armario.

―¿Sí? ―les contestó, no encontrando otra opción más que esa.

―¿Nos buscabas? ―dijo otra voz, y Clara pensó que se debía tratar del otro zapato― Es que allí debajo, tan solos y callados, nos aburríamos. Es mucho más divertido estar dentro del armario.

―Y eso, ¿por qué? ―le preguntó el otro Zapato a su hermano.

―Pues porque aquí dentro hay muchas cosas ―dijo Zapato al otro zapato.

―¿Y eso qué tiene que ver? ―le volvió a preguntar Zapato al otro zapato, que era su hermano.

―Pues mira, porque así podemos mirar cosas más interesantes que el suelo y el polvo.

―Oíd ―les llamó Clara, interrumpiendo su “interesante” conversación―. ¿De qué habláis?

―Nada, es que mi hermano no se explica bien ―se quejó un Zapato, mirando al otro zapato, que, al oírlo, se enfadó.

―No, lo que pasa es que somos unos zapatos muy inquietos ―justificó el otro Zapato.

―Bueno, muy bien, pero...deberíais avisarme la próxima vez, ¿vale? ―les regañó la chica.

―Vaaaleeee...

Los zapatos salieron del armario, y la chica se los quedó mirando. Qué extraño...ahora ya no podía decir que sus zapatos eran muy normales. ¿Quién tenía unos zapatos inquietos, y charlatanes, en su armario?

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


Ray Laé Àlfori



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